Marzo 29 de 2009
Lima – Antioquia - Lima
Salimos tarde; eran las 7:30 a.m. cuando me encontré con Arturo en la esquina de mi casa, y alineamos ruedas en dirección a las zonas medias del valle del río Lurin.. Tres pinchaduras; dos por una astilla en el aro y otra por una minúscula e inoportuna grapa, que había encontrado la manera de traspasar las llantas de Arturo, antes de llegar siquiera a Río Seco, nos retrasaron aun más. Ahí, en Río Seco, conocimos a Rodrigo, un ciclista solitario que buscaba la ruta a Olleros. Nos despedimos y proseguimos nuestro ascenso apurando el paso, mas de lo conveniente y a riesgo de sacrificar destino, para recuperar tiempo perdido; a los pocos kilómetros una voz sobre nuestros hombros nos dice:
-"Hola; disculpa, puedo ir con Uds." – era Rodrigo que nos había dado alcance luego de abortar su proyecto a Olleros
-" Si, claro, vamos"
5 minutos y varias vueltas al pedal después:
- "Disculpa y… a donde vamos?"
- "A Antioquia"
Una breve parada en Nieve – Nieve para informarnos sobre el ascenso nocturno, organizado por Inka Riders, que había convocado un buen número de ciclistas la noche anterior, nos da un breve descanso. Salida interesante y original este Raid nocturno (la próxima me anoto!) El encargado de la Archiconocida fonda del lugar y dueño del famoso gato, aquel que mantiene a raya a todos los perros de la comarca y además, segun dicen, posee su propia pagina Web, nos da informes detallados del numero, hora, vehículos y modalidad de ascenso del contingente nocturno. Reponemos líquidos y… hora de proseguir.
Saliendo de Sisicaya, donde Arturo se había quedado prendado de la chica que despacha en la tiendecita verde del lado izquierdo, frente a la plaza; nos topamos con un bus que traía de regreso a los primeros sobrevivientes de la jornada de media noche; intercambiamos algunas frases y chanzas al paso; unos kilómetros mas adelante, ya sobre Antapucro y bajo el sol de medio día, encontramos varias ruedas conocidas (Pedrito, Walter y otros) que hacían el descenso a pedal, se les veía contentos y satisfechos; insisto… la próxima nocturna, me anoto!
Con Chillaco, Ocorure, Palmas Izquierda y Derecha a nuestras espaldas y flanqueados por un bonito paisaje de valle medio, reverdecido por las lluvias de estación, nuestro ascenso es tranquilo a pesar del considerable retrazo que llevábamos, hacemos algunas paradas y, en la ruta, el equipo de tres funcionaba bien, al menos camaradería no falta.
En mis anteriores salidas en solitario por esta zona, yo solo había llegado hasta Pacashuaqui (?), ahí donde al voltear una curva e ingresar al pueblo, uno se encuentra con una blanquecina, pedregosa, caliente y extremadamente empinada pendiente de unos cientos de metros, que resulta una puñalada directa al optimismo y una sentencia sin apelación al resto físico. Pasado ese punto, no estaba muy seguro de la distancia que nos restaba por recorrer (había olvidado los mapas en casa), mas aun si el hito que marca el Km. 60 se encuentra plantado a 20 metros del que marca el Km. 61.
La primera señal de que nos aproximábamos a nuestro objetivo, nos la da el puente Picuya, pero ya el peso de nuestros nada ligeros corceles de hierro, si, los tres subimos con monoplazas de Acero y no de Aluminio, y además, a excepción de Arturo, el de Rodrigo y el mío son un par de plomazos matapiernas MTB dobles (pero no me quejo, eso añade un poquito de desafío a las salidas). Cansado, escaldado, al menos yo, y con calambre hasta en las orejas, luego de algunos kilómetros más cruzamos las heladas aguas, que nos llegan a la altura de la cadena, de la ancha torrentera que nos abre las puertas de Antioquia a las 3:20 p.m.
Agua y comida! Solo quiero agua y comida!. Una empleada de la municipalidad nos recomendó ir a "Don Juanito". Al entrar al restaurante nos topamos con el cura del pueblo, en mitad de su almuerzo, que al verme puso cara de indigestión y se fue (habrá leído mi crónica "Confesiones"?).
-Señora, Que hay de comer?
-Solo me queda Bistec y papas fritas
-OK, tres bistec con papas por favor
Tres minutos más tarde:
-Perdón señor, me pidió menestra?
-No, bistec con Papas
-Bueno - añade Rodrigo - si hay menestra también; a mi tráigame un bistec con menestra
-Disculpe joven pero solamente hay bistec con papas
-Esta bien, entonces tres bistecs con papas
Luego de un par de minutos:
-Señor, entonces son tres bistecs con menestra?
-No!, dos con papas y uno con menestra
-Ay!, pero solo tengo bistec con papas
Cinco minutos después:
-Ahorita les traigo su pedido, eran dos bistecs con menestra y uno con papas, no?
-No!!!, Señora; mire, mejor fría tres bistecs, dos porciones de papas, una de menestras y repártalas a su criterio en tres platos
-Pero ya le dije que solo me quedan papas
Otros cinco minutos más tarde:
-Ya señores, aquí tienen; un bistec montado con arroz y frijoles, uno montado con arroz y papas y otro con papas y ensalada
-Plop!
En honor a la verdad… estuvo bueno, rico y barato!
4:20 p.m. hace rato que deberíamos haber descendido para que no nos agarre la noche, pero el bistec y las papas… El descenso es rápido y vamos tratando de ganarle la carrera al sol sobre la encalaminada trocha, aun no estoy muy seguro si rodábamos muy rápido o volábamos muy bajo. En fin!, salvo por Rodrigo que erró la ruta y se dirigía directo a un cementerio, o yo que por mirar, al paso, a la proverbial amiga de Arturo en Sisicaya; no ví un montículo y termine haciendo una involuntaria evolución digna del mejor exponente de BMX; como decía; salvo por eso, no tuvimos ningún percance hasta llegar a Chontay, donde nos sorprendió el crepúsculo con esa violácea luminosidad de la umbra vespertina, que es demasiado fuerte aun para prender las luces y demasiado débil para distinguir las cosas.
Por cada dos piedras que lográbamos esquivar, nos caíamos en tres huecos; resignados a ir muy lento, arribamos a Río Seco ya cerrada la noche y a medio partido Perú - Chile. Otra vez con señal en el celular veo que tengo dos mensajes perdidos; uno era de mi esposa:
"te espero para almorzar?"
A estas alturas de la noche ya no tenia caso responder
El otro… el otro no se de quien seria, el número no me era familiar, pero decía algo así:
"Cesar: ya no puedo seguir así, he decidido dejarte, no me busques mas, vuelve con tu esposa"
Las cosas que se entera uno, cuando alguien se equivoca de número!
De ahí al ovalo de cieneguilla fue fácil y rápido gracias al alumbrado publico, pero una vez allí… sentados en un murito frente a la gran cuesta que aun nos faltaba trepar para salir del valle… uno piensa; si, uno piensa que ya esta absolutamente agotado, que le duele todo; desde la cabeza hasta el extremo opuesto, que mas de doce horas sobre la bicicleta son muchas, que ya son las 8:00 p.m., que ya no tengo fuerzas ni para volver a subirme a mi bicicleta, que tengo ampollas en las manos, pies y trasero, que esa cumbre de cieneguilla tiene 5 Km. de largo y mas de 400 metros de desnivel, que ya no tengo 18 años, que por nuestras narices pasan unos colectivos que por S/. 5.00 nos llevarían cómodamente hasta La Molina, que… al Carajo! Vamos a terminar lo que comenzamos!. Salidas como esta se planifican con la cabeza, se ejecutan a empuje de piernas, pero generalmente se culminan a fuerza de cojones!
Otra vez sobre los pedales comenzamos el ascenso, a paso muy lento, en medio de la absoluta soledad y obscuridad del serpentín de Cieneguilla, techado por las tímidas estrellas que parcialmente se dejan ver en un cielo semi nublado. La negrura de la noche se abre muy egoístamente ante nosotros; solo ante el haz de luz de la linterna de Arturo y las luces de mi monoplaza nos permite ver un pequeño fragmento de la ruta ante nosotros. Mientras subimos; conversamos sobre astronomía, la profundidad del universo, los enigmas de la ciencia y solo somos interrumpidos en nuestras divagaciones cuando un auto, algo sospechoso, sobrepara a nuestro lado, luego prosigue y se detiene a vuelta de curva unos 300 metros delante; afortunadamente otros vehículos aparecen en sentido contrario en ese momento y, al verse iluminado, el vehiculo se marcha rápidamente.
Coronamos la cumbre a las 9:10 p.m. Arturo y Rodrigo aprovecharon para rehidratarse en la tiendecita de la cima de Las Palmeras, yo aproveche para reabastecerme de cigarros, unos kilómetros más adelante nos despedimos. Fue una buena salida! (gracias Arturo, gracias Rodrigo)
Carlos García Granthon
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miércoles, 1 de abril de 2009
Antioquía en un solo día
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martes, 24 de febrero de 2009
El perrito, el freno y las barras bravas
La Molina – Chillaco – La Molina
Febrero 22 de 2009
No es ningún secreto que mi poder de convocatoria para salidas ciclísticas no es precisamente de los mejores, así que, solo para cumplir con las formalidades, estuve en el grifo Repsol, acordado como primer punto de encuentro, en Av. La Molina Este a las 6:00 a.m. y una hora de pedaleo mas tarde, en el segundo; el ovalo de Cieneguilla. Ni modo… nadie a la vista en ninguno de los dos puntos; a seguir pedaleando.
A ritmo tranquilo, de “Cicloturista”, voy ascendiendo por el valle del río Lurin; este trae tanta agua como le es posible traer y la carretera esta tan mala como le es posible estar. Curiosamente, y a pesar de algunas noticias que circulaban por ahí, no han caído huaycos en la ruta, me refiero a Huaycos en toda regla; de esos que se llevan un cuarto de cerro, media pista y todo un pueblo; no, de esos no hay ninguno, solo unas cuantas acequias desbordadas y alguna que otra torrentera menor, que se ha reactivado con las lluvias y rompe, cuando mucho, algo de la monotonía. El clima esta relativamente benévolo; si bien hace un fuerte calor, el nublado cielo protege de los calcinantes rayos de sol en todo el valle. Me tome el trabajo de hacer averiguaciones en cada pueblo por donde pasè y, aparentemente, esa es la situación climática regular que se viene presentando en esta ruta, lo que la convierte en una buena alternativa para los que quieran trepar un poco en estos meses de verano.
En medio de una de mis entrevistas (con fines exclusivamente climatológicos) a la chica que atiende el kiosco del Km. 33; veo pasar un quinteto de ciclistas, a buen paso, con dirección aguas arriba, me parece haberlos visto antes en esta zona. Yo prosigo un rato después, y mas adelante, a la altura de Vichulla, recuerdo que estoy violando el espacio territorial de mi “hermanito de sangre”; si, el perrito que me mordió hace varias semanas por haber osado transitar por “su carretera”, pero… nada, no esta!... que raro? De las innumerables veces que he pedaleado por esta ruta, ni una sola ha dejado de corretearme el muy condenado… uhmmm… bueno, mejor aprovecho y paso sin ruido antes que aparezca. Seguramente ya lo veré al regreso.
La subida es tranquila y algo de viento refresca de vez en cuando. Otro ciclista me pasa a las puertas de Nieve – Nieve; me saluda, lo saludo, noto que no lleva agua ni mochila; seguramente viene de Sierra Morena y esta haciendo un Sprint corto. Voy parando y entablando conversaciones en Nieve – Nieve, Sisicaya, Antapucro y finalmente llego a Chillaco sobre las 11:30 a.m., luego de haberme topado nuevamente con todos los que pasaron; ahora, ellos, en ruta de retorno. Hora de retornar para mi también; si la subida fue demasiado tranquila, casi aburrida, como lo que va de este relato, el retorno debería de serlo igualmente… o no?.
Mi primer problema; hace días que las nuevos tacos de freno delanteros chirrean en seco; he intentado de todo (limpieza, alineación, convergencia, etc.) y nada!, siguen chirreando, parece que entran en resonancia con la frecuencia natural de vibración del aro… en fin! Hasta hoy día chirreaban un poco, pero ahora, en la bajada, con el polvo del camino, el calor, y valla uno a saber porque otra causa, han empezado a chirrear con mas decibeles que los que la ley, el oído humano y la cordura permiten. Cada vez que aplico ligeramente el freno delantero, para controlar los derrapes del posterior, un estridente sonido, como el de una chapita rascando contra una pizarra, me ponen la carne de gallina. Al hacer mi reingreso a Nieve – Nieve, aplique el freno… tres perros aullaron, las aves emigraron y medio pueblo salio a ver que chancho estaban capando! Ni modo… no más freno delantero. Luego de tomarme una gaseosa en la tradicional fonda del lugar, y que esta me fuese servida por el dueño con cara de: -Oe! Este es un pueblo tranquilo, arregla ese “ruidito” de tu bicicleta - seguí mi descenso.
Unos kilómetros mas abajo, de vuelta en zona canina, aumente la velocidad previniendo cualquier ataque sorpresa del famoso perrito, pero… nada!, no estaba, no puede ser!. Me detuve, hice ruido, hasta me baje de mi monoplaza y me atreví a profanar las fronteras de su chacra… no apareció; se habrá enfermado luego de morderme?... uhmmm… mejor voy a dejar de consumir tanta comida chatarra, cigarrillos y demás porquerías que ingiero normalmente, para bajar los niveles de toxicidad de mi sangre.
Nota del autor.- Si alguien que lea estas líneas conoce, o sabe algo, de mi ”hermanito de sangre” o su dueño, por favor háganle saber que me intereso por su estado de salud.
Algunos minutos y vueltas al pedal más tarde estaba nuevamente en Cieneguilla; algo de líquido, algo de carbohidratos y algo de descanso antes de trepar la empinada cuesta que me sacaría del Valle. Aquí hace mas calor y hay que hacer un considerable ”pago” en sudor, a la Pachamama y a los Apus para coronar la cumbre. Una vez allí ya todo es bajada fácil por buena pista hasta casa. Bueno, no siempre…
Bajaba rápido por la carretera; al entrar a Musa tomo el lado izquierdo para evitar las combis, paso a varios vehículos, pero se arma una inusual congestión vehicular… retomo la derecha sin bajar la velocidad… imposible pasar!... me meto a la tierra, esquivo dos triciclos, varios peatones, subo a la vereda, rebaso los autos, salto a la pista nuevamente y… me encuentro con un centenar de Barras Bravas frente a mi!, que iban o venían de algún lado y eran los causantes de la interrupción del transito. Mientras le tiraban piedras a los buses; un policía hace un disparo al aire y yo, instintivamente, aplique los frenos (ambos!) y…. Ñuuuuuiiiiiiiiick!!! El chirrido infernal de las pastillas delanteras que resuena en varias cuadras a la redonda… Los barras Bravas, con cara de calambre en el oido, voltean, me miran, y empiezan a aproximarse…
Afortunadamente, un ciclista asustado corre más rápido que cien delincuentes y sus pétreos proyectiles.
Febrero 22 de 2009
A ritmo tranquilo, de “Cicloturista”, voy ascendiendo por el valle del río Lurin; este trae tanta agua como le es posible traer y la carretera esta tan mala como le es posible estar. Curiosamente, y a pesar de algunas noticias que circulaban por ahí, no han caído huaycos en la ruta, me refiero a Huaycos en toda regla; de esos que se llevan un cuarto de cerro, media pista y todo un pueblo; no, de esos no hay ninguno, solo unas cuantas acequias desbordadas y alguna que otra torrentera menor, que se ha reactivado con las lluvias y rompe, cuando mucho, algo de la monotonía. El clima esta relativamente benévolo; si bien hace un fuerte calor, el nublado cielo protege de los calcinantes rayos de sol en todo el valle. Me tome el trabajo de hacer averiguaciones en cada pueblo por donde pasè y, aparentemente, esa es la situación climática regular que se viene presentando en esta ruta, lo que la convierte en una buena alternativa para los que quieran trepar un poco en estos meses de verano.
En medio de una de mis entrevistas (con fines exclusivamente climatológicos) a la chica que atiende el kiosco del Km. 33; veo pasar un quinteto de ciclistas, a buen paso, con dirección aguas arriba, me parece haberlos visto antes en esta zona. Yo prosigo un rato después, y mas adelante, a la altura de Vichulla, recuerdo que estoy violando el espacio territorial de mi “hermanito de sangre”; si, el perrito que me mordió hace varias semanas por haber osado transitar por “su carretera”, pero… nada, no esta!... que raro? De las innumerables veces que he pedaleado por esta ruta, ni una sola ha dejado de corretearme el muy condenado… uhmmm… bueno, mejor aprovecho y paso sin ruido antes que aparezca. Seguramente ya lo veré al regreso.
La subida es tranquila y algo de viento refresca de vez en cuando. Otro ciclista me pasa a las puertas de Nieve – Nieve; me saluda, lo saludo, noto que no lleva agua ni mochila; seguramente viene de Sierra Morena y esta haciendo un Sprint corto. Voy parando y entablando conversaciones en Nieve – Nieve, Sisicaya, Antapucro y finalmente llego a Chillaco sobre las 11:30 a.m., luego de haberme topado nuevamente con todos los que pasaron; ahora, ellos, en ruta de retorno. Hora de retornar para mi también; si la subida fue demasiado tranquila, casi aburrida, como lo que va de este relato, el retorno debería de serlo igualmente… o no?.
Mi primer problema; hace días que las nuevos tacos de freno delanteros chirrean en seco; he intentado de todo (limpieza, alineación, convergencia, etc.) y nada!, siguen chirreando, parece que entran en resonancia con la frecuencia natural de vibración del aro… en fin! Hasta hoy día chirreaban un poco, pero ahora, en la bajada, con el polvo del camino, el calor, y valla uno a saber porque otra causa, han empezado a chirrear con mas decibeles que los que la ley, el oído humano y la cordura permiten. Cada vez que aplico ligeramente el freno delantero, para controlar los derrapes del posterior, un estridente sonido, como el de una chapita rascando contra una pizarra, me ponen la carne de gallina. Al hacer mi reingreso a Nieve – Nieve, aplique el freno… tres perros aullaron, las aves emigraron y medio pueblo salio a ver que chancho estaban capando! Ni modo… no más freno delantero. Luego de tomarme una gaseosa en la tradicional fonda del lugar, y que esta me fuese servida por el dueño con cara de: -Oe! Este es un pueblo tranquilo, arregla ese “ruidito” de tu bicicleta - seguí mi descenso.
Unos kilómetros mas abajo, de vuelta en zona canina, aumente la velocidad previniendo cualquier ataque sorpresa del famoso perrito, pero… nada!, no estaba, no puede ser!. Me detuve, hice ruido, hasta me baje de mi monoplaza y me atreví a profanar las fronteras de su chacra… no apareció; se habrá enfermado luego de morderme?... uhmmm… mejor voy a dejar de consumir tanta comida chatarra, cigarrillos y demás porquerías que ingiero normalmente, para bajar los niveles de toxicidad de mi sangre.
Nota del autor.- Si alguien que lea estas líneas conoce, o sabe algo, de mi ”hermanito de sangre” o su dueño, por favor háganle saber que me intereso por su estado de salud.
Algunos minutos y vueltas al pedal más tarde estaba nuevamente en Cieneguilla; algo de líquido, algo de carbohidratos y algo de descanso antes de trepar la empinada cuesta que me sacaría del Valle. Aquí hace mas calor y hay que hacer un considerable ”pago” en sudor, a la Pachamama y a los Apus para coronar la cumbre. Una vez allí ya todo es bajada fácil por buena pista hasta casa. Bueno, no siempre…
Bajaba rápido por la carretera; al entrar a Musa tomo el lado izquierdo para evitar las combis, paso a varios vehículos, pero se arma una inusual congestión vehicular… retomo la derecha sin bajar la velocidad… imposible pasar!... me meto a la tierra, esquivo dos triciclos, varios peatones, subo a la vereda, rebaso los autos, salto a la pista nuevamente y… me encuentro con un centenar de Barras Bravas frente a mi!, que iban o venían de algún lado y eran los causantes de la interrupción del transito. Mientras le tiraban piedras a los buses; un policía hace un disparo al aire y yo, instintivamente, aplique los frenos (ambos!) y…. Ñuuuuuiiiiiiiiick!!! El chirrido infernal de las pastillas delanteras que resuena en varias cuadras a la redonda… Los barras Bravas, con cara de calambre en el oido, voltean, me miran, y empiezan a aproximarse…
Afortunadamente, un ciclista asustado corre más rápido que cien delincuentes y sus pétreos proyectiles.
Fin (por el momento)
Texto y fotos: ©Carlos Garcia Granthon
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