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viernes, 19 de octubre de 2012

Antropociclos 02

Publicando el segundo numero de Antropociclos...
Octubre 2012

Antropociclos 02

miércoles, 1 de diciembre de 2010

La Ultima Trepada 2010; Autodestruccion en Dos Actos



Lima - San Pedro de Casta – Lima
Noviembre 27 y 28 de 2010

El plan era sencillo; Aldo, Pietro y yo intentaríamos llegar pedaleando desde Lima hasta San Pedro de Casta en un solo día, mientras que Gerson y Raúl subirán en bus hasta San Juan de Iris desde donde descenderán a Casta para darnos el encuentro, ahí pernoctaremos todos y al día siguiente intentaremos unir Casta con San Mateo de Otao explorando una ruta por detrás de Marcahuasi, luego haríamos un DH hacia Callahuanca para retornar a Lima la tarde/noche del domingo. Que puedo decir; parecía una buena idea en ese momento.



Primer acto

El peso de la bestia


Frente a mi un centenar de casitas andinas agrupadas en la falda del cerro, iluminadas cual retablo navideño en fondo de terciopelo negro; es San Pedro de Casta, geográficamente faltan solo unas decenas de metros para llegar, pero anímicamente faltan un millar de kilómetros. Pietro deambula a mi lado entre sombras, ya no habla, solo trata de llegar al pueblo. A mi me gustaría gritar; “ya llegamos!”, “lo hicimos!” pero la lengua áspera y reseca, raspa y se atasca sobre un paladar de cartón, y con cada paso que doy la pantaloneta de lycra se pega y arranca, dolorosa y sucesivamente, de la carne viva de las ingles y barrios anexos. Escucho las señales de silbato que me hacen mis amigos desde el pueblo, pero ya no tengo aliento para contestar, hace más de doce horas que salí de casa sobre mi monoplaza, sobre el Cletanque y… pero mejor les cuento la historia desde el comienzo:


Son las 6:30 a.m. del Sábado 27 en la puerta del estadio monumental, primer posible punto de encuentro para cualquier incauto que hubiera aceptado nuestra invitación a la ruta suicida. No habiendo nadie (cosa que no me sorprende), prosigo sobre el “Cletanque” como le dicen mis amigos a mi monoplaza. Si , si, ya se que no es muy inteligente de mi parte intentar semejante ascenso sobre un monstruo de mas de 18 kilos (si, mas de 18 kilos es el peso de la bestia sin contar herramientas ni rehidratante) pero que puedo hacer si… hace juego con mi casco!

Aldo me da el alcance en el grifo del Km 21 de la carretera central, segundo punto de encuentro y primera estación para el “mea culpa”. Omitiré, por cuestiones de espacio, el cuasi atropello en Chaclacayo por vieja motorizada (vieja y gorda), y su cómplice de turno y copiloto que la insto a huir del lugar seguros de haberme arroyado con el auto. (La próxima publico número de placa, nombre completo, DNI, teléfono, EDAD y PESO de la vieja de m…). Dejando de lado una segunda envestida intencional por parte de un Mototaxi, llegamos a Chosica sobre las 8:30. a.m. aproximadamente donde deberíamos de habernos encontrarnos con Pietro, que salió retrasado, y donde nos enteramos que Gerson y Raúl ya están en un bus varios Kilómetros por delante.

Mientras Pietro advierte por teléfono que ha pasado a la modalidad de “Pietronator” y viene pisando fuerte para alcanzarnos, nosotros dejamos Chosica sobre las 9:30 a.m.

En ruta tranquila por el valle del rio Santa Eulalia; una pinchadura en Barba Blanca, una tarántula viva en Bellavista de Chaclla, otra muerta en el vado de Huanchunya (debió usar el crucero peatonal), donde a la vera de la pista, y mientras nos rehidratamos, una amable señora nos cuenta sobre su hermano; un Huancaíno que fue campeón de ciclismo hace algunas décadas. Aquí Aldo se dispara un poco y no lo vuelvo a ver hasta Huinco donde llegue sobre la 1:30 p.m. acusando ya algo de cansancio y muchas picaduras de mosquito, de esos mosquitos dientes de sable que se enjuagan la boca con el repelente que uno usa, y que según dicen transmiten la temible verruga, enfermedad endémica en esta zona.

En Huinco; el aguadito por S/. 1.50 no convence ni satisface, mientras el infaltable borracho del pueblo, hace su “intervención urbana” para los recién llegados en la calle principal. Cambiando de menú, calle y restaurante; un lomo con papas mejora el día que ya se va poniendo gris, mientras “Cabezón”, el gato recaudador de sobras, exige bajo la mesa el respectivo peaje por plato servido. Aquí nos alcanza Pietro mientras damos alguna asistencia mecánica a otro grupo de ciclistas que ha subido en bus para hacer solo el descenso (sin casco!).

Yo diría que Huinco es la frontera de lo sensato para una buena trepada, pero siendo la sensatez palabra desconocida en el grupo… dejamos Huinco sobre las 2:30 p.m. esa fue la ultima vez que vimos a Aldo aquella tarde; Pietro y yo nos limitamos a constatar sus huellas de tramo en tramo sobre la polvorienta trocha, solo para estar seguros que seguía avanzando adelante nuestro y no había caído por el precipicio.


Ya sobre las 4:00 p.m., y bastante cansados, nos detuvimos sobre el puente Autisha, si Huinco era el limite de lo sensato, Autisha lo era de lo racional; así que a sabiendas que el bus de la tarde a Casta pasaría por allí en unos minutos, decidimos dar por terminada la trepada y llegar a destino sobre el bus y bajo su techo. Al poco rato y como rememorando la serie “La isla de la fantasía”; ambos empezamos a exclamar; Ahí viene el bus!, el bus!... el… el.. bus de miércoles no llego ni siquiera hasta el puente y, ante nuestros ojos, tomo el desvió a Vicas!, no importa el próximo seguro que si va a Casta. Ahí viene otro…. El bus!.. , el bus!…el… el maldito bus también se fue para Vicas!, tal vez, el próximo…

Son las 5:00 p.m. y no ha vuelto a pasar ni un alma por el puente Autisha (ni debajo de el), ni modo… a trepar el serpentín a Casta, ahora si ya no hay piernas, (ni agua, ni comida) trepamos a paso de tortuga, a veces sobre la maquina, a veces a su lado. Un paisano nos informa que Aldo paso hace rato, que el bus a casta no pasara hoy pues se ha malogrado, pero que ya estamos a solo una hora del pueblo, (esta gente maneja su propia versión de espacio-tiempo). Media hora después, y en medio de una lluvia serrana, otro residente del valle nos dice que no hay agua para darnos ni nada de comer para vendernos, pero asegura que estamos solo a otra media hora de llegar a destino (si lo vuelvo a ver, le doy su media hora de…) . El cansancio, hambre y deshidratación son ya preocupantes; Pietro me propone cambiar de monoplazas por un rato (Gracias Pietro!); para mi es un gran alivio, para el… para el es la peor idea que ha tenido en su vida, en pocos kilómetros el peso del Cletanque, mi fiel bestia de montaña, lo aniquila y se la pasara repitiéndomelo el resto de la jornada. Cae la noche, paradójicamente la ultima reserva de agua que llevamos se agota en el mismo instante en que cesa la lluvia, seguimos trepando.

La sal del sudor se seca e irrita la piel que se va ampollando con el rose de la ropa, el Cletanque ya no pesa 18 kilos, ahora parece pesar 18,000. Una última bolsita de galletas desaparece en cuestión de segundos en las resecas bocas. Bajo las luces de mi monoplaza revisamos el mapa y contamos y recontamos el número de curvas que hemos dado y las que nos faltan dar; todavía nos falta mucho, seguimos trepando.

Por fin vemos Casta; aun es solo una luz lejana en la cumbre, y por fin pasa un bus por la ruta, pero no se detiene, solo nos ignoran y siguen de largo, seguimos trepando.

El agotamiento extremo nos juega pasadas, nos hace ver sombras de entes que caminan a nuestro lado y por entre nosotros, imaginarios rostros que nos observan desde los bordes del camino, misteriosas incandescencias y encarnadas fosforescencias entre los arboles, seguimos trepando.

Por fin llegamos al desvió con el arco de bienvenida, vemos a San Pedro de Casta a nivel, al otro lado de la quebrada, ya solo tenemos que… que bajar?, si, bajar a la quebrada y perder buena parte de lo ya trepado, para volver a subir al pueblo… maldición! Fijo que a quien haya construido esta carretera le pagaban por metro y no por hora.

El como llegamos al pueblo; ya lo relate en el primer párrafo, solo añadiré que, en calidad de zombis sobre las 8:00 p.m., y mientras Pietro no cesaba de repetir, una y otra vez sin entonación ni pausa alguna, como si se tratara de un Mantra; “elcletanquemedestruyo, elcletanquemedestruyo, elcletanquemedestruyo, elcle…”, seguimos a Gerson y Raúl que habían bajado frescos desde Iris a las 5:00 p.m. y a Aldo que corono Casta sobre las 6:30 p.m.; primero al hotel a dejar las cosas, luego a comer un lomo y salchipapas que me habían prometido pero… ya no había comida, ni nada que se pudiera ingerir, solo recuerdo vagamente que anduvimos tocando puertas por el pueblo hasta que alguien por fin nos preparo un atún con arroz y nos vendió alguna gaseosa.

Ya en el hotel (Gerson; porque otra vez había un solo cuarto para todos?), caímos privados hasta que Pietro nos despertó con sus ronquidos
- Pietro, si no dejas de roncar, mañana te vuelvo a prestar mi bicicleta
Como por arte de magia se hizo el silencio y Pietro no volvió a roncar en toda la noche.

Al día siguiente, la luz de una bella mañana andina me despierta, curiosamente y contra todo pronostico, yo aun tenia resto físico par continuar con la ruta programada, pero las ampollas en las ingles (anexos y balnearios) no me permitían pedalear. Tome la decisión de retornar a casa no sin antes advertirle al resto que, según mi opinión y cálculo, la ruta programada tomaría más tiempo del previsto y que no llegarían a Callahuanca antes de las 6:00 p.m. aun sin percances.

Deje Casta a las 8:00 a.m. e hice todo el descenso hasta Santa Eulalia de pie en la bicicleta, única manera de sortear en forma indolora esos 40 kms de trocha encalaminada, allí solo me detuve el tiempo suficiente para rehidratarme y enterarme que habría partido de futbol en Lima, y por ende barras bravas en la ruta; así que enganche un plato grande y piñón chico y a la 1:30 p.m. ya estaba sentado… No, digo; sentado no!; parado, almorzando en mi casa.



Segundo Acto

Estaba Escrito



Como ya les dije, abandone Casta el domingo en la mañana y deje a mis amigos preparándose a recorrer el resto de la ruta, sabía que les tomaría mas tiempo del previsto pero jamás me imagine por lo que pasarían:

No fue hasta el lunes 29 que empecé a recibir vía email y SMS alguna noticia de ellos y de las que reproduzco a continuación algunos fragmentos ilustrativos:


29/11/2010
17:32:22
(Mensaje)
Nos dejaste tu maldición
Llegamos a Lima hoy 5:30 a.m., dudo que Raúl o Aldo vuelvan a salir con nosotros,
El DH nocturno de Otao estuvo épico
(De)
Gerson

From: Ralhersanthu
Sent: Monday, November 29, 2010
To: Carlos García
“….…Llegado a ese lugar vimos una pequeña estancia donde nosotros gritábamos: HAY ALGUIEN ALLI!!!! QUEREMOS AGUA POR FAVOR!!! ….llegue a casa a eso de las 3:40 a.m. sintiendo culpa por haber dejado a Gerson y Pietro. Espero que estén bien
¡ES UN VIAJE QUE JAMAS OLVIDARE! :P


From: Aldo Poma
Sent: Monday, November 29, 2010
To: Carlos García
Recién llegando a Lima (y ni siquiera a mi casa y son las 13.00 del 29) de Pietro, Gerson y Raúl no se nada, la ultima vez que los vi fue a las 00.00 horas espero que estén bien.
Al final fue en modalidad CICLOSADOMASOQUISMO.
Ya perdí la cuenta de los pinchazos, van mas de "cincuenta•"
Ya cada uno contara su historia.
Saludos.
Aldo Poma


Solo me queda añadir que, como bien dice Aldo en su email; dejemos que cada uno cuente su historia


Texto y Fotos; © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Halloween; Rutas de Espanto

Pacomanta – Escomarca – Tres ventanas – Olleros - San Bartolo
Octubre 31 – Noviembre 1º de 2010


Que mejor comienzo para una aventura extrema que ir rodando fuerte, con llamativo y completo equipo de ciclista, por las no muy amistosas calles del barrio de San Jacinto a las 7:00 a.m. del 31 de Octubre, día de halloween, con rumbo al corazón de El Agustino a abordar un bus que promete llevarnos a San Lázaro de Escomarca. Somos siete los conjurados; Aldo, Gerson, Kamary, Juan, Pietro, Raúl y quien suscribe esta crónica; Crónica que según lo planificado debería de comprender únicamente el relato del descenso Olleros – San Bartolo, objetivo de nuestro viaje y considerada como una de las rutas de Down Hill mas largas y con mayor desnivel del mundo, pero…

Mientras el desvencijado bus, que apesta como pocos pero trepa mejor que muchos por los carrozables caminos de la sierra Huarochirana, le va robando metros al altímetro con cada vuelta de rueda y regalando vistas al paisaje con cada vuelta de curva; Gerson ya se las arreglo para convencer al chofer que nos desembarque un poco mas allá de lo convenido, en el abra de Pacomanta, punto geográficamente mas alto de su recorrido. El viaje en general es tranquilo y al parecer la maquina ya conoce de memoria la ruta, pues no requiere de mayor guía del conductor que pasa mas tiempo conversando con su ayudante que atendiendo el camino, y solo pide le vayan agregando agua al motor periódicamente, y sobre la marcha, por un gran embudo ubicado dentro de la cabina que se conecta por gravedad mediante una manguera de jardín al radiador.

El sol desciende sobre el cerro Condorcoto, a nuestras espaldas, mientras nuestros monoplazas descienden del techo del bus a las 4:00 p.m. en el abra de Pacomanta. La vista de la cordillera Pariakaka es espectacular; ahí están los nevados (y los nevados tienen nieve!), ahí está el nevado Runcha, ahí esta el nevado Charimaya, ahí está… y mis herramientas?, donde están?... are, ajo, erda! Ya me las robaron! Si, me olvide de quitar el estuche de herramientas del Cletanque al subirlo al bus y en una de las tantas paradas de cabotaje alguien me aligero el peso de la bicicleta; mea culpa, mea culpa y… mea detrás de esas piedras que 7 horas aguantando en el ómnibus no son pocas.

Vienen las fotos de rigor con la espectacular vista en este punto a 4,000 msnm. Todos posan para las fotos; Gerson despliega su banderola del grupo Keniro que incluye un aviso publicitario (tiene que financiar su carrera ciclística), Kamary con su monoplaza posa cual stripper con los nevados de fondo (supongo que también tiene que financiar su carrera de alguna forma).

Ya sobre nuestros monoplazas y tras algunos minutos de libre rodar sobre estas hermosas pampas de ichu alto andinas, arribamos a Escomarca que seria algo así como nuestro campamento base. La buena noticia es que están haciendo mejoras en el pueblo, la mala noticia es que los únicas dos habitaciones del hospedaje están copadas por los trabajadores de las obras. Finalmente, y a mucho insistir, el dueño de una fonda nos alquilo un pasadizo de 2 x 4 metros con 3 colchones en el piso para los 7.

Luego de un buen almuerzo sobre las 5:00 p.m. que incluía bistec, arroz y papas por S/ 4.00 salimos a buscar, como ruta complementaria, las famosas cuevas del cerro Tres Ventanas que se encuentran en un paraje cercano. Tenemos referencias de la ubicación y mapas de la zona, pero en estas ondulantes pampas de ichu, entre bosques de piedra cruzados por mil senderos, es fácil equivocar el camino. Siempre pedaleando a campo traviesa cerca de los 4000 metros de altitud, cuando el sol ya ha caído y solo las purpureas luces del ocaso alumbran el cielo, encontramos las cuevas; Están en un macizo rocoso con aspecto de castillo medieval, el lugar es extraño, tan extraño como la silueta de un hombre que aparece y desaparece mientras nos atisba entre el perfil de lejanas y negruzcas rocas, pero que nos hace llegar su fuerte voz que repite una y otra vez la misma palabra ininteligible y de tono poco amistoso. En medio de la obscuridad de la noche, cuando ya no lo vemos, la frecuencia con la que repite el misterioso vocablo aumenta y, a juzgar por el volumen, la distancia se acorta. A riesgo de que se tratara de algún rondero que, arma en mano, confundiera nuestra extraña y multicolor apariencia de ciclistas con abigeos o, peor aun, con supuestos Pishtacos, y cuando el grito se escuchaba ya a tiro de piedra o de escopeta, según el gusto; optamos por huir (valientemente) de las cuevas, pedaleando en silencio entre matorrales de espinas y rocas en medio de la noche y con las luces apagadas para desorientar al enemigo. Una vez alcanzado el llano, donde de puede rodar a velocidad de crucero, dejamos atrás rápidamente al misterioso personaje y su grito de batalla mientras rodábamos por campo abierto, en una pampa de ichus bajo el manto protector de las estrellas que le daban una surrealista tonalidad azulada al paramo, poblado por las negras sombras de las figuras pétreas que flanquean la pampa y nos escoltan de regreso hasta Escomarca . No hablare por los demás pero esta sola aventura y los paisajes nocturnos que me fueron posibles apreciar, para mi, hizo que el viaje valiera la pena

Si el bus olía mal, no se imaginan lo que fue ese cuarto de 4x2 aquella noche, conteniendo a 7 sudorosos y flatulentos ciclistas en un pueblo que no tiene baños ni agua corriente; pero el cansancio y la fraternidad perdonan esas pequeñas incomodidades; Además es noche de Halloween y las leyendas de terror no podían faltar; entre Raúl y Aldo Poma se disputan el premio “Narrador de cuentos 2010” en una sucesión de interesantes relatos de misterio que protagonizan Duendes, Tunches, Ccarccachas, Pishtacos y demás personajes de la cosmovisión andina.

Los despertadores, única utilidad de un celular en estas latitudes, suenan sincronizados a las 5:30 a.m. del 1º de Noviembre y una hora después, bien apertrechados, nos disponemos a cruzar nuevamente las pampas con rumbo a Santo Domingo de los Olleros que esta 1,000 metros más abajo y 25,000 más al Oeste. Que alguien tuviera descocida una costura del pantalón no seria algo digno de mención en esta crónica, si no fuera por que al salir del pueblo un cariñoso can, que salió a despedirnos mientras rodábamos, engancho el marfil de sus herramientas masticantes en la pierna de Gerson, terminando de desgarrar la costura del pantalón que quedo sujeto solo por tobillo y cadera, flameando al viento hacia atrás cual vela inversa, para trabarse inmediatamente con el freno y enredarse en los radios de la rueda que de un solo tirón termino por arrancarle todo el pantalón en una fracción de segundo, sin que se acara los zapatos ni se levantara del asiento, cual acto de magia de David Copperfield. Lastima que nadie grabo la secuencia, hubiera sido un éxito en Youtube!

A medio camino entre Escomarca y Olleros; Anchicocha es otro hermoso paraje de aspecto prehistórico, vasta planicie ondulante con afloramientos rocosos, donde no hay un alma, no hay una poblado, no hay… si, si hay señal de celular!, no entiendo, aquí no hay ningún teléfono pero si hay señal, y en los pueblos que si hay teléfonos no hay línea, como diría Condorito; exijo una explicación!. Lamentablemente no tuvimos tiempo de vagar por estas pampas para buscar cierto misterioso cráter de meteorito y otras peculiaridades de la zona… en otra ocasión será.

Con Olleros ya a la vista en el horizonte, un bifurcación en el camino nos separa; mis compañeros de aventura que no pueden ver un cerro sin dejar de aventarse por el, toman un atajo a campo traviesa y van cuesta abajo, mientras yo, so pretexto de reconocer la ruta para una futura incursión nocturna continuo por el camino seguro y afirmado. La verdad es que no quería arriesgarme a romper bicicleta y/o cráneo antes de comenzar el descenso principal y objetivo de este corto viaje. A las 9:00 a.m. ya estaba en la Plaza de Olleros, mis amigos y su famoso atajo empezaron a llegar 20 minutos después con dos pinchaduras y un aro doblado como anotación en la bitácora de viaje.

Hechas las reparaciones de rigor y necesidad; son las 10:30 cuando empezamos a recorrer la mundialmente famosa ruta de DH “Olleros – San Bartolo”. Que nos deberá de llevar en un descenso de vértigo por las crestas de los cerros, desde la cota de los 2,830 meros, hasta la orilla del mar en solo unas pocas horas.

No puedo negar que la ruta y sus paisajes son espectaculares, al menos en sus primeros tramos por los single tracks, y las empinadas crestas al borde de precipicios inimaginables que dan la impresión de no estar rodando por ellos sino sobrevolándolos, es … es una sensación indescriptible!, repito; la experiencia es única y espectacular pero, y aquí seguramente la mayoría discrepara conmigo; la dificultad técnica del descenso requiere tanta atención en el camino que, aunque parezca paradójico no permite disfrutar la ruta, como en aquel viejo dicho que reza así; “el árbol no te deja ver el bosque”. Hay muchas vistas, lugares y tramos del camino que me hubiera gustado detenerme a contemplar, pero es técnicamente imposible; en estas pendientes rueda parada es caída asegurada.

Retomando la ruta y el relato, o mejor dicho; el relato de la ruta, y ya con dos tontas caídas en mi haber, voy algo rezagado con respecto a los demás, pero aun disfrutando la aventura en el buen tramo ya recorrido, hasta que… maldición! La cocada de mi llanta delantera no agarra bien en arena suelta; Si, la arena suelta y esponjosa plagada de piedrones de que esta hecho toooooooodo el ultimo y empinado serpentín del cerro antes de llegar al lecho del huayco, punto medio de la ruta y de reagrupamiento del grupo. Lo peor de todo es que mis zapatillas son de suela casi liza y tampoco puedo mantenerme en pie en esa pendiente de arena seca y suelta sobre piedra. No se cuantas veces me resbale, solo se una cosa; que tanto montado sobre la bicicleta como caminando al lado, me era imposible controlar la dirección, y en las curvas con cada paso o vuelta de pedal venia un derrape o resbalón, y con cada resbalón un golpe en el pie contra una piedra… Se me hicieron mil años descender ese tramo, mil años y mil golpes en los pies, (auch). Es mas, cuando llegue al huaico donde me esperaba el resto del grupo, antes de decir nada volví a resbalar delante de ellos y caí sentado sobre otra piedra. (Otro auch).

Si bien en cuestión de descenso, en poco mas de dos horas habíamos bajado mas de 2,000 metros; en cuestión de distancia aun nos faltaban unos treinta kilómetros de rodada por el reseco y casi plano lecho del huayco que discurre por las pampas de San Bartolo. Sin mayor inconveniente ni anecdotario llegamos al balneario a las 3:10 p.m.

Juan que, para variar, una vez que empieza a pedalear luego no encuentra el botón de “off”; se ha seguido de largo pedaleando rumbo a Lima. Pietro trata de convencerme de hacer lo mismo mientras el resto busca un bus… uhmm… resto de piernas todavía tengo, pero animo me falta y el dolor de los dedos de los pies… no, yo me subo al bus, y si es rosadito mejor!

En realidad no tardamos mucho en conseguir un bus y cuando llegamos al trébol de la Javier Prado… Juan ya estaba allí!, ni hablar… esta poseído!



Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles, 24 de febrero de 2010

Rally Totoritas 2010

Febrero 21, de 2010

Domingo por la mañana y hay mas de 400 ciclistas esperando la largada del Rally Totoritas 2010, no falta nadie en la partida, los primeros en salir son los de la categoría “Elite”, luego “Master” y así sucesivamente, hasta … un momento; esos que están en la partida, por que tienen la misma base de numeración que yo?... son de “Turismo”?...


-Hey Gerson, apúrate! Esos que están partiendo ahí, son de nuestra categoría!

Si, por estar conversando no nos dimos cuenta que ya deberíamos haber partido. Mientras yo trataba de ingresar a la pista, Gerson soltó la bicicleta de Dubert, que estaba mas adelante tomando fotos, y que solo se entero que ya debería estar corriendo cuando nos vio aparecer en sus fotos.

Alcanzar al pelotón no fue tan difícil, es mas; no me costo mucho trabajo ubicarme en una buena posición y ya voy corriendo a buen ritmo por los senderos del platanal, el atolondrado de Gerson me rebasa por un agujerillo entre la acequia y un puentecito, y casi nos matamos pero todo esta bajo control hasta que…

Ups! Se me hundió el piso? Será por el peso del cletanque?, ah no, no es el piso; es el asiento, maldita sea! Se me aflojo el asiento y se fue para atrás … Mientras pedaleo trato de regresarlo a su posición original a golpes, ya perdí un par de ubicaciones en la carrera pero sigo adelante… ojala que no se vuelva a… plop! Otra vez!.. ajo!, are! erda!... otras dos posiciones perdidas…

Ahí voy de nuevo, el asiento me ha dejado en paz un rato, recupero dos posiciones , vamos en fila india, rueda a rueda, por un a estrecha y polvorienta trocha entre altos matorrales; creo que puedo pasar a otros dos pero… Aunque no lo crean, a un animal en moto le pareció muy gracioso meterse entre el pelotón de ciclistas y hacer cabriolas entre ellos, donde a duras penas hay espacio para una bicicleta. No, si yo sabia que la estupidez es uno de los principales problemas del país y se viene extendiendo en forma preocupante entre los conductores de vehículos motorizados, pero… pero este no es cualquier estupido, este es un estupido con vista al mar! No después de poco rato, el escatocefalico motociclista se aleja, sonrisa en boca, envuelto en olor a humo, polvo, y mil mentadas de madre.

Ahora si voy a… plop, el asiento otra vez!... ya me he rezagado un montón… y para colmo un atadito de ramas de guarango con sus respectivas espinas “pincha camión” atravesado en la pista. Eso no estaba ahí anoche, si, porque yo hice un recorrido nocturno de la ruta y no había espinas ahí anoche… uhmm… no entiendo el sentido del humor de los lugareños

Aquí es cuando me rebasó Dubert que viene como tren de sierra maldiciéndonos por que no le avisamos de la partida. Yo trato de darle alcance, pero el asiento esta vez se afloja totalmente y no me queda otra que sostenerlo con los “cachetes” mientras pedaleo semi parado… lo peor de todo es que no estoy seguro de haber traído la herramienta para ajustarlo, y si la traje; debe estar al fondo de la muy compacta maletita de herramientas que no es muy fácil de abrir… quemando piernas innecesariamente por la obligación de pedalear parado, me detuve junto a un ciclista que había pinchado llanta (con alguna otra espontánea ramita de guarango trasnochada) y mientras trato de embutir el asiento a patadas, el cambia su cámara y me dice con cierta melancolía en su voz…


-“Yo iba bien… estaba yendo bien…”


Por alguna estupida razón (me habría contagiado el motociclista?) solo se me ocurrió responderle; “suerte!” cuando eso era justamente lo que a ambos nos faltaba, en realidad lo que quise decir era; “ esto no se acaba hasta que se termina”. Luego, al finalizar la carrera, trate de buscarlo en la meta para preguntarle como le había ido; no lo vi. Curiosamente cuando me regresaba lo vi bajar del mismo bus en que yo venia, tenia un buena herida en la pantorrilla y cara de no estar muy feliz, ya no alcance a preguntarle nada.

Retomando el relato de la carrera; otro trecho mas allá encontré a Eduardo, que también había pinchado llanta (y siguen los Guarangos mágicos), no recuerdo que le dije, algo le grite. El asiento se me afloja nuevamente, ya no había alternativa, si quería continuar tenia que detenerme aunque suene contraproducente; paré, saque la maletita de herramientas, extraje todas las herramienta y si, felizmente al fondo estaba a pequeña Cressent que me solucionaría el problema., afloje el perno, saque el asiento, lo volví a colocar, me asegure de alinearlo bien, lo ajuste nuevamente, volví a guardar todas las herramientas que se rehusaban a entrar en la maletita , coloque la maletita en el cletanque, y para cuando estuve otra vez al comando de los pedales; ya me habían rebasado hasta los heladeros de D´onofrio!

Con el asiento firme pude alcanzar nuevamente al pelotón y recuperar algunas posiciones, solo algunas. Al aproximarme a San Antonio, no lo van a creer; otro animal, esta vez en camioneta, traspasa los conos de señalización, ignora las advertencias del policía y se mete, contra el trafico y contra los ciclistas, en una estrecha calle. Yo me tope con él cara a cara al dar una curva, no me importo volver a perder posiciones, pero me detuve frente a la ventanilla de su vehiculo para hacerle saber formalmente mi opinión sobre su persona, su formación, su familia y muy especialmente; sobre su santa madre.

Al dar la curva del colegio de San Antonio, punto que marcaba exactamente la mitad de la ruta, ya estaba medio cansado por el asunto del “asientito” y bastante rezagado respecto a mis amigos, de aquí en adelante solo me preocupe por no perder mas posiciones y recuperar las que buenamente se pudiera. Cuando faltaba poco para terminar la carrera me pareció ver una tricota amarilla conocida unos cien metros adelante, pero… no!, no podía ser, si yo lo deje atrás con problemas en la llanta y no me ha rebasado en ningún momento… apuré el paso, lo alcance y si, si era él!... pero como?... se habrá tele transportado?, los ovnis de chilca lo abdujeron y lo proyectaron mas cerca de la meta?, o simplemente... vestec..! corto camino el muy sinvergüenza!… jajajaja… se saltó toda la trepada de San Antonio y un tercio de circuito… bueno solo me quedo decirle… Ampay!, para luego apurar el paso y llegar primero que él a la meta…

Primera vez que compito y primera vez que cruzo una línea de meta… se siente bien! aunque se llegue al ultimo, o casi al ultimo (al momento de escribir estas líneas, aun no tengo información oficial sobre mi posición en la categoría).

Tras ingresar al parque cerrado, lo primero que hice fue buscar al grupo de amigos con los que siempre pedaleo y mientras aun había ciclistas rompiéndose el alma en las curvas de la ruta; nosotros nos rompíamos el ojo con las curvas de las anfitrionas y algunas no menos agraciadas ciclistas, a la vez que comentábamos la carrera. Gerson había hecho una muy buena carrera sin percances, Dubert también, Pietro pincho llanta y perdió muchas posiciones, Juan… Juan fue caso aparte; él que era la esperanza del grupo para alcanzar medalla, pues… después de ir peleando la punta por mas de media carrera, equivoco el camino y termino dándole dos vueltas al pueblo de San Antonio, para cuando retomo la ruta correcta y cruzo la meta, al único que le había ganado era a mi. Arturo, que si algo le falta no son cojones, y se había inscrito en “Elite”, también tuvo problemas de asiento, Menandro tuvo una caída, Pedrito también una caída, Jaime como tres pinchaduras y… siguen firmas!... Luego me entere que la mayoría de los conocidos tuvieron algún tipo de percance en la ruta y no muchos pudieron terminar la carrera, pero si el día y (a excepción de Juan) con una amplia sonrisa en el rostro.


Texto: © Carlos Garcia Granthon

sábado, 23 de enero de 2010

La Cueva Prometida


(La Molina – Manchay – Pachacamac – Cueva Prieta – Lurin – Villa – Surco – La Molina)
Enero 17 de 2010

- Oiga; esto es una lavandería, el taller de cerámica esta a la vuelta… o me va a decir que ese amasijo de plastilina pestilente es ropa?
- Pero señora si solo es un poquito de barro
- Un poquito de barro? aquí lavamos ropa, no hacemos excavaciones arqueológicas
- Pero es que es la lycra de …
- Lycra?… ahhhh, así que revolcándose en el fango con alguna chica no? la próxima vez mejor váyase a la playa; la arena se sacude fácil. Ah, y devuélvale la lycra a la chica, no sea fetichista!
- No! Ud. no entiende; es mi lycra de ciclismo y el fetichista del grupo es Dubert, pero… pero esa es otra historia, mejor déjeme que le cuente…

Era nuestro cuarto intento, o quinto?... ya perdí la cuenta, la cosa es que cada vez que hemos intentado ir a Cueva Prieta, algo sucede; el clima, los percances, los retrasos, y la salida finalmente termina trunca o con un vuelco total de destino.

Esta vez si teníamos que llegar; pero como de costumbre el clima se volvió en nuestra contra y una fuerte garúa nos acompañó, mojó y remojó, a todo lo largo de la pampa de Manchay. Para cuando llegamos a Pachacamac, Chipy, Gerson, Juan, y Yo, ya éramos toda una postal de naufragio rural. Allí en la plaza de armas de Pachacamac nos reunimos con la otra mitad del equipo; Dubert, Job, Carlos y Pedro, que habían venido con buen clima y mejor aspecto por la Panamerica Sur. Así fue como todos juntos, conduciendo nuestras dieciséis mugrosas ruedas, sobre no menos fangoso camino, llegamos a Pueblo Viejo a media mañana.

En plena trepada a la cumbre de Pucara, en el punto más empinado y resbaloso, cuando las inclemencias del clima y la inestabilidad del terreno, nos habían obligado a cambiar a la modalidad de empujatucleta.pe ; Juan, que ya había tardado en dar una de sus manifestaciones paranormales, entra en trance; con varios kilos de barro en las ruedas y remojado e hipotérmico hasta sus más profundos demonios internos; trepa, a velocidad de crucero, toda la empinada y jabonosa cuesta en un solo arranque de furia. Chipy lo intentó, Dubert lo intentó, Pedro también lo intentó… no lograron avanzar ni un metro.

Luego de coronar la cumbre vino la bajada hacia la otra quebrada, que no es menos empinada ni menos resbalosa; a medio descenso mi Score ya era; Curvas 03 / Caídas 01. Es curioso; caer sobre el blando y resbaloso fango resulta inocuo y hasta cierto punto divertido… será por eso que me caí dos veces?

Al discurrir por la quebrada de Pucara, Job, que no le ha venido haciendo mucho honor a la estoica reputación de su bíblico nombre, abandona el grupo y la empresa. Si bien el terreno a vencer es más plano aquí, las condiciones son peores; ya no llueve, pero un ato de ganado, que es parte del elenco estable de la quebrada, nos hace saber de su disgusto por el color rojo, especialmente el rojo encarnado y predominante de los Maillot del grupo Keniro; así mientras unas cuatro bien artilladas cabezas de ganado nos tienen arrinconados contra el cerro a todos, sin discriminar a rojos, verdes, azules, amarillos y naranjas; vemos atrincherados detrás de nuestro improvisado burladero, fabricado a base de cuadros de bicicleta, como la matriarca del grupo le presenta en campo abierto sus cuernos, reclamos, y grandes ubres a Gerson y sus rojos colores.

Salvado el impase y sin sangre en la arena, continuamos por lo que parecería ser un plano, amplio y fácil tramo de camino afirmado, en nuestra ruta hacia los orígenes de la quebrada Pucara, pero… diablos! Las ruedas se hunden hasta los radios y los pies hasta los tobillos en esta especie de mazamorra de agua estancada y fango arcilloso, encurtido en suave aliño de orina y estiércol de vaca, agregados al gusto. Son unos quinientos metros que nos vemos obligados a avanzar en olor a putrefacción, bajo un cielo gris que amenaza con lluvia inmisericorde y escoltados por una mega colonia de súper mosquitos antropófagos que, en temas de ferocidad, dejarían en ridículo a la más voraz de las pirañas amazónicas. Afortunadamente un consejo de Job, el único que alcanzó a dar antes de tirar la toalla, la bicicleta y el buen humor, empieza a rendir resultados; el frotarse el cuerpo con hojas frescas de tabaco silvestre ahuyenta a los mosquitos mejor que el cualquier repelente. La receta es digna de tomarse en cuenta, siempre y cuando a uno no les moleste terminar con la piel y la ropa teñida de un intenso verde clorofila.

Hay quien toma la alternativa de abandonar el camino e ir a campo traviesa, pero las crecidas y tupidas matas de tabaco silvestre hacen imposible distinguir el suelo por donde se rueda y ocultan las grandes piedras y pequeñas alimañas del lugar, también las menos peligrosas pero mas grandes plastas de vaca. Si Dante hubiera sido ciclista, aquí se hubiera inspirado para describir uno de sus infiernos. Finalmente alcanzamos la cabecera de la pampa de Pucara, una tranquera abandonada nos sirve de portal dimensional para limitar los terrenos agrícolas de la terra incógnita que estamos por empezar a explorar.

Ya sobre el mediodía y a poco de alcanzar nuestro objetivo, discurrimos por la serpenteante huella de una estrecha quebrada rocosa de negruscas paredes, que eventualmente es usada por andinistas para practicar escalada en roca. Lo curioso es que vamos en busca de “Cueva Prieta”, sin saber si es una cueva en realidad, unas ruinas, o sólo la curiosa toponimia de algún punto geográfico. Coincidiendo con la ubicación del mapa, dentro de un radio no mayor a trescientos metros; encontramos en el campo tres probables sitios que podrían llevar ese nombre:

1.- Una obscura cueva de regulares dimensiones en lo alto de un cerro, a unos ciento veinte metros por encima de nuestras cabezas, a la que Dubert y yo intentamos escalar, pero nos resultó imposible hacerlo con zapatillas ligeras sobre las filosas rocas, cubiertas de una especie de jugoso, extraño y resbaladizo moho con aspecto de uvas a medio pisar.

2.- Unas modestas ruinas unos trescientos metros más adelante, en el límite donde la quebrada se abre, y la magia del verdor y humedad desaparecen para dar paso a la árida realidad de la costa peruana.

3.- Una pequeña cavidad de negras paredes, en las proximidades a la primera gran cueva, pero a escasos metros del camino. Frente a la cual, y entre los matorrales, encontramos una gran cantidad de fuegos pirotécnicos quemados (?)

Antes de retornar optamos por ver que había detrás de la “Cortina Nº 3”, el ascenso resultó gracioso y entretenido, pero cuando pensábamos que el lugar estaba deshabitado, y en plena pose para las fotos… Zas! Un disparo directo de materia fecal viene desde el techo de la mini caverna, pasa rozando el casco y hombro de Gerson, y salpica la cámara de Juan; es una lechuza (Tyto Alba) que recurriendo a la única arma que tiene a mano (bueno, no precisamente nos disparó con la “mano”) nos hace saber que estamos molestando y no la dejamos dormir. En fin!, de mejores antros me han corrido.

La despedida queda a cargo de una familia de vizcachas que salió a darnos el adiós cuando abandonamos los límites de cueva prieta. Si bien aquí debería terminar la aventura, el retorno que se suponía reposado no lo fue tanto:

Buscando una ruta para salir a Lurín sin tener que retornar por Pueblo Viejo o pasar por la cantera de Cementos Lima, fuimos a dar precisamente allí, a la cantera de Cementos Lima, a la zona de voladuras, junto al letrero que dice… “Peligro Explosivos”… Las circulinas y los vehículos de seguridad no se hicieron esperar y rápidamente nos condujeron escoltados a los límites de la explotación minera. Hay que reconocer que a pesar de que éramos nosotros los que estábamos en falta, fueron muy amables en todo momento y nos indicaron como llegar a Lurín sin terminar saltando por los aires en pedazos. También nos dijeron que unas horas antes habían cogido a otro “pelotudo pedalero” que fue a dar a la misma zona de explosivos y que respondía al nombre de Job… Ups!

El almuerzo fue en Lurín; tamalitos de entrada y arroz con pollo, bien servidos y atendidos por una simpática chica a la que Dubert logró, después de casi una hora de esfuerzos, pegarle su sticker de “Ciclotrebud”.

Fue aquí cuando me dieron la mala noticia; nadie quería retornar a Lima por la ruta Pachacamac – Manchay, creo que se habían confabulado para que esta vez sea yo quien llegue a casa en último lugar… uhmmmm… regresar solo de noche por Manchay… uhmmm… creo que tendré que darme toooooooodo el vueltón por la Panamericana Sur, hasta La Molina… al menos me servirá de entrenamiento.

En este punto del relato, los monoplazas llevaban ya varias horas funcionando con lubricación forzada a base de arcilla mojada y estiércol de vaca… Ya no eran los mismos, aun así hicimos un último sprint, en eco de metálicos crujidos y quejidos, hasta el peaje de Villa, donde nos detuvimos para reagruparnos mientras mirábamos a la veintena de anfitrionas que repartían no se qué cosas a los automovilistas en las garitas de peaje.

- La salida salió interesante y económica - dijo Dubert
- Uhmm, más o menos – respondí – creo que si sumamos la lista de refacciones que van a necesitar las bicicletas; cadena, fundas, cables, tacos de freno, etc.….veamos, serían unos….
- Bueno
- añadió Gerson – pero habría que sacar costos unitarios de las refacciones y prorratearlas entre el numero total de rutas en las que han participado; eso sería como… unos…
- 1,000 Soles mínimo! - gritó Pedro, que seguía con la mirada perdida en las anfitrionas
- 1,000 Soles?, no Pedro estás mal, eso es mucho…
- Si, ya lo calculé bien, necesito mínimo 1,000 Soles entre cena, discoteca, regalito y “telo”, para salir con una chica como esa y tener alguna posibilidad de “coronar la cumbre”.
- Plop!

Nos fuimos despidiendo en cortas paradas a lo largo de la ruta, el penúltimo tramo, desde Benavides hasta la avenida La Molina, lo hice en compañía de Juan, a quien tuve que invitar una gaseosa en el grifo de la Universidad de Lima, para conjurar sus demonios y hacer que se detuviera un rato (a veces pedalea como si estuviese poseído)… llegué a casa con el caer de la noche.
Ver el video de la ruta AQUI

Texto y fotos: © Carlos García Granthon

lunes, 23 de noviembre de 2009

Las Lechuzas del Sol y la Luna

Noviembre 18 de 2009
(La Molina – Pachacamac – La Molina)

A poco de haber dirigido ruedas, en un tercer intento, para encontrar la esquiva Cueva Prieta; en plena ruta nos llamo la atención un letrero recién pintado del INC, que decía:


“ Zona Arqueológica, quebrada del Sol y la Luna”

... uhmmm, esto no lo había visto antes, y por que se llamara así?...



- Gerson; mira, allá arriba en el cerro; hay pinturas rupestres con un sol y una luna
- Mas parecen el Apra y el Fredemo
- En realidad parecen una luna y una estrella…
- Vamos a ver?
- Vamos! (ya ví que otra vez nos quedamos sin ir a “Descubrir” Cueva Prieta)

Bicicletas al piso y manos al cerro, en medio de las interesantes y caprichosas formaciones rocosas de la zona, trepamos hasta las pinturas rupestres que algún escatocefalo ya se preocupó en dañar con groseros grafitis de burdo contenido alienígena. (seguramente fue victima de alguna abducción y los marcianos le chuparon el cerebro)

Cuando ya nos disponíamos a retomar nuestra ruta original, suena el celular de Gerson; es Daniel, esta cerca, dice que lo esperemos para ir a Cueva Prieta… Ok, mientras llega, porque si esta cerca, no?, Gerson , solo para hacer tiempo, revienta su llanta posterior con una doble mordida contra el borde de una escalera de cemento.

Reparado el percance y vagando por el valle, mientras seguimos esperando a Daniel, observamos un sendero casi imperceptible que se interna en una quebrada… Parece interesante pero… cuando será el día que salga a pedalear y no termine trepando un cerro con la bicicleta al hombro!, en fin, mientras seguimos esperando a Daniel, que ha jurado sobre la Biblia que sí esta cerca, trepamos unos doscientos metros por la quebrada, Gerson se adelanta y… mira, una cueva!

Un calcinado cráneo canino nos da la bienvenida, metros mas allá, en la entrada de la cueva, una gran cantidad de regurgitaciones de lechuza (pequeños restos óseos de roedores) nos indican que la caverna esta habitada. Pero hay un problema; una gran roca obstruye el paso, solo hay dos maneras de ingresar (mientras esperamos a Daniel), escalándola o rampando por una estrecha rendija debajo de la mole. La foto adjunta grafica claramente cual fue nuestra elección. (Es aquí cuando inventamos la Cicloespeleologia).

Ya dentro, en la primera cámara, que es mas bien una mezanine, nos reciben una pareja de lechuzas de Campanario, Tyto Alba (“Tito” para los amigos). Y como se yo que son lechuzas y no búhos?; pues tuve que consultar con una ornitóloga (Gracias Marly!). y si son “de campanario” que hacen en una cueva?. No se, supongo que son discípulos de Diógenes o tal vez victimas de persecución política o xenofobia por parte de los gallinazos, que han invadido los pocos campanarios que quedan en Lima.

Extrañamente hallamos también un buen cabo de cuerda de alpinista, de varios metros, pendiendo del techo de la cueva, cuerda de buena manufactura, de esas que uno no dejaría abandonada por allí, pero que el moho que la cubre acredita una permanencia en el lugar equivalente a varias generaciones de lechuzas… será que no todos lo huesos que reposan en el lugar son de animales silvestres?

Hicimos algunas fotos, (mientras seguimos esperando a Daniel), nos despedimos de las lechuzas, murciélagos, vampiros, serpientes, arañas y cuanta alimaña nos contesto el saludo, a su manera, desde las obscuras profundidades de las entrañas de la montaña.

Haciendo un paréntesis en el relato (para dar tiempo a que se cumpla la profecía y llegue Daniel) notaran que no soy muy preciso en cuanto a la ubicación exacta de la cueva. Si, es intencional, hay que dejar en paz a las pobres lechuzas (Tyto Alba y señora), nosotros ya las molestamos bastante ese día, como para mandarles cuarenta curiosos a pedales la próxima semana.

Una breve sesión de DH de por medio y de nuevo en la carretera, es hora de… esperar a Daniel! Que se toma aun buenos minutos mas en aparecer…

- ya, vamos a cueva prieta?
- Daniel, ya es casi medio día, es muy tarde
- Pero es que tengo que hacer un trabajo sobre el potencial turístico…
- Vamos a Pachacamac, comemos algo y hablamos

Luego de algunas vueltas al pedal y otras al pollo a la brasa, evaluamos la situación; efectivamente es muy tarde para enrumbar a Cueva Prieta, estoy empezando a sospechar que si no la encontramos este año, va a terminar convertida en una leyenda urbana, algo así como el tesoro de Catalina Huanca. Bueno, pero Daniel tiene que hacer su trabajo sobre el potencial… uhmmm… se me ocurre algo:

- Vamos a buscar el Manantial de la Juventud!, esta cerca, conozco la ruta, aunque nunca he ido al manantial (se nota?) .
- Además –
añadió Gerson - le prestamos a Daniel las fotos de las pinturas rupestres, las lechuzas y listo; ya aprobó!

Tras explorar algunas rutas y transgredir un monasterio a fuerza de pedal, llegamos al cerro Pan de Azúcar. El paso al manantial cerrado a primera intención, pero abierto a segunda insistencia, nos franquea el camino a una ruta pedregosa que circundando el cerro nos lleva a los pies de “La Roca de los Enamorados”… si, otra vez a trepar el cerro con la bicicleta al hombro, creo voy a formar un nuevo grupo de ciclismo; “cargatucleta.com”

Un par de chicas estudiantes de turismo nos siguen en la trepada, Daniel se olvida de su trabajo y se ofrece de anfitrión, instructor de ciclismo, cicerone, guía de alta montaña, auxilio mecánico, narrador de cuentos y lo que se ofrezca, finalmente, y no sin mucho esfuerzo, consigue los nombres, teléfonos, email y hasta DNI de las chicas.

Con el manantial de la juventud todavía en la lista de pendientes; proseguimos pedaleando en modo anfibio, a contracorriente, entre cañaverales, por el cauce de un canal de regadío que si trae agua, agua supuestamente del manantial. Aquí es donde pinché un llanta y descubrí que no solo esta tenia hueco; también mi mochila lucia una perforación, una lo suficientemente grande para dejar escapar mi celular… mi celular! tamare!. Como ya dije y advertí por otros conductos; si alguien recibe alguna llamada de una lechuza a media noche… no se asusten, solo pregúntenle por favor si aun tengo saldo.

En cuanto a la fuente de la juventud, pues… si es que le renueva la vitalidad a alguien; será al los mosquitos que la habitan, de eso puedo dar fe.

Ya pasadas las 5:00 p.m. iniciamos el ascenso del serpentín de Cieneguilla; Gerson, en un acto de fría y calculada revancha por los pasados sucesos de Chosica, nos sorprende y lo trepa en 40 minutos sin poner pie en el suelo… a Daniel y a mi nos tomo un poquito mas de tiempo… solo un poquito mas….




Ver video de la jornada AQUI (Cortesia de keniro.com)






Texto y Fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes, 3 de noviembre de 2009

Balcones y Leyendas de Canchacalla

Noviembre 01 de 2009
(Lima – Chosica) – Bus a Canchacaya – (Canchacalla – Curimacas – Canchacalla – Chosica – Lima)



Criiiiick cracrunch, criiiiick cracrunch, criiiiick cracrunch, es el endemoniado, seco, e irritante ruidito, que cual grito de agonía de mil pericotes de opereta, emana de la cadena de transmisión de Gerson durante todo el trayecto hasta Chosica; adonde llegamos tarde y en desorden. Edgar con su MP3, enchufado a todo volumen en las orejas, se había seguido de largo en el grifo del Km 21 sin escucharnos ni percatarse de nosotros; Juan, que venia detrás, si nos oyó y se fue junto con Kamary en su persecución, mientras que Krilin rescataría a Gerson, rato después, en la entrada de El Bosque, donde yo lo deje abandonado, a el y a la escarapelante cadencia del chirrido de su cadena, para correr un escaso y agotador kilómetro, con mi “Bicicletanque” de doble suspensión, a ritmo de ruta detrás del Team San Juan. (Todo sea con tal de huir del infernal “Criiiiick cracrunch” ese).

Otra vez todos reunidos en el mercadillo del tradicional desayuno chosicano, con la cadena y el hambre reparados, buscamos transporte para ir a Matucana e iniciar la ruta de los tres quesos, o… seria la ruta de las tres quebradas? O… las tres rutas de la quebrada de los quesos?, en fin! Ya no tiene importancia… 1° de Noviembre, domingo, día de los muertos, fin de semana semi largo, después del día de la Canción Criolla, noche de Halloween… la carretera esta full!, no hay cupo en las combis ni buses, que lo ultimo que quieren es llevar 6 ciclistas, con bicicleta y demás parafernalia a cuestas.

Ya son mas de las 10:30 a.m. aun varados y solo hay una línea de Coasters que extrañamente no tiene mucho pasaje y esta dispuesta a llevarnos...

- a donde?...
- a Canchacalla..
- ah, y donde queda Canchacalla?...
- no se, pero que importa! si nos quieren llevar por S/. 5.00 con todo y bicicleta
- Vamos!

Canchacalla es un acogedor pueblito ubicado en la sierra limeña, pintoresco laberinto de callecitas y balcones, que esta situado mas allá de Cumbe y Lanca, sobre los 2,500 msnm en la quebrada con la que comparte el nombre y las leyendas que son más numerosas que sus habitantes, como verán mas adelante.

Exactamente sobre el medio día, y sobre el techo de la Coaster, nos encontramos en plena labor de desembarco de los monoplazas, mientras se hacen las averiguaciones de las rutas que ofrece el lugar.

Dos horas y veinte minutos, un puente, nueve curvas, un cerro, miles de vueltas al pedal, varios kilómetros después y 800 metros mas alto, a 3,300 msnm aprox. sobre las cumbres del Curimacas; aun no llegamos a las ruinas que, según las averiguaciones de nuestro servicio de inteligencia, estaban “aquicito nomás”, “ a una hora caminando” . así que cuando por fin alcanzamos al equipo de elite (todos los demás menos Gerson y yo) que nos había sacado una buena delantera en la trepada, decidimos que… ese corral con calaminas que esta ahí al frente; son las ruinas!, si, esas son las ruinas y no se diga mas!... esas tienen que ser y van a ser las ruinas! para que oficialmente conste en los registros que “si llegamos”, y por lo tanto podemos dar media vuelta antes que la negra nube que se esta formando sobre nuestras cabezas, nos utilice como conejillos de indias para el inicio de la temporada de lluvias. Luego, en casa, revisando los mapas y vistas de satélite descubrí que estábamos a escasos 100 metros de las verdaderas ruinas, detrás de una loma… que cosas, no?

Luego de filosofar un rato sobre si este tipo de trepadas “escupe-pulmón” dan realmente algún tipo de satisfacción personal o solo… cansancio!; volvemos a trepar sobre nuestras maquinas ciclomotoras. El descenso de vuelta al pueblo es rápido, intrincado y pleno de curvas y emociones. Cosa rara, pero como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, esta vez todos traemos rodilleras y coderas como parte de nuestro equipo… no, no fue ninguna premonición, es solo que ya no hay mas lugar para heridas en nuestros maltratados pellejos, completamente lotizados a base de cicatrices. Solo una pinchadura y uno que otro susto detienen brevemente la marcha; parados en una curva para reagruparnos, una muy amable paisana nos regala con algunas manzanas y otros no menos sabrosos relatos del lugar;

“…este es el cerro “Curimacas” (Qorimanka) que quiere decir “Olla de oro”, aquí en la cumbre por donde están las ruinas, hay una mina abandonada de los españoles, pero nadie puede ir allí porque los espíritus de los gentiles, que murieron trabajando en la mina, matan a los intrusos, por eso la compañía minera (El Farallón), que era propiedad de la Sra. Anita Fernandini, ha tenido que abrir un socavón por el otro lado del cerro para que la gente pueda ir a trabajar, pero ahora también esta abandonada.

Y esos dos cerros de allá; el Sicua y el Sayhua, son los Apus protectores del pueblo; cuando hay tormenta, de la cumbre salen los espíritus del “Toro Sicua” y el “Toro Sayhua” para enfrentarse en la naciente de la quebrada que separa ambas montañas y el ruido de los truenos que se escuchan, no es sino el estruendo de los golpes de sus cabezas que luchan en las alturas…”

En Canchacalla han calculado bien nuestro retorno, y nos esperan con una hospitalaria mesita en la calle principal, donde nos ofrecen un muy sabroso Arroz con pollo por S/. 4.00… rico, ciertamente muy rico!

Desde aquí hasta la carretera central el descenso es rápido por una empinada y sinuosa trocha, plena de curvas, contra curvas y encalaminado…el suelo esta seco y duro, hay poco agarre y mucho golpe; tanto así que a poco de haber comenzado el descenso perdí el efecto amortiguador de mi suspensión delantera,… si , los resortes de la horquilla pasaron a situación de retiro por invalidez permanente, diablos! Justo ahora… como golpea el camino!. Poco mas allá mi luz posterior salio volando y fue a dar bajo las ruedas de una camioneta, además mi suspensión trasera ha empezado a emitir un “Ñuuick ñack” preocupante.

Hubieron un par de caídas entre los integrantes del equipo, pero afortunadamente ninguna gota de sangre fue vertida, aunque al rodar ya por la carretera central; Krilin deja, como recuerdo y señalización de ruta, dos dientes de su catalina clavados en un pedrón, a la vera del camino, que no vio a tiempo y Kamary va pedaleando con el descarrilador doblado.

Breve parada en chosica para comer y beber algo ligero, mientras Juan y Edgar coquetean con la vendedora de Cachangas. Para terminar el relato solo añadiré que, ya de noche, en el último tramo hasta lima, a falta de luces, todas perdidas en acción de ruta; Krilin recorre la carretera con su celular encendido y sujeto al timón con cinta aislante.

Valió la pena la salida, tal vez la próxima vez… se podría extender con una trepadita de San Mateo de Otao a San Pedro de Casta.




Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles, 28 de octubre de 2009

Ticlio Avalanche 2009



Ticlio – Lima
Octubre 11 de 2009

No me gusta llevar la bicicleta en bus, no me gusta hacer descensos sin trepar previamente y tampoco me agrada pedalear, en solitario, a las 5:30 de la mañana por las calles de Yerbateros. En fin, en estas zonas y a estas horas; ciclista detenido es ciclista asaltado, así que a pensar menos y a pedalear más…

Reunidos ya todos y con las bicicletas correctamente estibadas en la bodega; estamos Krilín, Gerson, Juan, Jonathan y yo, también debidamente estibados en la parte frontal del bus–camión, que por S/.10.00 promete dejarnos en Ticlio antes del mediodía. Sí, ya sé que viajar en la parte frontal del bus es peligroso; mas, si es un bus-camión, y peor aún en el segundo piso (el segundo piso no tiene chofer!) pero… pero comparado con lo que vamos camino a cometer; un loco descenso de 132 Km. de largo, sobre dos delgadas ruedas, a más de 70 kph, por en medio del pesado tráfico carretero, un domingo por la tarde de feriado largo y con nada más que unas muy ceñidas y putonas lycras sobre el cuerpo por toda protección!, pues…

Por lo pronto vamos matando el tiempo en el terminal de Yerbateros, mientras se llena el transporte al muy peculiar estilo del chofer; que cada vez que ve asomarse por el terminal a un potencial cliente, arranca el bus, lo adelanta, y hace el ademán de estar partiendo, el incauto pasajero cree haber encontrado justo un ómnibus en el que no tendrá que esperar a que se llene para partir y sube apurado. Una vez capturado el viajero; se cierra la puerta detrás de él, el chofer retrocede la máquina y se estaciona nuevamente a la espera de su próxima víctima.

A pesar de las criollas estrategias del chofer, hay poco pasaje y no es sino hasta las 7:40 a.m. en que por fin nos ponemos en marcha rumbo a las cumbres andinas. Afortunadamente la tertulia es amena y el viaje se hace corto.

- Carlos, por qué el ómnibus no puede subir en cuarta o quinta?
- Pues.. es igual que la bicicleta Juan; sería como trepar un cerro con la catalina grande y el piñón chico; con esa relación se puede desarrollar velocidad pero falta troqué para vencer la cuesta, es el principio de la palanca, el par de fuerzas…
- No entiendo.
- Déjalo Carlos – interrumpió Gerson - que va a entender!, acuérdate que la semana pasada, este marciano trepó pedaleando un cerro casi vertical, en el valle de la muerte, como si nada; es un extraterrestre! Para él no existen las leyes de la física!

- Carlos, tendrás en tu casa alguna cadena vieja de bicicleta que me regales?
- Si Krilín, seguro que si tengo una… para qué la quieres?
- para hacerme un llavero
- buena idea!... uhmmm…ups!,creo que ya no tengo ninguna para regalarte

Las 11:30 a.m. y estamos en Ticlio, a 4,818 msnm, desembarcando los monoplazas y sudando como cerdos con nuestras tres capas de abrigo, bajo los quemantes rayos del sol que nos reciben en reemplazo de la muy anunciada nevada pronosticada para hoy en la página del no siempre acertado servicio meteorológico.

Es curioso, el año pasado en estas mismas fechas habían más de 50 ciclistas aquí esperando la largada para el “Ticlio Avalanche 2008”. Este año decidimos hacer el “Ticlio Avalanche 2009” algo más privado, sobre todo después de que la última vez, uno de los participantes, algo novato, se partió la pierna (y la madre) al cruzar una línea férrea cerca de Corcona, por lo que Gerson, que lo había invitado, tuvo un cargo de conciencia que le duró 6 meses (el mismo tiempo que le tomó a su amigo volver a caminar).

Algunas fotos de rigor, alguna conversación con una pareja de motociclistas que viene de Huancayo, mientras Jonathan se ve obligado a añadir aire a su llanta con un inflador de mano; pero a esta altitud todo esfuerzo físico, por muy pequeño que sea… duele!. Algunos desperfectos en los monoplazas propios del maltrato en el transporte y algo de merienda e hidratación previa, nos ponen en la línea de partida, sobre el techo del mundo andino, recién a las 12:40 p.m.

El descenso es rápido, a pesar del turbulento y fuerte viento en contra; Gerson y Jonathan piloteando sus “Recumbentes” cortan el viento con facilidad, por momentos llegamos a alcanzar los 70 kph, rodando otra vez por sobre el lomo de nuestra vieja amiga, esa negra serpiente de asfalto que es la carretera central y que nos deja recorrer sus curvas de cuando en vez con cierta audacia, pero sin olvidar que, como toda serpiente, es peligrosa y al menor descuido nuestro, la atrayente adrenalina que segrega y nos atrae, puede convertirse en veneno mortal.

Un par de buenos huecos que no vi han dejado el aro delantero de mi fiel rutera poco menos redondo que una estrella de David, antes de entrar siquiera a Casapalca, donde sus legendarios canes, esa jauría de asalto entregada a la ciclofagia como dieta dominguera, afortunadamente duerme a pierna suelta, y rabo caído, la digestión de las sobras de algún festín previo, propio del mes morado.

Ya casi no me detengo, no es que no quiera hacerlo, sino que cada vez que aplico los frenos sobre mi maltrecho aro delantero; la vibración es tan fuerte que afloja pastillas, timón y…muelas! No son la 1:30 p.m. aun y ya estoy a las puertas del túnel Cacray, a 5 Km. de San Mateo, esperando al resto para reagruparnos… 1:45… 2:00… 2:10… Tamare! Algo habrá pasado?...ah, ahí vienen!, una pinchadura complicada en la Reclineta de Jonathan, en las inmediaciones de Chicla, los retuvo, ya estamos fuera de hora; parece que la exploración de la ruta alterna para evadir el Cacray queda pendiente para otra oportunidad.

El almuerzo en San Mateo es … bueno, no estuvo mal; el pollo en la vereda sabía bien, la mugre en las manos (léase; cubiertos naturales) le dieron la sazón “rutera” que le faltaba y la vieja loca que, luego de espantar a pedradas a los perros que nos rodeaban, se llevó nuestros platos aún sin terminar, mientras se alejaba gritando; “Chooooooosica, Chosica, sale para Chosiiiiiica” le puso la nota anecdótica.

El resto del descenso lo hicimos algo más calmados y bromeando, yo intenté infructuosamente pilotear la “Reclineta” de Gerson; medio complicadito de manejar resultó el juguetito ese, algún día me voy a construir uno… Krilín, que si la dominó bien, disfrutaba de las ventajas de la aerodinámica y la comodidad de pedalear echado hasta que… una loca travestida, que salió de la nada sobre una moto rosada, lo filmaba, perseguía y coqueteaba, revoloteando motorizado a su alrededor, por más de un kilómetro a la altura de Santa Ana.

Chosica nos recibió temprano, pero no nos dejó ir, a punta de pinchaduras en las llantas, hasta ya casi caído el ocaso. Un espejo de combi roto por vengativa mano propia (me cerró feo el muy hijo de madre non santa) le pone un poco de velocidad extra al retorno, que culmina bien y sin novedad en olor a smog limeño sobre las 7:00 p.m.. Uhmm… no estuvo mal pero…creo que siempre hay algo más de emoción en la primera vez.

Ver videos del descenso aquí y aqui (cortesía de Keniro.com)





Texto y Fotos: ©Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes, 1 de septiembre de 2009

20 ruedas rumbo a Viso


Agosto 30 de 2009
(Lima - Chosica) + Bus + (San Mateo – San Miguel de Viso – Chosica – Lima)



Se supone que seria una salida suave de cicloturismo, como para relajarse, y solo con una pequeña dosis de exploración, pero como la mayoría de las rutas de “Ciclo ARTUrismo” (Las que propone Arturo) resulto… digamos… con sorpresas! Mejor les cuento:

Aunque no es de buena educación adelantarse al grupo, pero teniendo en cuenta lo pesado que se pone el trafico en Vitarte con la salida del sol (y la consecuente salida de las bestias al volante); previas coordinaciones por celular, avance solo, a fuerza de pedal, hasta el grifo San Ignacio (Km. 21.5 carretera central), para esperar al resto.

El primero en asomarse por el grifo es Arturo, poco rato después llegan Gerson, Krilin, Kamary, Jonathan y Daniel. Ya reunidos, y poco antes de las 8:00 a.m., vamos 14 ruedas girando con rumbo a Chosica; algunos se adelantan un poco para calentar piernas. Al arribar el resto, nos dimos con la sorpresa de que Kamary, al llegar a Chosica, apuñalò con la nariz la maletera de un auto, que frenó de improviso delante de el, y tendrá que pasarse la próxima hora con una bolsa de hielo sobre el rostro. Afortunadamente su monoplaza esta bien (eso es lo que cuenta para continuar) porque él, como buen ciclista, ya sabe que:


“Caerse esta permitido, pero levantarse es obligatorio”

Si, si, ya se… fácil es decirlo, y suena muy bonito sobre papel, pero cuando te sacas la m… y tienen que rearmarte el esqueleto a punta de clavos, yeso y bisturí… En fin!, mientras tomamos desayuno y hacemos los arreglos para nuestro transporte a San Mateo, se unen al grupo dos ciclistas más: Edgar y Juan, un par de buenos muchachos que conocimos en la ruta y con los que hacemos ya un total de 18 ruedas. Ya sentados en el bus, y con los monoplazas estibados en la parrilla, estamos listos a partir a San Mateo por S/. 6.00 c/u (incluida la bicicleta) cuando…
- alto! Yo también voy!

Ah, es Dubert que nos ha dado alcance; ahora hay 20 buenas ruedas con rumbo a San Miguel de Viso.

Con el sol cayendo ya perpendicularmente sobre los cascos, desembarcamos en San Mateo. Sin mucho preámbulo ya estamos nuevamente rodando sobre la carretera central. Vamos bajando rápido, zigzagueando entre los vehículos, cual metálicos peces que juguetean corriente abajo, en la negra superficie de este río de asfalto.

En pocos minutos hemos descendido hasta Tambo de Viso, cruzamos el puente y aquí comienza la exploración. Uhmmm… en las imágenes de satélite se veía más plano, duele la nuca de solo levantar la cabeza para mirar las cumbres que debemos alcanzar. Ni modo, a pedalear… a pedalear?, pero si aquí no se puede pedalear!.. no solo la pendiente de la trocha es bastante empinada, sino que la huella esta recubierta de fino pedregullo resbaloso, sazonado con huecos y piedra grande al gusto. Pasamos una parte del tiempo pedaleando sobre la bicicleta , otra parte al lado empujándola y otra parte debajo… no!, debajo no, felizmente nadie se cayo, pero es en estas circunstancias (y solo en estas) que me gustaría cambiar mi “Pesada” por un monoplaza de aluminio; no saben lo que fue, en esas circunstancias, llevar semejante mamut cuesta arriba!

Ver video de la trepada AQUI (cortesia de Keniro.com)

Pocos kilómetros mas, y muchos minutos después, llegamos escupiendo los pulmones (al menos yo si) a destino; San Miguel de Viso, pintoresco pueblito andino, escondido en una estrecha pero acogedora campiña sobre los 3000 msnm.









El pueblo, que no es tan pequeño, esta casi desierto, solo dos niños se acercan a mirarnos; dicen que nunca habían visto un ciclista (con casco, lycras y demás parafernalia) al menos, nunca aquí arriba. Uno de ellos se apresura en invitar a almorzar a Dubert, pero luego se percata que somos 10 y, a riesgo de tener que justificar en casa tremendo compromiso adquirido, muy disimuladamente… desaparece!.

Reagrupados en la plaza y reponiendo fuerzas, conversamos sobre lo aislado del lugar; en que tal vez seamos los primeros ciclistas en llegar, en la rara ausencia de población en las calles, en lo extraño que debemos parecerles, en….

- Arturo?, Hola!
- Profesor!

Increíble, pero tenia que suceder; Arturo se ha encontrado con un conocido… su profesor de trigonometría, y único poblador adulto que vimos transitar en las calles del pueblo durante nuestra estancia.

Hora de almorzar; pero donde?.. ups! no hay restaurante… pero hay una tienda; “El Lucerito”. Un niño nos avisa que nos demos prisa pues ya van a cerrar, pero… si ya estaba cerrada cuando llegamos! (hace un cuarto de hora.)... El dueño de la bodega nos atiende y en cuestión de minutos acabamos con su stock de galletas, atún y jugos; al parecer 10 forasteros hambrientos fuimos suficientes para crear un descalabro en la balanza comercial en un pueblo que normalmente no recibe visitas. Hay que reconocer que, por cada cosa que consumimos, nos cobraron los precios justos, sin recargo, y fuimos bien atendidos (Gracias!).

El como Arturo logro abrir su lata de atún, el perrito que le orino la bicicleta a Krilin, el destino de la bolsa de basura, la chica que desprecio a Kamary y otras anécdotas de sobremesa; son demasiado largas y merecerían crónica aparte. Así que solo mencionare que la foto de grupo en la puerta de la iglesia, se hizo con el peculiar angelito de la pileta mostrando su mejor cara.

Los relojes marcan las 3:00 p.m.; tenemos por delante aun una ruta a pedal que incluye 7 Km. de trocha y otros 83 de carretera para llegar a Lima… Hora de regresar!; pero… por la misma trocha por la que subimos?... No se quien fue el de la idea de tomar un atajo. No!, no me quejo, es solo que recuerdo la cara de todos cuando vimos el “atajo”; un single track que empezaba a la salida del pueblo, justo frente a una gruta, y que serpenteaba los acantilados con una pendiente poco amistosa… La verdad yo estuve a punto de “arrugar”, pero no quise ser el único ni el primero, y para cuando me entere que habían otros dos que no la harían, yo ya estaba enfilando ruedas por el precipicio.

Ocho de nosotros nos aventuramos por ese sendero; con el asiento abajo y… las bolas arriba! (en la garganta!). El descenso era tan complicado que nos tomo mas tiempo bajar a la carretera que subir al pueblo. En todo momento iba pensando en cual seria mi epitafio si me desbarrancaba… uhmm… tal vez:


“Aquí yacen los restos de Carlos García
quien quiso dar una curva que no existía”

Afortunadamente nadie se accidento, bueno; Jonathan obtuvo un simple rasguño en el codo y Arturo… Lo de Arturo es caso aparte; reagrupados en una curva y mientras conversábamos acerca de que este era el viaje de despedida de su bicicleta, pues una fractura en el cuadro la pasaba a retiro después de 10 años de servicios distinguidos. Él, sin darse cuenta, da un paso atrás, fuera del sendero, al vació, sus ojos y sus brazos se abren mientras vemos su cuerpo descender en vertical, como en cámara lenta, hacia el precipicio, parecía que se hundía en la nada frente a nosotros, y cuando ya tenia el borde del sendero casi a nivel de la cintura… regresó!... si regreso del mas allá, desafiando un par de leyes de la física, e impelido por un misterioso impulso de su único pie que mantenía contacto con el borde del abismo… la vio cerca, uff… todos la vimos cerca.

Ver video del descenso AQUI (cortesia de Keniro.com)

Habiéndonos ya despedido de San Miguel de Viso y sus exigentes caminos, vamos nuevamente pedaleando sobre la carretera central con rumbo a Lima; hicimos un alto en Matucana para tomar la variante de la antigua carretera que nos lleva a San Jerónimo de Surco, por la margen opuesta del río, solo para… para variar un poco la ruta.

A partir de Surco vamos nuevamente sobre buen asfalto carretero, ya es tarde y vamos corriendo contra la noche, tratando de llegar a tiempo para despedir a los últimos rayos de sol en Chosica. La velocidad es buena, y a pesar de andar con llantas de trocha, discurrimos con bastante agilidad por entre camiones y buses que vamos dejando atrás. Ya casi llegamos, estamos a las puertas de… Paf! Psssssssssssss… Tamare! mi llanta!... no, no es que me queje; solo dos pinchaduras en año y medio no es nada, pero porqué justo en la noche y en medio del trafico de Ricardo Palma.?

Una ultima parada en Chosica para comer unas “Cachangas” y a pedalear!... ahora si, directo hasta Lima. A Krilin y Daniel los recogen en Chaclacayo, el resto vamos pisando fuerte en medio de la noche, todo va bien hasta Vitarte pero… unos metros antes del desvío a Puruchuco; una chica parada en el borde de la berma, espera justo a que estemos cerca para bajar a la pista delante de nosotros.. Yo la esquive, Gerson también, pero Juan… Juan fallo por un poquito!... en resumen; solo un par de raspones y un buen susto.

Breves minutos después, y ya bastante pasadas las 8:00 p.m., nos despedimos todos… fue una buena ruta la de hoy!




Texto y fotos: © Carlos García Granthon
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