Enero 11 de 2009
Lima – Matucana – Lima
Un ida y vuelta a Matucana en modalidad “Todo a pedal”, era algo que tenia en mi archivo de “pendientes” desde hacia algún tiempo; la oportunidad se dio este domingo y no me la podía perder. La Primeras y violáceas luces del amanecer me dan los buenos días ya sobre mi monoplaza, Puruchuco me recibe antes de las 6:00 a.m. donde debería esperar a algunos de los conjurados de esta salida, pero el poco trafico de la carretera central, inusual en ese tramo, me anima a aprovechar la oportunidad y adelantarme pedaleando hasta el segundo punto de reunión; el puesto de avanzada en Chosica. Este fue un tramo tranquilo, fácil y sin nada que relatar.
Ya en Chosica, en la famosa esquinita del “vaso de quinua”, me encuentro con un grupo de Inka Riders que planeaba un ascenso ciclístico a Huinco. No los conocía, pero un par de saludos gremiales, que son de rigor entre ciclistas de ruta, dan el inicio a una muy breve pero bastante cordial platica… me cayeron bien!. Rato después llegan Armando y Edgar pedaleando, Arturo y Cristian no se hicieron esperar mucho, Pedro… bueno, a el si lo tuvimos que esperar un poco; lo suficiente para que una nada amable frutera del mercado no me quisiera dar vuelto por un plátano y luego cuando me dio el vuelto, no me dio el plátano!. En fin! Salimos de esas tierras algo tarde, pasadas las 9:30 a.m., pero salimos!
Los primeros kilómetros en grupo pasan sin mayor novedad; Edgar y Pedro hacen alarde de su buen estado físico y apuran el paso, Arturo sufre una pinchadura y Cristian un desperfecto en los cambios, pero todo va bien en términos generales.
Sobre el medio día, o mejor dicho; bajo el sol de medio día, dejamos atrás San Bartolomé y vamos en pos de San Jerónimo de Surco. Una escala técnica infaltable en el kiosco del Km. 63, para degustar la tradicional porción de huevo duro con papas, de manos de “la amiga" de Arturo, nos da un breve respiro a cuatro de los pedaleros.
El ascenso continua, el cielo se nubla y cuando rodábamos por el Km. 65 una fulgurante, repentina y breve luz nos alumbra… me tomaron una foto?... no?.. Un fuerte Truuumbleblumm!!! resuena en los cielos y antes que sus ecos se sequen en el aire, la helada lluvia nos moja en la tierra. Diablos! A apurar el paso en busca de refugio!.
Totalmente mojado y tiritando de frío llegue a San Jerónimo. Allí, asilados en un restaurante, y mientras esperábamos a Armando que venia algo rezagado, tomamos café y pedimos periódicos; no, para leer no, para ponerlos entre nuestra escasa ropa (Un muy mojado polo de Jersey y short de Lycra por todo abrigo) y aislarnos del frío. Afortunadamente yo había llevado un impermeable (Amarillo y con la foto de Mickey Mouse en la espalda) que, al menos, me protegía algo de la lluvia, mas no del frío.
Continuar el ascenso en estas condiciones era cosa de locos, pero no siendo famosos precisamente por nuestra cordura… continuamos! La pendiente de los 8 o 9 kilómetros de la carretera entre Surco y San Mateo es sumamente empinada, la lluvia no cede, los camiones y buses me bañan en barro cada vez que pasan a mi lado, el sonoro tiritar de mis dientes no me deja escuchar otra cosa y mis pies totalmente mojados y congelados se me entumecen, en especial el izquierdo que ya empieza a doler de frío, cual si lo hubiera sumergido por largo rato en un cubo de hielo. Me voy rezagando y congelando, pero rendirme cuando falta tan poco… No!. Llegue con cierto retrazo, pero… llegue a Matucana!
Una pollería y su menú, brindan cobijo de la lluvia y el hambre a seis hipotérmicos y cansados ciclistas en Matucana bastante pasadas las 3:00 p.m. Sentados a la espera de mejores condiciones atmosféricas, pero… con cada minuto que pasa, la lluvia se hace mas fuerte y una densa niebla amenaza nuestra visibilidad y posibilidad de retorno. Hora de decisiones; Armando opta por la seguridad del retorno trunco a bordo de un bus; el resto, como era de suponer, optamos por el pedaleo, el frío, la lluvia, la niebla, la adrenalina y la necedad (en orden inverso, claro esta). En realidad, y a mi parecer, el ascenso había estado tan exigente que merecía un final mas digno y dramático (e imprudente) que un tentador, cómodo y caliente bus. Alguien me dijo una vez que salidas como esta eran “Actos de heroísmo inútil”, puede que tenga razón, pero… que bien se siente uno al realizarlas!
Retomando el relato; Ya próximo el ocaso, desde Matucana, cinco kamikazes ciclotransportados nos enrumbamos cuesta abajo y en fila india, como hormigas deslizándose por el húmedo lomo de una negra serpiente. Recorremos las curvas y contra curvas de la carretera central, que discurre entre las montañas de las estribaciones andinas, que cual gigantes de piedra a nuestro alrededor cubrían su rostro con niebla para no ver la brutalidad que vamos cometiendo. Descendemos a velocidad de crucero, con la escasa adherencia de las delgadas y lisas llantas pisteras sobre el agua, los frenos mojados, la lluvia que nos golpea el rostro, el barro que nos salpica en los ojos, el viento que nos congela, toreando camiones y buses; sin desaprovechar, claro esta, algunos instantes detrás de cada camión, para calentarnos un poquito con los gases del tubo de escape antes de rebasarlo. Atrás van quedando, en solo cuestión de minutos, Matucana, San Jerónimo, San Bartolomé, Cocachacra, Carachacra, Corcona y cuanto pueblo en nuestro ascenso habíamos alcanzado no sin poco esfuerzo.
Todo iba bien; bueno,“bien” es un concepto relativo, no? . porque las nubes de lluvia descendían por el valle hacia la costa, a la misma velocidad que nosotros y siempre sobre nuestras cabezas, de modo que todo el trayecto lo hicimos con “clima propio” y este no era precisamente el mejor de los climas.
Casi llegando a Ricardo Palma, a la altura de Santa Ana, nos salio al encuentro un perro, uno de esos innumerables canes carreteros que han tomado por deporte y juramento morder ciclistas al paso, normalmente no le hubiera hecho caso, pero con la reciente mordida de que fui objeto (leer crónica aquí) tome por precaución esquivarlo abriéndome hacia la izquierda; eludido el animalejo, vire para retomar mi derecha sin percatarme de la proximidad del cruce de la vía férrea. Ya era demasiado tarde, yo venia rápido, seguía lloviendo y estaba dirigiéndome en el peor de los ángulos al cruce en el que no hace mucho un ciclista, en similares circunstancias, se rompió una pierna cuando descendía desde Ticlio. Trate de corregir mi ruta de aproximación, logre pasar la rueda delantera, pero… la posterior patino sobre el lizo y mojado acero de la vía, se levanto en el aire hacia la izquierda, yo baje el pie derecho buscando apoyo en el suelo, pero este también resbalo en lo mojado y mi pierna se metió debajo de mi monoplaza, iniciando ambos un vuelo razante, en horizontal y de través sobre la carretera… alguna vez han arrojado una piedrita con fuerza en ángulo agudo sobre el agua?... han visto como rebota tres veces antes de hundirse?... bueno, así salí arrojado yo sobre el asfalto, rebotando tres veces antes de patinar varios metros sobre el mismo. Con cada rebote iba dejando algunos trozos, nada despreciables, de epidermis de mi rodilla y codo, alternadamente, sobre la pista; mientras en cada ocasión, la bicicleta, que caía sobre mi, me hacia en simultaneo un nuevo “piercing” con los dientes de la catalina en la canilla.
Pedro que venia detrás mió se apresuro a recogerme de debajo de mis propios escombros (gracias Pedro!). me incorpore, no sin ayuda, y ví con satisfacción que mi monoplaza estaba intacto (mi pierna, atrapada entre esta y la pista, la había protegido de todo mal). Me tomo varios minutos recuperarme del golpe y recobrar la movilidad en mi rodilla. Mientras tanto, veíamos pasar una Combi proveniente de las alturas con una “Mérida” azul en la parrilla; era Armando que nos rebasaba.
De nuevo sobre mis dos ruedas, llegamos al parque de Chosica, ahí nos esperaba Armando, un café caliente, una cachanga y el final de la lluvia, pero no el final de la historia; si bien todos teníamos un aspecto general de naufragio reciente, Arturo concitaba toda la atención y miradas de los transeúntes pues su rostro estaba enteramente cubierto de barro, cual mascarilla rejuvenecedora, de la que solo se distinguían los ojos. Y Cristian?... desapareció?… Al parecer Cristian se siguió de largo sin detenerse y sin despedirse. Minutos después , ya bajo las sombras de la noche, proseguimos nuestro pedalero retorno a Lima, yo me separe del grupo en Puruchuco y llegue a casa 15 horas después de haber salido de ella, cansado, magullado, mojado, y aun con frío.
Solo me resta añadir que…prometo no volverlo a hacer! (me refiero a esquivar al perro, porque otra salida como esta… no me la pierdo!)
Carlos García Granthon
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miércoles, 14 de enero de 2009
miércoles, 30 de julio de 2008
Disculpe... Javier Prado Oeste?
Julio 27 de 2008
Con los feriados de fiestas patrias en curso; y miles de personas ansiosas por salir, todos a la vez, de esta ciudad para cambiar por unos días el estrés del día a día, por el gran congestionamiento que se genera en las vías de salida de la ciudad, donde miles de vehículos se atropellan en una loca carrera por ser los primeros en abandonar esta no menos loca urbe. Así las cosas; cualquier salida ciclística por las zonas próximas a Lima resultaba poco atractiva y bastante insegura, así que…
Las primeras luces del alba iluminan las ultimas piezas de nuestras bicicletas, que desarmadas sobre el pavimento del ovalo Santa Anita, esperan su turno para ser estibadas en el maletero de un colectivo con rumbo a Chosica. No me agrada mucho la idea; las bicicletas, nuestro “otro yo mecánico”, se maltratan mucho en el viaje y no es que la mía sea precisamente el ultimo grito de la tecnología o el state of the art de las bicicletas, pero así; viejita, pesada y fea (como mi suegra), es mi compañera de aventuras y con cada kilómetro pedaleado hay un cierto cariño ganado.
Tras algunas discusiones con el chofer, pues el precio pactado por el transporte al abordar había sufrido un súbito e inesperado incremento de índole ”aniversario patrio” durante el trayecto, llegamos a Chosica. Hora de armar las bicicletas nuevamente; ups! La llanta de repuesto del colectivo ha golpeado y “desviado el desviador”… “el enderezador que lo enderezare”… chesum...! Insisto; no me gusta la idea…
Mientras esperamos al cuarto mosquetero de la ruta de hoy, que viene en otro colectivo, pues al parecer su despertador no es de tan buena factura como su bicicleta, vamos por el infaltable vaso de extracto de maca y pan con camote.

Ahora si los cuatro: Armando; maestro y guía de Perú Riders, Octavio; sumo pontífice de Cicloaxion, Carlos; tocayo y solitario pedalero de Chorrillos y Yo; indiscreto escribidor de estas líneas; esperamos nuestro turno en el parque Echenique para subirnos al bus e ir cómodamente sentados justo debajo de la parrilla donde van nuestras muy incómodamente apiladas bicicletas. Definitivamente no me agrada la idea…
Matucana nos recibe a nosotros, y nosotros recibimos a nuestras bicicletas que bajan algo golpeadas de la parrilla del ómnibus. Armando busca su cámara para filmar y todos buscamos un baño para… (Mucho liquido, mucho frío, mucho rato…). Las fotos de rigor en la plaza principal y la estación del tren y… al fin, hora de pedalear!
En ascenso rumbo a San Mateo; los primeros 5 Km. resultan bastante suaves, mucho mas suaves de lo que habíamos previsto, vamos promediando poco mas de 14 kph… Uhmmm… las Leyes de Murphy nos vienen a la mente en la primera parada y… si! después se puso feo el ascenso, casi tiro la toalla tres kilómetros mas adelante!… un segundo aire me puso de nuevo en ruta y retomo el ritmo, proseguimos el trayecto amenizando un poco con alguna oportuna ocurrencia de Octavio quien luego, al final del ascenso, sin querer le pondría titulo a esta crónica.
Los túneles son siempre un problema, habían dos; el primero no me molesta. El segundo, de 199 metros de longitud y cuyo nombre no recuerdo, me da un buen susto; al ir a medio túnel en completa obscuridad; pise “algo” gelatinoso, probablemente algún pobre animalillo atropellado en la vía, justo en el momento en que ingresaba, por el extremo opuesto, un vehiculo con las luces altas encendidas que me ciegan totalmente; todo se pone negro y pierdo la noción de arriba y abajo, la bicicleta patina de izquierda a derecha sobre ese “algo” y no se si vengo, voy, ya me caí, o sigo en pie… Horrible oye!... ufff, el susto pasa y la visión vuelve… sigo vivo, sigo pedaleando, sigo en el grupo.
La última pendiente en serpentín nos eleva, con no poco esfuerzo, a nuestro destino; San Mateo de Huanchor. Es poco más o menos la 1:00 p.m. Con el desayuno como vago recuerdo en nuestros estómagos y luego de 20 Km. de pedaleo en respetable pendiente, irrumpimos en plaza publica en medio de las celebraciones patrias; varias decenas de fogones donde se cocinan desbordantes chuletas y aromáticos anticuchos llaman, cual canto de sirenas, a mas de uno de nuestros sentidos mientras algo se escucha por los altavoces; algo respecto a unos deportistas… en fin! El efecto gastro – hipnótico de las jugosas carnes nos retiene, el altavoz es mas fuerte y sigue repitiendo lo mismo, no le prestamos atención, solo vemos las chuletas, solo oímos el crujiente tostar de las carnes, la boca se hace agua, el paladar se hace ilusiones. Sin despegar la vista de la parrillera tentación nos tomamos unas fotos junto a la pileta, donde aun se percibe el olor a papas doradas, choclo serrano y carne a la parrilla; el altavoz sigue insistiendo por enésima vez, esta vez en tono muy enérgico,... que dice? Ahhh, eso era… ups!, con el hambre no nos dimos cuenta, y ya tenían como 15 minutos repitiendo desde el podio:
“ … Y en este momento hacen su ingreso a esta plaza cuatro distinguidos ciclistas, dignos deportistas, que nos honran con su presencia en las celebraciones por fiestas patrias y a quienes invitamos cordialmente a acercarse al estrado…”
Aunque yo difícilmente califico como deportista… ni modo!, el saludo, las fotos de rigor con los funcionarios públicos, la entrega de folletos turísticos y algún compromiso de Armando para una posterior entrevista con el alcalde. Realmente muy hospitalarios, nos trataron bastante bien. (Gracias San Mateo de Huanchor).
Un paseíllo por el pueblo, el mercado… es temprano, conversamos sobre adonde ir; …en realidad el ascenso no fue tan difícil… un par de kilómetros mas no estarían mal… el infiernillo no esta lejos… total, ya llegamos hasta aquí… Vamos!
Otra vez en la ruta, pedaleamos de un solo tirón y a buen paso los 4 Km. hasta “El Infiernillo”, aquí a 99 Km. de Lima y cerca a los 3,400 msnm, la mayoría de los automóviles que transitan por la carretera, al pasar junto a nosotros, aminoran un poco la velocidad y nos quedan mirando. Cuando nos detuvimos para tomarnos algunas fotos bajo los puentes, algunos vehículos sobrepararon y hasta hubo quien nos fotografió. Cada vez que esto sucedía; Octavio hacia el ademán de acercarse al vehiculo y yo no entendía el porqué. Mi curiosidad pudo más y le pregunte:
- Les quieres decir algo?
- Si, quiero hacerles una broma
- Una broma, Cual?
- “Disculpe… Javier Prado Oeste?”
La última parada fue en la boca del túnel Cacray, aquel profundo hoyo negro que con sus 580 mts de longitud ha sido el protagonista en más de un Anecdotario. Le mostré a Armando la “ruta alterna” para evitar el túnel y poder continuar (en otra oportunidad) sin tener que arriesgarse a pasar por el famoso Cacray. Como en este punto el ascenso llego a su fin y como ya dije antes; Deportista, pues… no soy! Me pareció oportuno cometer un pequeño sacrilegio y… encendí, con sumo placer, un cigarrillo que ya me venia provocando hace rato. Mientras disfrutaba del sabor a tabaco y satisfecho con mi rendimiento en el ascenso, le dije a Armando;
- Creo que ahora si llego desde Lima hasta San Jerónimo de Surco, no?
- ©0#$%@&## !!!
No, aquí no termina el relato; aun estamos a 99 Km. de Lima, es tarde y todavía no hemos almorzado. Un rápido descenso hasta San Mateo nos lleva por el otro lado del pueblo, donde Armando nos muestra algunos lugares de interés, la iglesia y la otra plaza; en esta no nos recibe el burgomaestre, mas bien nos expulsa un borracho… en fin!. Almorzamos en un restaurante donde dan servicio de custodia a las bicicletas, lugar modesto, pero de atención y comida generosas.
Hora de retornar; son bastante mas de las 3:30 p.m. y a bordo de nuestros monoplazas descendemos por los serpentines de la carretera central a velocidad considerable, cual escuadrón de combate en pos de un objetivo, en maniobras evasivas y casi acrobáticas, sorteando camiones, buses y algunos autos en nuestro loco zigzagueo por entre el transito carretero, unas veces en fila india otras en formación en V, vamos navegando a todo pedal por sobre el asfalto con la única protección de nuestros ligeros cascos. El frío viento de la tarde serrana congela nuestros dedos y frenar se hace difícil
- Armando, a cuanto vamos?
- 56 kph
Caemos en Chosica antes que el sol caiga en el horizonte; el congestionamiento de transito esta infernal, Octavio prefiere culminar aquí el pedaleo y lo embarcamos en un colectivo a Lima. No, yo no vuelvo a meter mi bicicleta en un colectivo!; nosotros tres seguimos sobre ruedas; la noche es ya absoluta y las cunetas, jardines, veredas, canchones y bermas nos sirven como ruta “Cross Country” para sortear el trafico totalmente embotellado entre Chosica y Chaclacayo. Saltamos sobre rampas, huecos, matorrales y vidrios
- Armando, a cuanto vamos?
- Entre 30 y 40 kph.
Luces de emergencia atrás y linternas adelante nos llevan por el carril izquierdo en Vitarte… total, vamos mas rápido que los autos en el embotellamiento!... En la entrada a Puruchuco me despido y tomo mi desvío a casa ; fue una buena salida, siempre es un placer pedalear entre amigos. Son las 8:00 p.m. cuando guardo mi bicicleta en casa, han pasado 15 horas desde que salí en la madrugada.
Fin
Con los feriados de fiestas patrias en curso; y miles de personas ansiosas por salir, todos a la vez, de esta ciudad para cambiar por unos días el estrés del día a día, por el gran congestionamiento que se genera en las vías de salida de la ciudad, donde miles de vehículos se atropellan en una loca carrera por ser los primeros en abandonar esta no menos loca urbe. Así las cosas; cualquier salida ciclística por las zonas próximas a Lima resultaba poco atractiva y bastante insegura, así que…Las primeras luces del alba iluminan las ultimas piezas de nuestras bicicletas, que desarmadas sobre el pavimento del ovalo Santa Anita, esperan su turno para ser estibadas en el maletero de un colectivo con rumbo a Chosica. No me agrada mucho la idea; las bicicletas, nuestro “otro yo mecánico”, se maltratan mucho en el viaje y no es que la mía sea precisamente el ultimo grito de la tecnología o el state of the art de las bicicletas, pero así; viejita, pesada y fea (como mi suegra), es mi compañera de aventuras y con cada kilómetro pedaleado hay un cierto cariño ganado.
Tras algunas discusiones con el chofer, pues el precio pactado por el transporte al abordar había sufrido un súbito e inesperado incremento de índole ”aniversario patrio” durante el trayecto, llegamos a Chosica. Hora de armar las bicicletas nuevamente; ups! La llanta de repuesto del colectivo ha golpeado y “desviado el desviador”… “el enderezador que lo enderezare”… chesum...! Insisto; no me gusta la idea…
Mientras esperamos al cuarto mosquetero de la ruta de hoy, que viene en otro colectivo, pues al parecer su despertador no es de tan buena factura como su bicicleta, vamos por el infaltable vaso de extracto de maca y pan con camote.

Ahora si los cuatro: Armando; maestro y guía de Perú Riders, Octavio; sumo pontífice de Cicloaxion, Carlos; tocayo y solitario pedalero de Chorrillos y Yo; indiscreto escribidor de estas líneas; esperamos nuestro turno en el parque Echenique para subirnos al bus e ir cómodamente sentados justo debajo de la parrilla donde van nuestras muy incómodamente apiladas bicicletas. Definitivamente no me agrada la idea…
Matucana nos recibe a nosotros, y nosotros recibimos a nuestras bicicletas que bajan algo golpeadas de la parrilla del ómnibus. Armando busca su cámara para filmar y todos buscamos un baño para… (Mucho liquido, mucho frío, mucho rato…). Las fotos de rigor en la plaza principal y la estación del tren y… al fin, hora de pedalear!
En ascenso rumbo a San Mateo; los primeros 5 Km. resultan bastante suaves, mucho mas suaves de lo que habíamos previsto, vamos promediando poco mas de 14 kph… Uhmmm… las Leyes de Murphy nos vienen a la mente en la primera parada y… si! después se puso feo el ascenso, casi tiro la toalla tres kilómetros mas adelante!… un segundo aire me puso de nuevo en ruta y retomo el ritmo, proseguimos el trayecto amenizando un poco con alguna oportuna ocurrencia de Octavio quien luego, al final del ascenso, sin querer le pondría titulo a esta crónica.
Los túneles son siempre un problema, habían dos; el primero no me molesta. El segundo, de 199 metros de longitud y cuyo nombre no recuerdo, me da un buen susto; al ir a medio túnel en completa obscuridad; pise “algo” gelatinoso, probablemente algún pobre animalillo atropellado en la vía, justo en el momento en que ingresaba, por el extremo opuesto, un vehiculo con las luces altas encendidas que me ciegan totalmente; todo se pone negro y pierdo la noción de arriba y abajo, la bicicleta patina de izquierda a derecha sobre ese “algo” y no se si vengo, voy, ya me caí, o sigo en pie… Horrible oye!... ufff, el susto pasa y la visión vuelve… sigo vivo, sigo pedaleando, sigo en el grupo.
La última pendiente en serpentín nos eleva, con no poco esfuerzo, a nuestro destino; San Mateo de Huanchor. Es poco más o menos la 1:00 p.m. Con el desayuno como vago recuerdo en nuestros estómagos y luego de 20 Km. de pedaleo en respetable pendiente, irrumpimos en plaza publica en medio de las celebraciones patrias; varias decenas de fogones donde se cocinan desbordantes chuletas y aromáticos anticuchos llaman, cual canto de sirenas, a mas de uno de nuestros sentidos mientras algo se escucha por los altavoces; algo respecto a unos deportistas… en fin! El efecto gastro – hipnótico de las jugosas carnes nos retiene, el altavoz es mas fuerte y sigue repitiendo lo mismo, no le prestamos atención, solo vemos las chuletas, solo oímos el crujiente tostar de las carnes, la boca se hace agua, el paladar se hace ilusiones. Sin despegar la vista de la parrillera tentación nos tomamos unas fotos junto a la pileta, donde aun se percibe el olor a papas doradas, choclo serrano y carne a la parrilla; el altavoz sigue insistiendo por enésima vez, esta vez en tono muy enérgico,... que dice? Ahhh, eso era… ups!, con el hambre no nos dimos cuenta, y ya tenían como 15 minutos repitiendo desde el podio:
“ … Y en este momento hacen su ingreso a esta plaza cuatro distinguidos ciclistas, dignos deportistas, que nos honran con su presencia en las celebraciones por fiestas patrias y a quienes invitamos cordialmente a acercarse al estrado…”
Aunque yo difícilmente califico como deportista… ni modo!, el saludo, las fotos de rigor con los funcionarios públicos, la entrega de folletos turísticos y algún compromiso de Armando para una posterior entrevista con el alcalde. Realmente muy hospitalarios, nos trataron bastante bien. (Gracias San Mateo de Huanchor).
Un paseíllo por el pueblo, el mercado… es temprano, conversamos sobre adonde ir; …en realidad el ascenso no fue tan difícil… un par de kilómetros mas no estarían mal… el infiernillo no esta lejos… total, ya llegamos hasta aquí… Vamos!
Otra vez en la ruta, pedaleamos de un solo tirón y a buen paso los 4 Km. hasta “El Infiernillo”, aquí a 99 Km. de Lima y cerca a los 3,400 msnm, la mayoría de los automóviles que transitan por la carretera, al pasar junto a nosotros, aminoran un poco la velocidad y nos quedan mirando. Cuando nos detuvimos para tomarnos algunas fotos bajo los puentes, algunos vehículos sobrepararon y hasta hubo quien nos fotografió. Cada vez que esto sucedía; Octavio hacia el ademán de acercarse al vehiculo y yo no entendía el porqué. Mi curiosidad pudo más y le pregunte:- Les quieres decir algo?
- Si, quiero hacerles una broma
- Una broma, Cual?
- “Disculpe… Javier Prado Oeste?”
La última parada fue en la boca del túnel Cacray, aquel profundo hoyo negro que con sus 580 mts de longitud ha sido el protagonista en más de un Anecdotario. Le mostré a Armando la “ruta alterna” para evitar el túnel y poder continuar (en otra oportunidad) sin tener que arriesgarse a pasar por el famoso Cacray. Como en este punto el ascenso llego a su fin y como ya dije antes; Deportista, pues… no soy! Me pareció oportuno cometer un pequeño sacrilegio y… encendí, con sumo placer, un cigarrillo que ya me venia provocando hace rato. Mientras disfrutaba del sabor a tabaco y satisfecho con mi rendimiento en el ascenso, le dije a Armando;
- Creo que ahora si llego desde Lima hasta San Jerónimo de Surco, no?
- ©0#$%@&## !!!
No, aquí no termina el relato; aun estamos a 99 Km. de Lima, es tarde y todavía no hemos almorzado. Un rápido descenso hasta San Mateo nos lleva por el otro lado del pueblo, donde Armando nos muestra algunos lugares de interés, la iglesia y la otra plaza; en esta no nos recibe el burgomaestre, mas bien nos expulsa un borracho… en fin!. Almorzamos en un restaurante donde dan servicio de custodia a las bicicletas, lugar modesto, pero de atención y comida generosas.Hora de retornar; son bastante mas de las 3:30 p.m. y a bordo de nuestros monoplazas descendemos por los serpentines de la carretera central a velocidad considerable, cual escuadrón de combate en pos de un objetivo, en maniobras evasivas y casi acrobáticas, sorteando camiones, buses y algunos autos en nuestro loco zigzagueo por entre el transito carretero, unas veces en fila india otras en formación en V, vamos navegando a todo pedal por sobre el asfalto con la única protección de nuestros ligeros cascos. El frío viento de la tarde serrana congela nuestros dedos y frenar se hace difícil
- Armando, a cuanto vamos?
- 56 kph
Caemos en Chosica antes que el sol caiga en el horizonte; el congestionamiento de transito esta infernal, Octavio prefiere culminar aquí el pedaleo y lo embarcamos en un colectivo a Lima. No, yo no vuelvo a meter mi bicicleta en un colectivo!; nosotros tres seguimos sobre ruedas; la noche es ya absoluta y las cunetas, jardines, veredas, canchones y bermas nos sirven como ruta “Cross Country” para sortear el trafico totalmente embotellado entre Chosica y Chaclacayo. Saltamos sobre rampas, huecos, matorrales y vidrios
- Armando, a cuanto vamos?
- Entre 30 y 40 kph.
Luces de emergencia atrás y linternas adelante nos llevan por el carril izquierdo en Vitarte… total, vamos mas rápido que los autos en el embotellamiento!... En la entrada a Puruchuco me despido y tomo mi desvío a casa ; fue una buena salida, siempre es un placer pedalear entre amigos. Son las 8:00 p.m. cuando guardo mi bicicleta en casa, han pasado 15 horas desde que salí en la madrugada.
Fin
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