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lunes, 10 de diciembre de 2012

Camino al Cielo


Musa – Huaycan (por la quebrada de San Benito)
Diciembre 08, de 2012

 

Que mejor manera de volver al ciclismo, después de 3 meses de abstinencia de pedales y castidad de ruta  por fracturas y contusiones, que una ruta de exploración, corta pero con sabor a descubrimiento.

Partimos de Musa a  hora inusual, las 10:00 de la mañana, vamos los de siempre; Aldo Poma , Aarón Heredia y quien suscribe, que a falta de voluntarios y alternativas de compañía ya nos hemos resignado a la estoica tarea de soportarnos a nosotros mismos, nuestras idiosincrasias y caracteres, que muchas veces suelen ser mas escarpados que la propia ruta.

Un par de kilómetros por la carretera a Cieneguilla y tomamos el desvío al norte; por la quebrada de San Benito, tierra de invasiones, rellenos, canteras y chancherías clandestinas, donde el trafico citadino se remplaza por el no menos peligroso trafico de terrenos y sus batallas por la tierra. Letreros de propiedad privada, inscripciones en registros públicos y litigios, los unos crucificados sobre los otros, se alzan por doquier sobre disecos palos de eucalipto, como en un bosque de mondadientes gigantescos en los primeros kilómetros de recorrido por la reseca quebrada. Un viejo harapo sobre dos de ellos, a contraluz, semeja el perfil de una parca que guadaña en mano custodia los limites de las almas que reclama, donde termina lo habitado y comienza la aventura.

Mas allá, media quebrada, lejos de todo y cerca de nada, maquinaria pesada abre calles y demarca lotizaciones sobre las arenas de las mismas lomas que las fauces de otras maquinas, en simultaneo, mastican y engullen para sacarla de allí a lomo de camión y venderla en la urbe, para que luego alguien la traiga hasta aquí nuevamente, en el mismo camión, y construya un reseco castillo de arena a precio de oasis exclusivo. Cosa de locos….

Seguimos, siempre al nor-noroeste, hacia los orígenes de la quebrada, sobre las huellas de  maquinaria de constructores de torres, exploradores mineros y traficantes de terrenos que no dejan piedra si marcar. No hay perros que nos ladren, solo nos siguen unas grandes lagartijas, que poco acostumbradas a ver seres humanos, corretean a nuestro alrededor cual manada de velociraptors de maqueta. La ruta se hace silenciosa, agradable, gris y tranquila. Solo la arena y el pedregullo suelto en pendiente exigen, de cuando en cuando, más de la cuenta a las piernas y pedales.

Fin de las huellas de maquinaria y de la quebrada de san Benito; hay una bifurcación en medio de un mar de derrumbes y piedra fragmentada, Mi memoria de la fotografía de satélite dice que nuestro destino se escribe hacia la izquierda, sobre un sendero de animales que no esta donde debería estar. El GPS de Aarón indica lo mismo; hacia la izquierda, pero Aldo y su terquedad, que esta vez tiene un brazo muy largo y un oído muy corto, señalan de frente y arriba; hacia la cumbre de un cerro donde se ven unas pretéritas pisadas.

Aldo tomo su decisión, su camino y su problema y los carga todos en su mochila; se alejó trepando el cerro que teníamos al frente  hasta que lo perdimos de vista. Aarón y yo nos dedicamos a explorar, bicicleta al hombro y por entre el laberinto de piedras fracturadas,  la estrecha torrentera de la izquierda, hasta que 200 metros mas allá encontramos el sendero que buscábamos, que en sus primeros metros había sido tapado por un derrumbe.

El camino ascendía suavemente por la ladera de la montaña, cuando de pronto Aarón encontró en el suelo un fragmento de roca plana de no más de un centímetro de espesor pero trabajado en uno de sus bordes como si fuera un trozo de la hoja de una espada. Curiosamente no sonaba a piedra sino a temple de metal de la mejor de las campanas… pero era piedra!.. Sonaba igual que el cóndor de piedra campana, pero esa ya es otra historia. Con la anécdota en la bitácora (y la piedra en la mochila) continuamos unos metros mas y… al igual que en Chamallanca, encontramos otra casucha de tablas derrumbada por el tiempo y los elementos, conteniendo aun ollas, tapers, cubiertos, útiles de aseo, botellas para agua, una casaca en buen estado, una camisa y demás  bienes terrenales que debe poseer todo ermitaño que se respeta.   

Es aquí cuando en dos ocasiones consecutivas, en medio de la estrecha quebrada y de la mas absoluta de las soledades escuchamos un quejido, como el de un cachorrito que llama a su cuadrúpeda y dentada madre porque tiene hambre, pero por mas que afinamos el oído no pudimos detectar el lugar de origen de la llamada, a pesar que en la ladera opuesta de la quebrada se veían unos excavaciones pequeñas a manera de madrigueras. Eran unas seis o siete formando ordenadamente una V invertida, parecían nidos de … churruminos?

Unos cien metros mas y la espectacular vista de una hilera de impresionantes apachetas que apuntan al cielo, marcaban el abra que veníamos buscando, habíamos llegado a las alturas de Huaycan en el valle del rio Rímac, en realidad fue fácil, lo difícil era regresar a buscar al terco de Aldo y traerlo de las orejas,  pero … mientras observamos, al otro lado del abra, los barrios epigonales de Huaycan en las faldas del cerro, unos 300 metros por debajo de nosotros….

 

-          Hey!..Vengan, vengan acá!

-          La voz de Aldo?.. aquí?

 

Si, a unos 100 metros a nuestra derecha estaba Aldo, parado muy serio a media barranca

 

-          Que vengan les digo, vengan!

-          espérate y no jo… estamos viendo las apachetas

-          dejen las bicicletas y vengan!

-          No jodas!... ven tu!

-          Les digo que vengan, vengan y… ayúdenme!!!!

 

Ups!... nos acercamos y nos dimos cuenta que Aldo, su bicicleta, y su terquedad estaban parados en una pequeña saliente de pocos centímetros, a media barranca, a unos trescientos metros por sobre… nada! O mejor dicho a trescientos metros de, en caída libre, quedar como tortilla, a la huancaína, en el techo del tanque de agua de Huaycan. El muy terco, por no dar su brazo a torcer y regresar a buscar el camino correcto; se había atracado allí, apoyado solo con la punta de los pies,  sin posibilidad de avanzar ni retroceder.

 

-          Oe! Y si no llegábamos?... te quedabas ahí como fósil para siempre?

-          Ya deja de molestar y ayúdame!

-          Que te ayude Aarón, yo te estoy tomando fotos

-          Aarón Ayúdame!

-          Espérate que estoy filmando, esta no me la pierdo

-          Ya carajo!, dejen de payasear y ayúdenme a salir de aquí!

 
Bueno, si, finalmente Aarón se apiado de Aldo y lo rescato del acantilado en el abra de “Camino al cielo” si, así se llama ese sector de Huaycan.

El DH del abra hasta las calles de Huaycan promete, aunque yo me acobarde por la imposibilidad aun de usar plenamente la mano izquierda, y baje caminando.  Una gaseosa en la carretera central a la entrada de Huaycan y luego pedales y ruedas hasta la casa para cerrar el círculo. Habíamos unido, como jugando,  La Molina con la carretera central atravesando los cerros por la quebrada de San Benito.  

 

Texto y fotos: © Carlos García Granthon

martes, 3 de noviembre de 2009

Balcones y Leyendas de Canchacalla

Noviembre 01 de 2009
(Lima – Chosica) – Bus a Canchacaya – (Canchacalla – Curimacas – Canchacalla – Chosica – Lima)



Criiiiick cracrunch, criiiiick cracrunch, criiiiick cracrunch, es el endemoniado, seco, e irritante ruidito, que cual grito de agonía de mil pericotes de opereta, emana de la cadena de transmisión de Gerson durante todo el trayecto hasta Chosica; adonde llegamos tarde y en desorden. Edgar con su MP3, enchufado a todo volumen en las orejas, se había seguido de largo en el grifo del Km 21 sin escucharnos ni percatarse de nosotros; Juan, que venia detrás, si nos oyó y se fue junto con Kamary en su persecución, mientras que Krilin rescataría a Gerson, rato después, en la entrada de El Bosque, donde yo lo deje abandonado, a el y a la escarapelante cadencia del chirrido de su cadena, para correr un escaso y agotador kilómetro, con mi “Bicicletanque” de doble suspensión, a ritmo de ruta detrás del Team San Juan. (Todo sea con tal de huir del infernal “Criiiiick cracrunch” ese).

Otra vez todos reunidos en el mercadillo del tradicional desayuno chosicano, con la cadena y el hambre reparados, buscamos transporte para ir a Matucana e iniciar la ruta de los tres quesos, o… seria la ruta de las tres quebradas? O… las tres rutas de la quebrada de los quesos?, en fin! Ya no tiene importancia… 1° de Noviembre, domingo, día de los muertos, fin de semana semi largo, después del día de la Canción Criolla, noche de Halloween… la carretera esta full!, no hay cupo en las combis ni buses, que lo ultimo que quieren es llevar 6 ciclistas, con bicicleta y demás parafernalia a cuestas.

Ya son mas de las 10:30 a.m. aun varados y solo hay una línea de Coasters que extrañamente no tiene mucho pasaje y esta dispuesta a llevarnos...

- a donde?...
- a Canchacalla..
- ah, y donde queda Canchacalla?...
- no se, pero que importa! si nos quieren llevar por S/. 5.00 con todo y bicicleta
- Vamos!

Canchacalla es un acogedor pueblito ubicado en la sierra limeña, pintoresco laberinto de callecitas y balcones, que esta situado mas allá de Cumbe y Lanca, sobre los 2,500 msnm en la quebrada con la que comparte el nombre y las leyendas que son más numerosas que sus habitantes, como verán mas adelante.

Exactamente sobre el medio día, y sobre el techo de la Coaster, nos encontramos en plena labor de desembarco de los monoplazas, mientras se hacen las averiguaciones de las rutas que ofrece el lugar.

Dos horas y veinte minutos, un puente, nueve curvas, un cerro, miles de vueltas al pedal, varios kilómetros después y 800 metros mas alto, a 3,300 msnm aprox. sobre las cumbres del Curimacas; aun no llegamos a las ruinas que, según las averiguaciones de nuestro servicio de inteligencia, estaban “aquicito nomás”, “ a una hora caminando” . así que cuando por fin alcanzamos al equipo de elite (todos los demás menos Gerson y yo) que nos había sacado una buena delantera en la trepada, decidimos que… ese corral con calaminas que esta ahí al frente; son las ruinas!, si, esas son las ruinas y no se diga mas!... esas tienen que ser y van a ser las ruinas! para que oficialmente conste en los registros que “si llegamos”, y por lo tanto podemos dar media vuelta antes que la negra nube que se esta formando sobre nuestras cabezas, nos utilice como conejillos de indias para el inicio de la temporada de lluvias. Luego, en casa, revisando los mapas y vistas de satélite descubrí que estábamos a escasos 100 metros de las verdaderas ruinas, detrás de una loma… que cosas, no?

Luego de filosofar un rato sobre si este tipo de trepadas “escupe-pulmón” dan realmente algún tipo de satisfacción personal o solo… cansancio!; volvemos a trepar sobre nuestras maquinas ciclomotoras. El descenso de vuelta al pueblo es rápido, intrincado y pleno de curvas y emociones. Cosa rara, pero como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, esta vez todos traemos rodilleras y coderas como parte de nuestro equipo… no, no fue ninguna premonición, es solo que ya no hay mas lugar para heridas en nuestros maltratados pellejos, completamente lotizados a base de cicatrices. Solo una pinchadura y uno que otro susto detienen brevemente la marcha; parados en una curva para reagruparnos, una muy amable paisana nos regala con algunas manzanas y otros no menos sabrosos relatos del lugar;

“…este es el cerro “Curimacas” (Qorimanka) que quiere decir “Olla de oro”, aquí en la cumbre por donde están las ruinas, hay una mina abandonada de los españoles, pero nadie puede ir allí porque los espíritus de los gentiles, que murieron trabajando en la mina, matan a los intrusos, por eso la compañía minera (El Farallón), que era propiedad de la Sra. Anita Fernandini, ha tenido que abrir un socavón por el otro lado del cerro para que la gente pueda ir a trabajar, pero ahora también esta abandonada.

Y esos dos cerros de allá; el Sicua y el Sayhua, son los Apus protectores del pueblo; cuando hay tormenta, de la cumbre salen los espíritus del “Toro Sicua” y el “Toro Sayhua” para enfrentarse en la naciente de la quebrada que separa ambas montañas y el ruido de los truenos que se escuchan, no es sino el estruendo de los golpes de sus cabezas que luchan en las alturas…”

En Canchacalla han calculado bien nuestro retorno, y nos esperan con una hospitalaria mesita en la calle principal, donde nos ofrecen un muy sabroso Arroz con pollo por S/. 4.00… rico, ciertamente muy rico!

Desde aquí hasta la carretera central el descenso es rápido por una empinada y sinuosa trocha, plena de curvas, contra curvas y encalaminado…el suelo esta seco y duro, hay poco agarre y mucho golpe; tanto así que a poco de haber comenzado el descenso perdí el efecto amortiguador de mi suspensión delantera,… si , los resortes de la horquilla pasaron a situación de retiro por invalidez permanente, diablos! Justo ahora… como golpea el camino!. Poco mas allá mi luz posterior salio volando y fue a dar bajo las ruedas de una camioneta, además mi suspensión trasera ha empezado a emitir un “Ñuuick ñack” preocupante.

Hubieron un par de caídas entre los integrantes del equipo, pero afortunadamente ninguna gota de sangre fue vertida, aunque al rodar ya por la carretera central; Krilin deja, como recuerdo y señalización de ruta, dos dientes de su catalina clavados en un pedrón, a la vera del camino, que no vio a tiempo y Kamary va pedaleando con el descarrilador doblado.

Breve parada en chosica para comer y beber algo ligero, mientras Juan y Edgar coquetean con la vendedora de Cachangas. Para terminar el relato solo añadiré que, ya de noche, en el último tramo hasta lima, a falta de luces, todas perdidas en acción de ruta; Krilin recorre la carretera con su celular encendido y sujeto al timón con cinta aislante.

Valió la pena la salida, tal vez la próxima vez… se podría extender con una trepadita de San Mateo de Otao a San Pedro de Casta.




Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles, 28 de octubre de 2009

Ticlio Avalanche 2009



Ticlio – Lima
Octubre 11 de 2009

No me gusta llevar la bicicleta en bus, no me gusta hacer descensos sin trepar previamente y tampoco me agrada pedalear, en solitario, a las 5:30 de la mañana por las calles de Yerbateros. En fin, en estas zonas y a estas horas; ciclista detenido es ciclista asaltado, así que a pensar menos y a pedalear más…

Reunidos ya todos y con las bicicletas correctamente estibadas en la bodega; estamos Krilín, Gerson, Juan, Jonathan y yo, también debidamente estibados en la parte frontal del bus–camión, que por S/.10.00 promete dejarnos en Ticlio antes del mediodía. Sí, ya sé que viajar en la parte frontal del bus es peligroso; mas, si es un bus-camión, y peor aún en el segundo piso (el segundo piso no tiene chofer!) pero… pero comparado con lo que vamos camino a cometer; un loco descenso de 132 Km. de largo, sobre dos delgadas ruedas, a más de 70 kph, por en medio del pesado tráfico carretero, un domingo por la tarde de feriado largo y con nada más que unas muy ceñidas y putonas lycras sobre el cuerpo por toda protección!, pues…

Por lo pronto vamos matando el tiempo en el terminal de Yerbateros, mientras se llena el transporte al muy peculiar estilo del chofer; que cada vez que ve asomarse por el terminal a un potencial cliente, arranca el bus, lo adelanta, y hace el ademán de estar partiendo, el incauto pasajero cree haber encontrado justo un ómnibus en el que no tendrá que esperar a que se llene para partir y sube apurado. Una vez capturado el viajero; se cierra la puerta detrás de él, el chofer retrocede la máquina y se estaciona nuevamente a la espera de su próxima víctima.

A pesar de las criollas estrategias del chofer, hay poco pasaje y no es sino hasta las 7:40 a.m. en que por fin nos ponemos en marcha rumbo a las cumbres andinas. Afortunadamente la tertulia es amena y el viaje se hace corto.

- Carlos, por qué el ómnibus no puede subir en cuarta o quinta?
- Pues.. es igual que la bicicleta Juan; sería como trepar un cerro con la catalina grande y el piñón chico; con esa relación se puede desarrollar velocidad pero falta troqué para vencer la cuesta, es el principio de la palanca, el par de fuerzas…
- No entiendo.
- Déjalo Carlos – interrumpió Gerson - que va a entender!, acuérdate que la semana pasada, este marciano trepó pedaleando un cerro casi vertical, en el valle de la muerte, como si nada; es un extraterrestre! Para él no existen las leyes de la física!

- Carlos, tendrás en tu casa alguna cadena vieja de bicicleta que me regales?
- Si Krilín, seguro que si tengo una… para qué la quieres?
- para hacerme un llavero
- buena idea!... uhmmm…ups!,creo que ya no tengo ninguna para regalarte

Las 11:30 a.m. y estamos en Ticlio, a 4,818 msnm, desembarcando los monoplazas y sudando como cerdos con nuestras tres capas de abrigo, bajo los quemantes rayos del sol que nos reciben en reemplazo de la muy anunciada nevada pronosticada para hoy en la página del no siempre acertado servicio meteorológico.

Es curioso, el año pasado en estas mismas fechas habían más de 50 ciclistas aquí esperando la largada para el “Ticlio Avalanche 2008”. Este año decidimos hacer el “Ticlio Avalanche 2009” algo más privado, sobre todo después de que la última vez, uno de los participantes, algo novato, se partió la pierna (y la madre) al cruzar una línea férrea cerca de Corcona, por lo que Gerson, que lo había invitado, tuvo un cargo de conciencia que le duró 6 meses (el mismo tiempo que le tomó a su amigo volver a caminar).

Algunas fotos de rigor, alguna conversación con una pareja de motociclistas que viene de Huancayo, mientras Jonathan se ve obligado a añadir aire a su llanta con un inflador de mano; pero a esta altitud todo esfuerzo físico, por muy pequeño que sea… duele!. Algunos desperfectos en los monoplazas propios del maltrato en el transporte y algo de merienda e hidratación previa, nos ponen en la línea de partida, sobre el techo del mundo andino, recién a las 12:40 p.m.

El descenso es rápido, a pesar del turbulento y fuerte viento en contra; Gerson y Jonathan piloteando sus “Recumbentes” cortan el viento con facilidad, por momentos llegamos a alcanzar los 70 kph, rodando otra vez por sobre el lomo de nuestra vieja amiga, esa negra serpiente de asfalto que es la carretera central y que nos deja recorrer sus curvas de cuando en vez con cierta audacia, pero sin olvidar que, como toda serpiente, es peligrosa y al menor descuido nuestro, la atrayente adrenalina que segrega y nos atrae, puede convertirse en veneno mortal.

Un par de buenos huecos que no vi han dejado el aro delantero de mi fiel rutera poco menos redondo que una estrella de David, antes de entrar siquiera a Casapalca, donde sus legendarios canes, esa jauría de asalto entregada a la ciclofagia como dieta dominguera, afortunadamente duerme a pierna suelta, y rabo caído, la digestión de las sobras de algún festín previo, propio del mes morado.

Ya casi no me detengo, no es que no quiera hacerlo, sino que cada vez que aplico los frenos sobre mi maltrecho aro delantero; la vibración es tan fuerte que afloja pastillas, timón y…muelas! No son la 1:30 p.m. aun y ya estoy a las puertas del túnel Cacray, a 5 Km. de San Mateo, esperando al resto para reagruparnos… 1:45… 2:00… 2:10… Tamare! Algo habrá pasado?...ah, ahí vienen!, una pinchadura complicada en la Reclineta de Jonathan, en las inmediaciones de Chicla, los retuvo, ya estamos fuera de hora; parece que la exploración de la ruta alterna para evadir el Cacray queda pendiente para otra oportunidad.

El almuerzo en San Mateo es … bueno, no estuvo mal; el pollo en la vereda sabía bien, la mugre en las manos (léase; cubiertos naturales) le dieron la sazón “rutera” que le faltaba y la vieja loca que, luego de espantar a pedradas a los perros que nos rodeaban, se llevó nuestros platos aún sin terminar, mientras se alejaba gritando; “Chooooooosica, Chosica, sale para Chosiiiiiica” le puso la nota anecdótica.

El resto del descenso lo hicimos algo más calmados y bromeando, yo intenté infructuosamente pilotear la “Reclineta” de Gerson; medio complicadito de manejar resultó el juguetito ese, algún día me voy a construir uno… Krilín, que si la dominó bien, disfrutaba de las ventajas de la aerodinámica y la comodidad de pedalear echado hasta que… una loca travestida, que salió de la nada sobre una moto rosada, lo filmaba, perseguía y coqueteaba, revoloteando motorizado a su alrededor, por más de un kilómetro a la altura de Santa Ana.

Chosica nos recibió temprano, pero no nos dejó ir, a punta de pinchaduras en las llantas, hasta ya casi caído el ocaso. Un espejo de combi roto por vengativa mano propia (me cerró feo el muy hijo de madre non santa) le pone un poco de velocidad extra al retorno, que culmina bien y sin novedad en olor a smog limeño sobre las 7:00 p.m.. Uhmm… no estuvo mal pero…creo que siempre hay algo más de emoción en la primera vez.

Ver videos del descenso aquí y aqui (cortesía de Keniro.com)





Texto y Fotos: ©Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes, 1 de septiembre de 2009

20 ruedas rumbo a Viso


Agosto 30 de 2009
(Lima - Chosica) + Bus + (San Mateo – San Miguel de Viso – Chosica – Lima)



Se supone que seria una salida suave de cicloturismo, como para relajarse, y solo con una pequeña dosis de exploración, pero como la mayoría de las rutas de “Ciclo ARTUrismo” (Las que propone Arturo) resulto… digamos… con sorpresas! Mejor les cuento:

Aunque no es de buena educación adelantarse al grupo, pero teniendo en cuenta lo pesado que se pone el trafico en Vitarte con la salida del sol (y la consecuente salida de las bestias al volante); previas coordinaciones por celular, avance solo, a fuerza de pedal, hasta el grifo San Ignacio (Km. 21.5 carretera central), para esperar al resto.

El primero en asomarse por el grifo es Arturo, poco rato después llegan Gerson, Krilin, Kamary, Jonathan y Daniel. Ya reunidos, y poco antes de las 8:00 a.m., vamos 14 ruedas girando con rumbo a Chosica; algunos se adelantan un poco para calentar piernas. Al arribar el resto, nos dimos con la sorpresa de que Kamary, al llegar a Chosica, apuñalò con la nariz la maletera de un auto, que frenó de improviso delante de el, y tendrá que pasarse la próxima hora con una bolsa de hielo sobre el rostro. Afortunadamente su monoplaza esta bien (eso es lo que cuenta para continuar) porque él, como buen ciclista, ya sabe que:


“Caerse esta permitido, pero levantarse es obligatorio”

Si, si, ya se… fácil es decirlo, y suena muy bonito sobre papel, pero cuando te sacas la m… y tienen que rearmarte el esqueleto a punta de clavos, yeso y bisturí… En fin!, mientras tomamos desayuno y hacemos los arreglos para nuestro transporte a San Mateo, se unen al grupo dos ciclistas más: Edgar y Juan, un par de buenos muchachos que conocimos en la ruta y con los que hacemos ya un total de 18 ruedas. Ya sentados en el bus, y con los monoplazas estibados en la parrilla, estamos listos a partir a San Mateo por S/. 6.00 c/u (incluida la bicicleta) cuando…
- alto! Yo también voy!

Ah, es Dubert que nos ha dado alcance; ahora hay 20 buenas ruedas con rumbo a San Miguel de Viso.

Con el sol cayendo ya perpendicularmente sobre los cascos, desembarcamos en San Mateo. Sin mucho preámbulo ya estamos nuevamente rodando sobre la carretera central. Vamos bajando rápido, zigzagueando entre los vehículos, cual metálicos peces que juguetean corriente abajo, en la negra superficie de este río de asfalto.

En pocos minutos hemos descendido hasta Tambo de Viso, cruzamos el puente y aquí comienza la exploración. Uhmmm… en las imágenes de satélite se veía más plano, duele la nuca de solo levantar la cabeza para mirar las cumbres que debemos alcanzar. Ni modo, a pedalear… a pedalear?, pero si aquí no se puede pedalear!.. no solo la pendiente de la trocha es bastante empinada, sino que la huella esta recubierta de fino pedregullo resbaloso, sazonado con huecos y piedra grande al gusto. Pasamos una parte del tiempo pedaleando sobre la bicicleta , otra parte al lado empujándola y otra parte debajo… no!, debajo no, felizmente nadie se cayo, pero es en estas circunstancias (y solo en estas) que me gustaría cambiar mi “Pesada” por un monoplaza de aluminio; no saben lo que fue, en esas circunstancias, llevar semejante mamut cuesta arriba!

Ver video de la trepada AQUI (cortesia de Keniro.com)

Pocos kilómetros mas, y muchos minutos después, llegamos escupiendo los pulmones (al menos yo si) a destino; San Miguel de Viso, pintoresco pueblito andino, escondido en una estrecha pero acogedora campiña sobre los 3000 msnm.









El pueblo, que no es tan pequeño, esta casi desierto, solo dos niños se acercan a mirarnos; dicen que nunca habían visto un ciclista (con casco, lycras y demás parafernalia) al menos, nunca aquí arriba. Uno de ellos se apresura en invitar a almorzar a Dubert, pero luego se percata que somos 10 y, a riesgo de tener que justificar en casa tremendo compromiso adquirido, muy disimuladamente… desaparece!.

Reagrupados en la plaza y reponiendo fuerzas, conversamos sobre lo aislado del lugar; en que tal vez seamos los primeros ciclistas en llegar, en la rara ausencia de población en las calles, en lo extraño que debemos parecerles, en….

- Arturo?, Hola!
- Profesor!

Increíble, pero tenia que suceder; Arturo se ha encontrado con un conocido… su profesor de trigonometría, y único poblador adulto que vimos transitar en las calles del pueblo durante nuestra estancia.

Hora de almorzar; pero donde?.. ups! no hay restaurante… pero hay una tienda; “El Lucerito”. Un niño nos avisa que nos demos prisa pues ya van a cerrar, pero… si ya estaba cerrada cuando llegamos! (hace un cuarto de hora.)... El dueño de la bodega nos atiende y en cuestión de minutos acabamos con su stock de galletas, atún y jugos; al parecer 10 forasteros hambrientos fuimos suficientes para crear un descalabro en la balanza comercial en un pueblo que normalmente no recibe visitas. Hay que reconocer que, por cada cosa que consumimos, nos cobraron los precios justos, sin recargo, y fuimos bien atendidos (Gracias!).

El como Arturo logro abrir su lata de atún, el perrito que le orino la bicicleta a Krilin, el destino de la bolsa de basura, la chica que desprecio a Kamary y otras anécdotas de sobremesa; son demasiado largas y merecerían crónica aparte. Así que solo mencionare que la foto de grupo en la puerta de la iglesia, se hizo con el peculiar angelito de la pileta mostrando su mejor cara.

Los relojes marcan las 3:00 p.m.; tenemos por delante aun una ruta a pedal que incluye 7 Km. de trocha y otros 83 de carretera para llegar a Lima… Hora de regresar!; pero… por la misma trocha por la que subimos?... No se quien fue el de la idea de tomar un atajo. No!, no me quejo, es solo que recuerdo la cara de todos cuando vimos el “atajo”; un single track que empezaba a la salida del pueblo, justo frente a una gruta, y que serpenteaba los acantilados con una pendiente poco amistosa… La verdad yo estuve a punto de “arrugar”, pero no quise ser el único ni el primero, y para cuando me entere que habían otros dos que no la harían, yo ya estaba enfilando ruedas por el precipicio.

Ocho de nosotros nos aventuramos por ese sendero; con el asiento abajo y… las bolas arriba! (en la garganta!). El descenso era tan complicado que nos tomo mas tiempo bajar a la carretera que subir al pueblo. En todo momento iba pensando en cual seria mi epitafio si me desbarrancaba… uhmm… tal vez:


“Aquí yacen los restos de Carlos García
quien quiso dar una curva que no existía”

Afortunadamente nadie se accidento, bueno; Jonathan obtuvo un simple rasguño en el codo y Arturo… Lo de Arturo es caso aparte; reagrupados en una curva y mientras conversábamos acerca de que este era el viaje de despedida de su bicicleta, pues una fractura en el cuadro la pasaba a retiro después de 10 años de servicios distinguidos. Él, sin darse cuenta, da un paso atrás, fuera del sendero, al vació, sus ojos y sus brazos se abren mientras vemos su cuerpo descender en vertical, como en cámara lenta, hacia el precipicio, parecía que se hundía en la nada frente a nosotros, y cuando ya tenia el borde del sendero casi a nivel de la cintura… regresó!... si regreso del mas allá, desafiando un par de leyes de la física, e impelido por un misterioso impulso de su único pie que mantenía contacto con el borde del abismo… la vio cerca, uff… todos la vimos cerca.

Ver video del descenso AQUI (cortesia de Keniro.com)

Habiéndonos ya despedido de San Miguel de Viso y sus exigentes caminos, vamos nuevamente pedaleando sobre la carretera central con rumbo a Lima; hicimos un alto en Matucana para tomar la variante de la antigua carretera que nos lleva a San Jerónimo de Surco, por la margen opuesta del río, solo para… para variar un poco la ruta.

A partir de Surco vamos nuevamente sobre buen asfalto carretero, ya es tarde y vamos corriendo contra la noche, tratando de llegar a tiempo para despedir a los últimos rayos de sol en Chosica. La velocidad es buena, y a pesar de andar con llantas de trocha, discurrimos con bastante agilidad por entre camiones y buses que vamos dejando atrás. Ya casi llegamos, estamos a las puertas de… Paf! Psssssssssssss… Tamare! mi llanta!... no, no es que me queje; solo dos pinchaduras en año y medio no es nada, pero porqué justo en la noche y en medio del trafico de Ricardo Palma.?

Una ultima parada en Chosica para comer unas “Cachangas” y a pedalear!... ahora si, directo hasta Lima. A Krilin y Daniel los recogen en Chaclacayo, el resto vamos pisando fuerte en medio de la noche, todo va bien hasta Vitarte pero… unos metros antes del desvío a Puruchuco; una chica parada en el borde de la berma, espera justo a que estemos cerca para bajar a la pista delante de nosotros.. Yo la esquive, Gerson también, pero Juan… Juan fallo por un poquito!... en resumen; solo un par de raspones y un buen susto.

Breves minutos después, y ya bastante pasadas las 8:00 p.m., nos despedimos todos… fue una buena ruta la de hoy!




Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

sábado, 23 de agosto de 2008

Asi pasa cuando sucede

Lima – San Jerónimo de Surco - Lima
Agosto 17 de 2008

Intentar un ascenso a pedal hasta San Mateo, ida y vuelta desde Lima en un solo día, no sonaba muy fácil de hacer y yo tenia serias dudas sobre si podría lograrlo, pero… solo había una forma de averiguarlo!

Antes que aparezca el sol por el todavía obscuro horizonte, ya Armando y Aníbal habían aparecido por la no menos negra carretera central y yo, como siempre, los esperaba a la Altura de Puruchuco; medio mojado por la lluvia y medio dormido por la hora, me acople al grupo y los tres… como que tres?, y Octavio no venia también?... ah! se le bajo una llanta saliendo de su casa y nos dará el alcance en Chosica, vía colectivo para recuperar tiempo.

Pedalear con lluvia cuesta arriba, sobre barro y en medio del proverbial transito de Vitarte, no es muy fácil; la bicicleta se pone pesada, las piernas se esfuerzan y…Tamare! Se me bajo una llanta! Ni modo de parar aquí para parcharla, mejor sigo pedaleando hasta el grifo del Km. 21 para arreglarla, total no falta mucho. Ese fue un grave error; pedalear con una llanta baja, aunque la vaya inflando de rato en rato con el inflador de mano, puede resultar mas pesado que una conversación con mi concuñado, y lo único que conseguí fue retrasarme y agotar los músculos en poco tiempo.

Con mucha incomodidad por la lluvia, y poca destreza por dicha incomodidad; desmonte la llanta y cambie la cámara en el grifo, para inmediatamente volver a montar mi monoplaza pero sin tener tiempo para la rehidratación y el obligado breve descanso para la primera etapa de los casi 100 Km. que debería tener, solo en la ida, el ascenso programado. El panorama a futuro ya no pintaba tan bien; mas aun si para reponer el tiempo perdido por mi percance; Armando, a la cabeza del equipo expedicionario, decide saltarse al vuelo la segunda parada programada en chaclacayo (Grave error #2) donde usualmente reponemos algo de líquidos y potasio (léase; Jugo de naranja y plátano de la isla).

En Chosica nos encontramos con Octavio y Menandro que bastante frescos, pues habían llegado en colectivo, nos acompañaron con el brebaje ritual de maca con quinua, seguidos del infaltable pan con camote. En este punto casi doy media vuelta y me regreso pues si bien la ruta recién empezaba; por mi mal calculo ya había quemado piernas y difícilmente lograría terminarla, pero… total! Si no tengo nada mejor que hacer y esto no es una competencia; mejor los acompaño hasta donde me den las rodillas, disfruto el día y luego me regreso.

Salimos de Chosica medio repuestos y vamos a buen ritmo subiendo por la carretera; a la altura de Santa Ana, recordé que justo ahí, hace unas semanas, se le había pinchado la llanta a Aníbal, le iba a comentar eso a Octavio que venia detrás mío pero… y Octavio? Se ha quedado parado 100 metros atrás, que paso?...ah, otra pinchadura!, maldición! . bueno, tres pinchaduras en una mañana ya es algo por encima del promedio, es de suponer que ya no tengamos mas percances… o si?

Totalmente fuera de cronograma y recién por Cupiche; Armando va girando los pedales con las piernas y sacando cuentas con los dedos, para ver si por medio de algún artificio matemático aun tenemos probabilidades estadísticas de llegar a San Mateo y cuando por fin una remota posibilidad empieza a emerger en sus cálculos…

- Armando
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Los Flamantes grifos de esta parte del camino no tienen aire en las mangueras, aire que deberían por obligación proporcionar, según reglamento que parecería estar escrito en el aire que no tienen, más aun si estos grifos comparten el paisaje con un puesto policial y una garita de peaje. A punta de inflador llegamos a la plaza de Corcona, donde Armando pudo por fin cambiar cámara, después de pedalear varios kilómetros con la llanta baja (Grave error #3).

Tratando de recuperar tiempo nos saltamos las paradas de Carachacra, Cocachacra y San Bartolomé (Grave error #4), empiezo a creer firmemente, y mas allá de toda duda, que ya no llegamos hasta San Mateo.

Armando tira la toalla, la bicicleta y las esperanzas, cuando un fuerte calambre lo deja fuera de combate, justo en la puerta del archiconocido kiosco del Km. 61, donde por S/. 0.60 le proporcionan una bolsita con un huevo duro y dos papas sancochadas a cuanto ciclista pasa por ahí. El retorno se plantea sobre la mesa, pero tras la rehidratación y la breve merienda; retomamos la marcha. Al Parecer era solo cuestión de huevos (con papas) llegar al menos hasta San Jerónimo de Surco, para dar por culminado el ascenso con cierta dignidad.

En San Jerónimo, donde algunos llegamos arrastrando los pedales y otros los pies, nos encontramos con Arturo que bajaba en su monoplaza desde Ticlio, adonde había ido a aclimatarse un poco para una futura salida transandina. Me hubiese gustado llegar hasta Matucana; solo faltaban 8 Km., en fin! Otra vez será. Ahora en numero de seis nos sentamos a una mesa para el bien merecido almuerzo; Una sopa caliente y un plato de ají de gallina por S/. 4.00, seguidos de una amena tertulia que nos sirve de reposo, mientras nos visita Jorge y un amigo suyo que retornaban de hacer un Chosica – Matucana. Hora de retornar, pero…

- Octavio
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Mientras Octavio parcha su llanta y enllanta su parche, se me ocurre revisar las mías; tres espinas en la delantera que afortunadamente aun no tocan cámara y un corte de mas de 2 cms en la posterior, que cual boca abierta deja entrever una cuadriculada dentadura de lona.. Tamare!, Llanta nueva a la basura! Ojala no reviente y aguante los aproximadamente 75 Km. que hay desde aquí hasta la puerta de mi casa.

Con los monoplazas operativos nuevamente, vienen las fotos de rigor en la plaza principal y emprendemos el retorno ya bastante pasadas las 5:15 p.m. El descenso es a todo pedal, entre buses y camiones, serpentines y rectas. El sol cae en el horizonte mientras nosotros caemos en Chosica; Octavio y Menandro nos comunican un “Hasta aquí nomás” y buscan cuatro ruedas ajenas que transporten sus dos propias hasta Lima. Los cuatro restantes buscamos una picaronera para cerrar la tarde dándole cierto gusto al paladar, pero…

- Aníbal
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Si, se le pincho la llanta, esa misma llanta cuya cámara tiene un protector especial a prueba de pinchaduras y que ya por segunda vez deja serias dudas sobre su reputacion. Rato después, con las llantas infladas y el estomago también; volvemos a la obscuridad de la ruta carretera; Aníbal se queda en Chaclacayo a pasar la noche, y los tres últimos pedaleros; Armando, Arturo y yo proseguimos el retorno, total que mas nos podría pasar ya?...

Niebla! Blanca, espesa, cerrada y helada; desde Chaclacayo hasta Vitarte, las manos se entumecen, los pies se congelan, los ojos no sirven y las linternas no ayudan… esto es una maldición gitana!, en fin… así pasa cuando sucede.

Arribé a casa alas 9:30 p.m. ; más de quince horas después de haber salido con rumbo a donde no llegue.

Fin