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miércoles, 28 de abril de 2010

El otro Pueblo Viejo

Lima – Chosica - Sta Eulalia - Bellavista de Chaclla – Chosica -Lima

Abril 25 de 2010

La ruta era sencilla, debería de haber sido tranquila, rápida y sin percances; simplemente íbamos a pedalear hasta Chosica, de ahí a Sta. Eulalia para proseguir con rumbo a Bellavista de Chaclla, luego retornar hasta el desvío a San Jerónimo de Punan, trepar a Callahuanca , bajar por Barbablanca, con breve desvío a Poronhuasi y… listo!, retorno a casa sobre los monoplazas sanos, salvos, temprano y relajados, pero…


Salimos tarde para variar, ya eran las 7:40 a.m. cuando pasamos frente al estadio monumental. En Santa Clara Gerson pincha una llanta y mientras el tira la perforada cámara, tres muchachos, nuevos en el grupo, tiran la sudada toalla. Yo me adelanto hasta el Grifo del Km. 21 para la rehidratación de rigor, ahí los espero… y los espero… y los espero… y los sigo esperando… Tamare! Más de 20 minutos! Fijo que ya pincharon llanta otra vez!. Ni modo, para no enfriarme mejor voy adelantando; Kamary me rebasa como tren de sierra en las puertas de Chosica, a donde arribo pasadas las 9:30 (que vergüenza!!!) Luego llega Gerson con la novedad de que Manuel viene pinchando llantas con más rapidez de lo que las puede parchar


No es si no hasta cerca de las 11.00 a.m. que, luego de reagruparnos , desayunar y … parchar mas llantas! podemos retomar la ruta. Al llegar al desvío a Sta. Eulalia ya Manuel ha vuelto a pinchar, Pedro y yo, que estamos algo pesados hoy, nos adelantamos para no retrasar mas al grupo, pero al llegar al desvío a Callahuanca me doy cuenta que otra vez voy pedaleando solo; hora de detenerse para reagruparnos. Kamary llega a los pocos minutos, no sabe nada del resto; Gerson aparece luego con mas aire en los pulmones que en su llanta posterior, si, si, a seguir parchando para no romper la monotonía..


Mientras descansábamos un rato, una gran fila de autos pasaba a nuestro lado con rumbo a Callahuanca, al festival de la Chirimoya, y la mayoría de los ya medio mamados automovilistas nos gritaban al pasar: “Vagos !!!” Es curioso, nosotros habíamos llegado hasta aquí a fuerza de voluntad y pedales y ellos subían trayendo su celulitoso trasero en la comodidad del asiento de su auto, sin mas esfuerzo que el de abrir la boca eventualmente para expresar su capacidad bilingüe (hablar castellano y cojudeces).pero sin embargo nosotros somos los “Vagos”


No hay novedades del resto del equipo, hora de usar el celular:

- Alo, Dubert.. donde están?

- Aquí en Palle alto; Pedro esta echándose una siesta mientras esperamos a Manuel

- Y Manuel donde esta?

- Bueno, cansado de pinchar llanta se estaba regresando pero… volvió a pinchar! Así que no pudiendo conjurar la espinosa maldición con el cambio de sentido, viene subiendo nuevamente.


Diablos!, son mas de las 2:00 p.m. y seguimos parados en el desvío a Callahuanca. Ya todos reunidos nuevamente vemos la necesidad de reformular la ruta en función de la hora; Callahuanca y su festival quedan para las chirimoyas, para los chirimoyones y para otra oportunidad, eso elimina también Poronhuasi; así que solo nos queda seguir trepando en busca de “el otro Pueblo Viejo”.


Pasadas las 3:00 p.m. llegamos a Bellavista de Chaclla, pequeño y pintoresco pueblito donde dejamos a Manuel para que, a la sombra de un zaguán… si, parche su llanta por vigésima vez!. No se cuantas veces pinchó llanta Manuel, pero doy fe que en cada una de las ocasiones se tomo el trabajo de revisar minuciosamente sus llantas, cámaras y aros de buena factura y poco recorrido, en busca de alguna espina oculta, no seria exagerado decir que hasta estuvo a punto de pasarle la lengua por dentro, con el fin de detectar la mas mínima aspereza que pudiera perforar la cámara, aun así y parafraseando a Galileo debo añadir que… y sin embargo pinchaba!


En modalidad cargatucleta.com trepamos la colina que cobija al pueblo y que guarda en su sima las ruinas del “Pueblo Viejo de Bellavista”, único objetivo de nuestra ruta que pudimos alcanzar. Construcciones bastante amplias, mas de lo que el tiempo disponible nos permite explorar, en realidad solo alcanzamos a tomar algunas fotos; si, fotos en las que se luzcan los nuevos manubrios de Dubert por sobre todas las cosas y por sobre todas las ruinas, y además dar oportunidad a que un par de avispas piquen a Gerson en los tobillos en justa represalia por haberles pisado su panal.


Hora de volver, hay que alcanzar Chosica antes que obscurezca; Pedro se lanza primero en el descenso hacia Santa Eulalia ya pasadas las 4:30 p.m., yo lo sigo, el resto se acomoda en turno para iniciar el retorno según sus propias expectativas de velocidad de descenso, dejando a los mas rápidos para el final y calculando un arribo simultaneo a Sta Eulalia. Rato mas tarde, algunos kilómetros mas abajo y habiendo rebasado a Pedro, suena mi celular en plena marcha, me detengo:


Brrrrrrrr…Brrrrrrrrrr

- Alo Dubert? Que pasa?

- Me saque la m…

- Donde estas? Es grave?, tu cleta esta bien?

- Si, Estoy en Palle Alto con Pedro, me esta ayudando, espérenme ahí abajo


En ese momento me alcanzan Manuel y Gerson. El primero no puede esperar a Dubert por dos motivos; le toca guardia en su trabajo y tiene que llegar a Lima antes de las 7:00 p.m. y además… increíblemente ha vuelto a pinchar llanta! y va volando en busca de algún grifo. Gerson me comenta que Kamary salía al ultimo, así que debe estar llegando en cualquier momento donde Dubert con herramientas y repuestos.


20 minutos después:

- Alo, Dubert? Todo bien?

- Si, ya estoy mejor y mi nave esta operativa, pero… Kamary no aparece!

- Uhmmm… seguramente ha pinchado llanta, espéralo 10 minutos más


Otros 20 minutos después:

- Alo Dubert? Todo bien?

- Si, pero… Kamary no aparece!

- Tamare!


Es aquí cuando Gerson no recuerda el numero de Kamary pero si recuerda que no trajo su celular, así que usa mi celucho para llamarse a si mismo y pedirle a quien conteste, en donde sea que haya dejado su celular, que por favor se fije en el numero de su hermano y le devuelva la llamada. (Llamada que, a la fecha de publicación de esta crónica, aun seguimos esperando)


Ni modo… a trepar nuevamente la montaña en busca del soldado Ryan… digo, de Kamary!, afortunadamente cuando solo habíamos recorrido unos doscientos metros, vuelve a sonar mi Celular:


- Alo Dubert, novedades?

- Si, ahí viene Kamary,!, pero… viene empujando casi toda su cleta con una mano y el resto con la otra, además trae el casco de medio lado y con apariencia de “Masticado”. Dice que si le pueden conseguir una “pluma” delantera por ahí y nos avisan.

Plop!


Conseguir un taller de bicicletas un domingo por la noche, en los poblados del valle bajo del río Sta Eulalia, en plenas fiestas patronales, no fue tan difícil, lo difícil fue encontrar quien lo abriera!. Ni modo, avisamos a Kamary que era imposible conseguirle su pluma, así que tenia que buscar transporte hasta chosica o arreglárselas con una piedra.


Afortunadamente si algo sobra en los cerros son piedras y no mucho rato después estábamos todos reunidos en un restaurante de Chosica almorzando a las 7:00 p.m.; con Dubert exhibiendo una buena colección de raspones y sus preciados manubrios nuevos hechos jirones, gracias a un súbito reventón de llanta en plena curva a alta velocidad. Kamary con un eje delantero remachado a pedradas en la horquilla, tres radios delanteros rotos, dos traseros, multicontuso y con el casco mas quiñado que juguete de perro, gracias a una pastilla de freno que se soltó y trabo la rueda delantera en pleno descenso.


Bueno, al menos ya estamos a salvo comiendo en Chosica, peor ya no nos puede ir, o si?...


- como? que dices? No te escucho por el volumen del televisor…

- Flaco, podrías por favor bajar el volumen del televisor?

- pero es que es el partido..

- Partido? que partido?

- La “U” con…

- En el Monumental? Ahora? Con los barras bravas? Por donde vamos a pasar?

- Si

- TAMAREEEEEEEEEEE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Texto y Fotos : © Carlos Garcia Granthon

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Tres rutas en una


Octubre 25 de 2009
(La Molina – Surco - San Juan de Miraflores - Villa Maria del Triumfo - Manchay – Cardal – El Prado - El Manzano – Pueblo Viejo - Pachacamac – Cieneguilla –La Molina)

Cuando recibí la invitación de Dubert (http://www.rodandoperu.com/), me di cuenta que, sin salir de Lima en realidad, la propuesta era una de esas rutas maratónicas en las que se encuentra de todo un poco y se deja un poco de todo en el camino… uhmmm… no, esta no me la pierdo!

Ese domingo salí de La Molina a las 6:00 a.m. y en cuestión de treinta minutos de pedaleo, vía Javier Prado y la Panamericana Sur, ya estaba en el puente Atocongo; puerta de entrada a San Juan de Miraflores y punto de encuentro para los conjurados. Poco a poco van llegando los convocados, primero Juan, depuse Dubert, Pedro, David que fungiría de guía, y otro par de buenos ciclistas mas con los que completamos el numero para la partida.

Las primeras vueltas de rueda las damos bastante cerca de las 8:00 a.m. y el primer tramo lo recorremos internándonos en San Juan de Miraflores, paralelos a la vía del inefable tren eléctrico, luego tomamos por “Pista Nueva” que de “nuevo” solo tiene… huecos, si nuevos huecos que se suman a los viejos huecos. Ya en Villa Maria del Triunfo empieza una moderada trepada hasta el mercado, cerca al cementerio, donde nos reaprovisionamos y preparamos para el primer ascenso del día.

Por un costado del cementerio y siguiendo las muy empinadas calles que nos llevan por la quebrada de Santa Maria, hasta las cumbres de los cerros, después de mucho pedaleo y sudor, coronamos el abra que comunica el cono sur de la ciudad con la pampa de Manchay en el este. Desde la cumbre, de frente y hacia abajo, se divisa a nuestros pies las no muy escasas manifestaciones epigonales del desorden urbano de Manchay que cada vez se adentra más en las quebradas adyacentes. También, y a nuestra izquierda y nivel, una trocha carrozable afirmada en plena construcción, a base de trabajo voluntario comunal, se va abriendo paso desde Villa Maria del Triunfo, por entre las cumbres, con rumbo a La Molina.

Retomando la aventura nos dirigimos hacia el sur, siguiendo los senderos de herradura en las cumbres de las lomas de Atocongo. Al comenzar el descenso por entre improvisadas chacras en medio de la vegetación silvestre; una señora, que opacaba en ladridos a sus tres perros, nos corta el paso y piedra en mano nos conmina a no pasar por “su propiedad”. (Es curiosa la ambigüedad con la que se maneja el vocablo “Propiedad privada” en las invasiones). Sin mayor animo de discutir, esquivar piedras o poner a prueba nuestros cascos; tomamos por saludable alternativa una trocha carrozable que nos lleva a las profundidades de las quebrada, en medio de un sinnúmero de grises pircas que cercan y dividen cada rincón de la vegetación de estas lomas en vías ya de marchitarse tanto por la estación como por la invasión

Un par de alocados y pronunciados descensos sobre piedra suelta y arena nos ponen a rodar sobre la Pampa de Manchay y su pista asfaltada, bajo el sol de medio día. Si en este punto yo hubiera tomado hacia el norte por la pampa, en breve hubiera llegado a mi casa y cerrado un circulo que unía los conos este y sur de lima circunpedaleando los cerros Colorado, Centinela, San Francisco, Mina, Arbolito, Retamal y Tres Cumbres pero…. Dubert quería conocer Pueblo Viejo y… aun es temprano!

Rodando al sur por el valle, cruzamos el río Lurin, y en un alarde poco sensato de buen estado físico, recorremos los tres circuitos de DH y XC. Primero el Cardal; luego el Prado, donde una nube de polvo que se alza algunos metros delante mío, marca el lugar donde Juan se da un buen porrazo, y deja algo de sangre, piel y fibra sobre el circuito. Al reagruparnos, dos de los ciclistas del grupo ponen un “hasta aquí nomás” y dan media vuelta. Finalmente vendría El Manzano que sin mayor percance nos pone a los 5 restantes a las puertas del Santuario del Amancay. Aquí viene el segundo ascenso; hasta pueblo viejo, en el que Pedro se rezaga y enrumba hacia Pachacamac para esperarnos allí.

Rato después y satisfecha a curiosidad de Dubert, en Pueblo Viejo, enrumbamos hacia Pachacamac, donde buscando a Pedro encontramos a… Miguel! Que había ido acompañando al grupo de MTB Riders, llevando algunos novatos en su primera salida y que precisamente estaban almorzando en la plaza, frente a donde nos esperaba… Pedro!, quien finalmente se regreso con el grupo de Miguel, vía la Panamericana Sur. Se entiende?, no?... bueno, el asunto es que quedamos solo 4 ciclistas del grupo inicial; David, Dubert, el magullado Juan y Yo.

Luego de un no muy recomendable lomo saltado, retomamos los pedales; el cansancio ya se va sintiendo y el ascenso por el valle, desde Pachacamac hasta Cieneguilla se hace un poco pesado; al ovalo de cieneguilla llegamos sobre las 5:30 p.m. Viene el tercer y ultimo ascenso; el serpentín de Cieneguilla. En estas circunstancias y después de 11 horas sobre mi monoplaza; me toma 50 minutos alcanzar la cumbre; al marciano de Juan le tomo solo 25, a pesar de estar medio magullado. Estoy empezando a sospechar que ese extraño brebaje que ingiere de vez en cuando (Leche con Coca Cola) tiene propiedades antigravitatorias.

Me despedí del grupo, al pasar por mi casa en La Molina, cerca de las 7:00 p.m. por fin había cerrado el círculo, aunque más que circulo parecía un ocho…

Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

lunes, 17 de agosto de 2009

Pucará, otros destinos y mas allá

Agosto 16 de 2009
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Pucara – El manzano - El Prado - El Cardal – Manchay – La Molina)




Las 7:00 a.m. en Musa y no hay señales de Gerson, tampoco contesta su celular… uhmmm…15 minutos de tolerancia es mas que suficiente, además Menandro, que no va con nosotros pero que si llego puntual (se entiende?, no?), me acompaña muy gentilmente hasta la cumbre de Manchay (Gracias Menandro!); cumbre en donde él se despide y yo debía encontrarme con Rodrigo, que luego de otro cuarto de hora… tampoco llego!.

Con media hora de retrasos acumulados y a pesar de la persistente lluvia y su consecuente barro, apuro imprudentemente el paso por las pampas de Manchay para llegar, mojado y medio hipotérmico, pero puntual, a Pachacamac, donde había acordado encontrarme con el grupo de Inka Riders a las 8:15 en la plaza de armas…uhmm… las 8:20… 8:25… 8:30… y ni siquiera un mensajito en el celular por simple cortesía gremial, Tamare! Creo que la palabra “Puntualidad” deberia erradicarse de la lengua castellana, total; ya nadie recuerda su significado!

Otra vez solo sobre mi monoplaza, voy rodando por el Santuario del Amancay sin mayor novedad, tomo el desvío a Pueblo viejo y, ya a media cuesta, noto que la niebla esta muy cerrada, casi ni se ven las ruinas. Al llegar al abra de las lomas de Pucara, la niebla no permite ver nada y el descenso, hacia el otro lado, esta bastante resbaloso… ni modo, si ya llegue hasta aquí… a seguir!; enfilo ruedas y pedales sobre el jabonoso barro de la trocha cuesta abajo, y me adentro en ese limbo blanco de nieblas bajas, esperando que… que la niebla no tenga “pepa”!; y termine yo empotrado en alguna gran roca que no se ve..

He descendido unos 500 mts., y aun no distingo nada, pero escucho balidos y voces a mi alrededor; poco mas allá se despeja la visión, estoy por debajo del banco de niebla, y frente a mi hay unos pastores y una manada de cabritos, pastando en medio de las amplias praderas de la quebrada de Pucara. Un poco más alla encuentro el desvío a la izquierda, el que buscaba para ir a Cueva Prieta.

Con Cueva Prieta en mente, voy ascendiendo por esta quebrada con rumbo Este, el paisaje es agradable, pero, conforme asciendo, me voy sumergiendo nuevamente en la niebla y… no veo nada, diablos!; no encuentro la lomita detrás de la cual esta el sendero que supuestamente me conduce a la zona de acantilados… ni modo, a maldecir, a arrugar y a dar media vuelta (en ese estricto orden).

Deshaciendo todo lo andado, voy nuevamente entre la niebla; atrás quedaron las praderas y los cabritos.

Casi coronando el abra de las lomas, y a punto de retornar al Santuario, veo una sombra, que se me aproxima en sentido contrario y sobre un vehiculo de propulsión humana … será el ciclista fantasma de Manchay? Si, ese que sale de madrugada en pijama blanca a comprar el pan?... no, la silueta es conocida… ah, es Arturo!. El y Gerson han venido siguiendo mis rastros desde Musa (Lo que les valió un tamal gratis en Pachacamac, pero eso es otra historia) y ahora en medio de la niebla venían siguiendo mis huellas en el fango (afortunadamente no pasan muchos ciclistas por aquí) luego de haber dejado, atrás en pueblo viejo, al grupo de Inka Riders.

Con la ruta trunca y algo frustrados; vamos dejando el valle y sus encantos. Cierta congestión en el “transito” propiciada por un ato de vacas en la ruta, nos recuerda que pronto estaremos pedaleando nuevamente en trafico carretero, entre combis.

Al salir del Santuario, ya sobre el medio día, nos encontramos con el grupo de MTB Riders, que recién llegaba con rumbo a Pueblo Viejo y otros destinos.



Cabizbajos e insatisfechos, mientras íbamos pedaleando por el Manzano; Gerson tuvo la buena idea de ir a explorar un poquito por las lomas. Ese “poquito” se convirtió en una ruta no programada de más de tres horas por los circuitos de Dawn Hill, cumbres y senderos de la zona.

Luego de transgredir los limites de una competencia en El Prado, ser blanco potencial y/o accidental de algunos disparos de arma de fuego, compañía ocasional de una gran águila costeña, exploradores de acequia (desde dentro), bañistas involuntarios vespertinos en las heladas aguas del río, parchadores de llanta en las cumbres y otras anécdotas mas, que han quedado registradas en un video © Keniro.com (ver video aqui), y que seguramente pronto se publicara; nos despedimos hambrientos con la puesta del sol, bastante satisfechos de la jornada.

Definitivamente “Cueva Prieta” es un destino que sigue quedando en la lista de “Pendientes”. Demasiada niebla para encontrarla en invierno y demasiado calor para buscarla en verano.



Texto y Fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles, 5 de agosto de 2009

Pueblo Viejo II



Agosto 02 de 2009
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Cieneguilla – La Molina)




Tenía que regresar; el lugar se merecía al menos un par de fotos mas (Para ver las fotos, haga click aquí), así que con Menandro y Fernando me puse a girar los pedales con rumbo, nuevamente, a Pueblo Viejo.

Sin tiempo para explicaciones sobre ángulo de la iluminación, rasante y texturas; apuré el paso para no desperdiciar la luz matutina; ya en el santuario, y mientras esperamos a Lucho; amigo y fotógrafo en vías de cicloconversión, nos pusimos a jugar con una serpiente que nos sale al paso, y cuyo mal genio sobrepasa en largo su pequeño tamaño; creo que es un diminuto Jergón de la Costa; si, es uno de esos ofidios venenosos el que Menandro persigue para fotografiar, mientras que el rastrero reptil me persigue a mi por haberlo ya fotografiado. Mejor no molesto mas al diminuto demonio, que me sigue señalando insistentemente con su viperina lengua; una cosa es que lo muerda a uno un perro de vez en cuando, pero… una serpiente!… no, eso ya es otro precio!... o será que solo quería clavarme sus colmillos para llenar el tanque?


Ahora si, los cuatro reunidos trepamos hasta las ruinas; a pesar de que es la segunda vez que vengo, me siguen pareciendo muy impresionantes, y si bien ya no hay tanta niebla hoy, el suelo esta muy resbaloso; dos caídas de mi parte así lo atestiguan. Tal vez debí encomendarme a… los ciclistas tendrán alguna santa patrona?... será Santa “Catalina”?

El sol ha salido y, muy cerca ya del cenit, sus casi verticales rayos no ayudan mucho para las fotos. Pero se hace lo que se puede, mientras recorremos con detenimiento todo el lugar, ante la vigilante y acusadora mirada de una ofuscada lechuza.
Terminada la sesión grafica, volvimos a Pachacamac para darle curso a un buen plato de pollo a la parrilla, y emprender el retorno vía Cieneguilla y consiguiente trepada del serpentín. Rato después y una vez coronada la cumbre, nos despedimos; yo con pocas fotos y muchos chirridos en mi monoplaza y Menandro con mas fotos y menos rayos en su bicicleta.

Creo que esta segunda y ultima excursión a Pueblo Viejo cierra esa ruta, al menos por esta temporada, aunque… faltaría visitar Cueva Prieta… uhmmm…

Texto y Fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes, 21 de julio de 2009

Pueblo viejo, pijama nuevo

Julio 19 de 2009
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Cieneguilla – La Molina)




No se para que me levanto temprano, si la mayoría llega tarde, en fin!. Víctor si había llegado puntual (7:00 a.m.) al lugar de concentración en Musa, y mientras el tomaba desayuno y esperábamos al resto, se me ocurrió tomarme una gaseosa en una tienda.

Terminada la Coca Cola; ya me disponía a subirme a mi bicicleta nuevamente, cuando sin previo aviso (léase; sin ladrido de advertencia) un condenado perrito negro, casi tan negro como sus intensiones, me clavo los colmillos en la pantorrilla… tamare! Vaya manera de comenzar el día!... me imagino que el pobre can, cansado de corretear ciclistas sin haber logrado hincar diente en firme, y seguramente siendo por ello la burla de sus compañeros de genero, pensó que el hada madrina de los perros le había concedido su mas grande deseo; un ciclista detenido frente a sus fauces. No lo pensó dos veces y zas! Diente conmigo!… no es justo, por lo menos hubiera disparado al aire un ladrido previo de advertencia, siquiera por una mínima cortesía profesional.

Retomando el relato de ruta; con la llegada de Gerson y Kamary, de Keniro, empezamos el recorrido hacia Pachacamac, en busca de las ruinas de “Pueblo viejo”. En el camino, por las pampas de Manchay, nos dieron alcance Krilin y Jonathan.

Al llegar a Manchay Bajo, nos detuvimos los 7 para reagruparnos. Como que los 7?... si éramos solo 6, de donde salio el otro? y encima… en pijama! Si, en pijama estaba, y en pijama nos pregunto si podía acompañarnos. Según nos dijo; había salido un ratito para entrenar, antes de tomar desayuno, y solo se puso una casaca encima de su blanca y nueva pijama. Existen rumores de que en realidad lo habían mandado a comprar el pan del desayuno, y una vez sobre su bicicleta… se entusiasmo!. Por supuesto acogimos a “pijamita” en el grupo, y retomamos la marcha a buen ritmo para recuperar tiempo, pero… pero olvidamos decirle a “pijamita” hasta donde íbamos, recién se entero, demasiado tarde ya, cuando paramos en la plaza de armas de Pachacamac para abastecernos de liquido y merienda.

En este punto es donde empieza la verdadera ruta; nos dirigimos al Santuario del Amancay donde dos poco amistosos Rod Wilder nos dan la bienvenida en el portón (toda la jornada estuve sorteado con los perros) El vigilante nos dio pase libre, aunque quedo poco convencido de que “pijamita” fuera un ciclista de verdad; bueno, quien iba a tragarse el cuento de que alguien practica Dawn Hill en pijama. Advertidos todos por mi parte sobre no tocar la vegetación, ni molestar a la fauna del lugar, pues se trata de un “Santuario”; continuamos. Un kilómetro mas y un enorme perro gris, de ojos inyectados, con las fauces abiertas y mostrando sus enormes colmillos chorreantes de baba, (se le hacia agua la boca), nos ataca por el flanco izquierdo y… pero si es Grover!, Hola Grover!... me basto mencionar su nombre, seguido de un “quieto muchacho”, para conjurar la furia de esos 50 Kg. de canina bestia come ciclistas ( siempre es útil hacer amigos en la ruta, y mejor si tienen cuatro patas).

Dejamos atrás las oficinas del santuario, y otro kilómetro mas adelante, encontramos el desvío que buscábamos. Una tranquera y un letrero que reza: “PROHIBIDO EL PASE, PROPIEDAD PRIVADA, CEMENTOS LIMA” nos detiene brevemente; pero como yo no llevaba conmigo mis lentes de lectura … ignoramos el letrero y proseguimos por la que se supone (según mis indagaciones) la ruta que nos llevaría a “Pueblo viejo”.

La trocha se interna por entre las lomas que separan esta quebrada y la de Pucará, la pendiente se hace mas pesada y el sudor mas copioso a pesar del frió y la niebla. Tras una buena trepada y sobre un tímido muro de piedra, otro letrero que reza; NO SE DETENGA, nos anuncia que ya llegamos a “Pueblo viejo”, así que.. Nos detuvimos!.

Desde la trocha no se aprecian las ruinas, y la verdad que están tan bien conservadas y limpias, que lo envuelve a uno un sentimiento de culpa de solo pensar en poner un pie dentro de sus límites. Un poco mas arriba ( si, seguimos trepando) la vista es otra cosa; es como contemplar un “Mini Machupicchu”; realmente impresionante!. Otros pocos cientos de metros más, que muy difícilmente se pueden hacer a fuerza de pedal, y.. otras ruinas! Al parecer algo mas extensas y elaboradas, pero de difícil apreciación visual desde ese ángulo. Uhmmm… esto merece organizar otra expedición de profana… digo, de investigación! Pero esta vez solo con fines fotográficos.

Mientras seguimos subiendo (que tercos, no?) la niebla se cierra, y para cuando por fin coronamos la cumbre ya no se ve más allá de la rueda delantera. Lastima, podríamos haber descendido hacia Pucará y quien sabe, tal vez, tentar llegar a Cueva Prieta. Pero descender con cero de visibilidad por terreno desconocido es.. Suicidio! (un poquito de prudencia de vez en cuando, solo de vez en cuando, no viene mal)

Los seis conjurados mas “Pijamita” y su ya no tan blanca pijama, descendimos a ritmo de Dawn Hill todo lo trepado, la fuerte pendiente, la velocidad vertiginosa, y las cerradas curvas, en resbaladizo barro arcilloso la hacen, como diría Barth Simpson, “De Pelos!” . Afortunadamente no hubo sangre en la arena, o mejor dicho; en las piedras. Al salir del Santuario los “amigos” de Grover, que según Krilin es un “perro dientes de sable”, se la pusieron difícil a Kamary y Jonathan, pero todo no paso de un simple susto.

Casi democráticamente optamos por retornar vía la trocha que va a Cieneguilla, y a un cansado Pijamita no le quedo mas opción que seguirnos, pues no conocía el camino de retorno a su casa. Pero eso si, muy precavido el, como en el cuento Hansel y Gretel; iba dejando por el camino, para no perderse, un rastro de billas del eje central de su Monark, que con cada vuelta de pedal había pasado de un agudo chirrido a un ronco bramido.

Poco mas adelante, entre El Mejicano y El Cardal, nos cruzamos con un grupo de ciclotransportados en sentido contrario; la séptima y octava rueda llevaban sobre el sillín unas femeninas lycras de muy buen “venir” y mucho mejor “ir” que atrajeron mas de una mirada, en especial la de Kamary , cuyo cuello giro 360 grados para captar toda la panorámica sin percatarse que el siguiente ciclista, y aparente padre de aquellas curvas, le devolvía el guante con una mirada en tono de sentencia mortal; todo esto antes los atónitos ojos de Gerson, que aferrado a los bati – manubrios de su monoplaza reconoció en la faz de la criminal mirada, a un amigo suyo.

El resto de la ruta; bastante tranquila, salvo por el congestionamiento de una procesión ovina. En cieneguilla solo nos detuvimos el tiempo justo para reponer líquidos.

Hora de decisiones; algunos optaron por un prudente mototaxi, mientras que Víctor, Kamary , yo y un exhausto, acalambrado y maltrecho Pijamita, nos dispusimos a trepar el serpentín a fuerza de pedal. Hay que reconocerlo; a pijamita le podrían falta muchas cosas, pero cojones… No!.

Luego de un par de kilómetros de trepada, cuando Kamary, y su buen estado físico, nos había sacado ya una buena delantera, me rebaso un Taxi del que alcance a escuchar solo un “fuerza Carlos!”; era Pijamita que abandono la trepada por K.O. técnico. Retornaba a su casa, 6 horas después de que lo mandaran a comprar pan, con el cuerpo, la bicicleta y el pijama deshechos. No lo volvimos a ver.

Nos reagrupamos en la cumbre, alguien me pregunto por mi herida en la pierna, creo que fue Krilin:

- Carlos como va tu mordida
- bien, ni siquiera me molesta
- pobre perro, a esta hora ya debe estar convulsionando


Fue una buena aventura!

Texto y Fotos: © Carlos García Granthon

N. de R.- Si alguien conoce, o sabe como ubicar, a “Pijamita” (alias Eduardo) por favor díganle que es bien recibido en cualquier futura salida ciclística