jueves, 28 de mayo de 2009

Epitafio para un ciclista


Mayo 26 de 2009

No conocí a Luís Enrique, probablemente pocos de los que estuvimos presentes en la intervención urbana, que llevo a cabo Cicloaxion, lo conocían. Solo se que era un ciclista, un anónimo ciclotransportado que murió bajo las ruedas de un camión municipal que no contaba con SOAT, ni siquiera con placas de rodaje y cuyo chofer tampoco habría contado con la licencia para conducir ese tipo de vehiculo, pero que sin embargo… transitaba!. Transitaba por sobre la letra muerta de las leyes y reglamentos que generalmente solo son de obligatoriedad para el ciudadano común, mas no para la mano que los emite.

Se hizo la convocatoria, se congregaron los ciclistas en el lugar del accidente, se escribió su nombre en tiza sobre la calzada, se encendieron velas y las luces de los monoplazas, se guardo un minuto de silencio; silencio que no se oyó en medio del infernal bullicio del trafico Limeño, que jamás se detiene por un ciclista. En otras latitudes se hubiera dejado una bicicleta blanca en el lugar, aquí… aquí se la hubieran robado, como se robaron la vida de Luís Enrique.

Los convocados se miran; pudo habernos tocado a cualquiera, luego se retiran, solo quedan una cruz y una frase en efímera tiza blanca; “Aquí pedaleaba Luís Enrique Rocha Ocaña”. Tal vez el epitafio debió decir:



“Hasta aquí pedaleó Luís Enrique Rocha Ocaña”
















































Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos Los derechos reservados

martes, 12 de mayo de 2009

Siki Suchuy

Mayo 9, de 2009
La Molina - Pachacamac – Rio Seco – Tinajas – Cieneguilla – La Molina

Con un mes sin pedalear, y aun medio maltrecho, ya me empezaban a picar los pies por salir a recorrer alguna ruta; algo suave, tranquilo y cortito, como para retomar el ritmo. Busque en Internet las propuestas y convocatorias de varios grupos de ciclotransportados para este fin de semana; encontré una, publicada por Arturo, que se titulaba; “Valle de la muerte”… uhmm… no es precisamente lo que me recomendó el medico, pero… suena interesante!. Así que… coordinaciones de último minuto van, y repuestos para mi monoplaza vienen.

El sábado salí no muy temprano de la casa y dirigí ruedas a Pachacamac, vía Manchay, para encontrarme con Arturo, que venia por la ruta larga de la Panamericana Sur, en la esperanza de reclutar en el camino algún otro ciclista, con vocación de suicida o complejo de inmortalidad, para completar el equipo. (En rutas de exploración se necesitan tres; dos van para, en caso necesario, cargar apropiadamente el cadáver del tercero) La idea era recorrer, ascendiendo a fuerza de pedal, el llamado “Valle de la muerte”, al que yo en realidad le cambiaria el nombre por “Valle de la desolación”, desde Pachacamac, hasta sus orígenes en las alturas de los cerros, a la cabecera de Pampa Tinajas, pero… mejor lean el relato:



La línea naranja indica la totalidad de la ruta recorrida

Las 9:00 a.m. y ya estamos ambos (no hubieron mas voluntarios) en la plaza principal de Pachacamac, sin mas preámbulo tomamos la ruta hacia El Manzano, pasamos el portón de Cementos Lima y proseguimos hasta las oficinas del Santuario de Amancay; esta quebrada se llama oficialmente “Río Seco”, como muchas otras en la zona, pero los ciclistas la conocen por “Valle de la Muerte” debido a su aridez extrema en esta época del año. Un par de ciclistas en las inmediaciones haciendo alguna ruta corta, se pierden de vista en medio de la seca llanura, mientras nosotros nos apeamos para hacer uso (y abuso) del ultimo caño con agua que veríamos en las próximas 5 o 6 horas; si, ese que está en el lavadero de granito detrás de las oficinas del Santuario.

Desde los primeros kilómetros el pedregoso camino se hace pesado, y el sol traspasa los cascos hasta calcinar la razón. Ya a medio valle todo rastro humano ha desaparecido, no se ven mas huellas de bicicleta, ni sendero alguno y el silencio es absoluto, ni el viento se atreve a rozar las ardientes rocas y lo mas cercano a un ser viviente es el espectro de algún solitario y reseco cactus; si bien la quebrada tiene un fondo relativamente ancho y parejo, que discurre entre la mas completa gama de grises de los cerros que la flanquean; este fondo es una cama, mezcla de arena suelta y piedras cortantes, por entre las cuales asoman unos diminutos cactus que solo se atreven a exponer tímidamente sus puntiagudas espinas al sol. “Desolación”, si, así debería llamarse esta quebrada.

Con tres cuartos de valle recorrido, y tres cuartos de reserva de liquido consumido, vamos siguiendo, a vuelta de rueda y pedal, unas extrañas huellas de vaca, probablemente marcadas en el suelo cuando aun el arco iris era solo en blanco y negro. La verdad, no me imagino un arco iris a color en este valle… no, sería chocante!.

Una calcinada calavera vacuna, bajo el sol de medio día, pone fin a las huellas que veníamos siguiendo y marca el comienzo a nuestras preocupaciones… ya nos queda muy poco rehidratante y si bien el mapa nos ha ayudado muchísimo (hay varias quebradas que convergen aquí y es fácil extraviarse) ya no estoy muy seguro de cuanto falta para coronar la cumbre. Providencialmente unos metros mas adelante, junto a una gran muela petrificada que me traje como souvenir, aparecen varias huellas de cabra relativamente frescas (las excrecencias complementarias así lo denotan) y van con dirección a la cumbre… uhmm… a seguirlas!.

El ultimo kilómetro; un estrecho, zigzagueante y empinado callejón rocoso, lo hicimos empujando los monoplazas, pues no había forma de pedalear en ese terreno. Esta es una de las raras ocasiones en que preferiría tener una bicicleta de aluminio; pues yo tenía que cargar con mi “Pesada” (léase; corcel de hierro) y Arturo con su “Triste” (conocida así por la peculiar posición del timón). Ya sin líquido y sin piernas, teníamos la cumbre a tiro de piedra, pero no encontrábamos la salida, ni el famoso sendero que figuraba en el mapa, y que nos conduciría a Tinajas. Un estrecho pasaje sobre la izquierda, que bien podría parecer una “escalera de servicio” con pasos de arena fina y contrapasos de roca, tallada entre la granítica mole de dos cerros que forman un callejoncito de escaso metro y medio de ancho, parecía ser la salida, es mas; extrañamente había allí un viejo cartel que decía… ya no decía nada!, la inscripción se había quemado con el sol! Pero bien podría haber dicho; “propiedad privada” o “gracias por su visita” o… “peligro zona minada”… uhmm… seamos racionales, sigamos a… los irracionales! (las huellas de cabra iban en dirección opuesta al cartel).

Unos cien metros arriba y adelante, cuando mi reloj marcaba la 1:20 p.m., siempre sobre las huellas de cabra, Arturo trepó una cumbre de 30 metros, volteó y gritó: Tinajas!, Tinajas!. Sí era una esplendida vista de toda la Pampa de Tinajas a nuestros pies, pero… (siempre hay un maldito “pero”) no había forma de bajar! Un talud casi vertical de unos 250 metros de profundidad se interponía entre nosotros y la pampa. No puede ser! Tanto trepar para nada!, No!... un momento!.. y las cabras?; no hemos encontrado sus cadáveres ( podría tratarse de un caso de suicidio colectivo) y no creo que las haya secuestrado un ovni, así que… debe haber alguna salida!

Tras una segunda (y una tercera) revisión minuciosa, y casi desesperada, del talud, encontramos las huellas de las cabras que bajaban zigzagueantes por una cuesta casi vertical de arena y piedra suelta, hasta una trocha carrozable a un tercio de altura de la pampa… Fue así como descubrimos que, bloqueando los frenos de la bicicleta, ésta puede ser muy útil como bastón de trekking o piolet de alpinista. Estoy seguro que esa bajada aun no tiene nombre, por lo que me gustaría contribuir a la toponimia de la región, bautizándola como “Siki Suchuy” (las explicaciones sobran).

Ya en la pampa de Tinajas; deshidratados y chupando, como único consuelo, las tiras de pellejo que se desprendían de nuestros resecos labios, vamos rodando sobre la trocha, que en ese momento nos parecía una Autovan, enfilando ruedas hacia Cieneguilla. De pronto, Arturo se detiene en una casita rústica, en medio del arenal (y en medio de ninguna parte):

- Arturo, a dónde vas?
- A donde mi amiga, a pedirle agua
- También tienes una amiga aquí?

Si, increíblemente era la “Amiga de ruta N° 236” de Arturo; no creo que exista un solo kilómetro de camino en este país, donde Arturo no tenga una amiga!. Una muy oportuna y refrescante jarra de jugo de… manzana(?), cortesía de la providencial amiga, nos devuelve el ánimo y las energías suficientes para llegar hasta el minimarket de Cieneguilla, donde pasamos cerca de una hora rehidratándonos, conversando y descansando antes de emprender el tramo final de vuelta a casa, vía trepada por el serpentín de Cieneguilla, y en cuya cumbre rompí torpemente una botella de coca cola por querer destaparla apresuradamente. Me despedí de Arturo cerca de las 5:00 p.m.… fue una buena jornada!

Carlos García Granthon

N. del A.- Si en caso hubiera alguien lo suficientemente necio como para intentar esa misma ruta (se rumorea que hay varios) aquí van unos consejos útiles:

- Háganlo entre Julio y Septiembre, cuando la bruma de la estación refresca el cuerpo y el paisaje
- Tengan en cuenta que no importa cuanta agua lleven, nunca será suficiente.
- Lleven un mapa (y alguien que sepa interpretarlo).

martes, 14 de abril de 2009

Auch!

Abril 11 de 2009
La Molina - Cieneguilla – Posta Medica

Se supone que seria una salida corta, tranquila y poco exigente, solo para mantener el estado físico, pero…

Bajaba yo por el serpentín de Cieneguilla; si bien iba algo rápido, aunque no tan rápido como acostumbro a hacerlo, por estar probando mis nuevos frenos que por fin habían dejado de chirrear. En fin, al tomar la tercera curva; si, esa en la que no hay mucho espacio entre asfalto y cerro, pise algo en la pista que no ví; una piedrita, un tubito, una bujía, una pila… no se!, pero ese algo hizo que mi rueda posterior perdiera adherencia con el suelo y derrapara hacia la parte exterior de la curva, patinando sobre el limite entre el asfalto y la tierra; hasta ahí la situación era controlable, ya me había sucedido antes, pero de pronto la rueda posterior topo con otro “algo”; una grieta, una piedra… que se yo!, la cosa es que el derrape lateral se detuvo en seco, como si me hubieran puesto cave, y ambos; bicicleta y tripulante, salimos disparados como por una catapulta.

No se cuantos rebotes di sobre el suelo, a veces sobre mi lineal vehiculo, a veces debajo de él, pero con cada nuevo golpe con la superficie, sentía el ruido de cosas que se rompían y salían disparadas a mi alrededor en medio de un extraño e ingrávido surrealismo a cámara lenta. Finalmente, ya separado de mi monoplaza a fuerza de golpes, pero aun dando botes por el piso, termine estrellándome “de pechito” contra una roca de regular tamaño al borde del cerro…Auch! Eso si dolió! Quede como una insignificante mosca aplastada sobre una pared.

El golpe me dejo sin aire y medio atontado, caí de espaldas sobre la tierra totalmente desorientado y sin poder respirar. En medio de mi aturdimiento, ví que mi bicicleta estaba desparramada en medio de la pista y era solo cuestión de segundos para que pasara un camión y le diera el golpe de gracia; me levante y la arrastre (léase; nos arrastramos juntos) hasta el borde de la curva.

De pronto apareció un anónimo ciclista en la ruta, se detuvo y me pregunto si me encontraba bien; yo solo le respondía por señas, pues aun no podía respirar normalmente, mientras el recogía toda una cantidad de despojos que había dejado yo sobre la pista, también puso mi bicicleta en lugar seguro, e inclusive cruzo la carretera para recoger mi encendedor que luego me entrego a la mano. No se quien era pero… Gracias!, muchas gracias!. Luego continuo su ruta con rumbo a Chontay, según me dijo.

Minutos mas, y aturdimiento menos, observe que mi bicicleta, si bien algo maltratada, con algunos golpes de más, y algunos accesorios de menos, aun estaba operativa, trate de subirme pero no pude; mi brazo izquierdo se negaba tercamente a obedecer mis ordenes y mi rodilla empezaba a doler bastante. Ni modo! A trepar la cumbre, de vuelta a casa, empujando el monoplaza.
Al llegar a la sima me detuve en la conocida tienda del lugar para tomar una gaseosa, pero a la hora de pagar, el dolor en el brazo no me permitía quitarme la mochila para sacar el dinero. La señora que despacha tuvo que ayudarme, fue ahí que me percate que mi mochila estaba hecha jirones al igual que mi polo y mi pantaloneta, y además habían manchas de sangre por todos lados.

Aun me faltaban 6 km. para llegar a casa, no hay señal de celular en esta zona y, con una sola mano útil, me resultaba imposible desarmar la bicicleta para abordar un taxi o colectivo… chesu! a seguir empujando; con el brazo izquierdo, cuyo dolor ya se estaba haciendo insoportable, amarrado a los tirantes de la mochila, cual improvisado cabestrillo, y dejando un rastro de gotitas de sangre por todo el camino, continué. No se que aspecto tendría yo, pero poco mas allá, un grupo de ciclistas que ascendía me vieron desde el otro lado de la carretera y uno de ellos me pregunto si me sentía bien; le respondí con señas que… mas o menos!.

Al llegar al cruce del desvió a Manchay; saque, de su desgarrada funda, mi celular que aun funcionaba a pesar de que le faltaba un trozo en una esquina. Se me ocurrió llamar a casa (grave error) para pedirle a mi esposa que fuera a la farmacia a comprar algunas cosas y luego viera si me podía recoger. Como yo nunca la llamo cuando me sucede algo (prefiero darle la sorpresa) ella supuso que la cosa era mas grave de lo que yo le había comentado. Al parecer se puso nerviosa y al poco rato recibí una llamada:

- Ya estoy en la farmacia, ya compre las cosas, pero… algo le pasa al auto y no lo puedo mover
-@#$%&!!!



Tamare!, ni modo, a seguir caminado, y además, añadirle un kilómetro extra a mi peregrinaje, hasta la Farmacia, para rescatar a mi supuesta rescatadora. Llegue a la farmacia en calidad de hamburguesa humana, siempre empujando mi bici, encendí el auto (solo se le había trabado el seguro de timón) y… ahora había otro problema; como ya les dije, no podía desarmar la bicicleta con una sola mano para meterla en el carro, mi mujer no tiene fuerza para liberar las “plumas” de las ruedas, el marco de esa bicicleta es muy alto para que ella pueda montarla, y yo ya estaba demasiado adolorido para seguirla empujando; así que… yo volví a casa en el auto y ella, a pie, empujando la bicicleta (en castigo, jejeje).

Una vez en casa, empecé a hacer un reporte de daños; al quitarme el casco, me di cuenta que si bien no tenia ni un solo rasguño en la cabeza; este, el casco, evidenciaba una serie de golpes en diversas partes; si no lo hubiera llevado puesto seguramente ahora habría un gran mural de grafitis, pintados a sangre y sesos, en el serpentín de la bajada a Cieneguilla. Moraleja; cuando salgan a pedalear, protéjanse!, usen cond… digo, casco!

Las manos también las tenia intactas, pero mis guantes; si, los nuevos, chesum..!, tenían las palmas desgarradas. Eso me hizo recordar la historia verídica, y por eso mismo voy a omitir el nombre (llamémoslo solo CLZ), de cierto ciclista que no usaba guantes, y en una caída sobre asfalto se despellejo las palmas y dedos de ambas manos; al tenerlas inutilizadas por buen tiempo, tuvo que sufrir la humillación de, cada vez que quería ir al baño, necesitar un “valet parking”; tanto para que le acomode el “vehiculo” como para que le limpie el “garaje” … se entiende, no?

Por lo demás; salvo las plantas de los pies y debajo de la lengua, todo el resto de mi era un solo de raspones, cortes, sangre y magulladuras. Mi brazo izquierdo dolía cada vez más, se movía cada vez menos, y mientras iba cogiendo una gama de tonalidades oliva, ya había perdido toda forma humanoide; pensé en la probabilidad de una fractura, así que me fui a un centro medico cercano (“Medicenter”):

- Señorita necesito que me atienda el medico; mi brazo…
- Lo han atropellado?
- No, no me han atropellado… me puede revisar el Doc.?
- Y como se hizo todo eso?
- me caí de la bicicleta, esta el doctor?
- Y donde se cayó?
- En el suelo, donde mas!, me van a atender o no?
- El doctor ha salido a almorzar, regrese en una hora
- “#$%&”#!!!

Una hora después;

- Señorita, ya llego el doctor?
- No y no contesta su celular, de repente ya no viene
- O sea que no hay atención en el centro medico?
- Si hay atención, trabajamos las 24 horas
- Y con que medico?
- Mire señor, si le duele mucho su brazo, vaya mejor a otra parte a que lo atiendan
- “#$%&!!!

Afortunadamente encontré otro centro medico no muy lejos de allí, donde si atendían y si había un doctor (la otra opción era buscar un buen veterinario, total…). Para no hacer mas larga la historia, solo añadiré lo que me dijo el medico:

- Ud. ha recibido un golpe “Grosero” en su brazo, afortunadamente todos los elementos óseos están completos, intactos y en su lugar, no así el tejido blando que esta hecho puré

Inmediatamente me clavaron un par de inyecciones y una “grosera” factura, de más de tres cifras, por concepto de cuatro radiografías y un poco de gasa y desinfectante. El camino de retorno a casa fue capitulo aparte; pues hasta ahora sigo manteniendo una seria discrepancia con mi mujer respecto a la” interpretación autentica” de las instrucciones del medico:

Según ella, el doctor dijo; “ no puede volver a montar bicicleta, por lo menos, hasta dentro de un mes” (o sea hasta Mayo 12).

Según yo, lo que dijo fue: “no puede volver a montar bicicleta, por lo menos, hasta el próximo mes” (o sea hasta Mayo 1°)

La verdad es que sin importar lo que dijo el medico, apenas pueda recobrar una relativa movilidad en mi brazo… a pedalear!


Texto y fotos: Carlos Garcia Granthon


Todos los derechos reservados

miércoles, 1 de abril de 2009

Antioquía en un solo día

Marzo 29 de 2009
Lima – Antioquia - Lima

Salimos tarde; eran las 7:30 a.m. cuando me encontré con Arturo en la esquina de mi casa, y alineamos ruedas en dirección a las zonas medias del valle del río Lurin.. Tres pinchaduras; dos por una astilla en el aro y otra por una minúscula e inoportuna grapa, que había encontrado la manera de traspasar las llantas de Arturo, antes de llegar siquiera a Río Seco, nos retrasaron aun más. Ahí, en Río Seco, conocimos a Rodrigo, un ciclista solitario que buscaba la ruta a Olleros. Nos despedimos y proseguimos nuestro ascenso apurando el paso, mas de lo conveniente y a riesgo de sacrificar destino, para recuperar tiempo perdido; a los pocos kilómetros una voz sobre nuestros hombros nos dice:

-"Hola; disculpa, puedo ir con Uds." – era Rodrigo que nos había dado alcance luego de abortar su proyecto a Olleros
-" Si, claro, vamos"

5 minutos y varias vueltas al pedal después:
- "Disculpa y… a donde vamos?"
- "A Antioquia"


Una breve parada en Nieve – Nieve para informarnos sobre el ascenso nocturno, organizado por Inka Riders, que había convocado un buen número de ciclistas la noche anterior, nos da un breve descanso. Salida interesante y original este Raid nocturno (la próxima me anoto!) El encargado de la Archiconocida fonda del lugar y dueño del famoso gato, aquel que mantiene a raya a todos los perros de la comarca y además, segun dicen, posee su propia pagina Web, nos da informes detallados del numero, hora, vehículos y modalidad de ascenso del contingente nocturno. Reponemos líquidos y… hora de proseguir.

Saliendo de Sisicaya, donde Arturo se había quedado prendado de la chica que despacha en la tiendecita verde del lado izquierdo, frente a la plaza; nos topamos con un bus que traía de regreso a los primeros sobrevivientes de la jornada de media noche; intercambiamos algunas frases y chanzas al paso; unos kilómetros mas adelante, ya sobre Antapucro y bajo el sol de medio día, encontramos varias ruedas conocidas (Pedrito, Walter y otros) que hacían el descenso a pedal, se les veía contentos y satisfechos; insisto… la próxima nocturna, me anoto!

Con Chillaco, Ocorure, Palmas Izquierda y Derecha a nuestras espaldas y flanqueados por un bonito paisaje de valle medio, reverdecido por las lluvias de estación, nuestro ascenso es tranquilo a pesar del considerable retrazo que llevábamos, hacemos algunas paradas y, en la ruta, el equipo de tres funcionaba bien, al menos camaradería no falta.

En mis anteriores salidas en solitario por esta zona, yo solo había llegado hasta Pacashuaqui (?), ahí donde al voltear una curva e ingresar al pueblo, uno se encuentra con una blanquecina, pedregosa, caliente y extremadamente empinada pendiente de unos cientos de metros, que resulta una puñalada directa al optimismo y una sentencia sin apelación al resto físico. Pasado ese punto, no estaba muy seguro de la distancia que nos restaba por recorrer (había olvidado los mapas en casa), mas aun si el hito que marca el Km. 60 se encuentra plantado a 20 metros del que marca el Km. 61.

La primera señal de que nos aproximábamos a nuestro objetivo, nos la da el puente Picuya, pero ya el peso de nuestros nada ligeros corceles de hierro, si, los tres subimos con monoplazas de Acero y no de Aluminio, y además, a excepción de Arturo, el de Rodrigo y el mío son un par de plomazos matapiernas MTB dobles (pero no me quejo, eso añade un poquito de desafío a las salidas). Cansado, escaldado, al menos yo, y con calambre hasta en las orejas, luego de algunos kilómetros más cruzamos las heladas aguas, que nos llegan a la altura de la cadena, de la ancha torrentera que nos abre las puertas de Antioquia a las 3:20 p.m.

Agua y comida! Solo quiero agua y comida!. Una empleada de la municipalidad nos recomendó ir a "Don Juanito". Al entrar al restaurante nos topamos con el cura del pueblo, en mitad de su almuerzo, que al verme puso cara de indigestión y se fue (habrá leído mi crónica "Confesiones"?).

-Señora, Que hay de comer?
-Solo me queda Bistec y papas fritas
-OK, tres bistec con papas por favor


Tres minutos más tarde:

-Perdón señor, me pidió menestra?
-No, bistec con Papas

-Bueno - añade Rodrigo - si hay menestra también; a mi tráigame un bistec con menestra
-Disculpe joven pero solamente hay bistec con papas
-Esta bien, entonces tres bistecs con papas


Luego de un par de minutos:

-Señor, entonces son tres bistecs con menestra?
-No!, dos con papas y uno con menestra
-Ay!, pero solo tengo bistec con papas


Cinco minutos después:

-Ahorita les traigo su pedido, eran dos bistecs con menestra y uno con papas, no?
-No!!!, Señora; mire, mejor fría tres bistecs, dos porciones de papas, una de menestras y repártalas a su criterio en tres platos
-Pero ya le dije que solo me quedan papas


Otros cinco minutos más tarde:

-Ya señores, aquí tienen; un bistec montado con arroz y frijoles, uno montado con arroz y papas y otro con papas y ensalada
-Plop!


En honor a la verdad… estuvo bueno, rico y barato!

4:20 p.m. hace rato que deberíamos haber descendido para que no nos agarre la noche, pero el bistec y las papas… El descenso es rápido y vamos tratando de ganarle la carrera al sol sobre la encalaminada trocha, aun no estoy muy seguro si rodábamos muy rápido o volábamos muy bajo. En fin!, salvo por Rodrigo que erró la ruta y se dirigía directo a un cementerio, o yo que por mirar, al paso, a la proverbial amiga de Arturo en Sisicaya; no ví un montículo y termine haciendo una involuntaria evolución digna del mejor exponente de BMX; como decía; salvo por eso, no tuvimos ningún percance hasta llegar a Chontay, donde nos sorprendió el crepúsculo con esa violácea luminosidad de la umbra vespertina, que es demasiado fuerte aun para prender las luces y demasiado débil para distinguir las cosas.

Por cada dos piedras que lográbamos esquivar, nos caíamos en tres huecos; resignados a ir muy lento, arribamos a Río Seco ya cerrada la noche y a medio partido Perú - Chile. Otra vez con señal en el celular veo que tengo dos mensajes perdidos; uno era de mi esposa:

"te espero para almorzar?"

A estas alturas de la noche ya no tenia caso responder

El otro… el otro no se de quien seria, el número no me era familiar, pero decía algo así:

"Cesar: ya no puedo seguir así, he decidido dejarte, no me busques mas, vuelve con tu esposa"

Las cosas que se entera uno, cuando alguien se equivoca de número!

De ahí al ovalo de cieneguilla fue fácil y rápido gracias al alumbrado publico, pero una vez allí… sentados en un murito frente a la gran cuesta que aun nos faltaba trepar para salir del valle… uno piensa; si, uno piensa que ya esta absolutamente agotado, que le duele todo; desde la cabeza hasta el extremo opuesto, que mas de doce horas sobre la bicicleta son muchas, que ya son las 8:00 p.m., que ya no tengo fuerzas ni para volver a subirme a mi bicicleta, que tengo ampollas en las manos, pies y trasero, que esa cumbre de cieneguilla tiene 5 Km. de largo y mas de 400 metros de desnivel, que ya no tengo 18 años, que por nuestras narices pasan unos colectivos que por S/. 5.00 nos llevarían cómodamente hasta La Molina, que… al Carajo! Vamos a terminar lo que comenzamos!. Salidas como esta se planifican con la cabeza, se ejecutan a empuje de piernas, pero generalmente se culminan a fuerza de cojones!

Otra vez sobre los pedales comenzamos el ascenso, a paso muy lento, en medio de la absoluta soledad y obscuridad del serpentín de Cieneguilla, techado por las tímidas estrellas que parcialmente se dejan ver en un cielo semi nublado. La negrura de la noche se abre muy egoístamente ante nosotros; solo ante el haz de luz de la linterna de Arturo y las luces de mi monoplaza nos permite ver un pequeño fragmento de la ruta ante nosotros. Mientras subimos; conversamos sobre astronomía, la profundidad del universo, los enigmas de la ciencia y solo somos interrumpidos en nuestras divagaciones cuando un auto, algo sospechoso, sobrepara a nuestro lado, luego prosigue y se detiene a vuelta de curva unos 300 metros delante; afortunadamente otros vehículos aparecen en sentido contrario en ese momento y, al verse iluminado, el vehiculo se marcha rápidamente.

Coronamos la cumbre a las 9:10 p.m. Arturo y Rodrigo aprovecharon para rehidratarse en la tiendecita de la cima de Las Palmeras, yo aproveche para reabastecerme de cigarros, unos kilómetros más adelante nos despedimos. Fue una buena salida! (gracias Arturo, gracias Rodrigo)

Carlos García Granthon

domingo, 15 de marzo de 2009

Ciclonudista Lima 2009

Marzo 14 de 2009



Ya era de mañana y aún no me decidía; asistir como fotógrafo?, o asistir como ciclista?... uhmm… mejor voy en mi monoplaza , participo en la marcha, quiero decir en el pedaleo, y hago las fotos desde “adentro”.

Las 8:10 a.m., y luego de sólo 43 minutos para recorrer los 19 Kms. desde mi casa (en auto me hubiera demorado más), soy el primero en llegar al cruce de Aramburú y la Av. Arequipa; un policía y un reportero me acosan a preguntas; están buscando a Octavio, el organizador. Si; él, Nilton y muchos otros más, son los perseverantes y esforzados activistas de Cicloaxión que cada año sacan adelante este colectivo nudista para reivindicar los derechos de los ciclotransportados y exigir más respeto por parte de los conductores del parque automotor y las autoridades competentes (si tan sólo cumplieran las normas ya establecidas; eso sería bastante!). A propósito, este año la protesta no se pudo llevar a cabo en Miraflores, como es tradicional, por no se qué impedimento de origen edil de última hora; parece que el alcalde sigue haciendo “méritos” con los ciclistas (se acuerdan del escándalo de Larcomar?).


Empiezan a llegar los convocados; ruedas y amigos convergen de todo Lima y también de los extramuros de la capital; algunos con más ropa que otros, otros con más ingenio que algunos; todos con un propósito, nadie sin un motivo. Hay chicas, hay chicos; hay grupos, hay solitarios, hay disfraces, hay uniformes, hay cicatrices, hay historias…

Historias como la de quien trae atada a su parrilla, cual relicario, la destrozada rueda de la bicicleta de su, ahora ausente pero otrora inseparable, compañero de ruta, que fuera atropellado por las muchas ruedas y poco criterio de algún imprudente.


Los preparativos avanzan, el ambiente se alegra, los compañeros se reencuentran, la policía resguarda y la prensa asecha. La “amiga” de Octavio, chica de mirada y cuerpo tropical, bonita en realidad, acapara micrófonos y cámaras; razones no faltan, al menos a la vista saltan dos, y… saltan, y saltan, y vuelven a saltar, con cada vuelta de pedal!

Una chica que hacía un reportaje gráfico, al verme con un cigarrillo en la mano, me pregunta:

- cómo haces para hacer ciclismo y fumar al mismo tiempo?
- y… bueno, mientras no fume con los pies, no hay problema!

Aquí me permito hacer un alto en el relato, para dejar constancia que la simpatía y atractivos femeninos abundaron también, en igualdad de número, cualidades y condiciones, detrás de cámaras. A las pruebas me remito:























Retomemos el relato; pasadas las 11:00 de la mañana, y calmadas las hormonas, se cierra la Av. Arequipa; algunos cientos de ruedas de nuestros no contaminantes vehículos de propulsión humana, inician el recorrido con rumbo al centro de Lima. Los megáfonos marcan el compás a las arengas:

“ En bici llloviendo o nevando, pero en auto… ni cagando!”
“Un ciclista más, un auto menos”
“Un ciclista más, una combi menos”
“Un ciclista más, un pastrulo menos”


El ingenio, sarcasmo y buen humor criollo, no se hace esperar mucho y alguien grita desde atrás:

“Un ciclista más, una gorda menos”

Mientras yo tengo serios problemas para, en simultáneo, manejar la bicicleta guardando el orden del pelotón, enfocar, componer, disparar la cámara y… mantenerme pedaleando al lado de la “amiga de Octavio” (jejeje), Arturo, amigo y compañero de ruta, aprovecha para gritar en mi oído, por todo el resto del recorrido:

“Un ciclista más, un cigarro menos”

Llegamos al by-pass de Javier Prado; Octavio detiene la marcha, coge el altavoz y grita:

“Todos levanten sus bicicletas” – y todos levantan las bicicletas

Y vuelve a gritar:

“Si no hay solución… abajo el pantalón!” – y todos, bueno no todos, se bajaron el pantalón!


Los transeúntes se agrupan alrededor; señalan, se admiran, toman fotos con sus celulares y algunas viejas gritan, mientras Pedrito, con los calzoncillos enredados en los tobillos, sujeta su bicicleta con una mano y trata de tomarse una foto, él mismo, con la otra.

La marcha continúa por la Av. Arequipa encabezada por, al menos, una docena de nudistas ciclopropulsados. La “amiga de Octavio” va en el asiento medio de una tandem triple, en el posterior va una reportera gráfica, y adelante; como única fuerza propulsora; el hermano de Nilton, quien a pesar del triple esfuerzo no se queja, en realidad va feliz y con cara de no querer cambiar de lugar con nadie, ni por la mejor bicicleta del mundo!


Damos la vuelta en U al llegar a la Av. 28 de Julio y retornamos nuevamente por la Av. Arequipa. Al llegar a Lince; un viejito algo encorvado, muy bien vestido y con una de esas gorritas inglesas, se disponía a cruzar la calle; mira, a ambos lados, para ver si no viene nadie antes de atreverse a pisar la calzada, pero ve que todo un escuadrón de ciclistas se aproxima; se detiene, vuelve a mirar, se percata de que están desnudos, el rostro se le enrojece, sus ya opacos ojos nos miran con enojo; alza sus temblorosas manos, y su no menos temblorosa voz y grita, grita todo lo fuerte que sus años se lo permiten, grita como si diera una alarma pidiendo ayuda ante una invasión enemiga:

“Pajeros!, Pajeros!”

El pacífico y ordenado recorrido llega a su término en la puerta del Touring y Automóvil Club de Perú; aún desnudos, se gritan algunas arengas y se toman algunas fotos. Una señora sale de las instalaciones muy molesta, nos mira a todos (mira muy bien a cada uno) y se sube a su auto diciendo - “Horribles!, así desnudos están horribles!” – bueno, hay gente que no se contenta con nada.

Para terminar esta crónica, vaya un saludo a todos los que participaron; con mucha, poca, o ninguna ropa; pero con toda voluntad, en esta marcha en pro del ciclista, que esperamos, haya servido para hacer entender a los conductores de vehículos motorizados, que en cuestión de seguridad y derechos; estamos literalmente, “desnudos ante el tránsito

Algunos ciclistas de los muchos que participaron:












































































































































Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados


martes, 24 de febrero de 2009

El perrito, el freno y las barras bravas

La Molina – Chillaco – La Molina
Febrero 22 de 2009

No es ningún secreto que mi poder de convocatoria para salidas ciclísticas no es precisamente de los mejores, así que, solo para cumplir con las formalidades, estuve en el grifo Repsol, acordado como primer punto de encuentro, en Av. La Molina Este a las 6:00 a.m. y una hora de pedaleo mas tarde, en el segundo; el ovalo de Cieneguilla. Ni modo… nadie a la vista en ninguno de los dos puntos; a seguir pedaleando.

A ritmo tranquilo, de “Cicloturista”, voy ascendiendo por el valle del río Lurin; este trae tanta agua como le es posible traer y la carretera esta tan mala como le es posible estar. Curiosamente, y a pesar de algunas noticias que circulaban por ahí, no han caído huaycos en la ruta, me refiero a Huaycos en toda regla; de esos que se llevan un cuarto de cerro, media pista y todo un pueblo; no, de esos no hay ninguno, solo unas cuantas acequias desbordadas y alguna que otra torrentera menor, que se ha reactivado con las lluvias y rompe, cuando mucho, algo de la monotonía. El clima esta relativamente benévolo; si bien hace un fuerte calor, el nublado cielo protege de los calcinantes rayos de sol en todo el valle. Me tome el trabajo de hacer averiguaciones en cada pueblo por donde pasè y, aparentemente, esa es la situación climática regular que se viene presentando en esta ruta, lo que la convierte en una buena alternativa para los que quieran trepar un poco en estos meses de verano.

En medio de una de mis entrevistas (con fines exclusivamente climatológicos) a la chica que atiende el kiosco del Km. 33; veo pasar un quinteto de ciclistas, a buen paso, con dirección aguas arriba, me parece haberlos visto antes en esta zona. Yo prosigo un rato después, y mas adelante, a la altura de Vichulla, recuerdo que estoy violando el espacio territorial de mi “hermanito de sangre”; si, el perrito que me mordió hace varias semanas por haber osado transitar por “su carretera”, pero… nada, no esta!... que raro? De las innumerables veces que he pedaleado por esta ruta, ni una sola ha dejado de corretearme el muy condenado… uhmmm… bueno, mejor aprovecho y paso sin ruido antes que aparezca. Seguramente ya lo veré al regreso.

La subida es tranquila y algo de viento refresca de vez en cuando. Otro ciclista me pasa a las puertas de Nieve – Nieve; me saluda, lo saludo, noto que no lleva agua ni mochila; seguramente viene de Sierra Morena y esta haciendo un Sprint corto. Voy parando y entablando conversaciones en Nieve – Nieve, Sisicaya, Antapucro y finalmente llego a Chillaco sobre las 11:30 a.m., luego de haberme topado nuevamente con todos los que pasaron; ahora, ellos, en ruta de retorno. Hora de retornar para mi también; si la subida fue demasiado tranquila, casi aburrida, como lo que va de este relato, el retorno debería de serlo igualmente… o no?.

Mi primer problema; hace días que las nuevos tacos de freno delanteros chirrean en seco; he intentado de todo (limpieza, alineación, convergencia, etc.) y nada!, siguen chirreando, parece que entran en resonancia con la frecuencia natural de vibración del aro… en fin! Hasta hoy día chirreaban un poco, pero ahora, en la bajada, con el polvo del camino, el calor, y valla uno a saber porque otra causa, han empezado a chirrear con mas decibeles que los que la ley, el oído humano y la cordura permiten. Cada vez que aplico ligeramente el freno delantero, para controlar los derrapes del posterior, un estridente sonido, como el de una chapita rascando contra una pizarra, me ponen la carne de gallina. Al hacer mi reingreso a Nieve – Nieve, aplique el freno… tres perros aullaron, las aves emigraron y medio pueblo salio a ver que chancho estaban capando! Ni modo… no más freno delantero. Luego de tomarme una gaseosa en la tradicional fonda del lugar, y que esta me fuese servida por el dueño con cara de: -Oe! Este es un pueblo tranquilo, arregla ese “ruidito” de tu bicicleta - seguí mi descenso.

Unos kilómetros mas abajo, de vuelta en zona canina, aumente la velocidad previniendo cualquier ataque sorpresa del famoso perrito, pero… nada!, no estaba, no puede ser!. Me detuve, hice ruido, hasta me baje de mi monoplaza y me atreví a profanar las fronteras de su chacra… no apareció; se habrá enfermado luego de morderme?... uhmmm… mejor voy a dejar de consumir tanta comida chatarra, cigarrillos y demás porquerías que ingiero normalmente, para bajar los niveles de toxicidad de mi sangre.

Nota del autor.- Si alguien que lea estas líneas conoce, o sabe algo, de mi ”hermanito de sangre” o su dueño, por favor háganle saber que me intereso por su estado de salud.

Algunos minutos y vueltas al pedal más tarde estaba nuevamente en Cieneguilla; algo de líquido, algo de carbohidratos y algo de descanso antes de trepar la empinada cuesta que me sacaría del Valle. Aquí hace mas calor y hay que hacer un considerable ”pago” en sudor, a la Pachamama y a los Apus para coronar la cumbre. Una vez allí ya todo es bajada fácil por buena pista hasta casa. Bueno, no siempre…

Bajaba rápido por la carretera; al entrar a Musa tomo el lado izquierdo para evitar las combis, paso a varios vehículos, pero se arma una inusual congestión vehicular… retomo la derecha sin bajar la velocidad… imposible pasar!... me meto a la tierra, esquivo dos triciclos, varios peatones, subo a la vereda, rebaso los autos, salto a la pista nuevamente y… me encuentro con un centenar de Barras Bravas frente a mi!, que iban o venían de algún lado y eran los causantes de la interrupción del transito. Mientras le tiraban piedras a los buses; un policía hace un disparo al aire y yo, instintivamente, aplique los frenos (ambos!) y…. Ñuuuuuiiiiiiiiick!!! El chirrido infernal de las pastillas delanteras que resuena en varias cuadras a la redonda… Los barras Bravas, con cara de calambre en el oido, voltean, me miran, y empiezan a aproximarse…

Afortunadamente, un ciclista asustado corre más rápido que cien delincuentes y sus pétreos proyectiles.



Fin (por el momento)



Texto y fotos: ©Carlos Garcia Granthon
Todos los derechos reservados
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miércoles, 14 de enero de 2009

Cuando llueve, todos se mojan y... uno se cae!

Enero 11 de 2009
Lima – Matucana – Lima

Un ida y vuelta a Matucana en modalidad “Todo a pedal”, era algo que tenia en mi archivo de “pendientes” desde hacia algún tiempo; la oportunidad se dio este domingo y no me la podía perder. La Primeras y violáceas luces del amanecer me dan los buenos días ya sobre mi monoplaza, Puruchuco me recibe antes de las 6:00 a.m. donde debería esperar a algunos de los conjurados de esta salida, pero el poco trafico de la carretera central, inusual en ese tramo, me anima a aprovechar la oportunidad y adelantarme pedaleando hasta el segundo punto de reunión; el puesto de avanzada en Chosica. Este fue un tramo tranquilo, fácil y sin nada que relatar.

Ya en Chosica, en la famosa esquinita del “vaso de quinua”, me encuentro con un grupo de Inka Riders que planeaba un ascenso ciclístico a Huinco. No los conocía, pero un par de saludos gremiales, que son de rigor entre ciclistas de ruta, dan el inicio a una muy breve pero bastante cordial platica… me cayeron bien!. Rato después llegan Armando y Edgar pedaleando, Arturo y Cristian no se hicieron esperar mucho, Pedro… bueno, a el si lo tuvimos que esperar un poco; lo suficiente para que una nada amable frutera del mercado no me quisiera dar vuelto por un plátano y luego cuando me dio el vuelto, no me dio el plátano!. En fin! Salimos de esas tierras algo tarde, pasadas las 9:30 a.m., pero salimos!

Los primeros kilómetros en grupo pasan sin mayor novedad; Edgar y Pedro hacen alarde de su buen estado físico y apuran el paso, Arturo sufre una pinchadura y Cristian un desperfecto en los cambios, pero todo va bien en términos generales.

Sobre el medio día, o mejor dicho; bajo el sol de medio día, dejamos atrás San Bartolomé y vamos en pos de San Jerónimo de Surco. Una escala técnica infaltable en el kiosco del Km. 63, para degustar la tradicional porción de huevo duro con papas, de manos de “la amiga" de Arturo, nos da un breve respiro a cuatro de los pedaleros.

El ascenso continua, el cielo se nubla y cuando rodábamos por el Km. 65 una fulgurante, repentina y breve luz nos alumbra… me tomaron una foto?... no?.. Un fuerte Truuumbleblumm!!! resuena en los cielos y antes que sus ecos se sequen en el aire, la helada lluvia nos moja en la tierra. Diablos! A apurar el paso en busca de refugio!.

Totalmente mojado y tiritando de frío llegue a San Jerónimo. Allí, asilados en un restaurante, y mientras esperábamos a Armando que venia algo rezagado, tomamos café y pedimos periódicos; no, para leer no, para ponerlos entre nuestra escasa ropa (Un muy mojado polo de Jersey y short de Lycra por todo abrigo) y aislarnos del frío. Afortunadamente yo había llevado un impermeable (Amarillo y con la foto de Mickey Mouse en la espalda) que, al menos, me protegía algo de la lluvia, mas no del frío.

Continuar el ascenso en estas condiciones era cosa de locos, pero no siendo famosos precisamente por nuestra cordura… continuamos! La pendiente de los 8 o 9 kilómetros de la carretera entre Surco y San Mateo es sumamente empinada, la lluvia no cede, los camiones y buses me bañan en barro cada vez que pasan a mi lado, el sonoro tiritar de mis dientes no me deja escuchar otra cosa y mis pies totalmente mojados y congelados se me entumecen, en especial el izquierdo que ya empieza a doler de frío, cual si lo hubiera sumergido por largo rato en un cubo de hielo. Me voy rezagando y congelando, pero rendirme cuando falta tan poco… No!. Llegue con cierto retrazo, pero… llegue a Matucana!

Una pollería y su menú, brindan cobijo de la lluvia y el hambre a seis hipotérmicos y cansados ciclistas en Matucana bastante pasadas las 3:00 p.m. Sentados a la espera de mejores condiciones atmosféricas, pero… con cada minuto que pasa, la lluvia se hace mas fuerte y una densa niebla amenaza nuestra visibilidad y posibilidad de retorno. Hora de decisiones; Armando opta por la seguridad del retorno trunco a bordo de un bus; el resto, como era de suponer, optamos por el pedaleo, el frío, la lluvia, la niebla, la adrenalina y la necedad (en orden inverso, claro esta). En realidad, y a mi parecer, el ascenso había estado tan exigente que merecía un final mas digno y dramático (e imprudente) que un tentador, cómodo y caliente bus. Alguien me dijo una vez que salidas como esta eran “Actos de heroísmo inútil”, puede que tenga razón, pero… que bien se siente uno al realizarlas!

Retomando el relato; Ya próximo el ocaso, desde Matucana, cinco kamikazes ciclotransportados nos enrumbamos cuesta abajo y en fila india, como hormigas deslizándose por el húmedo lomo de una negra serpiente. Recorremos las curvas y contra curvas de la carretera central, que discurre entre las montañas de las estribaciones andinas, que cual gigantes de piedra a nuestro alrededor cubrían su rostro con niebla para no ver la brutalidad que vamos cometiendo. Descendemos a velocidad de crucero, con la escasa adherencia de las delgadas y lisas llantas pisteras sobre el agua, los frenos mojados, la lluvia que nos golpea el rostro, el barro que nos salpica en los ojos, el viento que nos congela, toreando camiones y buses; sin desaprovechar, claro esta, algunos instantes detrás de cada camión, para calentarnos un poquito con los gases del tubo de escape antes de rebasarlo. Atrás van quedando, en solo cuestión de minutos, Matucana, San Jerónimo, San Bartolomé, Cocachacra, Carachacra, Corcona y cuanto pueblo en nuestro ascenso habíamos alcanzado no sin poco esfuerzo.

Todo iba bien; bueno,“bien” es un concepto relativo, no? . porque las nubes de lluvia descendían por el valle hacia la costa, a la misma velocidad que nosotros y siempre sobre nuestras cabezas, de modo que todo el trayecto lo hicimos con “clima propio” y este no era precisamente el mejor de los climas.

Casi llegando a Ricardo Palma, a la altura de Santa Ana, nos salio al encuentro un perro, uno de esos innumerables canes carreteros que han tomado por deporte y juramento morder ciclistas al paso, normalmente no le hubiera hecho caso, pero con la reciente mordida de que fui objeto (leer crónica aquí) tome por precaución esquivarlo abriéndome hacia la izquierda; eludido el animalejo, vire para retomar mi derecha sin percatarme de la proximidad del cruce de la vía férrea. Ya era demasiado tarde, yo venia rápido, seguía lloviendo y estaba dirigiéndome en el peor de los ángulos al cruce en el que no hace mucho un ciclista, en similares circunstancias, se rompió una pierna cuando descendía desde Ticlio. Trate de corregir mi ruta de aproximación, logre pasar la rueda delantera, pero… la posterior patino sobre el lizo y mojado acero de la vía, se levanto en el aire hacia la izquierda, yo baje el pie derecho buscando apoyo en el suelo, pero este también resbalo en lo mojado y mi pierna se metió debajo de mi monoplaza, iniciando ambos un vuelo razante, en horizontal y de través sobre la carretera… alguna vez han arrojado una piedrita con fuerza en ángulo agudo sobre el agua?... han visto como rebota tres veces antes de hundirse?... bueno, así salí arrojado yo sobre el asfalto, rebotando tres veces antes de patinar varios metros sobre el mismo. Con cada rebote iba dejando algunos trozos, nada despreciables, de epidermis de mi rodilla y codo, alternadamente, sobre la pista; mientras en cada ocasión, la bicicleta, que caía sobre mi, me hacia en simultaneo un nuevo “piercing” con los dientes de la catalina en la canilla.

Pedro que venia detrás mió se apresuro a recogerme de debajo de mis propios escombros (gracias Pedro!). me incorpore, no sin ayuda, y ví con satisfacción que mi monoplaza estaba intacto (mi pierna, atrapada entre esta y la pista, la había protegido de todo mal). Me tomo varios minutos recuperarme del golpe y recobrar la movilidad en mi rodilla. Mientras tanto, veíamos pasar una Combi proveniente de las alturas con una “Mérida” azul en la parrilla; era Armando que nos rebasaba.

De nuevo sobre mis dos ruedas, llegamos al parque de Chosica, ahí nos esperaba Armando, un café caliente, una cachanga y el final de la lluvia, pero no el final de la historia; si bien todos teníamos un aspecto general de naufragio reciente, Arturo concitaba toda la atención y miradas de los transeúntes pues su rostro estaba enteramente cubierto de barro, cual mascarilla rejuvenecedora, de la que solo se distinguían los ojos. Y Cristian?... desapareció?… Al parecer Cristian se siguió de largo sin detenerse y sin despedirse. Minutos después , ya bajo las sombras de la noche, proseguimos nuestro pedalero retorno a Lima, yo me separe del grupo en Puruchuco y llegue a casa 15 horas después de haber salido de ella, cansado, magullado, mojado, y aun con frío.

Solo me resta añadir que…prometo no volverlo a hacer! (me refiero a esquivar al perro, porque otra salida como esta… no me la pierdo!)

Carlos García Granthon

martes, 30 de diciembre de 2008

Me pareció ver un lindo perrito



Diciembre 29 de 2008


Después de descartar el prototipo de montaña N°1, debido a los sucesos narrados en crónica previa, salí a probar las modificaciones y correcciones hechas en el prototipo de montaña N°2, (feo como mi suegra y pesado como mi cuñado) en su segunda salida a campo. También, y debido a las escasas excursiones en la modalidad “Todo a pedal” que ya casi no se promueven en los círculos que frecuentaba, había reconfigurado mi agenda, pues ya no es menester salir a pedalear necesariamente los domingos, y en realidad si he de salir en solitario; el transito es mas benévolo en días laborables.

Así las cosas el lunes por la mañana emprendí el pedaleo con rumbo a Chillaco Chico, donde quería examinar el extremo de una ruta para un futuro proyecto ciclo-expedicionario; al llegar a Cieneguilla me tope con niebla cerrada que prometía protección contra los rayos del veraniego sol, pero esta solo me acompaño unos kilómetros a lo largo del río Lurin y para cuando pasaba por Río Seco, ya se había disipado, al igual que el asfalto sobre el que rodaba en un principio. Bajo un cielo despejado y un sol calcinante proseguí mi ascenso por el valle.

Pasando el puente Chontay, pero antes de llegar a Vichulla, me salieron al encuentro dos viejos conocidos; un par de perritos criollos, uno negro y otro color chocolate, que siempre me persiguen ladrando en esta parte del camino. Es bien sabido que, en lo general, mis relaciones con los cuadrúpedos han sido siempre más fraternas que con los bípedos. Hasta se podría decir que mantengo un pacto con los canes (“ellos no me muerden, yo no los muerdo”) por lo que luego de unas decenas de metros, mi ocasional y bulliciosa escolta, me dejo proseguir tranquilo sin mas daño que el retumbar de sus ladridos en mis oídos.

Al llegar a Nieve-Nieve, me detuve en la clásica fonda de ciclistas (han retirado el sticker de “Cicloturismo” de la columna) para refrescarme un poco, faltaban solo unos 13 Km. para llegar a Chillaco y recién eran las 9:30 a.m., pero el sol quemaba con encono y en realidad, en este punto, mis sudorosos poros hacían ya mas ejercicio que mis piernas. Se me ocurrió abortar la idea original, dar media vuelta y descender por el valle hasta sus terrenos mas bajos, en Pachacamac, donde suponía encontrar aun algo de la matutina niebla que me permitiera completar un mínimo aceptable de kilómetros para el ejercicio.

Descendía yo a buena velocidad por el maltrecho camino, encajonado entre las rocas a mi derecha y un cerco de esteras a mi izquierda, distraído en el funcionamiento de mi suspensión posterior que, con las “operaciones” que le había efectuado, parecía trabajar muy bien sobre rocas y encalaminado; había olvidado por completo que me encontraba trasgrediendo el territorio que el par de canes reclama para si, cuando de pronto; una silenciosa sombra color chocolate, brincó desde una abertura entre las esteras, en ruta de intersección hacia mi, y antes que sus cuatro patitas hubieran anclado en piso, su dentadura ya había anclado en carne, y no soltaba prenda!; aun con mi bicicleta en movimiento, varios metros flameo al viento el animalejo al lado de mi monoplaza, bien sujeto de mi pantorrilla con sus encorvados colmillos y sus no menos torcidas intensiones, mientras yo sacudía la pierna para desprenderlo. Cuando por fin me soltó, se alejo en silencio moviendo el rabito, con la cabeza erguida y una expresión de triunfo en su mirada. Condenado perrito hijo de… de su progenitora!!!

Por un momento pensé en ir a buscar al dueño del pequeño demonio para presentar mis reclamos, pero supuse que si me internaba en alguna de las chacras circundantes, que el animalito reclamaba como su propiedad, incluida la parte del camino que yo había osado profanar; seguramente recibiría una segunda mordida. Así que preferí proseguir mi camino y conservar, al menos, una pierna sana.

Aquí hago un alto en el relato, para rogar a quien transite por la zona, sin importar el número de ruedas que lo transporte, que no atente contra la integridad del mencionado can. No, no es que lo haya perdonado, y menos que le haya agarrado cariño; sino que mi ahora “hermanito de sangre” es modesto en estatura y dentadura; y si algo le sucediese, quien me garantiza que su dueño no lo reemplace luego por otro de igual genio, pero de mayor porte y mejor marfil.

Cojeando (se puede cojear en una bicicleta?) y maldiciendo (eso si se puede!) proseguí mi camino. Al llegar a Cieneguilla nuevamente, divise una bruma hacia el oeste que me daba esperanzas de un mejor clima en la parte baja, pero… huele a quemado!, la niebla huele a quemado?,… la niebla tiene olor?. Tres camiones de bomberos no tardaron en despejar mis dudas; se había producido un pequeño incendio en los secos cañaverales que bordean el poco generoso río y las llamas amenazaban algunas propiedades en la rivera… ni hablar!, hoy no es mi día!. Me senté a reponer líquidos y carbohidratos en el Minimarket (mini?) proximo al ovalo y entablé conversación con otro ciclista que había detenido ruedas en el mismo lugar, convinimos en pedalear el retorno hacia Lima juntos, pero al iniciar el asenso que nos conducía fuera del valle; el excesivo peso de mi monoplaza, los kilómetros andados, el calcinante sol y, en especial, la dolorosa molestia que producía el odontograma canino que se exhibía en mi pierna izquierda, no me permitían seguir el mismo ritmo que él. Tarde 1:10 en coronar la cumbre… En fin, al menos hice ejercicio, creo?

Carlos Garcia Granthon

lunes, 1 de diciembre de 2008

se te bajo la llanta?


Noviembre 30 de 2008

Armar una bicicleta de montaña sobre un antiguo marco de pista, no parece muy cuerdo, pero… quería explorara nuevas posibilidades y rutas que me estaban vedadas en mi fiel pistera, así que… tome un viejo cuadro de pista, algunas refacciones que tenia por ahí, compre un par de relucientes aros de aleación y…

La salida de prueba la había realizado una semana antes con una breve ruta de ida y vuelta por terreno afirmado, desde La Molina hasta Sisicaya. Con algunos percances en el recorrido; un palo que no vi a la vera del camino; se enredo en el descarrilador, torciendo este y dos discos de la piñonera. Aun así el balance general fue bastante aceptable y me entusiasmo la posibilidad de poder rodar por malos caminos con relativa facilidad.

Este domingo, con mi engendro mecánico operativo nuevamente, me uní a Ricardo y Walter que tenían programada una salida por los circuitos de Cross Country y Dawnhill de Pachacamac. Tomamos la ruta escénica de Cieneguilla, la que da un rodeo por los limites de Tinajas; algo de afirmado, algo de barro, un encalaminado aquí y allá, todo va bien, me preocupa un poco el marco y mi freno posterior (un viejo caliper que solo frena martes y jueves), pero hasta el momento nada se ha roto, afortunadamente voy rodando sobre llantas nuevas y buenos aros . Ja!, buenos aros... eso creía yo, por que eso fue lo que me dijo el vendedor, que seria incapaz de mentirme, no?.

Luego de varios kilómetros a buena velocidad sobre mal camino, llegamos a una pronunciada pendiente de tierra que nos pone en la línea de partida de “El Cardal”, conocido y exigente circuito de Cross Country. Ricardo va por delante, yo lo sigo y detrás de mí viene Walter para, en caso necesario, recoger mis restos. El preocupante, crujiente, alto y viejo marco de la pistera no me permite bajar mucho el asiento para mejorar mi centro de gravedad, que ya esta bastante alto si consideramos que al pasar los ”single tracks” llevo… las bolas de corbata!

Por estado físico no me quedo, pero esto es más técnica que otra cosa. El camino a seguir es una angosta huella de escasos centímetros a media ladera del cerro, flanqueada por un lado con filosas rocas y por el otro con un pequeño desfiladero lo suficientemente alto como para dejar expuestos y descarnados los huesos de quien tenga la mala fortuna de explorar involuntariamente sus profundidades. Para quien lo recorre por primera vez (yo) cada intrincada curva ciega resulta una interrogante; en esta me sacare la m…?

Sin coderas ni rodilleras que pudieran impedir que termine señalizando a sangre y piel la ruta en el primer resbalón, pasamos badenes, cuestas, camas de rocas y cuanto accidente geográfico se pueda enumerar; hasta llegar por, la parte baja, a “El Prado”, otro circuito de Dawnhill donde se realizan competencias. Aquí Ricardo me advierte que baje frenando pues la pendiente es más pronunciada de lo que parece. Yo, por supuesto, solo le hice caso a medias y, detrás de el, baje a buena velocidad saltando por los huecos y encalaminados de esta medianamente ancha recta final del circuito. Ya me esta gustando esto, sobre todo eso de elevarme algunos centímetros en el aire cada vez que paso a velocidad por los desniveles del camino, solo faltan unos cien metros y habré salido ileso del recorrido, pero… Pop!!!, psssssssss… Ups! Se me reventó la llanta posterior!, bueno, ni modo… Detengo mi artefacto, me bajo a ver y… El aro posterior esta roto!, abierto como un plátano y un fragmento de este ha cortado y penetrado llanta y cámara… “#%$&=¡¡*!!!. Yo acostumbro llevar conmigo, herramientas y algunas refacciones, pero un aro de repuesto? No, eso no se puede llevar!

Walter se detiene junto a mí y Ricardo da la vuelta;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

En realidad es aquí donde comenzó la aventura; empujando los restos de mi monoplaza llegamos hasta el final del circuito; hasta el Kiosco de “el Mexicano”. Dos ciclistas estaban allí guardando sus monoplazas en su vehiculo;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???
Este par de anónimos y buenos samaritanos del ciclismo se ofrecieron a llevarme en su camioneta hasta Pachacamac, para ver si allí conseguía un aro nuevo en alguna bicicleteria.

Una vez allí, junto al “Arbolon” espere a mis compañeros que venían detrás pedaleando, los tres caminamos hasta una bicicleteria en la carretera;
-Buenos días, podría…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

Como sea, el tipo se quiso aprovechar de mi precaria situación y quería venderme un par de aros de dudosa calidad (mas dudosa que los míos) en S/. 170 soles!... ni hablar!

Seguimos caminando hasta otra bicicleteria, salio un señor, aparentemente el Padre del dueño del taller y..
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

En resumen; el dueño del taller y las llaves del mismo habían salido a pedalear y no había forma de que me vendieran un aro.

Cruce la carretera y luego de despedirme de Ricardo y Walter, que nada podían hacer ya para solucionar mi percance, me senté a esperar una combi con parrilla que me lleve a Cieneguilla… media hora y nada, todas las combis pasaban repletas y sin parrilla. Retome mi caminata , siempre empujando mi artefacto cilopropulsado, y retorne al pueblo; ahí cerca del mercado, me tope con otro grupo de ciclistas;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

Uno de ellos se apiado de mí y me acompaño hasta un bicicleteria próxima, me presento al dueño que al ver mi bicicleta…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???
Resulto que este si tenia aros , pero … miro su reloj; las 12:00, era hora de almorzar y… me dijo que volviera en hora y media!.

Retorne caminando hasta el Arbolon y empecé a preguntar a los taxis… nadie quería ir hasta Cieneguilla y menos hasta La Molina. Me senté en una banca y empecé a hacer un rápido inventario, y balance costo/beneficio, de las piezas de mi bicicleta que podía desarmar, rescatar y llevar en una mochila, vs. las que tendría que abandonar allí en la plaza de Pacacamac , debajo del arbolon, si quería retornar a mi casa. En ese momento se me acerco un Moto taxista…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro… y sí lo rompi, y no, no se como!, Carajo!!!
El buen hombre se apiado de mí y me llevo con todo y bicicleta en mototaxi hasta Cieneguilla, de allí sin mayores problemas tome un colectivo que me dejo a una cuadra de mi casa cerca de las 3:00 p.m.






Ahora medito sobre la posibilidad de desmantelar la bicicleta y retomar mis monoplazas pisteros o comprar un juego de buenos aros, llanta y camara, quien sabe un marco tambien...

Carlos