lunes, 10 de diciembre de 2012
Camino al Cielo
viernes, 19 de octubre de 2012
miércoles, 1 de diciembre de 2010
La Ultima Trepada 2010; Autodestruccion en Dos Actos
Noviembre 27 y 28 de 2010
El plan era sencillo; Aldo, Pietro y yo intentaríamos llegar pedaleando desde Lima hasta San Pedro de Casta en un solo día, mientras que Gerson y Raúl subirán en bus hasta San Juan de Iris desde donde descenderán a Casta para darnos el encuentro, ahí pernoctaremos todos y al día siguiente intentaremos unir Casta con San Mateo de Otao explorando una ruta por detrás de Marcahuasi, luego haríamos un DH hacia Callahuanca para retornar a Lima la tarde/noche del domingo. Que puedo decir; parecía una buena idea en ese momento.
Primer acto
El peso de la bestia
Frente a mi un centenar de casitas andinas agrupadas en la falda del cerro, iluminadas cual retablo navideño en fondo de terciopelo negro; es San Pedro de Casta, geográficamente faltan solo unas decenas de metros para llegar, pero anímicamente faltan un millar de kilómetros. Pietro deambula a mi lado entre sombras, ya no habla, solo trata de llegar al pueblo. A mi me gustaría gritar; “ya llegamos!”, “lo hicimos!” pero la lengua áspera y reseca, raspa y se atasca sobre un paladar de cartón, y con cada paso que doy la pantaloneta de lycra se pega y arranca, dolorosa y sucesivamente, de la carne viva de las ingles y barrios anexos. Escucho las señales de silbato que me hacen mis amigos desde el pueblo, pero ya no tengo aliento para contestar, hace más de doce horas que salí de casa sobre mi monoplaza, sobre el Cletanque y… pero mejor les cuento la historia desde el comienzo:
Son las 6:30 a.m. del Sábado 27 en la puerta del estadio monumental, primer posible punto de encuentro para cualquier incauto que hubiera aceptado nuestra invitación a la ruta suicida. No habiendo nadie (cosa que no me sorprende), prosigo sobre el
“Cletanque” como le dicen mis amigos a mi monoplaza. Si , si, ya se que no es muy inteligente de mi parte intentar semejante ascenso sobre un monstruo de mas de 18 kilos (si, mas de 18 kilos es el peso de la bestia sin contar herramientas ni rehidratante) pero que puedo hacer si… hace juego con mi casco!Aldo me da el alcance en el grifo del Km 21 de la carretera central, segundo punto de encuentro y primera estación para el “mea culpa”. Omitiré, por cuestiones de espacio, el cuasi atropello en Chaclacayo por vieja motorizada (vieja y gorda), y su cómplice de turno y copiloto que la insto a huir del lugar seguros de haberme arroyado con el auto. (La próxima publico número de placa, nombre completo, DNI, teléfono, EDAD y PESO de la vieja de m…). Dejando de lado una segunda envestida intencional por parte de un Mototaxi, llegamos a Chosica sobre las 8:30. a.m. aproximadamente donde deberíamos de habernos encontrarnos con Pietro, que salió retrasado, y donde nos enteramos que Gerson y Raúl ya están en un bus varios Kilómetros por delante.
Mientras Pietro advierte por teléfono que ha pasado a la modalidad de “Pietronator” y viene pisando fuerte para alcanzarnos, nosotros dejamos Chosica sobre las 9:30 a.m.
En ruta tranquila por el valle del rio Santa Eulalia; una pinchadura en Barba Blanca, una tarántula viva en Bellavista de Chaclla, otra muerta en el vado de Huanchunya (debió usar el crucero peatonal), donde a la vera de la pista, y mientras nos rehidratamos, una amable señora nos cuenta sobre su hermano; un Huancaíno que fue campeón de ciclismo hace algunas décadas. Aquí Aldo se dispara un poco y no lo vuelvo a ver hasta Huinco donde llegue sobre la 1:30 p.m. acusando ya algo de cansancio y muchas picaduras de mosquito, de esos mosquitos dientes de sable que se enjuagan la boca con el repelente que uno usa, y que según dicen transmiten la temible verruga, enfermedad endémica en esta zona.
En Huinco; el aguadito por S/. 1.50 no convence ni satisface, mientras el infaltable borracho del pueblo, hace su “intervención urbana” para los recién llegados en la calle principal. Cambiando de menú, calle y restaurante; un lomo con papas mejora el día que ya se va poniendo gris, mientras “Cabezón”, el gato recaudador de sobras, exige bajo la mesa el respectivo peaje por plato servido. Aquí nos alcanza Pietro mientras damos alguna asistencia mecánica a otro grupo de ciclistas que ha subido en bus para hacer solo el descenso (sin casco!).
Yo diría que Huinco es la frontera de lo sensato para una buena trepada, pero siendo la sensatez palabra desconocida en el grupo… dejamos Huinco sobre las 2:30 p.m. esa fue la ultima vez que vimos a Aldo aquella tarde; Pietro y yo nos limitamos a constatar sus huellas de tramo en tramo sobre la polvorienta trocha, solo para estar seguros que seguía avanzando adelante nuestro y no había caído por el precipicio.
Ya sobre las 4:00 p.m., y bastante cansados, nos detuvimos sobre el puente Autisha, si Huinco era el limite de lo sensato, Autisha lo era de lo racional; así que a sabiendas que el bus de la tarde a Casta pasaría por allí en unos minutos, decidimos dar por terminada la trepada y llegar a destino sobre el bus y bajo su techo. Al poco rato y como rememorando la serie “La isla de la fantasía”; ambos empezamos a exclamar; Ahí viene el bus!, el bus!... el… el.. bus de miércoles no llego ni siquiera hasta el puente y, ante nuestros ojos, tomo el desvió a Vicas!, no importa el próximo seguro que si va a Casta. Ahí viene otro…. El bus!.. , el bus!…el… el maldito bus también se fue para Vicas!, tal vez, el próximo…
Son las 5:00 p.m. y no ha vuelto a pasar ni un alma por el puente Autisha (ni debajo de el), ni modo… a trepar el serpentín a Casta, ahora si ya no hay piernas, (ni agua, ni comida) trepamos a paso de tortuga, a veces sobre la maquina, a veces a su lado. Un paisano nos informa que Aldo paso hace rato, que el bus a casta no pasara hoy pues se ha malogrado, pero que ya estamos a solo una hora del pueblo, (esta gente maneja su propia versión de espacio-tiempo). Media hora después, y en medio de una lluvia serrana, otro residente del valle nos dice que no hay agua para darnos ni nada de comer para vendernos, pero asegura que estamos solo a otra media hora de llegar a destino (si lo vuelvo a ver, le doy su media hora de…) . El cansancio, hambre y deshidratación son ya preocupantes; Pietro me propone cambiar de monoplazas por un rato (Gracias Pietro!); para mi es un gran alivio, para el… para el es la peor idea que ha tenido en su vida, en pocos kilómetros el peso del Cletanque, mi fiel bestia de montaña, lo aniquila y se la pasara repitiéndomelo el resto de la jornada. Cae la noche, paradójicamente la ultima reserva de agua que llevamos se agota en el mismo instante en que cesa la lluvia, seguimos trepando.
La sal del sudor se seca e irrita la piel que se va ampollando con el rose de la ropa, el Cletanque ya no pesa 18 kilos, ahora parece pesar 18,000. Una última bolsita de galletas desaparece en cuestión de segundos en las resecas bocas. Bajo las luces de mi monoplaza revisamos el mapa y contamos y recontamos el número de curvas que hemos dado y las que nos faltan dar; todavía nos falta mucho, seguimos trepando.
Por fin vemos Casta; aun es solo una luz lejana en la cumbre, y por fin pasa un bus por la ruta, pero no se detiene, solo nos ignoran y siguen de largo, seguimos trepando.
El agotamiento extremo nos juega pasadas, nos hace ver sombras de entes que caminan a nuestro lado y por entre nosotros, imaginarios rostros que nos observan desde los bordes del camino, misteriosas incandescencias y encarnadas fosforescencias entre los arboles, seguimos trepando.
Por fin llegamos al desvió con el arco de bienvenida, vemos a San Pedro de Casta a nivel, al otro lado de la quebrada, ya solo tenemos que… que bajar?, si, bajar a la quebrada y perder buena parte de lo ya trepado, para volver a subir al pueblo… maldición! Fijo que a quien haya construido esta carretera le pagaban por metro y no por hora.
El como llegamos al pueblo; ya lo relate en el primer párrafo, solo añadiré que, en calidad de zombis sobre las 8:00 p.m., y mientras Pietro no cesaba de repetir, una y otra vez sin entonación ni pausa alguna, como si se tratara de un Mantra; “elcletanquemedestruyo, elcletanquemedestruyo, elcletanquemedestruyo, elcle…”, seguimos a Gerson y Raúl que habían bajado frescos desde Iris a las 5:00 p.m. y a Aldo que corono Casta sobre las 6:30 p.m.; primero al hotel a dejar las cosas, luego a comer un lomo y salchipapas que me habían prometido pero… ya no había comida, ni nada que se pudiera ingerir, solo recuerdo vagamente que anduvimos tocando puertas por el pueblo hasta que alguien por fin nos preparo un atún con arroz y nos vendió alguna gaseosa.
Ya en el hotel (Gerson; porque otra vez había un solo cuarto para todos?), caímos privados hasta que Pietro nos despertó con sus ronquidos
- Pietro, si no dejas de roncar, mañana te vuelvo a prestar mi bicicleta
Como por arte de magia se hizo el silencio y Pietro no volvió a roncar en toda la noche.
Al día siguiente, la luz de una bella mañana andina me despierta, curiosamente y contra todo pronostico, yo aun tenia resto físico par continuar con la ruta programada, pero las ampollas en las ingles (anexos y balnearios) no me permitían pedalear. Tome la decisión de retornar a casa no sin antes advertirle al resto que, según mi opinión y cálculo, la ruta programada tomaría más tiempo del previsto y que no llegarían a Callahuanca antes de las 6:00 p.m. aun sin percances.
Deje Casta a las 8:00 a.m. e hice todo el descenso hasta Santa Eulalia de pie en la bicicleta, única manera de sortear en forma indolora esos 40 kms de trocha encalaminada, allí solo me detuve el tiempo suficiente para rehidratarme y enterarme que habría partido de futbol en Lima, y por ende barras bravas en la ruta; así que enganche un plato grande y piñón chico y a la 1:30 p.m. ya estaba sentado… No, digo; sentado no!; parado, almorzando en mi casa.
Segundo Acto
Estaba Escrito
Como ya les dije, abandone Casta el domingo en la mañana y deje a mis amigos preparándose a recorrer el resto de la ruta, sabía que les tomaría mas tiempo del previsto pero jamás me imagine por lo que pasarían:
No fue hasta el lunes 29 que empecé a recibir vía email y SMS alguna noticia de ellos y de las que reproduzco a continuación algunos fragmentos ilustrativos:
29/11/2010
17:32:22
(Mensaje)
Nos dejaste tu maldición
Llegamos a Lima hoy 5:30 a.m., dudo que Raúl o Aldo vuelvan a salir con nosotros,
El DH nocturno de Otao estuvo épico
(De)
Gerson
From: Ralhersanthu
Sent: Monday, November 29, 2010
To: Carlos García
“….…Llegado a ese lugar vimos una pequeña estancia donde nosotros gritábamos: HAY ALGUIEN ALLI!!!! QUEREMOS AGUA POR FAVOR!!! ….llegue a casa a eso de las 3:40 a.m. sintiendo culpa por haber dejado a Gerson y Pietro. Espero que estén bien
¡ES UN VIAJE QUE JAMAS OLVIDARE! :P
From: Aldo Poma
Sent: Monday, November 29, 2010
To: Carlos García
Recién llegando a Lima (y ni siquiera a mi casa y son las 13.00 del 29) de Pietro, Gerson y Raúl no se nada, la ultima vez que los vi fue a las 00.00 horas espero que estén bien.
Al final fue en modalidad CICLOSADOMASOQUISMO.
Ya perdí la cuenta de los pinchazos, van mas de "cincuenta•"
Ya cada uno contara su historia.
Saludos.
Aldo Poma
Solo me queda añadir que, como bien dice Aldo en su email; dejemos que cada uno cuente su historia
Texto y Fotos; © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados
lunes, 17 de agosto de 2009
Pucará, otros destinos y mas allá
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Pucara – El manzano - El Prado - El Cardal – Manchay – La Molina)

Las 7:00 a.m. en Musa y no hay señales de Gerson, tampoco contesta su celular… uhmmm…15 minutos de tolerancia es mas que suficiente, además Menandro, que no va con nosotros pero que si llego puntual (se entiende?, no?), me acompaña muy gentilmente hasta la cumbre de Manchay (Gracias Menandro!); cumbre en donde él se despide y yo debía encontrarme con Rodrigo, que luego de otro cuarto de hora… tampoco llego!.
Con media hora de retrasos acumulados y a pesar de la persistente lluvia y su consecuente barro, apuro imprudentemente el paso por las pampas de Manchay para llegar, mojado y medio hipotérmico, pero puntual, a Pachacamac, donde había acordado encontrarme con el grupo de Inka Riders a las 8:15 en la plaza de armas…uhmm… las 8:20… 8:25… 8:30… y ni siquiera un mensajito en el celular por simple cortesía gremial, Tamare!
Creo que la palabra “Puntualidad” deberia erradicarse de la lengua castellana, total; ya nadie recuerda su significado!
Otra vez solo sobre mi monoplaza, voy rodando por el Santuario del Amancay sin mayor novedad, tomo el desvío a Pueblo viejo y, ya a media cuesta, noto que la niebla esta muy cerrada, casi ni se ven las ruinas. Al llegar al abra de las lomas de Pucara, la niebla no permite ver nada y el descenso, hacia el otro lado, esta bastante resbaloso… ni modo, si ya llegue hasta aquí… a seguir!; enfilo ruedas y pedales sobre el jabonoso barro de la trocha cuesta abajo, y me adentro en ese limbo blanco de nieblas bajas, esperando que… que la niebla no tenga “pepa”!; y termine yo empotrado en alguna gran roca que no se ve..
He descendido unos 500 mts., y aun no distingo nada, pero escucho balidos y voces a mi alrededor; poco mas allá se despeja la visión, estoy por debajo del banco de niebla, y frente a mi hay unos pastores y una manada de cabritos, pastando en medio de las amplias praderas de la quebrada de Pucara. Un poco más alla encuentro el desvío a la izquierda, el que buscaba para ir a Cueva Prieta.
Con Cueva Prieta en mente, voy ascendiendo por esta quebrada con rumbo Este, el paisaje es agradable,
pero, conforme asciendo, me voy sumergiendo nuevamente en la niebla y… no veo nada, diablos!; no encuentro la lomita detrás de la cual esta el sendero que supuestamente me conduce a la zona de acantilados… ni modo, a maldecir, a arrugar y a dar media vuelta (en ese estricto orden).
Deshaciendo todo lo andado, voy nuevamente entre la niebla; atrás quedaron las praderas y los cabritos.
Casi coronando el abra de las lomas, y a punto de retornar al Santuario, veo una sombra, que se me aproxima en sentido contrario y sobre un vehiculo de propulsión humana … será el ciclista fantasma de Manchay? Si, ese que sale de madrugada en pijama blanca a comprar el pan?... no, la silueta es conocida… ah, es Arturo!. El y Gerson han venido siguiendo mis rastros desde Musa (Lo que les valió un tamal gratis en Pachacamac, pero eso es otra historia) y ahora en medio de la niebla venían siguiendo mis huellas en el fango (afortunadamente no pasan muchos ciclistas por aquí) luego de haber dejado, atrás en pueblo viejo, al grupo de Inka Riders.
Con la ruta trunca y algo frustrados; vamos dejando el valle y sus encantos. Cierta congestión en el “transito” propiciada por un ato de vacas en la ruta, nos recuerda que pronto estaremos pedaleando nuevamente en trafico carretero, entre combis.
Al salir del Santuario, ya sobre el medio día, nos encontramos con el grupo de MTB Riders, que recién llegaba con rumbo a Pueblo Viejo y otros destinos.

Cabizbajos e insatisfechos, mientras íbamos pedaleando por el Manzano; Gerson tuvo la buena idea de ir a explorar un poquito por las lomas.
Ese “poquito” se convirtió en una ruta no programada de más de tres horas por los circuitos de Dawn Hill, cumbres y senderos de la zona.
Luego de transgredir los limites de una competencia en El Prado, ser blanco potencial y/o accidental de algunos disparos de arma de fuego, compañía ocasional de una gran águila costeña, exploradores de acequia (desde dentro), bañistas involuntarios vespertinos en las heladas aguas del río, parchadores de llanta en las cumbres y otras anécdotas mas, que han quedado registradas en un video © Keniro.com (ver video aqui), y que seguramente pronto se publicara; nos despedimos hambrientos con la puesta del sol, bastante satisfechos de la jornada.
Definitivamente “Cueva Prieta” es un destino que sigue quedando en la lista de “Pendientes”. Demasiada niebla para encontrarla en invierno y demasiado calor para buscarla en verano.
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jueves, 28 de mayo de 2009
Epitafio para un ciclista

Mayo 26 de 2009
No conocí a Luís Enrique, probablemente pocos de los que estuvimos presentes en la intervención urbana, que llevo a cabo Cicloaxion, lo conocían. Solo se que era un ciclista, un anónimo ciclotransportado que murió bajo las ruedas de un camión municipal que no contaba con SOAT, ni siquiera con placas de rodaje y cuyo chofer tampoco habría contado con la licencia para conducir ese tipo de vehiculo, pero que sin embargo… transitaba!. Transitaba por sobre la letra muerta de las leyes y reglamentos que generalmente solo son de obligatoriedad para el ciudadano común, mas no para la mano que los emite.
Se hizo la convocatoria, se congregaron los ciclistas en el lugar del accidente, se escribió su nombre en tiza sobre la calzada, se encendieron velas y las luces de los monoplazas, se guardo un minuto de silencio; silencio que no se oyó en medio del infernal bullicio del trafico Limeño, que jamás se detiene por un ciclista. En otras latitudes se hubiera dejado una bicicleta blanca en el lugar, aquí… aquí se la hubieran robado, como se robaron la vida de Luís Enrique.Los convocados se miran; pudo habernos tocado a cualquiera, luego se retiran, solo quedan una cruz y una frase en efímera tiza blanca; “Aquí pedaleaba Luís Enrique Rocha Ocaña”. Tal vez el epitafio debió decir:



Texto y fotos: © Carlos García Granthon
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martes, 12 de mayo de 2009
Siki Suchuy
La Molina - Pachacamac – Rio Seco – Tinajas – Cieneguilla – La Molina
Con un mes sin pedalear, y aun medio maltrecho, ya me empezaban a picar los pies por salir a recorrer alguna ruta; algo suave, tranquilo y cortito, como para retomar el ritmo. Busque en Internet las propuestas y convocatorias de varios grupos de ciclotransportados para este fin de semana; encontré una, publicada por Arturo, que se titulaba; “Valle de la muerte”… uhmm… no es precisamente lo que me recomendó el medico, pero… suena interesante!. Así que… coordinaciones de último minuto van, y repuestos para mi monoplaza vienen.
El sábado salí no muy temprano de la casa y dirigí ruedas a Pachacamac, vía Manchay, para encontrarme con Arturo, que venia por la ruta larga de la Panamericana Sur, en la esperanza de reclutar en el camino algún otro ciclista, con vocación de suicida o complejo de inmortalidad, para completar el equipo. (En rutas de exploración se necesitan tres; dos van para, en caso necesario, cargar apropiadamente el cadáver del tercero) La idea era recorrer, ascendiendo a fuerza de pedal, el llamado “Valle de la muerte”, al que yo en realidad le cambiaria el nombre por “Valle de la desolación”, desde Pachacamac, hasta sus orígenes en las alturas de los cerros, a la cabecera de Pampa Tinajas, pero… mejor lean el relato:

La línea naranja indica la totalidad de la ruta recorrida
Las 9:00 a.m. y ya estamos ambos (no hubieron mas voluntarios) en la plaza principal de Pachacamac, sin mas preámbulo tomamos la ruta hacia El Manzano, pasamos el portón de Cementos Lima y proseguimos hasta las oficinas del Santuario de Amancay; esta quebrada se llama oficialmente “Río Seco”, como muchas otras en la zona, pero los ciclistas la conocen por “Valle de la Muerte” debido a su aridez extrema en esta época del año. Un par de ciclistas en las inmediaciones haciendo alguna ruta corta, se pierden de vista en medio de la seca llanura, mientras nosotros nos apeamos para hacer uso (y abuso) del ultimo caño con agua que veríamos en las próximas 5 o 6 horas; si, ese que está en el lavadero de granito detrás de las oficinas del Santuario.
Desde los primeros kilómetros el pedregoso camino se hace pesado, y el sol traspasa los cascos hasta calcinar la razón. Ya a medio valle todo rastro humano ha desaparecido, no se ven mas huellas de bicicleta, ni sendero alguno y el silencio es absoluto, ni el viento se atreve a rozar las ardientes rocas y lo mas cercano a un ser viviente es el espectro de algún solitario y reseco cactus; si bien la quebrada tiene un fondo relativamente ancho y parejo, que discurre entre la mas completa gama de grises de los cerros que la flanquean; este fondo es una cama, mezcla de arena suelta y piedras cortantes, por entre las cuales asoman unos diminutos cactus que solo se atreven a exponer tímidamente sus puntiagudas espinas al sol. “Desolación”, si, así debería llamarse esta quebrada.
Con tres cuartos de valle recorrido, y tres cuartos de reserva de liquido consumido, vamos siguiendo, a vuelta de rueda y pedal, unas extrañas huellas de vaca, probablemente marcadas en el suelo cuando aun el arco iris era solo en blanco y negro. La verdad, no me imagino un arco iris a color en este valle… no, sería chocante!.
Una calcinada calavera vacuna, bajo el sol de medio día, pone fin a las huellas que veníamos siguiendo y marca el comienzo a nuestras preocupaciones… ya nos queda muy poco rehidratante y si bien el mapa nos ha ayudado muchísimo (hay varias quebradas que convergen aquí y es fácil extraviarse) ya no estoy muy seguro de cuanto falta para coronar la cumbre. Providencialmente unos metros mas adelante, junto a una gran muela petrificada que me traje como souvenir, aparecen varias huellas de cabra relativamente frescas (las excrecencias complementarias así lo denotan) y van con dirección a la cumbre… uhmm… a seguirlas!.El ultimo kilómetro; un estrecho, zigzagueante y empinado callejón rocoso, lo hicimos empujando los monoplazas, pues no había forma de pedalear en ese terreno. Esta es una de las raras ocasiones en que preferiría tener una bicicleta de aluminio; pues yo tenía que cargar con mi “Pesada” (léase; corcel de hierro) y Arturo con su “Triste” (conocida así por la peculiar posición del timón). Ya sin líquido y sin piernas, teníamos la cumbre a tiro de piedra, pero no encontrábamos la salida, ni el famoso sendero que figuraba en el mapa, y que nos conduciría a Tinajas. Un estrecho pasaje sobre la izquierda, que bien podría parecer una “escalera de servicio” con pasos de arena fina y contrapasos de roca, tallada entre la granítica mole de dos cerros que forman un callejoncito de escaso metro y medio de ancho, parecía ser la salida, es mas; extrañamente había allí un viejo cartel que decía… ya no decía nada!, la inscripción se había quemado con el sol! Pero bien podría haber dicho; “propiedad privada” o “gracias por su visita” o… “peligro zona minada”… uhmm… seamos racionales, sigamos a… los irracionales! (las huellas de cabra iban en dirección opuesta al cartel).
Unos cien metros arriba y adelante, cuando mi reloj marcaba la 1:20 p.m., siempre sobre las huellas de cabra, Arturo trepó una cumbre de 30 metros, volteó y gritó: Tinajas!, Tinajas!. Sí era una esplendida vista de toda la Pampa de Tinajas a nuestros pies, pero… (siempre hay un maldito “pero”) no había forma de bajar! Un talud casi vertical de unos 250 metros de profundidad se interponía entre nosotros y la pampa. No puede ser! Tanto trepar para nada!, No!... un momento!.. y las cabras?; no hemos encontrado sus cadáveres ( podría tratarse de un caso de suicidio colectivo) y no creo que las haya secuestrado un ovni, así que… debe haber alguna salida!
Tras una segunda (y una tercera) revisión minuciosa, y casi desesperada, del talud, encontramos las huellas de las cabras que bajaban zigzagueantes por una cuesta casi vertical de arena y piedra suelta, hasta una trocha carrozable a un tercio de altura de la pampa… Fue así como descubrimos que, bloqueando los frenos de la bicicleta, ésta puede ser muy útil como bastón de trekking o piolet de alpinista. Estoy seguro que esa bajada aun no tiene nombre, por lo que me gustaría contribuir a la toponimia de la región, bautizándola como “Siki Suchuy” (las explicaciones sobran).
Ya en la pampa de Tinajas; deshidratados y chupando, como único consuelo, las tiras de pellejo que se desprendían de nuestros resecos labios, vamos rodando sobre la trocha, que en ese momento nos parecía una Autovan, enfilando ruedas hacia Cieneguilla. De pronto, Arturo se detiene en una casita rústica, en medio del arenal (y en medio de ninguna parte):
- Arturo, a dónde vas?
- A donde mi amiga, a pedirle agua
- También tienes una amiga aquí?
Si, increíblemente era la “Amiga de ruta N° 236” de Arturo; no creo que exista un solo kilómetro de camino en este país, donde Arturo no tenga una amiga!. Una muy oportuna y refrescante jarra de jugo de… manzana(?), cortesía de la providencial amiga, nos devuelve el ánimo y las energías suficientes para llegar hasta el minimarket de Cieneguilla, donde pasamos cerca de una hora rehidratándonos, conversando y descansando antes de emprender el tramo final de vuelta a casa, vía trepada por el serpentín de Cieneguilla, y en cuya cumbre rompí torpemente una botella de coca cola por querer destaparla apresuradamente. Me despedí de Arturo cerca de las 5:00 p.m.… fue una buena jornada!
Carlos García Granthon
N. del A.- Si en caso hubiera alguien lo suficientemente necio como para intentar esa misma ruta (se rumorea que hay varios) aquí van unos consejos útiles:
- Háganlo entre Julio y Septiembre, cuando la bruma de la estación refresca el cuerpo y el paisaje
- Tengan en cuenta que no importa cuanta agua lleven, nunca será suficiente.
- Lleven un mapa (y alguien que sepa interpretarlo).
domingo, 15 de marzo de 2009
Ciclonudista Lima 2009

Ya era de mañana y aún no me decidía; asistir como fotógrafo?, o asistir como ciclista?... uhmm… mejor voy en mi monoplaza , participo en la marcha, quiero decir en el pedaleo, y hago las fotos desde “adentro”.

Las 8:10 a.m., y luego de sólo 43 minutos para recorrer los 19 Kms. desde mi casa (en auto me hubiera demorado más), soy el primero en llegar al cruce de Aramburú y la Av. Arequipa; un policía y un reportero me acosan a preguntas; están buscando a Octavio, el organizador. Si; él, Nilton y muchos otros más, son los perseverantes y esforzados activistas de Cicloaxión que cada año sacan adelante este colectivo nudista para reivindicar los derechos de los ciclotransportados y exigir más respeto por parte de los conductores del parque automotor y las autoridades competentes (si tan sólo cumplieran las normas ya establecidas; eso sería bastante!). A propósito, este año la protesta no se pudo llevar a cabo en Miraflores, como es tradicional, por no se qué impedimento de origen edil de última hora; parece que el alcalde sigue haciendo “méritos” con los ciclistas (se acuerdan del escándalo de Larcomar?).
Empiezan a llegar los convocados; ruedas y amigos convergen de todo Lima y también de los extramuros de la capital; algunos con más ropa que otros, otros con más ingenio que algunos; todos con un propósito, nadie sin un motivo. Hay chicas, hay chicos; hay grupos, hay solitarios, hay disfraces, hay uniformes, hay cicatrices, hay historias…
Historias como la de quien trae atada a su parrilla, cual relicario, la destrozada rueda de la bicicleta de su, ahora ausente pero otrora inseparable, compañero de ruta, que fuera atropellado por las muchas ruedas y poco criterio de algún imprudente.
Los preparativos avanzan, el ambiente se alegra, los compañeros se reencuentran, la policía resguarda y la prensa asecha. La “amiga” de Octavio, chica de mirada y cuerpo tropical, bonita en realidad, acapara micrófonos y cámaras; razones no faltan, al menos a la vista saltan dos, y… saltan, y saltan, y vuelven a saltar, con cada vuelta de pedal! - cómo haces para hacer ciclismo y fumar al mismo tiempo?
- y… bueno, mientras no fume con los pies, no hay problema!
“ En bici llloviendo o nevando, pero en auto… ni cagando!”
“Un ciclista más, un auto menos”
“Un ciclista más, una combi menos”
“Un ciclista más, un pastrulo menos”
El ingenio, sarcasmo y buen humor criollo, no se hace esperar mucho y alguien grita desde atrás:
“Un ciclista más, un cigarro menos”
Llegamos al by-pass de Javier Prado; Octavio detiene la marcha, coge el altavoz y grita:
Y vuelve a gritar:
“Si no hay solución… abajo el pantalón!” – y todos, bueno no todos, se bajaron el pantalón!
Los transeúntes se agrupan alrededor; señalan, se admiran, toman fotos con sus celulares y algunas viejas gritan, mientras Pedrito, con los calzoncillos enredados en los tobillos, sujeta su bicicleta con una mano y trata de tomarse una foto, él mismo, con la otra.
La marcha continúa por la Av. Arequipa encabezada por, al menos, una docena de nudistas ciclopropulsados. La “amiga de Octavio” va en el asiento medio de una tandem triple, en el posterior va una reportera gráfica, y adelante; como única fuerza propulsora; el hermano de Nilton, quien a pesar del triple esfuerzo no se queja, en realidad va feliz y con cara de no querer cambiar de lugar con nadie, ni por la mejor bicicleta del mundo!
Damos la vuelta en U al llegar a la Av. 28 de Julio y retornamos nuevamente por la Av. Arequipa. Al llegar a Lince; un viejito algo encorvado, muy bien vestido y con una de esas gorritas inglesas, se disponía a cruzar la calle; mira, a ambos lados, para ver si no viene nadie antes de atreverse a pisar la calzada, pero ve que todo un escuadrón de ciclistas se aproxima; se detiene, vuelve a mirar, se percata de que están desnudos, el rostro se le enrojece, sus ya opacos ojos nos miran con enojo; alza sus temblorosas manos, y su no menos temblorosa voz y grita, grita todo lo fuerte que sus años se lo permiten, grita como si diera una alarma pidiendo ayuda ante una invasión enemiga:
“Pajeros!, Pajeros!”
El pacífico y ordenado recorrido llega a su término en la puerta del Touring y Automóvil Club de Perú; aún desnudos, se gritan algunas arengas y se toman algunas fotos. Una señora sale de las instalaciones muy molesta, nos mira a todos (mira muy bien a cada uno) y se sube a su auto diciendo - “Horribles!, así desnudos están horribles!” – bueno, hay gente que no se contenta con nada.

















Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados











