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viernes, 19 de octubre de 2012

Antropociclos 02

Publicando el segundo numero de Antropociclos...
Octubre 2012

Antropociclos 02

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Halloween; Rutas de Espanto

Pacomanta – Escomarca – Tres ventanas – Olleros - San Bartolo
Octubre 31 – Noviembre 1º de 2010


Que mejor comienzo para una aventura extrema que ir rodando fuerte, con llamativo y completo equipo de ciclista, por las no muy amistosas calles del barrio de San Jacinto a las 7:00 a.m. del 31 de Octubre, día de halloween, con rumbo al corazón de El Agustino a abordar un bus que promete llevarnos a San Lázaro de Escomarca. Somos siete los conjurados; Aldo, Gerson, Kamary, Juan, Pietro, Raúl y quien suscribe esta crónica; Crónica que según lo planificado debería de comprender únicamente el relato del descenso Olleros – San Bartolo, objetivo de nuestro viaje y considerada como una de las rutas de Down Hill mas largas y con mayor desnivel del mundo, pero…

Mientras el desvencijado bus, que apesta como pocos pero trepa mejor que muchos por los carrozables caminos de la sierra Huarochirana, le va robando metros al altímetro con cada vuelta de rueda y regalando vistas al paisaje con cada vuelta de curva; Gerson ya se las arreglo para convencer al chofer que nos desembarque un poco mas allá de lo convenido, en el abra de Pacomanta, punto geográficamente mas alto de su recorrido. El viaje en general es tranquilo y al parecer la maquina ya conoce de memoria la ruta, pues no requiere de mayor guía del conductor que pasa mas tiempo conversando con su ayudante que atendiendo el camino, y solo pide le vayan agregando agua al motor periódicamente, y sobre la marcha, por un gran embudo ubicado dentro de la cabina que se conecta por gravedad mediante una manguera de jardín al radiador.

El sol desciende sobre el cerro Condorcoto, a nuestras espaldas, mientras nuestros monoplazas descienden del techo del bus a las 4:00 p.m. en el abra de Pacomanta. La vista de la cordillera Pariakaka es espectacular; ahí están los nevados (y los nevados tienen nieve!), ahí está el nevado Runcha, ahí esta el nevado Charimaya, ahí está… y mis herramientas?, donde están?... are, ajo, erda! Ya me las robaron! Si, me olvide de quitar el estuche de herramientas del Cletanque al subirlo al bus y en una de las tantas paradas de cabotaje alguien me aligero el peso de la bicicleta; mea culpa, mea culpa y… mea detrás de esas piedras que 7 horas aguantando en el ómnibus no son pocas.

Vienen las fotos de rigor con la espectacular vista en este punto a 4,000 msnm. Todos posan para las fotos; Gerson despliega su banderola del grupo Keniro que incluye un aviso publicitario (tiene que financiar su carrera ciclística), Kamary con su monoplaza posa cual stripper con los nevados de fondo (supongo que también tiene que financiar su carrera de alguna forma).

Ya sobre nuestros monoplazas y tras algunos minutos de libre rodar sobre estas hermosas pampas de ichu alto andinas, arribamos a Escomarca que seria algo así como nuestro campamento base. La buena noticia es que están haciendo mejoras en el pueblo, la mala noticia es que los únicas dos habitaciones del hospedaje están copadas por los trabajadores de las obras. Finalmente, y a mucho insistir, el dueño de una fonda nos alquilo un pasadizo de 2 x 4 metros con 3 colchones en el piso para los 7.

Luego de un buen almuerzo sobre las 5:00 p.m. que incluía bistec, arroz y papas por S/ 4.00 salimos a buscar, como ruta complementaria, las famosas cuevas del cerro Tres Ventanas que se encuentran en un paraje cercano. Tenemos referencias de la ubicación y mapas de la zona, pero en estas ondulantes pampas de ichu, entre bosques de piedra cruzados por mil senderos, es fácil equivocar el camino. Siempre pedaleando a campo traviesa cerca de los 4000 metros de altitud, cuando el sol ya ha caído y solo las purpureas luces del ocaso alumbran el cielo, encontramos las cuevas; Están en un macizo rocoso con aspecto de castillo medieval, el lugar es extraño, tan extraño como la silueta de un hombre que aparece y desaparece mientras nos atisba entre el perfil de lejanas y negruzcas rocas, pero que nos hace llegar su fuerte voz que repite una y otra vez la misma palabra ininteligible y de tono poco amistoso. En medio de la obscuridad de la noche, cuando ya no lo vemos, la frecuencia con la que repite el misterioso vocablo aumenta y, a juzgar por el volumen, la distancia se acorta. A riesgo de que se tratara de algún rondero que, arma en mano, confundiera nuestra extraña y multicolor apariencia de ciclistas con abigeos o, peor aun, con supuestos Pishtacos, y cuando el grito se escuchaba ya a tiro de piedra o de escopeta, según el gusto; optamos por huir (valientemente) de las cuevas, pedaleando en silencio entre matorrales de espinas y rocas en medio de la noche y con las luces apagadas para desorientar al enemigo. Una vez alcanzado el llano, donde de puede rodar a velocidad de crucero, dejamos atrás rápidamente al misterioso personaje y su grito de batalla mientras rodábamos por campo abierto, en una pampa de ichus bajo el manto protector de las estrellas que le daban una surrealista tonalidad azulada al paramo, poblado por las negras sombras de las figuras pétreas que flanquean la pampa y nos escoltan de regreso hasta Escomarca . No hablare por los demás pero esta sola aventura y los paisajes nocturnos que me fueron posibles apreciar, para mi, hizo que el viaje valiera la pena

Si el bus olía mal, no se imaginan lo que fue ese cuarto de 4x2 aquella noche, conteniendo a 7 sudorosos y flatulentos ciclistas en un pueblo que no tiene baños ni agua corriente; pero el cansancio y la fraternidad perdonan esas pequeñas incomodidades; Además es noche de Halloween y las leyendas de terror no podían faltar; entre Raúl y Aldo Poma se disputan el premio “Narrador de cuentos 2010” en una sucesión de interesantes relatos de misterio que protagonizan Duendes, Tunches, Ccarccachas, Pishtacos y demás personajes de la cosmovisión andina.

Los despertadores, única utilidad de un celular en estas latitudes, suenan sincronizados a las 5:30 a.m. del 1º de Noviembre y una hora después, bien apertrechados, nos disponemos a cruzar nuevamente las pampas con rumbo a Santo Domingo de los Olleros que esta 1,000 metros más abajo y 25,000 más al Oeste. Que alguien tuviera descocida una costura del pantalón no seria algo digno de mención en esta crónica, si no fuera por que al salir del pueblo un cariñoso can, que salió a despedirnos mientras rodábamos, engancho el marfil de sus herramientas masticantes en la pierna de Gerson, terminando de desgarrar la costura del pantalón que quedo sujeto solo por tobillo y cadera, flameando al viento hacia atrás cual vela inversa, para trabarse inmediatamente con el freno y enredarse en los radios de la rueda que de un solo tirón termino por arrancarle todo el pantalón en una fracción de segundo, sin que se acara los zapatos ni se levantara del asiento, cual acto de magia de David Copperfield. Lastima que nadie grabo la secuencia, hubiera sido un éxito en Youtube!

A medio camino entre Escomarca y Olleros; Anchicocha es otro hermoso paraje de aspecto prehistórico, vasta planicie ondulante con afloramientos rocosos, donde no hay un alma, no hay una poblado, no hay… si, si hay señal de celular!, no entiendo, aquí no hay ningún teléfono pero si hay señal, y en los pueblos que si hay teléfonos no hay línea, como diría Condorito; exijo una explicación!. Lamentablemente no tuvimos tiempo de vagar por estas pampas para buscar cierto misterioso cráter de meteorito y otras peculiaridades de la zona… en otra ocasión será.

Con Olleros ya a la vista en el horizonte, un bifurcación en el camino nos separa; mis compañeros de aventura que no pueden ver un cerro sin dejar de aventarse por el, toman un atajo a campo traviesa y van cuesta abajo, mientras yo, so pretexto de reconocer la ruta para una futura incursión nocturna continuo por el camino seguro y afirmado. La verdad es que no quería arriesgarme a romper bicicleta y/o cráneo antes de comenzar el descenso principal y objetivo de este corto viaje. A las 9:00 a.m. ya estaba en la Plaza de Olleros, mis amigos y su famoso atajo empezaron a llegar 20 minutos después con dos pinchaduras y un aro doblado como anotación en la bitácora de viaje.

Hechas las reparaciones de rigor y necesidad; son las 10:30 cuando empezamos a recorrer la mundialmente famosa ruta de DH “Olleros – San Bartolo”. Que nos deberá de llevar en un descenso de vértigo por las crestas de los cerros, desde la cota de los 2,830 meros, hasta la orilla del mar en solo unas pocas horas.

No puedo negar que la ruta y sus paisajes son espectaculares, al menos en sus primeros tramos por los single tracks, y las empinadas crestas al borde de precipicios inimaginables que dan la impresión de no estar rodando por ellos sino sobrevolándolos, es … es una sensación indescriptible!, repito; la experiencia es única y espectacular pero, y aquí seguramente la mayoría discrepara conmigo; la dificultad técnica del descenso requiere tanta atención en el camino que, aunque parezca paradójico no permite disfrutar la ruta, como en aquel viejo dicho que reza así; “el árbol no te deja ver el bosque”. Hay muchas vistas, lugares y tramos del camino que me hubiera gustado detenerme a contemplar, pero es técnicamente imposible; en estas pendientes rueda parada es caída asegurada.

Retomando la ruta y el relato, o mejor dicho; el relato de la ruta, y ya con dos tontas caídas en mi haber, voy algo rezagado con respecto a los demás, pero aun disfrutando la aventura en el buen tramo ya recorrido, hasta que… maldición! La cocada de mi llanta delantera no agarra bien en arena suelta; Si, la arena suelta y esponjosa plagada de piedrones de que esta hecho toooooooodo el ultimo y empinado serpentín del cerro antes de llegar al lecho del huayco, punto medio de la ruta y de reagrupamiento del grupo. Lo peor de todo es que mis zapatillas son de suela casi liza y tampoco puedo mantenerme en pie en esa pendiente de arena seca y suelta sobre piedra. No se cuantas veces me resbale, solo se una cosa; que tanto montado sobre la bicicleta como caminando al lado, me era imposible controlar la dirección, y en las curvas con cada paso o vuelta de pedal venia un derrape o resbalón, y con cada resbalón un golpe en el pie contra una piedra… Se me hicieron mil años descender ese tramo, mil años y mil golpes en los pies, (auch). Es mas, cuando llegue al huaico donde me esperaba el resto del grupo, antes de decir nada volví a resbalar delante de ellos y caí sentado sobre otra piedra. (Otro auch).

Si bien en cuestión de descenso, en poco mas de dos horas habíamos bajado mas de 2,000 metros; en cuestión de distancia aun nos faltaban unos treinta kilómetros de rodada por el reseco y casi plano lecho del huayco que discurre por las pampas de San Bartolo. Sin mayor inconveniente ni anecdotario llegamos al balneario a las 3:10 p.m.

Juan que, para variar, una vez que empieza a pedalear luego no encuentra el botón de “off”; se ha seguido de largo pedaleando rumbo a Lima. Pietro trata de convencerme de hacer lo mismo mientras el resto busca un bus… uhmm… resto de piernas todavía tengo, pero animo me falta y el dolor de los dedos de los pies… no, yo me subo al bus, y si es rosadito mejor!

En realidad no tardamos mucho en conseguir un bus y cuando llegamos al trébol de la Javier Prado… Juan ya estaba allí!, ni hablar… esta poseído!



Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes, 9 de febrero de 2010

El rally, la sandìa y el bus

(Lima – Mala – Santa Cruz de Flores – Mala)
Febrero 07 de 2010

Más de una vez he dicho, y lo sostengo con firmeza, que no soy deportista, es más; soy la antitesis de lo que podría considerarse un deportista. Si bien ya deje de fumar, (y subí mas de 7 Kgs. por eso, @#$%&!!!). Considero que un deportista es aquel que lleva una vida sana, metódica, disciplinada, alguien dedicado en cuerpo y alma a una disciplina física, por sobre todas las cosas. Descripción que me resulta totalmente ajena; pues eso de “disciplina”… disciplina…uhmmm… veamos, me parece haber escuchado esa palabra en algún lugar, uhmm…probablemente algún antiguo vocablo de una lengua muerta, en fin, no debe ser muy importante. Y lo de “vida sana y metódica”; mejor no hablemos!...Volviendo al punto; entonces… que carajo hago hoy pedaleando hasta Mala, para hacer el reconocimiento de ruta del Rally de Totoritas? Además, a que deportista en sus cabales se le ocurriría pedalear hasta Totoritas en el ”Cletanque”, (solo para calentar)con llantas para trocha y doble suspensión; si bien la bestia se mueve sobre el asfalto, consume demasiada energía para mantener una buena velocidad de crucero y dejar algún resto físico para el circuito. Aun así, llegue a las 9:50. a.m. Gerson y Pietro llegaron a los pocos minutos en bus, y Juan, pedaleando, se tardo algo mas… de Dubert, Pedro y Carlos solo sabíamos que con muchos contratiempos en la ruta, llegarían mas tarde… muy tarde… si es que llegaban.

Mapa en mano, que resulto tan útil como cenicero de moto, y ya cerca del medio día; iniciamos la vuelta de reconocimiento; a los pocos metros nos encontramos con Pedrito Salazar, el grupo de Inka Riders y unos muchachos que también habían venido pedaleando desde lima. Ellos intentaban, al igual que nosotros, hacer la interpretación autentica del mapa oficial, en el que las rectas se representan como curvas y las curvas como rectas, pues el camino no parece ser ni por aquí, ni por allá, sino mas bien todo lo contrario.

Vamos todos juntos avanzando rueda a rueda, los pies pican y lo que debería ser una vuelta de reconocimiento se convierte en una especie de vuelta de precalificación. Completamos el circuito de la categoría “turismo” pisando medianamente fuerte; una breve parada de rehidratación en el poblado de San Antonio para reagruparnos, y hasta aquí todo va bien; es hora de recorrer el tramo para las categorías “Elite y Master”… Empiezo a tener problemas en los single tracks, el cansancio ya me esta pasando la factura y cometo errores tontos con los cambios, también me pase en una curva y casi me saco la… no, la Tinka , no!.. la Mierda!

Mal que bien llegamos a Santa Cruz de las Flores, justo a tiempo para prorrumpir e interrumpir en ceremonia e himno, (en ese estricto orden). Un policía nos detiene en plena plaza publica, pues esta terminantemente prohibido pedalear en el pueblo mientras se escuchan las sagradas notas del Himno Nacional y los no tan sagrados discursos del Alcalde; sin embargo y como una concesión especial; se nos permite comer raspadilla, (siempre y cuando lo hagamos con gesto solemne).

Desaprovechando total y tontamente la oportunidad para rehidratarme, por tratar de resolver un problema con la batería de mi cámara, la ruta no tarda en pasarme factura y al llegar a la “trepada del basural” tuve que pasar a la modalidad de empujatucleta.pe/weon. (gracias muchachos por esperarme en la cumbre). De aquí en adelante ya todo fue relativamente sencillo. Algo dispersos, me separe del grupo de Inka Riders en el puente en ruinas, con los 30 kms de ruta casi completos, para cortar hacia Mala y reunirme con Juan, Gerson y Pietro, que a su vez habían hallado a los náufragos de la expedición Ciclo Trebud que por fin tocaban puerto Maleño.

Dubert, Pedro y Carlos no habían llegado con las manos vacías; bueno, en realidad cuando los encontramos ya las tenían vacías, pero… pero mejor les cuento:

Al llegar al puente Mala en el Km85, lugar donde debían esperarnos, ya hambrientos pararon un momento en el kioskito frutero a la vera de la autopista, donde dos guapas morochas ofrecían a la vista sus mejores manjares (y las frutas también); Pedro, que del arte del flirteo ha hecho casi un apostolado, no tardo en entablar coloquio; de lo que dijo con el verbo y se respondió con la mirada no ha quedado registro, pero de lo que si hay testimonio, es de lo que se llevo Pedro, orgulloso, como trofeo de guerra de aquel efímero encuentro… una grande y jugosa sandia sobre el timón de su monoplaza! Sandia que luego engulleron mientras nos buscaban.

Ya avanzada la tarde y con el estomago lleno; Dubert, después de pegarle su sticker a la chica del restaurant, propone el retorno pedaleando para compensar el recorrido de reconocimiento que el no hizo… no hay quórum, y la verdad que aunque tentadora la idea, después de todo lo ya recorrido, el solo pensar en hacer toda la ruta de vuelta en el cletanque… uhmmm…No!, es en estos momentos cuando la sensatez aconseja arriar la bandera de macho alfa, abandonar el barco de la hombría y… subirse al bus rosadito de la Barbie!

Si bien el bus no era rosadito, al menos tenía las cortinas color fuxia y nos dejo en el trébol de Javier Prado ya pasadas las 6.00 p.m.

Texto: © Carlos García Granthon


martes, 14 de abril de 2009

Auch!

Abril 11 de 2009
La Molina - Cieneguilla – Posta Medica

Se supone que seria una salida corta, tranquila y poco exigente, solo para mantener el estado físico, pero…

Bajaba yo por el serpentín de Cieneguilla; si bien iba algo rápido, aunque no tan rápido como acostumbro a hacerlo, por estar probando mis nuevos frenos que por fin habían dejado de chirrear. En fin, al tomar la tercera curva; si, esa en la que no hay mucho espacio entre asfalto y cerro, pise algo en la pista que no ví; una piedrita, un tubito, una bujía, una pila… no se!, pero ese algo hizo que mi rueda posterior perdiera adherencia con el suelo y derrapara hacia la parte exterior de la curva, patinando sobre el limite entre el asfalto y la tierra; hasta ahí la situación era controlable, ya me había sucedido antes, pero de pronto la rueda posterior topo con otro “algo”; una grieta, una piedra… que se yo!, la cosa es que el derrape lateral se detuvo en seco, como si me hubieran puesto cave, y ambos; bicicleta y tripulante, salimos disparados como por una catapulta.

No se cuantos rebotes di sobre el suelo, a veces sobre mi lineal vehiculo, a veces debajo de él, pero con cada nuevo golpe con la superficie, sentía el ruido de cosas que se rompían y salían disparadas a mi alrededor en medio de un extraño e ingrávido surrealismo a cámara lenta. Finalmente, ya separado de mi monoplaza a fuerza de golpes, pero aun dando botes por el piso, termine estrellándome “de pechito” contra una roca de regular tamaño al borde del cerro…Auch! Eso si dolió! Quede como una insignificante mosca aplastada sobre una pared.

El golpe me dejo sin aire y medio atontado, caí de espaldas sobre la tierra totalmente desorientado y sin poder respirar. En medio de mi aturdimiento, ví que mi bicicleta estaba desparramada en medio de la pista y era solo cuestión de segundos para que pasara un camión y le diera el golpe de gracia; me levante y la arrastre (léase; nos arrastramos juntos) hasta el borde de la curva.

De pronto apareció un anónimo ciclista en la ruta, se detuvo y me pregunto si me encontraba bien; yo solo le respondía por señas, pues aun no podía respirar normalmente, mientras el recogía toda una cantidad de despojos que había dejado yo sobre la pista, también puso mi bicicleta en lugar seguro, e inclusive cruzo la carretera para recoger mi encendedor que luego me entrego a la mano. No se quien era pero… Gracias!, muchas gracias!. Luego continuo su ruta con rumbo a Chontay, según me dijo.

Minutos mas, y aturdimiento menos, observe que mi bicicleta, si bien algo maltratada, con algunos golpes de más, y algunos accesorios de menos, aun estaba operativa, trate de subirme pero no pude; mi brazo izquierdo se negaba tercamente a obedecer mis ordenes y mi rodilla empezaba a doler bastante. Ni modo! A trepar la cumbre, de vuelta a casa, empujando el monoplaza.
Al llegar a la sima me detuve en la conocida tienda del lugar para tomar una gaseosa, pero a la hora de pagar, el dolor en el brazo no me permitía quitarme la mochila para sacar el dinero. La señora que despacha tuvo que ayudarme, fue ahí que me percate que mi mochila estaba hecha jirones al igual que mi polo y mi pantaloneta, y además habían manchas de sangre por todos lados.

Aun me faltaban 6 km. para llegar a casa, no hay señal de celular en esta zona y, con una sola mano útil, me resultaba imposible desarmar la bicicleta para abordar un taxi o colectivo… chesu! a seguir empujando; con el brazo izquierdo, cuyo dolor ya se estaba haciendo insoportable, amarrado a los tirantes de la mochila, cual improvisado cabestrillo, y dejando un rastro de gotitas de sangre por todo el camino, continué. No se que aspecto tendría yo, pero poco mas allá, un grupo de ciclistas que ascendía me vieron desde el otro lado de la carretera y uno de ellos me pregunto si me sentía bien; le respondí con señas que… mas o menos!.

Al llegar al cruce del desvió a Manchay; saque, de su desgarrada funda, mi celular que aun funcionaba a pesar de que le faltaba un trozo en una esquina. Se me ocurrió llamar a casa (grave error) para pedirle a mi esposa que fuera a la farmacia a comprar algunas cosas y luego viera si me podía recoger. Como yo nunca la llamo cuando me sucede algo (prefiero darle la sorpresa) ella supuso que la cosa era mas grave de lo que yo le había comentado. Al parecer se puso nerviosa y al poco rato recibí una llamada:

- Ya estoy en la farmacia, ya compre las cosas, pero… algo le pasa al auto y no lo puedo mover
-@#$%&!!!



Tamare!, ni modo, a seguir caminado, y además, añadirle un kilómetro extra a mi peregrinaje, hasta la Farmacia, para rescatar a mi supuesta rescatadora. Llegue a la farmacia en calidad de hamburguesa humana, siempre empujando mi bici, encendí el auto (solo se le había trabado el seguro de timón) y… ahora había otro problema; como ya les dije, no podía desarmar la bicicleta con una sola mano para meterla en el carro, mi mujer no tiene fuerza para liberar las “plumas” de las ruedas, el marco de esa bicicleta es muy alto para que ella pueda montarla, y yo ya estaba demasiado adolorido para seguirla empujando; así que… yo volví a casa en el auto y ella, a pie, empujando la bicicleta (en castigo, jejeje).

Una vez en casa, empecé a hacer un reporte de daños; al quitarme el casco, me di cuenta que si bien no tenia ni un solo rasguño en la cabeza; este, el casco, evidenciaba una serie de golpes en diversas partes; si no lo hubiera llevado puesto seguramente ahora habría un gran mural de grafitis, pintados a sangre y sesos, en el serpentín de la bajada a Cieneguilla. Moraleja; cuando salgan a pedalear, protéjanse!, usen cond… digo, casco!

Las manos también las tenia intactas, pero mis guantes; si, los nuevos, chesum..!, tenían las palmas desgarradas. Eso me hizo recordar la historia verídica, y por eso mismo voy a omitir el nombre (llamémoslo solo CLZ), de cierto ciclista que no usaba guantes, y en una caída sobre asfalto se despellejo las palmas y dedos de ambas manos; al tenerlas inutilizadas por buen tiempo, tuvo que sufrir la humillación de, cada vez que quería ir al baño, necesitar un “valet parking”; tanto para que le acomode el “vehiculo” como para que le limpie el “garaje” … se entiende, no?

Por lo demás; salvo las plantas de los pies y debajo de la lengua, todo el resto de mi era un solo de raspones, cortes, sangre y magulladuras. Mi brazo izquierdo dolía cada vez más, se movía cada vez menos, y mientras iba cogiendo una gama de tonalidades oliva, ya había perdido toda forma humanoide; pensé en la probabilidad de una fractura, así que me fui a un centro medico cercano (“Medicenter”):

- Señorita necesito que me atienda el medico; mi brazo…
- Lo han atropellado?
- No, no me han atropellado… me puede revisar el Doc.?
- Y como se hizo todo eso?
- me caí de la bicicleta, esta el doctor?
- Y donde se cayó?
- En el suelo, donde mas!, me van a atender o no?
- El doctor ha salido a almorzar, regrese en una hora
- “#$%&”#!!!

Una hora después;

- Señorita, ya llego el doctor?
- No y no contesta su celular, de repente ya no viene
- O sea que no hay atención en el centro medico?
- Si hay atención, trabajamos las 24 horas
- Y con que medico?
- Mire señor, si le duele mucho su brazo, vaya mejor a otra parte a que lo atiendan
- “#$%&!!!

Afortunadamente encontré otro centro medico no muy lejos de allí, donde si atendían y si había un doctor (la otra opción era buscar un buen veterinario, total…). Para no hacer mas larga la historia, solo añadiré lo que me dijo el medico:

- Ud. ha recibido un golpe “Grosero” en su brazo, afortunadamente todos los elementos óseos están completos, intactos y en su lugar, no así el tejido blando que esta hecho puré

Inmediatamente me clavaron un par de inyecciones y una “grosera” factura, de más de tres cifras, por concepto de cuatro radiografías y un poco de gasa y desinfectante. El camino de retorno a casa fue capitulo aparte; pues hasta ahora sigo manteniendo una seria discrepancia con mi mujer respecto a la” interpretación autentica” de las instrucciones del medico:

Según ella, el doctor dijo; “ no puede volver a montar bicicleta, por lo menos, hasta dentro de un mes” (o sea hasta Mayo 12).

Según yo, lo que dijo fue: “no puede volver a montar bicicleta, por lo menos, hasta el próximo mes” (o sea hasta Mayo 1°)

La verdad es que sin importar lo que dijo el medico, apenas pueda recobrar una relativa movilidad en mi brazo… a pedalear!


Texto y fotos: Carlos Garcia Granthon


Todos los derechos reservados

miércoles, 1 de abril de 2009

Antioquía en un solo día

Marzo 29 de 2009
Lima – Antioquia - Lima

Salimos tarde; eran las 7:30 a.m. cuando me encontré con Arturo en la esquina de mi casa, y alineamos ruedas en dirección a las zonas medias del valle del río Lurin.. Tres pinchaduras; dos por una astilla en el aro y otra por una minúscula e inoportuna grapa, que había encontrado la manera de traspasar las llantas de Arturo, antes de llegar siquiera a Río Seco, nos retrasaron aun más. Ahí, en Río Seco, conocimos a Rodrigo, un ciclista solitario que buscaba la ruta a Olleros. Nos despedimos y proseguimos nuestro ascenso apurando el paso, mas de lo conveniente y a riesgo de sacrificar destino, para recuperar tiempo perdido; a los pocos kilómetros una voz sobre nuestros hombros nos dice:

-"Hola; disculpa, puedo ir con Uds." – era Rodrigo que nos había dado alcance luego de abortar su proyecto a Olleros
-" Si, claro, vamos"

5 minutos y varias vueltas al pedal después:
- "Disculpa y… a donde vamos?"
- "A Antioquia"


Una breve parada en Nieve – Nieve para informarnos sobre el ascenso nocturno, organizado por Inka Riders, que había convocado un buen número de ciclistas la noche anterior, nos da un breve descanso. Salida interesante y original este Raid nocturno (la próxima me anoto!) El encargado de la Archiconocida fonda del lugar y dueño del famoso gato, aquel que mantiene a raya a todos los perros de la comarca y además, segun dicen, posee su propia pagina Web, nos da informes detallados del numero, hora, vehículos y modalidad de ascenso del contingente nocturno. Reponemos líquidos y… hora de proseguir.

Saliendo de Sisicaya, donde Arturo se había quedado prendado de la chica que despacha en la tiendecita verde del lado izquierdo, frente a la plaza; nos topamos con un bus que traía de regreso a los primeros sobrevivientes de la jornada de media noche; intercambiamos algunas frases y chanzas al paso; unos kilómetros mas adelante, ya sobre Antapucro y bajo el sol de medio día, encontramos varias ruedas conocidas (Pedrito, Walter y otros) que hacían el descenso a pedal, se les veía contentos y satisfechos; insisto… la próxima nocturna, me anoto!

Con Chillaco, Ocorure, Palmas Izquierda y Derecha a nuestras espaldas y flanqueados por un bonito paisaje de valle medio, reverdecido por las lluvias de estación, nuestro ascenso es tranquilo a pesar del considerable retrazo que llevábamos, hacemos algunas paradas y, en la ruta, el equipo de tres funcionaba bien, al menos camaradería no falta.

En mis anteriores salidas en solitario por esta zona, yo solo había llegado hasta Pacashuaqui (?), ahí donde al voltear una curva e ingresar al pueblo, uno se encuentra con una blanquecina, pedregosa, caliente y extremadamente empinada pendiente de unos cientos de metros, que resulta una puñalada directa al optimismo y una sentencia sin apelación al resto físico. Pasado ese punto, no estaba muy seguro de la distancia que nos restaba por recorrer (había olvidado los mapas en casa), mas aun si el hito que marca el Km. 60 se encuentra plantado a 20 metros del que marca el Km. 61.

La primera señal de que nos aproximábamos a nuestro objetivo, nos la da el puente Picuya, pero ya el peso de nuestros nada ligeros corceles de hierro, si, los tres subimos con monoplazas de Acero y no de Aluminio, y además, a excepción de Arturo, el de Rodrigo y el mío son un par de plomazos matapiernas MTB dobles (pero no me quejo, eso añade un poquito de desafío a las salidas). Cansado, escaldado, al menos yo, y con calambre hasta en las orejas, luego de algunos kilómetros más cruzamos las heladas aguas, que nos llegan a la altura de la cadena, de la ancha torrentera que nos abre las puertas de Antioquia a las 3:20 p.m.

Agua y comida! Solo quiero agua y comida!. Una empleada de la municipalidad nos recomendó ir a "Don Juanito". Al entrar al restaurante nos topamos con el cura del pueblo, en mitad de su almuerzo, que al verme puso cara de indigestión y se fue (habrá leído mi crónica "Confesiones"?).

-Señora, Que hay de comer?
-Solo me queda Bistec y papas fritas
-OK, tres bistec con papas por favor


Tres minutos más tarde:

-Perdón señor, me pidió menestra?
-No, bistec con Papas

-Bueno - añade Rodrigo - si hay menestra también; a mi tráigame un bistec con menestra
-Disculpe joven pero solamente hay bistec con papas
-Esta bien, entonces tres bistecs con papas


Luego de un par de minutos:

-Señor, entonces son tres bistecs con menestra?
-No!, dos con papas y uno con menestra
-Ay!, pero solo tengo bistec con papas


Cinco minutos después:

-Ahorita les traigo su pedido, eran dos bistecs con menestra y uno con papas, no?
-No!!!, Señora; mire, mejor fría tres bistecs, dos porciones de papas, una de menestras y repártalas a su criterio en tres platos
-Pero ya le dije que solo me quedan papas


Otros cinco minutos más tarde:

-Ya señores, aquí tienen; un bistec montado con arroz y frijoles, uno montado con arroz y papas y otro con papas y ensalada
-Plop!


En honor a la verdad… estuvo bueno, rico y barato!

4:20 p.m. hace rato que deberíamos haber descendido para que no nos agarre la noche, pero el bistec y las papas… El descenso es rápido y vamos tratando de ganarle la carrera al sol sobre la encalaminada trocha, aun no estoy muy seguro si rodábamos muy rápido o volábamos muy bajo. En fin!, salvo por Rodrigo que erró la ruta y se dirigía directo a un cementerio, o yo que por mirar, al paso, a la proverbial amiga de Arturo en Sisicaya; no ví un montículo y termine haciendo una involuntaria evolución digna del mejor exponente de BMX; como decía; salvo por eso, no tuvimos ningún percance hasta llegar a Chontay, donde nos sorprendió el crepúsculo con esa violácea luminosidad de la umbra vespertina, que es demasiado fuerte aun para prender las luces y demasiado débil para distinguir las cosas.

Por cada dos piedras que lográbamos esquivar, nos caíamos en tres huecos; resignados a ir muy lento, arribamos a Río Seco ya cerrada la noche y a medio partido Perú - Chile. Otra vez con señal en el celular veo que tengo dos mensajes perdidos; uno era de mi esposa:

"te espero para almorzar?"

A estas alturas de la noche ya no tenia caso responder

El otro… el otro no se de quien seria, el número no me era familiar, pero decía algo así:

"Cesar: ya no puedo seguir así, he decidido dejarte, no me busques mas, vuelve con tu esposa"

Las cosas que se entera uno, cuando alguien se equivoca de número!

De ahí al ovalo de cieneguilla fue fácil y rápido gracias al alumbrado publico, pero una vez allí… sentados en un murito frente a la gran cuesta que aun nos faltaba trepar para salir del valle… uno piensa; si, uno piensa que ya esta absolutamente agotado, que le duele todo; desde la cabeza hasta el extremo opuesto, que mas de doce horas sobre la bicicleta son muchas, que ya son las 8:00 p.m., que ya no tengo fuerzas ni para volver a subirme a mi bicicleta, que tengo ampollas en las manos, pies y trasero, que esa cumbre de cieneguilla tiene 5 Km. de largo y mas de 400 metros de desnivel, que ya no tengo 18 años, que por nuestras narices pasan unos colectivos que por S/. 5.00 nos llevarían cómodamente hasta La Molina, que… al Carajo! Vamos a terminar lo que comenzamos!. Salidas como esta se planifican con la cabeza, se ejecutan a empuje de piernas, pero generalmente se culminan a fuerza de cojones!

Otra vez sobre los pedales comenzamos el ascenso, a paso muy lento, en medio de la absoluta soledad y obscuridad del serpentín de Cieneguilla, techado por las tímidas estrellas que parcialmente se dejan ver en un cielo semi nublado. La negrura de la noche se abre muy egoístamente ante nosotros; solo ante el haz de luz de la linterna de Arturo y las luces de mi monoplaza nos permite ver un pequeño fragmento de la ruta ante nosotros. Mientras subimos; conversamos sobre astronomía, la profundidad del universo, los enigmas de la ciencia y solo somos interrumpidos en nuestras divagaciones cuando un auto, algo sospechoso, sobrepara a nuestro lado, luego prosigue y se detiene a vuelta de curva unos 300 metros delante; afortunadamente otros vehículos aparecen en sentido contrario en ese momento y, al verse iluminado, el vehiculo se marcha rápidamente.

Coronamos la cumbre a las 9:10 p.m. Arturo y Rodrigo aprovecharon para rehidratarse en la tiendecita de la cima de Las Palmeras, yo aproveche para reabastecerme de cigarros, unos kilómetros más adelante nos despedimos. Fue una buena salida! (gracias Arturo, gracias Rodrigo)

Carlos García Granthon

lunes, 1 de diciembre de 2008

se te bajo la llanta?


Noviembre 30 de 2008

Armar una bicicleta de montaña sobre un antiguo marco de pista, no parece muy cuerdo, pero… quería explorara nuevas posibilidades y rutas que me estaban vedadas en mi fiel pistera, así que… tome un viejo cuadro de pista, algunas refacciones que tenia por ahí, compre un par de relucientes aros de aleación y…

La salida de prueba la había realizado una semana antes con una breve ruta de ida y vuelta por terreno afirmado, desde La Molina hasta Sisicaya. Con algunos percances en el recorrido; un palo que no vi a la vera del camino; se enredo en el descarrilador, torciendo este y dos discos de la piñonera. Aun así el balance general fue bastante aceptable y me entusiasmo la posibilidad de poder rodar por malos caminos con relativa facilidad.

Este domingo, con mi engendro mecánico operativo nuevamente, me uní a Ricardo y Walter que tenían programada una salida por los circuitos de Cross Country y Dawnhill de Pachacamac. Tomamos la ruta escénica de Cieneguilla, la que da un rodeo por los limites de Tinajas; algo de afirmado, algo de barro, un encalaminado aquí y allá, todo va bien, me preocupa un poco el marco y mi freno posterior (un viejo caliper que solo frena martes y jueves), pero hasta el momento nada se ha roto, afortunadamente voy rodando sobre llantas nuevas y buenos aros . Ja!, buenos aros... eso creía yo, por que eso fue lo que me dijo el vendedor, que seria incapaz de mentirme, no?.

Luego de varios kilómetros a buena velocidad sobre mal camino, llegamos a una pronunciada pendiente de tierra que nos pone en la línea de partida de “El Cardal”, conocido y exigente circuito de Cross Country. Ricardo va por delante, yo lo sigo y detrás de mí viene Walter para, en caso necesario, recoger mis restos. El preocupante, crujiente, alto y viejo marco de la pistera no me permite bajar mucho el asiento para mejorar mi centro de gravedad, que ya esta bastante alto si consideramos que al pasar los ”single tracks” llevo… las bolas de corbata!

Por estado físico no me quedo, pero esto es más técnica que otra cosa. El camino a seguir es una angosta huella de escasos centímetros a media ladera del cerro, flanqueada por un lado con filosas rocas y por el otro con un pequeño desfiladero lo suficientemente alto como para dejar expuestos y descarnados los huesos de quien tenga la mala fortuna de explorar involuntariamente sus profundidades. Para quien lo recorre por primera vez (yo) cada intrincada curva ciega resulta una interrogante; en esta me sacare la m…?

Sin coderas ni rodilleras que pudieran impedir que termine señalizando a sangre y piel la ruta en el primer resbalón, pasamos badenes, cuestas, camas de rocas y cuanto accidente geográfico se pueda enumerar; hasta llegar por, la parte baja, a “El Prado”, otro circuito de Dawnhill donde se realizan competencias. Aquí Ricardo me advierte que baje frenando pues la pendiente es más pronunciada de lo que parece. Yo, por supuesto, solo le hice caso a medias y, detrás de el, baje a buena velocidad saltando por los huecos y encalaminados de esta medianamente ancha recta final del circuito. Ya me esta gustando esto, sobre todo eso de elevarme algunos centímetros en el aire cada vez que paso a velocidad por los desniveles del camino, solo faltan unos cien metros y habré salido ileso del recorrido, pero… Pop!!!, psssssssss… Ups! Se me reventó la llanta posterior!, bueno, ni modo… Detengo mi artefacto, me bajo a ver y… El aro posterior esta roto!, abierto como un plátano y un fragmento de este ha cortado y penetrado llanta y cámara… “#%$&=¡¡*!!!. Yo acostumbro llevar conmigo, herramientas y algunas refacciones, pero un aro de repuesto? No, eso no se puede llevar!

Walter se detiene junto a mí y Ricardo da la vuelta;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

En realidad es aquí donde comenzó la aventura; empujando los restos de mi monoplaza llegamos hasta el final del circuito; hasta el Kiosco de “el Mexicano”. Dos ciclistas estaban allí guardando sus monoplazas en su vehiculo;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???
Este par de anónimos y buenos samaritanos del ciclismo se ofrecieron a llevarme en su camioneta hasta Pachacamac, para ver si allí conseguía un aro nuevo en alguna bicicleteria.

Una vez allí, junto al “Arbolon” espere a mis compañeros que venían detrás pedaleando, los tres caminamos hasta una bicicleteria en la carretera;
-Buenos días, podría…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

Como sea, el tipo se quiso aprovechar de mi precaria situación y quería venderme un par de aros de dudosa calidad (mas dudosa que los míos) en S/. 170 soles!... ni hablar!

Seguimos caminando hasta otra bicicleteria, salio un señor, aparentemente el Padre del dueño del taller y..
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

En resumen; el dueño del taller y las llaves del mismo habían salido a pedalear y no había forma de que me vendieran un aro.

Cruce la carretera y luego de despedirme de Ricardo y Walter, que nada podían hacer ya para solucionar mi percance, me senté a esperar una combi con parrilla que me lleve a Cieneguilla… media hora y nada, todas las combis pasaban repletas y sin parrilla. Retome mi caminata , siempre empujando mi artefacto cilopropulsado, y retorne al pueblo; ahí cerca del mercado, me tope con otro grupo de ciclistas;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

Uno de ellos se apiado de mí y me acompaño hasta un bicicleteria próxima, me presento al dueño que al ver mi bicicleta…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???
Resulto que este si tenia aros , pero … miro su reloj; las 12:00, era hora de almorzar y… me dijo que volviera en hora y media!.

Retorne caminando hasta el Arbolon y empecé a preguntar a los taxis… nadie quería ir hasta Cieneguilla y menos hasta La Molina. Me senté en una banca y empecé a hacer un rápido inventario, y balance costo/beneficio, de las piezas de mi bicicleta que podía desarmar, rescatar y llevar en una mochila, vs. las que tendría que abandonar allí en la plaza de Pacacamac , debajo del arbolon, si quería retornar a mi casa. En ese momento se me acerco un Moto taxista…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro… y sí lo rompi, y no, no se como!, Carajo!!!
El buen hombre se apiado de mí y me llevo con todo y bicicleta en mototaxi hasta Cieneguilla, de allí sin mayores problemas tome un colectivo que me dejo a una cuadra de mi casa cerca de las 3:00 p.m.






Ahora medito sobre la posibilidad de desmantelar la bicicleta y retomar mis monoplazas pisteros o comprar un juego de buenos aros, llanta y camara, quien sabe un marco tambien...

Carlos

sábado, 23 de agosto de 2008

Asi pasa cuando sucede

Lima – San Jerónimo de Surco - Lima
Agosto 17 de 2008

Intentar un ascenso a pedal hasta San Mateo, ida y vuelta desde Lima en un solo día, no sonaba muy fácil de hacer y yo tenia serias dudas sobre si podría lograrlo, pero… solo había una forma de averiguarlo!

Antes que aparezca el sol por el todavía obscuro horizonte, ya Armando y Aníbal habían aparecido por la no menos negra carretera central y yo, como siempre, los esperaba a la Altura de Puruchuco; medio mojado por la lluvia y medio dormido por la hora, me acople al grupo y los tres… como que tres?, y Octavio no venia también?... ah! se le bajo una llanta saliendo de su casa y nos dará el alcance en Chosica, vía colectivo para recuperar tiempo.

Pedalear con lluvia cuesta arriba, sobre barro y en medio del proverbial transito de Vitarte, no es muy fácil; la bicicleta se pone pesada, las piernas se esfuerzan y…Tamare! Se me bajo una llanta! Ni modo de parar aquí para parcharla, mejor sigo pedaleando hasta el grifo del Km. 21 para arreglarla, total no falta mucho. Ese fue un grave error; pedalear con una llanta baja, aunque la vaya inflando de rato en rato con el inflador de mano, puede resultar mas pesado que una conversación con mi concuñado, y lo único que conseguí fue retrasarme y agotar los músculos en poco tiempo.

Con mucha incomodidad por la lluvia, y poca destreza por dicha incomodidad; desmonte la llanta y cambie la cámara en el grifo, para inmediatamente volver a montar mi monoplaza pero sin tener tiempo para la rehidratación y el obligado breve descanso para la primera etapa de los casi 100 Km. que debería tener, solo en la ida, el ascenso programado. El panorama a futuro ya no pintaba tan bien; mas aun si para reponer el tiempo perdido por mi percance; Armando, a la cabeza del equipo expedicionario, decide saltarse al vuelo la segunda parada programada en chaclacayo (Grave error #2) donde usualmente reponemos algo de líquidos y potasio (léase; Jugo de naranja y plátano de la isla).

En Chosica nos encontramos con Octavio y Menandro que bastante frescos, pues habían llegado en colectivo, nos acompañaron con el brebaje ritual de maca con quinua, seguidos del infaltable pan con camote. En este punto casi doy media vuelta y me regreso pues si bien la ruta recién empezaba; por mi mal calculo ya había quemado piernas y difícilmente lograría terminarla, pero… total! Si no tengo nada mejor que hacer y esto no es una competencia; mejor los acompaño hasta donde me den las rodillas, disfruto el día y luego me regreso.

Salimos de Chosica medio repuestos y vamos a buen ritmo subiendo por la carretera; a la altura de Santa Ana, recordé que justo ahí, hace unas semanas, se le había pinchado la llanta a Aníbal, le iba a comentar eso a Octavio que venia detrás mío pero… y Octavio? Se ha quedado parado 100 metros atrás, que paso?...ah, otra pinchadura!, maldición! . bueno, tres pinchaduras en una mañana ya es algo por encima del promedio, es de suponer que ya no tengamos mas percances… o si?

Totalmente fuera de cronograma y recién por Cupiche; Armando va girando los pedales con las piernas y sacando cuentas con los dedos, para ver si por medio de algún artificio matemático aun tenemos probabilidades estadísticas de llegar a San Mateo y cuando por fin una remota posibilidad empieza a emerger en sus cálculos…

- Armando
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Los Flamantes grifos de esta parte del camino no tienen aire en las mangueras, aire que deberían por obligación proporcionar, según reglamento que parecería estar escrito en el aire que no tienen, más aun si estos grifos comparten el paisaje con un puesto policial y una garita de peaje. A punta de inflador llegamos a la plaza de Corcona, donde Armando pudo por fin cambiar cámara, después de pedalear varios kilómetros con la llanta baja (Grave error #3).

Tratando de recuperar tiempo nos saltamos las paradas de Carachacra, Cocachacra y San Bartolomé (Grave error #4), empiezo a creer firmemente, y mas allá de toda duda, que ya no llegamos hasta San Mateo.

Armando tira la toalla, la bicicleta y las esperanzas, cuando un fuerte calambre lo deja fuera de combate, justo en la puerta del archiconocido kiosco del Km. 61, donde por S/. 0.60 le proporcionan una bolsita con un huevo duro y dos papas sancochadas a cuanto ciclista pasa por ahí. El retorno se plantea sobre la mesa, pero tras la rehidratación y la breve merienda; retomamos la marcha. Al Parecer era solo cuestión de huevos (con papas) llegar al menos hasta San Jerónimo de Surco, para dar por culminado el ascenso con cierta dignidad.

En San Jerónimo, donde algunos llegamos arrastrando los pedales y otros los pies, nos encontramos con Arturo que bajaba en su monoplaza desde Ticlio, adonde había ido a aclimatarse un poco para una futura salida transandina. Me hubiese gustado llegar hasta Matucana; solo faltaban 8 Km., en fin! Otra vez será. Ahora en numero de seis nos sentamos a una mesa para el bien merecido almuerzo; Una sopa caliente y un plato de ají de gallina por S/. 4.00, seguidos de una amena tertulia que nos sirve de reposo, mientras nos visita Jorge y un amigo suyo que retornaban de hacer un Chosica – Matucana. Hora de retornar, pero…

- Octavio
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Mientras Octavio parcha su llanta y enllanta su parche, se me ocurre revisar las mías; tres espinas en la delantera que afortunadamente aun no tocan cámara y un corte de mas de 2 cms en la posterior, que cual boca abierta deja entrever una cuadriculada dentadura de lona.. Tamare!, Llanta nueva a la basura! Ojala no reviente y aguante los aproximadamente 75 Km. que hay desde aquí hasta la puerta de mi casa.

Con los monoplazas operativos nuevamente, vienen las fotos de rigor en la plaza principal y emprendemos el retorno ya bastante pasadas las 5:15 p.m. El descenso es a todo pedal, entre buses y camiones, serpentines y rectas. El sol cae en el horizonte mientras nosotros caemos en Chosica; Octavio y Menandro nos comunican un “Hasta aquí nomás” y buscan cuatro ruedas ajenas que transporten sus dos propias hasta Lima. Los cuatro restantes buscamos una picaronera para cerrar la tarde dándole cierto gusto al paladar, pero…

- Aníbal
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Si, se le pincho la llanta, esa misma llanta cuya cámara tiene un protector especial a prueba de pinchaduras y que ya por segunda vez deja serias dudas sobre su reputacion. Rato después, con las llantas infladas y el estomago también; volvemos a la obscuridad de la ruta carretera; Aníbal se queda en Chaclacayo a pasar la noche, y los tres últimos pedaleros; Armando, Arturo y yo proseguimos el retorno, total que mas nos podría pasar ya?...

Niebla! Blanca, espesa, cerrada y helada; desde Chaclacayo hasta Vitarte, las manos se entumecen, los pies se congelan, los ojos no sirven y las linternas no ayudan… esto es una maldición gitana!, en fin… así pasa cuando sucede.

Arribé a casa alas 9:30 p.m. ; más de quince horas después de haber salido con rumbo a donde no llegue.

Fin

miércoles, 30 de julio de 2008

Disculpe... Javier Prado Oeste?








Julio 27 de 2008


Con los feriados de fiestas patrias en curso; y miles de personas ansiosas por salir, todos a la vez, de esta ciudad para cambiar por unos días el estrés del día a día, por el gran congestionamiento que se genera en las vías de salida de la ciudad, donde miles de vehículos se atropellan en una loca carrera por ser los primeros en abandonar esta no menos loca urbe. Así las cosas; cualquier salida ciclística por las zonas próximas a Lima resultaba poco atractiva y bastante insegura, así que…

Las primeras luces del alba iluminan las ultimas piezas de nuestras bicicletas, que desarmadas sobre el pavimento del ovalo Santa Anita, esperan su turno para ser estibadas en el maletero de un colectivo con rumbo a Chosica. No me agrada mucho la idea; las bicicletas, nuestro “otro yo mecánico”, se maltratan mucho en el viaje y no es que la mía sea precisamente el ultimo grito de la tecnología o el state of the art de las bicicletas, pero así; viejita, pesada y fea (como mi suegra), es mi compañera de aventuras y con cada kilómetro pedaleado hay un cierto cariño ganado.

Tras algunas discusiones con el chofer, pues el precio pactado por el transporte al abordar había sufrido un súbito e inesperado incremento de índole ”aniversario patrio” durante el trayecto, llegamos a Chosica. Hora de armar las bicicletas nuevamente; ups! La llanta de repuesto del colectivo ha golpeado y “desviado el desviador”… “el enderezador que lo enderezare”… chesum...! Insisto; no me gusta la idea…

Mientras esperamos al cuarto mosquetero de la ruta de hoy, que viene en otro colectivo, pues al parecer su despertador no es de tan buena factura como su bicicleta, vamos por el infaltable vaso de extracto de maca y pan con camote.

Ahora si los cuatro: Armando; maestro y guía de Perú Riders, Octavio; sumo pontífice de Cicloaxion, Carlos; tocayo y solitario pedalero de Chorrillos y Yo; indiscreto escribidor de estas líneas; esperamos nuestro turno en el parque Echenique para subirnos al bus e ir cómodamente sentados justo debajo de la parrilla donde van nuestras muy incómodamente apiladas bicicletas. Definitivamente no me agrada la idea…

Matucana nos recibe a nosotros, y nosotros recibimos a nuestras bicicletas que bajan algo golpeadas de la parrilla del ómnibus. Armando busca su cámara para filmar y todos buscamos un baño para… (Mucho liquido, mucho frío, mucho rato…). Las fotos de rigor en la plaza principal y la estación del tren y… al fin, hora de pedalear!

En ascenso rumbo a San Mateo; los primeros 5 Km. resultan bastante suaves, mucho mas suaves de lo que habíamos previsto, vamos promediando poco mas de 14 kph… Uhmmm… las Leyes de Murphy nos vienen a la mente en la primera parada y… si! después se puso feo el ascenso, casi tiro la toalla tres kilómetros mas adelante!… un segundo aire me puso de nuevo en ruta y retomo el ritmo, proseguimos el trayecto amenizando un poco con alguna oportuna ocurrencia de Octavio quien luego, al final del ascenso, sin querer le pondría titulo a esta crónica.

Los túneles son siempre un problema, habían dos; el primero no me molesta. El segundo, de 199 metros de longitud y cuyo nombre no recuerdo, me da un buen susto; al ir a medio túnel en completa obscuridad; pise “algo” gelatinoso, probablemente algún pobre animalillo atropellado en la vía, justo en el momento en que ingresaba, por el extremo opuesto, un vehiculo con las luces altas encendidas que me ciegan totalmente; todo se pone negro y pierdo la noción de arriba y abajo, la bicicleta patina de izquierda a derecha sobre ese “algo” y no se si vengo, voy, ya me caí, o sigo en pie… Horrible oye!... ufff, el susto pasa y la visión vuelve… sigo vivo, sigo pedaleando, sigo en el grupo.

La última pendiente en serpentín nos eleva, con no poco esfuerzo, a nuestro destino; San Mateo de Huanchor. Es poco más o menos la 1:00 p.m. Con el desayuno como vago recuerdo en nuestros estómagos y luego de 20 Km. de pedaleo en respetable pendiente, irrumpimos en plaza publica en medio de las celebraciones patrias; varias decenas de fogones donde se cocinan desbordantes chuletas y aromáticos anticuchos llaman, cual canto de sirenas, a mas de uno de nuestros sentidos mientras algo se escucha por los altavoces; algo respecto a unos deportistas… en fin! El efecto gastro – hipnótico de las jugosas carnes nos retiene, el altavoz es mas fuerte y sigue repitiendo lo mismo, no le prestamos atención, solo vemos las chuletas, solo oímos el crujiente tostar de las carnes, la boca se hace agua, el paladar se hace ilusiones. Sin despegar la vista de la parrillera tentación nos tomamos unas fotos junto a la pileta, donde aun se percibe el olor a papas doradas, choclo serrano y carne a la parrilla; el altavoz sigue insistiendo por enésima vez, esta vez en tono muy enérgico,... que dice? Ahhh, eso era… ups!, con el hambre no nos dimos cuenta, y ya tenían como 15 minutos repitiendo desde el podio:

“ … Y en este momento hacen su ingreso a esta plaza cuatro distinguidos ciclistas, dignos deportistas, que nos honran con su presencia en las celebraciones por fiestas patrias y a quienes invitamos cordialmente a acercarse al estrado…”

Aunque yo difícilmente califico como deportista… ni modo!, el saludo, las fotos de rigor con los funcionarios públicos, la entrega de folletos turísticos y algún compromiso de Armando para una posterior entrevista con el alcalde. Realmente muy hospitalarios, nos trataron bastante bien. (Gracias San Mateo de Huanchor).

Un paseíllo por el pueblo, el mercado… es temprano, conversamos sobre adonde ir; …en realidad el ascenso no fue tan difícil… un par de kilómetros mas no estarían mal… el infiernillo no esta lejos… total, ya llegamos hasta aquí… Vamos!

Otra vez en la ruta, pedaleamos de un solo tirón y a buen paso los 4 Km. hasta “El Infiernillo”, aquí a 99 Km. de Lima y cerca a los 3,400 msnm, la mayoría de los automóviles que transitan por la carretera, al pasar junto a nosotros, aminoran un poco la velocidad y nos quedan mirando. Cuando nos detuvimos para tomarnos algunas fotos bajo los puentes, algunos vehículos sobrepararon y hasta hubo quien nos fotografió. Cada vez que esto sucedía; Octavio hacia el ademán de acercarse al vehiculo y yo no entendía el porqué. Mi curiosidad pudo más y le pregunte:

- Les quieres decir algo?
- Si, quiero hacerles una broma
- Una broma, Cual?
- “Disculpe… Javier Prado Oeste?”

La última parada fue en la boca del túnel Cacray, aquel profundo hoyo negro que con sus 580 mts de longitud ha sido el protagonista en más de un Anecdotario. Le mostré a Armando la “ruta alterna” para evitar el túnel y poder continuar (en otra oportunidad) sin tener que arriesgarse a pasar por el famoso Cacray. Como en este punto el ascenso llego a su fin y como ya dije antes; Deportista, pues… no soy! Me pareció oportuno cometer un pequeño sacrilegio y… encendí, con sumo placer, un cigarrillo que ya me venia provocando hace rato. Mientras disfrutaba del sabor a tabaco y satisfecho con mi rendimiento en el ascenso, le dije a Armando;

- Creo que ahora si llego desde Lima hasta San Jerónimo de Surco, no?
- ©0#$%@&## !!!

No, aquí no termina el relato; aun estamos a 99 Km. de Lima, es tarde y todavía no hemos almorzado. Un rápido descenso hasta San Mateo nos lleva por el otro lado del pueblo, donde Armando nos muestra algunos lugares de interés, la iglesia y la otra plaza; en esta no nos recibe el burgomaestre, mas bien nos expulsa un borracho… en fin!. Almorzamos en un restaurante donde dan servicio de custodia a las bicicletas, lugar modesto, pero de atención y comida generosas.

Hora de retornar; son bastante mas de las 3:30 p.m. y a bordo de nuestros monoplazas descendemos por los serpentines de la carretera central a velocidad considerable, cual escuadrón de combate en pos de un objetivo, en maniobras evasivas y casi acrobáticas, sorteando camiones, buses y algunos autos en nuestro loco zigzagueo por entre el transito carretero, unas veces en fila india otras en formación en V, vamos navegando a todo pedal por sobre el asfalto con la única protección de nuestros ligeros cascos. El frío viento de la tarde serrana congela nuestros dedos y frenar se hace difícil

- Armando, a cuanto vamos?
- 56 kph

Caemos en Chosica antes que el sol caiga en el horizonte; el congestionamiento de transito esta infernal, Octavio prefiere culminar aquí el pedaleo y lo embarcamos en un colectivo a Lima. No, yo no vuelvo a meter mi bicicleta en un colectivo!; nosotros tres seguimos sobre ruedas; la noche es ya absoluta y las cunetas, jardines, veredas, canchones y bermas nos sirven como ruta “Cross Country” para sortear el trafico totalmente embotellado entre Chosica y Chaclacayo. Saltamos sobre rampas, huecos, matorrales y vidrios

- Armando, a cuanto vamos?
- Entre 30 y 40 kph.

Luces de emergencia atrás y linternas adelante nos llevan por el carril izquierdo en Vitarte… total, vamos mas rápido que los autos en el embotellamiento!... En la entrada a Puruchuco me despido y tomo mi desvío a casa ; fue una buena salida, siempre es un placer pedalear entre amigos. Son las 8:00 p.m. cuando guardo mi bicicleta en casa, han pasado 15 horas desde que salí en la madrugada.

Fin

miércoles, 23 de julio de 2008

Chosica por primera vez

Mayo 7 de 2008

Era mi cumpleaños y sin nada mejor que hacer esa mañana, cogí la bicicleta y empecé a pedalear para hacer unos recados que me había encargado mi esposa y de paso dar una vuelta por ahí. Pero me entusiasme, olvide por completo los recados (menudo olvido!) y seguí pedaleando rumbo a la carretera central.

El día recién comenzaba, con mi casco reglamentario nuevo y reluciente, la bicicleta y toda la parafernalia del ciclista de ruta impecables también, iba pedaleando por la Av. Prolongación Javier Prado; poco mas allá del estadio Monumental. Cerca al desvío a las ruinas de Puruchuco, al pasar junto a un sereno de la municipalidad de Ate; este, suponiéndose gracioso o tratando de lucirse ante alguien, me grita:

- “Compro bicicleta!”

Solo alcance a responderle, sin siquiera voltear:

- “Te la cambio por tu hermana!”

El trafico por la carretera, en el tramo comprendido entre Puruchuco y el desvío de la Av. Ramiro Priale es infernal, entre los vehículos impera la ley de la selva, y claro; una bicicleta no infunde mucho respeto en esas condiciones; esquivo las combis y moto taxis de la mejor manera posible, los buses y camiones son otra cosa; sus espejos laterales altos y salientes van en pos de mi necia cabeza como guadañas en busca de un trofeo. Voy a media velocidad, suficientemente pegado a la derecha como para que no me pase por encima algún descomunal y ancho camión que lleva maquinaria pesada a las minas de la sierra.

Cerca de la municipalidad de Ate, sin necesidad de voltear, presiento la peligrosa proximidad de una combi por mi izquierda que sigue acortando distancia, de pronto; un paisano atiborrado con unos 27 coloridos y dispares paquetes (si, los conté) salta a la pista delante mío!; salta en esa muy estrecha franja de vida por la que pedaleo entre el trafico que me acorrala por la izquierda y los kioscos y ambulantes que me bloquean cualquier escape, en caso de emergencia, por la derecha. El tipo me mira e ignorándonos totalmente a mí y a mi frágil vehiculo, como si yo fuese algo así como una imagen holográfica que, proyectada por ahí, puede simplemente desmaterializarse al contacto físico o solo con el pensamiento; él ha saltado frente a mí para hacerle señas a un bus. No hay tiempo para nada; si freno la inevitable colisión hará que ambos terminemos bajo las ruedas de la combi… ni modo!; agacho la cabeza para protegerme del impacto con el casco, abro los codos para resguardar las costillas y pedaleo duro, piso los pedales con todo el peso de mi cuerpo y toda la rapidez que mis piernas me permiten; siento el golpe en mi hombro derecho que ha impactado de pleno en el pecho del hombre, el impacto es fuerte, es fuerte pero fugaz, no altera mi curso ni equilibrio, el imprudente hombre cae sentado en la acera rodeado de sus condenados paquetitos que aun no terminan de llover por toda el área. No me detengo, para que? No creo que este de humor para comprender que en realidad si hubiera frenado podríamos haber muerto los dos, así que después de todo… se puede decir que le salve la vida!

La batalla por la supervivencia en el caótico transito continua; los ojos alertas, las manos firmes en el timón, las piernas impulsando con energía mi monoplaza y… y el celular zumbando en mi bolsillo!.. Diablos, justo ahora, quien será?

- alo?
- Feliz cumpleaños!
- Hola Pilar, gracias por acordarte
- Y como la estas pasando?
- pues… literalmente “de novela”
- donde estas?
- saliendo de Lima, bueno eso intento
- te vas de viaje?
- no, solo estoy pedaleando rumbo a Chaclacayo
- en bicicleta?... aaaasu!

Después de Huaycan, el transito es mas suave y la carretera mas amplia; es un alivio pedalear así, tranquilo y sin mayor novedad hasta la entrada a Chaclacayo donde hay una pequeña cuesta que… demonios! Me olvide que traía instalado el juego de piñones “para uso urbano” que son una delicia para correr, pero por ser pequeños y dar una relación muy alta con respecto a la catalina, requieren mayor esfuerzo y por lo tanto no son precisamente lo mas recomendable para trepar. Normalmente esa pequeña cuesta no seria problema, pero después de mas de 25 kilómetros de pedaleo sin parar, la mitad de los cuales luchando por mi vida…

En fin, llegue al parque principal de Chaclacayo con un tiempo exacto de 1:30 horas desde mi casa, bastante cansado entre en una bodega para reponer líquidos, y luego de descansar unos 15 minutos me disponía a volver a Lima cuando ví pasar, en transito hacia Chosica, a otro ciclotransportado exhibiendo toda la clásica parafernalia del ciclista de ruta (casco, lentes ámbar, guantes, polo de color llamativo para que lo vean los automovilistas, short de licra, etc.). Como parecía ser bastante experimentado se me ocurrió seguirlo para estudiar su técnica de ascenso, así que subí nuevamente a mi monoplaza y me mantuve pedaleando a su ritmo (que no era precisamente el mío) a unos 100 metros detrás de el.

A las puertas de chosica, a la altura de la quebrada de San Antonio del Pedregal, hay un badén para el paso del huaico seguido de una pendiente, cortita pero muy pronunciada, las piernas ya no me daban y los piñones pequeños no me ayudaban en nada; pero me resultaba poco honorable abandonar ahí, a tan pocos pasos de la plaza de armas de chosica, así que seguí pedaleando, con lagrimas en los ojos pero seguí hasta la plaza de armas... al llegar y detenerme no podía bajarme de la bicicleta, me dio calambre en ambas piernas y solo atine a recostarme contra un poste por el cual pude “Chorrearme” hasta el piso donde quede sentado por espacio de 20 minutos en total estado de extenuación.

Medio recuperado pero con las piernas aun temblorosas, me fui a dar un breve recorrido por el pueblo; hacia tiempo que no visitaba sus calles, su legendario puente… el puente!, pobre puente! Esa hermosa obra de ingeniería y emblema histórico de Chosica, esta literalmente hundido en una especie de mercadillo que lo ahoga en un laberinto de kioscos, anuncios y planchas de triplay… que lastima, que pena, y que vergüenza!, realmente se me quitaron las ganas de seguir paseando,. Y después estos alcaldes tienen la cara para lanzarse a la 3ra, 4ta y hasta 5ta reelección!

Hora de retornar; en fin, todo el trayecto es de bajada así que no hay problema. Bueno eso fue lo que pensé, pero… saliendo de Chosica empezó a soplar un muy fuerte viento en contra, que me obligo a pedalear duro todo el regreso hasta Vitarte. El viento era tan fuerte que aun estando en bajada, si dejaba de pedalear en la bicicleta, esta se detenía totalmente; sin contar, y digo “sin contar” pues me fue imposible llevar la cuenta de la cantidad de bolsas, periódicos y demás desperdicios que mi invisible enemigo me arrojaba en la cara durante todo el trayecto. Tampoco pude llevar la cuenta del número de huecos en que me metí, segado por las nubes de polvo que se me introducían en los ojos. La próxima vez, antes de retornar, sacrifico un carnero en honor a Eolo en plaza publica aunque me crean loco.

Llegando a vitarte el cruel viento amaina pero sede su lugar a las aun más crueles combis y sus temerarias imprudencias. En este sector la carretera es muy estrecha y no hay un mínimo espacio libre de salvación entre el asfalto y la acera; bastaría un leve rose con un vehiculo para terminar como “Graffiti” pintado a sangre y hierro en alguna fachada de los innumerables talleres informales de pirotecnia que están al borde de la carretera. Es aquí cuando descubro una técnica eficaz para repeler las acometidas de los motorizados; cada vez que alguien se aproxima demasiado (aunque no lo crean muchos lo hacen a propósito); un fuerte manotazo en el espejo lateral del agresor soluciona el problema. Al salir de Vitarte tenía la palma de la mano izquierda totalmente enrojecida.

Aliviado, pedaleo nuevamente por las inmediaciones del estadio Monumental y rumbo a casa (aun me faltan 8 km. en subida para llegar hasta Sol de La Molina) voy haciendo un recuento mental de la travesía, por que me había cansado tanto?, las cosas que debo corregir para mejorar mi rendimiento, el ritmo mas lento, el juego de piñones apropiado, la mochila mas ligera… La Mochila!, demonios, como lo olvide!, el encargo de mi mujer… si por eso salí de casa!… he pedaleado todo el recorrido cargando con 4 Kg. de ropa sucia en la espalda que debía haber dejado en la lavandería!

martes, 22 de julio de 2008

Una Bicicleta en Casa

Diciembre de 2007


- Estoy gorda?
- No mujer, no estas gorda
- Pero me veo gorda?
- No, no te ves gorda
- Seguro que no me veo gorda?
- No gorda… digo, mujer!, no estas gorda; estas… estas hinchándome las pelotas con esa misma cantaleta todos los días!

La Navidad estaba a tiro de piedra, o mejor dicho; a vuelta de almanaque y mi esposa tenia metida entre ceja y ceja la idea de que necesitaba matricularse en un grupo de spinning para reducir su “Gordura”, gordura que solo ella podía percibir y que, cada noche frente al espejo, se empecinaba en que yo bíblicamente negara tres veces antes de que cante el gallo

Con un muy remoto pasado ciclístico en mi haber; habían transcurrido no menos de 25 años desde la ultima vez que me subí a una bicicleta, supuse que eso del spinning y de pedalear una hora bajo techo, teniendo por todo paisaje un muro gris por delante y por todo aire fresco las exudaciones de los demás compañeros de clase; podría resultar mas aburrido y frustrante que chupar un clavo, y seguramente en pocas semanas la ficha de matricula terminaría junto a las mancuernas, la colchoneta, el Abslimer, la soga, los parches adelgazantes, las píldoras reductoras, las cremas mágicas, las fajas osmóticas, los recetarios de dieta y cuanta parafernalia antigordura hay repartida por toda mi casa, y que ordenadas y sumadas hacen toda una buena crónica de los últimos 18 años de matrimonio. Solución; le regalo una bicicleta por Navidad y así mato dos gordas… digo, pájaros de un solo tiro!

Con mucha suerte y poca dificultad conseguí una buena bicicleta pistera de mujer. Si, tenia que ser de mujer, si no ella me iba a decir que la compre para solo salir del paso y quedar bien, pero como pretexto para usarla yo. Como sea que faltaban unos días para noche buena, la escondí en un pequeño taller que tengo en casa y cuando mi esposa no estaba; empujado por cierta insondable nostalgia ciclística, la sacaba para darme un paseito de cuando en cuando. No fue necesario darle muchas vueltas al pedal para darme cuenta que los años no pasan en vano y la primera vez que quise subir los escasos 400 metros de cuesta que hay desde la carretera a cieneguilla hasta mi casa, literalmente llegue escupiendo los pulmones y con las venas de las sienes latiéndome como si me fuese a transformar de hombre a bestia. Aunque mi esposa asegura y pregona que esa transformación ya se dio el día que nos casamos.

La navidad llego y el regalo fue entregado con gusto y recibido con sorpresa, pero… y yo? Ahora que ya le estaba agarrando el ritmo… Uhmm… además no la voy a dejar salir a pedalear sola, no?, algo le puede pasar… si!, tengo que conseguirme una bicicleta para mi también.

Mientras yo, con mas ansias que presupuesto, buscaba una bicicleta para mi; ya la noticia del regalo había corrido y mi anciana y decrepita madre, a sus 70 octubres cumplidos, había convencido a mi no menos anciano y decrepito padre de que le compre una “Montañera” para ir a comprar el pan. Ahora habían dos mujeres sobre ruedas y dos hombres buscando desesperadamente una bicicleta.

Un par de semanas después, en una bicicleteria de barrio encontré, en situación de abandono moral, una antigua pistera de buen linaje que mi hizo recordar a mi vieja Norman de piñón fijo que me acompaño en mis aventuras ciclísticas de adolescencia; la compre y tras unas cuantas horas de trabajo quedo casi como cuando Dios, el fabricante y el distribuidor (en ese orden) la trajeron a este mundo o mejor dicho; a este país.

Pintada de color oro viejo, como mi primera bicicleta, la primera vez que la monte me sentí transportado a aquellos años de correrías juveniles en que la vida era mas sencilla y un par de pedales le daban a uno la libertad de ir a donde quisiera con entera independencia. Sin imaginar en ese momento que sobre esa bicicleta, en los siguientes meses, viviría aventuras y anécdotas en número suficiente como para escribir este blog y quien sabe en el futuro publicar un libro.

Texto y fotos: ® Carlos Garcia Granthon

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