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domingo, 24 de febrero de 2013

Recorriendo Tinajas; en dos ruedas y seis anecdotas


Febrero 23 de 2013

 

Poco más de las cuatro de la mañana del sábado, y curiosamente hay varias personas haciendo footing en las avenidas y parques de la ciudad, mientras que la subida del cerrito de Raúl Ferrero parece campo de batalla de los transformers; hay vidrios y autopartes regadas por toda la pista, uhmmm…creo que alguien va a necesitar auto nuevo (y abogado viejo). Las ruedas y pedales de la M7 me llevan a encontrarme con Aldo Poma antes de las 5:00 a.m. en Musa. Todo tranquilo hasta el serpentin de Cieneguilla, donde comienzan las anécdotas:

Cascos, guantes y lentes puestos, mochilas ajustadas y luces encendidas; nos sumergimos, cuesta abajo, en las negras entrañas del serpentín, el mismo serpentín que ya me ha mandado un par de veces a sacar ticket en la ventanilla del  hospital más próximo. En fin, volviendo al relato; fue al dar la segunda curva ciega hacia la derecha, bajando a mediana velocidad, en la obscuridad de esta especie de retorcido callejón, que me encontré de pronto con un bulto gris, difuso, antropomórfico, que se movía sobre el lado derecho de la pista, justo delante de mí. Estuve a centímetros de atropellarlo, sólo alcancé a gritarle: 

-          Ajo!, al menos ponte una luz en el cu… cuello!!! (dije “cuello”?)

No escuché respuesta, no escuché ni vi nada después del grito que le di. Según yo, era un tonto, con vocación para el suicidio en red vial, haciendo footing (si, en el  serpentín y de noche!), vestido sólo con un bóxer gris opaco y sin ningún elemento reflectante. Según Aldo, que venía rueda a rueda detrás mío, fue… fue un fantasma en calzoncillos!....uhmm, me pregunto si ese espíritu tendrá una hermana, menos etérea y más carnal, que salga de noche a correr en topless?

No bien acabamos de esquivar al fantasma de los calzoncillos cuando de pronto se hizo la lluvia, esa lluvia pesada de gota gorda que dura poco, moja mucho y jode más.  La lluvia terminó en el momento que pusimos ruedas y traseros en el óvalo de Cieneguilla.

Como para la bitácora de experiencias paranormales, un fantasma semidesnudo es poca cosa para una jornada. Añadiré que cuando estábamos en la vereda del óvalo, aún bajo el manto de la noche, sentados a las puertas de unos locales comerciales, para rehidratarnos y comer algo, escuchamos un extraño murmullo que se hacía más fuerte por ratos, era algo así como varias voces repitiendo los mismos sonidos guturales, pero en forma repetitiva, sin pausa ni entusiasmo, sonaba algo así: 

“bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra….”

Sí, era una especie de mantra, que repetían varias personas detrás de la cortina metálica de una de las tiendas, a obscuras, antes del amanecer… mantra de yoga?...  ceremonia religiosa  oriental?... rito pagano? … lo averiguaríamos al regreso....   

Con las primeras luces de la mañana, y después de llamar a Arturo “Monaguillo” Arana para que se apure, pues a pesar de haberse anotado en la aventura aún no daba muestras de ruedas ni vida. Dirigimos los monoplazas a la reseca Pampa y Quebrada de Tinajas, llevando la cuenta, señas y bitácora de los Kms recorridos a partir de el letrero que dice “Desvío a Santo Domingo de los Olleros” . Pocos minutos después se unió al grupo expedicionario; Fernando, quien nos dio alcance y compañía durante los primeros 9 Kms de la ruta, hasta que, para cumplir con una reunión de trabajo, dio media vuelta a la bicicleta, y varias a los pedales, en dirección inversa. 


Es a esta altura de la jornada que el sol empieza a calentar la quebrada y a quemar más de lo soportable. Seguimos avanzando sin mayor novedad hasta el Km 18 ¾ donde encontramos… qué??? …  si, es una… una… una Tabla de Surf!!!, vaya, no importa en qué olvidados parajes se interne uno, siempre habrá alguien más perdido. No, no encontramos ningún esqueleto con wetsuit en las inmediaciones. Fuera de bromas; la tabla parece marcar el inicio de un camino que se dirige a un abra que… que habría que explorar en próxima oportunidad! 

Un par de kilómetros más allá, cerca de las 10:00 a.m, con el primer serpentín de la quebrada, zetas, o zigzag, o como quieran llamarlo, a la vista; icé mi bandera blanca de rendición en el cactus más cercano, me di oficialmente por deshidratado y puse punto final a mi recorrido.  Aldo se dio el gusto de trepar las “zetas” y siguió un poco más, unos 6 ó 7 Kms adicionales en total… Volvió con una llave mixta de 15mm que encontró en alguna parte… hay rumores que la herramienta la sostenía una mano momificada que salía de la tierra en medio de unas huellas de camión.     

Al regreso, y como las experiencias inusuales no podían acabar aún, a la altura del Km 10 de la quebrada, en medio de la nada, pues ni sonido perceptible ni nada que estimule algún  otro sentido hay en estas tierras, ni otro que no sea el ardor del sol en esta calcinante desolación; nos topamos con  un triciclo motorizado con su carga y su conductor, de esos que compran chatarra,  dice que buscando a un amigo en el cauce del huaico, que se tenían que encontrar por aquí… Para mí que  andaba buscando donde enterrar o desenterrar algún objeto comprometedor… no fue en estas pampas, donde no hace mucho se encontró un pequeño arsenal de armas enterrado? 

El calor es infernal, hay evidencia de lluvias en la parte alta pero la resequedad es tal, que si uno dejara un clavo aquí, al día siguiente no estaría oxidado, estaría marchito!  

-          Pero y toda esa agua?
-          Cuál agua?
-          Toda esa que está allí abajo?, en el cauce del huaico
-          Diablos, pero que brutos!

Al parecer, una de las tantas urbanizadoras que han lotizado y vendido terrenos en medio del cauce del huaico en  Pampa Tinajas, no tuvo mejor idea que construir un acceso para maquinaria pesada, a manera de dique y atravesando el cauce del huayco, a la altura del Km 8 aprox. El agua de las lluvias de la parte alta del valle se ha represado allí, hay varios centenares de metros cubico de agua y lodo esperando “la gota que derrame el vaso”, si serán pelotudos!… y después salen con: “la furia de la naturaleza…” 

De vuelta en Cieneguilla y con tres litros de Kola Inglesa en la panza, sumados a los 2.5 litros de rehidratante de mi parte y otros 2 de no sé qué pócima de Aldo consumidos en la quebrada, volvimos a pasar por el lugar donde escuchamos los mantras en la madrugada; es una de las oficinas de venta de los terrenos de Pampa Tinajas… según Aldo; lo que escuchamos en la mañana era una especie de ritual pagano para evitar que baje el huayco antes que vendan todo los terrenos… tiene lógica!  

 

Texto y fotos: Carlos Garcia Granthon

martes, 12 de mayo de 2009

Siki Suchuy

Mayo 9, de 2009
La Molina - Pachacamac – Rio Seco – Tinajas – Cieneguilla – La Molina

Con un mes sin pedalear, y aun medio maltrecho, ya me empezaban a picar los pies por salir a recorrer alguna ruta; algo suave, tranquilo y cortito, como para retomar el ritmo. Busque en Internet las propuestas y convocatorias de varios grupos de ciclotransportados para este fin de semana; encontré una, publicada por Arturo, que se titulaba; “Valle de la muerte”… uhmm… no es precisamente lo que me recomendó el medico, pero… suena interesante!. Así que… coordinaciones de último minuto van, y repuestos para mi monoplaza vienen.

El sábado salí no muy temprano de la casa y dirigí ruedas a Pachacamac, vía Manchay, para encontrarme con Arturo, que venia por la ruta larga de la Panamericana Sur, en la esperanza de reclutar en el camino algún otro ciclista, con vocación de suicida o complejo de inmortalidad, para completar el equipo. (En rutas de exploración se necesitan tres; dos van para, en caso necesario, cargar apropiadamente el cadáver del tercero) La idea era recorrer, ascendiendo a fuerza de pedal, el llamado “Valle de la muerte”, al que yo en realidad le cambiaria el nombre por “Valle de la desolación”, desde Pachacamac, hasta sus orígenes en las alturas de los cerros, a la cabecera de Pampa Tinajas, pero… mejor lean el relato:



La línea naranja indica la totalidad de la ruta recorrida

Las 9:00 a.m. y ya estamos ambos (no hubieron mas voluntarios) en la plaza principal de Pachacamac, sin mas preámbulo tomamos la ruta hacia El Manzano, pasamos el portón de Cementos Lima y proseguimos hasta las oficinas del Santuario de Amancay; esta quebrada se llama oficialmente “Río Seco”, como muchas otras en la zona, pero los ciclistas la conocen por “Valle de la Muerte” debido a su aridez extrema en esta época del año. Un par de ciclistas en las inmediaciones haciendo alguna ruta corta, se pierden de vista en medio de la seca llanura, mientras nosotros nos apeamos para hacer uso (y abuso) del ultimo caño con agua que veríamos en las próximas 5 o 6 horas; si, ese que está en el lavadero de granito detrás de las oficinas del Santuario.

Desde los primeros kilómetros el pedregoso camino se hace pesado, y el sol traspasa los cascos hasta calcinar la razón. Ya a medio valle todo rastro humano ha desaparecido, no se ven mas huellas de bicicleta, ni sendero alguno y el silencio es absoluto, ni el viento se atreve a rozar las ardientes rocas y lo mas cercano a un ser viviente es el espectro de algún solitario y reseco cactus; si bien la quebrada tiene un fondo relativamente ancho y parejo, que discurre entre la mas completa gama de grises de los cerros que la flanquean; este fondo es una cama, mezcla de arena suelta y piedras cortantes, por entre las cuales asoman unos diminutos cactus que solo se atreven a exponer tímidamente sus puntiagudas espinas al sol. “Desolación”, si, así debería llamarse esta quebrada.

Con tres cuartos de valle recorrido, y tres cuartos de reserva de liquido consumido, vamos siguiendo, a vuelta de rueda y pedal, unas extrañas huellas de vaca, probablemente marcadas en el suelo cuando aun el arco iris era solo en blanco y negro. La verdad, no me imagino un arco iris a color en este valle… no, sería chocante!.

Una calcinada calavera vacuna, bajo el sol de medio día, pone fin a las huellas que veníamos siguiendo y marca el comienzo a nuestras preocupaciones… ya nos queda muy poco rehidratante y si bien el mapa nos ha ayudado muchísimo (hay varias quebradas que convergen aquí y es fácil extraviarse) ya no estoy muy seguro de cuanto falta para coronar la cumbre. Providencialmente unos metros mas adelante, junto a una gran muela petrificada que me traje como souvenir, aparecen varias huellas de cabra relativamente frescas (las excrecencias complementarias así lo denotan) y van con dirección a la cumbre… uhmm… a seguirlas!.

El ultimo kilómetro; un estrecho, zigzagueante y empinado callejón rocoso, lo hicimos empujando los monoplazas, pues no había forma de pedalear en ese terreno. Esta es una de las raras ocasiones en que preferiría tener una bicicleta de aluminio; pues yo tenía que cargar con mi “Pesada” (léase; corcel de hierro) y Arturo con su “Triste” (conocida así por la peculiar posición del timón). Ya sin líquido y sin piernas, teníamos la cumbre a tiro de piedra, pero no encontrábamos la salida, ni el famoso sendero que figuraba en el mapa, y que nos conduciría a Tinajas. Un estrecho pasaje sobre la izquierda, que bien podría parecer una “escalera de servicio” con pasos de arena fina y contrapasos de roca, tallada entre la granítica mole de dos cerros que forman un callejoncito de escaso metro y medio de ancho, parecía ser la salida, es mas; extrañamente había allí un viejo cartel que decía… ya no decía nada!, la inscripción se había quemado con el sol! Pero bien podría haber dicho; “propiedad privada” o “gracias por su visita” o… “peligro zona minada”… uhmm… seamos racionales, sigamos a… los irracionales! (las huellas de cabra iban en dirección opuesta al cartel).

Unos cien metros arriba y adelante, cuando mi reloj marcaba la 1:20 p.m., siempre sobre las huellas de cabra, Arturo trepó una cumbre de 30 metros, volteó y gritó: Tinajas!, Tinajas!. Sí era una esplendida vista de toda la Pampa de Tinajas a nuestros pies, pero… (siempre hay un maldito “pero”) no había forma de bajar! Un talud casi vertical de unos 250 metros de profundidad se interponía entre nosotros y la pampa. No puede ser! Tanto trepar para nada!, No!... un momento!.. y las cabras?; no hemos encontrado sus cadáveres ( podría tratarse de un caso de suicidio colectivo) y no creo que las haya secuestrado un ovni, así que… debe haber alguna salida!

Tras una segunda (y una tercera) revisión minuciosa, y casi desesperada, del talud, encontramos las huellas de las cabras que bajaban zigzagueantes por una cuesta casi vertical de arena y piedra suelta, hasta una trocha carrozable a un tercio de altura de la pampa… Fue así como descubrimos que, bloqueando los frenos de la bicicleta, ésta puede ser muy útil como bastón de trekking o piolet de alpinista. Estoy seguro que esa bajada aun no tiene nombre, por lo que me gustaría contribuir a la toponimia de la región, bautizándola como “Siki Suchuy” (las explicaciones sobran).

Ya en la pampa de Tinajas; deshidratados y chupando, como único consuelo, las tiras de pellejo que se desprendían de nuestros resecos labios, vamos rodando sobre la trocha, que en ese momento nos parecía una Autovan, enfilando ruedas hacia Cieneguilla. De pronto, Arturo se detiene en una casita rústica, en medio del arenal (y en medio de ninguna parte):

- Arturo, a dónde vas?
- A donde mi amiga, a pedirle agua
- También tienes una amiga aquí?

Si, increíblemente era la “Amiga de ruta N° 236” de Arturo; no creo que exista un solo kilómetro de camino en este país, donde Arturo no tenga una amiga!. Una muy oportuna y refrescante jarra de jugo de… manzana(?), cortesía de la providencial amiga, nos devuelve el ánimo y las energías suficientes para llegar hasta el minimarket de Cieneguilla, donde pasamos cerca de una hora rehidratándonos, conversando y descansando antes de emprender el tramo final de vuelta a casa, vía trepada por el serpentín de Cieneguilla, y en cuya cumbre rompí torpemente una botella de coca cola por querer destaparla apresuradamente. Me despedí de Arturo cerca de las 5:00 p.m.… fue una buena jornada!

Carlos García Granthon

N. del A.- Si en caso hubiera alguien lo suficientemente necio como para intentar esa misma ruta (se rumorea que hay varios) aquí van unos consejos útiles:

- Háganlo entre Julio y Septiembre, cuando la bruma de la estación refresca el cuerpo y el paisaje
- Tengan en cuenta que no importa cuanta agua lleven, nunca será suficiente.
- Lleven un mapa (y alguien que sepa interpretarlo).