lunes 23 de noviembre de 2009

Las Lechuzas del Sol y la Luna

Noviembre 18 de 2009
(La Molina – Pachacamac – La Molina)

A poco de haber dirigido ruedas, en un tercer intento, para encontrar la esquiva Cueva Prieta; en plena ruta nos llamo la atención un letrero recién pintado del INC, que decía:


“ Zona Arqueológica, quebrada del Sol y la Luna”

... uhmmm, esto no lo había visto antes, y por que se llamara así?...



- Gerson; mira, allá arriba en el cerro; hay pinturas rupestres con un sol y una luna
- Mas parecen el Apra y el Fredemo
- En realidad parecen una luna y una estrella…
- Vamos a ver?
- Vamos! (ya ví que otra vez nos quedamos sin ir a “Descubrir” Cueva Prieta)

Bicicletas al piso y manos al cerro, en medio de las interesantes y caprichosas formaciones rocosas de la zona, trepamos hasta las pinturas rupestres que algún escatocefalo ya se preocupó en dañar con groseros grafitis de burdo contenido alienígena. (seguramente fue victima de alguna abducción y los marcianos le chuparon el cerebro)

Cuando ya nos disponíamos a retomar nuestra ruta original, suena el celular de Gerson; es Daniel, esta cerca, dice que lo esperemos para ir a Cueva Prieta… Ok, mientras llega, porque si esta cerca, no?, Gerson , solo para hacer tiempo, revienta su llanta posterior con una doble mordida contra el borde de una escalera de cemento.

Reparado el percance y vagando por el valle, mientras seguimos esperando a Daniel, observamos un sendero casi imperceptible que se interna en una quebrada… Parece interesante pero… cuando será el día que salga a pedalear y no termine trepando un cerro con la bicicleta al hombro!, en fin, mientras seguimos esperando a Daniel, que ha jurado sobre la Biblia que sí esta cerca, trepamos unos doscientos metros por la quebrada, Gerson se adelanta y… mira, una cueva!

Un calcinado cráneo canino nos da la bienvenida, metros mas allá, en la entrada de la cueva, una gran cantidad de regurgitaciones de lechuza (pequeños restos óseos de roedores) nos indican que la caverna esta habitada. Pero hay un problema; una gran roca obstruye el paso, solo hay dos maneras de ingresar (mientras esperamos a Daniel), escalándola o rampando por una estrecha rendija debajo de la mole. La foto adjunta grafica claramente cual fue nuestra elección. (Es aquí cuando inventamos la Cicloespeleologia).

Ya dentro, en la primera cámara, que es mas bien una mezanine, nos reciben una pareja de lechuzas de Campanario, Tyto Alba (“Tito” para los amigos). Y como se yo que son lechuzas y no búhos?; pues tuve que consultar con una ornitóloga (Gracias Marly!). y si son “de campanario” que hacen en una cueva?. No se, supongo que son discípulos de Diógenes o tal vez victimas de persecución política o xenofobia por parte de los gallinazos, que han invadido los pocos campanarios que quedan en Lima.

Extrañamente hallamos también un buen cabo de cuerda de alpinista, de varios metros, pendiendo del techo de la cueva, cuerda de buena manufactura, de esas que uno no dejaría abandonada por allí, pero que el moho que la cubre acredita una permanencia en el lugar equivalente a varias generaciones de lechuzas… será que no todos lo huesos que reposan en el lugar son de animales silvestres?

Hicimos algunas fotos, (mientras seguimos esperando a Daniel), nos despedimos de las lechuzas, murciélagos, vampiros, serpientes, arañas y cuanta alimaña nos contesto el saludo, a su manera, desde las obscuras profundidades de las entrañas de la montaña.

Haciendo un paréntesis en el relato (para dar tiempo a que se cumpla la profecía y llegue Daniel) notaran que no soy muy preciso en cuanto a la ubicación exacta de la cueva. Si, es intencional, hay que dejar en paz a las pobres lechuzas (Tyto Alba y señora), nosotros ya las molestamos bastante ese día, como para mandarles cuarenta curiosos a pedales la próxima semana.

Una breve sesión de DH de por medio y de nuevo en la carretera, es hora de… esperar a Daniel! Que se toma aun buenos minutos mas en aparecer…

- ya, vamos a cueva prieta?
- Daniel, ya es casi medio día, es muy tarde
- Pero es que tengo que hacer un trabajo sobre el potencial turístico…
- Vamos a Pachacamac, comemos algo y hablamos

Luego de algunas vueltas al pedal y otras al pollo a la brasa, evaluamos la situación; efectivamente es muy tarde para enrumbar a Cueva Prieta, estoy empezando a sospechar que si no la encontramos este año, va a terminar convertida en una leyenda urbana, algo así como el tesoro de Catalina Huanca. Bueno, pero Daniel tiene que hacer su trabajo sobre el potencial… uhmmm… se me ocurre algo:

- Vamos a buscar el Manantial de la Juventud!, esta cerca, conozco la ruta, aunque nunca he ido al manantial (se nota?) .
- Además –
añadió Gerson - le prestamos a Daniel las fotos de las pinturas rupestres, las lechuzas y listo; ya aprobó!

Tras explorar algunas rutas y transgredir un monasterio a fuerza de pedal, llegamos al cerro Pan de Azúcar. El paso al manantial cerrado a primera intención, pero abierto a segunda insistencia, nos franquea el camino a una ruta pedregosa que circundando el cerro nos lleva a los pies de “La Roca de los Enamorados”… si, otra vez a trepar el cerro con la bicicleta al hombro, creo voy a formar un nuevo grupo de ciclismo; “cargatucleta.com”

Un par de chicas estudiantes de turismo nos siguen en la trepada, Daniel se olvida de su trabajo y se ofrece de anfitrión, instructor de ciclismo, cicerone, guía de alta montaña, auxilio mecánico, narrador de cuentos y lo que se ofrezca, finalmente, y no sin mucho esfuerzo, consigue los nombres, teléfonos, email y hasta DNI de las chicas.

Con el manantial de la juventud todavía en la lista de pendientes; proseguimos pedaleando en modo anfibio, a contracorriente, entre cañaverales, por el cauce de un canal de regadío que si trae agua, agua supuestamente del manantial. Aquí es donde pinché un llanta y descubrí que no solo esta tenia hueco; también mi mochila lucia una perforación, una lo suficientemente grande para dejar escapar mi celular… mi celular! tamare!. Como ya dije y advertí por otros conductos; si alguien recibe alguna llamada de una lechuza a media noche… no se asusten, solo pregúntenle por favor si aun tengo saldo.

En cuanto a la fuente de la juventud, pues… si es que le renueva la vitalidad a alguien; será al los mosquitos que la habitan, de eso puedo dar fe.

Ya pasadas las 5:00 p.m. iniciamos el ascenso del serpentín de Cieneguilla; Gerson, en un acto de fría y calculada revancha por los pasados sucesos de Chosica, nos sorprende y lo trepa en 40 minutos sin poner pie en el suelo… a Daniel y a mi nos tomo un poquito mas de tiempo… solo un poquito mas….




Ver video de la jornada AQUI (Cortesia de keniro.com)






Texto y Fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles 4 de noviembre de 2009

Tres rutas en una


Octubre 25 de 2009
(La Molina – Surco - San Juan de Miraflores - Villa Maria del Triumfo - Manchay – Cardal – El Prado - El Manzano – Pueblo Viejo - Pachacamac – Cieneguilla –La Molina)

Cuando recibí la invitación de Dubert (http://www.rodandoperu.com/), me di cuenta que, sin salir de Lima en realidad, la propuesta era una de esas rutas maratónicas en las que se encuentra de todo un poco y se deja un poco de todo en el camino… uhmmm… no, esta no me la pierdo!

Ese domingo salí de La Molina a las 6:00 a.m. y en cuestión de treinta minutos de pedaleo, vía Javier Prado y la Panamericana Sur, ya estaba en el puente Atocongo; puerta de entrada a San Juan de Miraflores y punto de encuentro para los conjurados. Poco a poco van llegando los convocados, primero Juan, depuse Dubert, Pedro, David que fungiría de guía, y otro par de buenos ciclistas mas con los que completamos el numero para la partida.

Las primeras vueltas de rueda las damos bastante cerca de las 8:00 a.m. y el primer tramo lo recorremos internándonos en San Juan de Miraflores, paralelos a la vía del inefable tren eléctrico, luego tomamos por “Pista Nueva” que de “nuevo” solo tiene… huecos, si nuevos huecos que se suman a los viejos huecos. Ya en Villa Maria del Triunfo empieza una moderada trepada hasta el mercado, cerca al cementerio, donde nos reaprovisionamos y preparamos para el primer ascenso del día.

Por un costado del cementerio y siguiendo las muy empinadas calles que nos llevan por la quebrada de Santa Maria, hasta las cumbres de los cerros, después de mucho pedaleo y sudor, coronamos el abra que comunica el cono sur de la ciudad con la pampa de Manchay en el este. Desde la cumbre, de frente y hacia abajo, se divisa a nuestros pies las no muy escasas manifestaciones epigonales del desorden urbano de Manchay que cada vez se adentra más en las quebradas adyacentes. También, y a nuestra izquierda y nivel, una trocha carrozable afirmada en plena construcción, a base de trabajo voluntario comunal, se va abriendo paso desde Villa Maria del Triunfo, por entre las cumbres, con rumbo a La Molina.

Retomando la aventura nos dirigimos hacia el sur, siguiendo los senderos de herradura en las cumbres de las lomas de Atocongo. Al comenzar el descenso por entre improvisadas chacras en medio de la vegetación silvestre; una señora, que opacaba en ladridos a sus tres perros, nos corta el paso y piedra en mano nos conmina a no pasar por “su propiedad”. (Es curiosa la ambigüedad con la que se maneja el vocablo “Propiedad privada” en las invasiones). Sin mayor animo de discutir, esquivar piedras o poner a prueba nuestros cascos; tomamos por saludable alternativa una trocha carrozable que nos lleva a las profundidades de las quebrada, en medio de un sinnúmero de grises pircas que cercan y dividen cada rincón de la vegetación de estas lomas en vías ya de marchitarse tanto por la estación como por la invasión

Un par de alocados y pronunciados descensos sobre piedra suelta y arena nos ponen a rodar sobre la Pampa de Manchay y su pista asfaltada, bajo el sol de medio día. Si en este punto yo hubiera tomado hacia el norte por la pampa, en breve hubiera llegado a mi casa y cerrado un circulo que unía los conos este y sur de lima circunpedaleando los cerros Colorado, Centinela, San Francisco, Mina, Arbolito, Retamal y Tres Cumbres pero…. Dubert quería conocer Pueblo Viejo y… aun es temprano!

Rodando al sur por el valle, cruzamos el río Lurin, y en un alarde poco sensato de buen estado físico, recorremos los tres circuitos de DH y XC. Primero el Cardal; luego el Prado, donde una nube de polvo que se alza algunos metros delante mío, marca el lugar donde Juan se da un buen porrazo, y deja algo de sangre, piel y fibra sobre el circuito. Al reagruparnos, dos de los ciclistas del grupo ponen un “hasta aquí nomás” y dan media vuelta. Finalmente vendría El Manzano que sin mayor percance nos pone a los 5 restantes a las puertas del Santuario del Amancay. Aquí viene el segundo ascenso; hasta pueblo viejo, en el que Pedro se rezaga y enrumba hacia Pachacamac para esperarnos allí.

Rato después y satisfecha a curiosidad de Dubert, en Pueblo Viejo, enrumbamos hacia Pachacamac, donde buscando a Pedro encontramos a… Miguel! Que había ido acompañando al grupo de MTB Riders, llevando algunos novatos en su primera salida y que precisamente estaban almorzando en la plaza, frente a donde nos esperaba… Pedro!, quien finalmente se regreso con el grupo de Miguel, vía la Panamericana Sur. Se entiende?, no?... bueno, el asunto es que quedamos solo 4 ciclistas del grupo inicial; David, Dubert, el magullado Juan y Yo.

Luego de un no muy recomendable lomo saltado, retomamos los pedales; el cansancio ya se va sintiendo y el ascenso por el valle, desde Pachacamac hasta Cieneguilla se hace un poco pesado; al ovalo de cieneguilla llegamos sobre las 5:30 p.m. Viene el tercer y ultimo ascenso; el serpentín de Cieneguilla. En estas circunstancias y después de 11 horas sobre mi monoplaza; me toma 50 minutos alcanzar la cumbre; al marciano de Juan le tomo solo 25, a pesar de estar medio magullado. Estoy empezando a sospechar que ese extraño brebaje que ingiere de vez en cuando (Leche con Coca Cola) tiene propiedades antigravitatorias.

Me despedí del grupo, al pasar por mi casa en La Molina, cerca de las 7:00 p.m. por fin había cerrado el círculo, aunque más que circulo parecía un ocho…

Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes 3 de noviembre de 2009

Balcones y Leyendas de Canchacalla

Noviembre 01 de 2009
(Lima – Chosica) – Bus a Canchacaya – (Canchacalla – Curimacas – Canchacalla – Chosica – Lima)



Criiiiick cracrunch, criiiiick cracrunch, criiiiick cracrunch, es el endemoniado, seco, e irritante ruidito, que cual grito de agonía de mil pericotes de opereta, emana de la cadena de transmisión de Gerson durante todo el trayecto hasta Chosica; adonde llegamos tarde y en desorden. Edgar con su MP3, enchufado a todo volumen en las orejas, se había seguido de largo en el grifo del Km 21 sin escucharnos ni percatarse de nosotros; Juan, que venia detrás, si nos oyó y se fue junto con Kamary en su persecución, mientras que Krilin rescataría a Gerson, rato después, en la entrada de El Bosque, donde yo lo deje abandonado, a el y a la escarapelante cadencia del chirrido de su cadena, para correr un escaso y agotador kilómetro, con mi “Bicicletanque” de doble suspensión, a ritmo de ruta detrás del Team San Juan. (Todo sea con tal de huir del infernal “Criiiiick cracrunch” ese).

Otra vez todos reunidos en el mercadillo del tradicional desayuno chosicano, con la cadena y el hambre reparados, buscamos transporte para ir a Matucana e iniciar la ruta de los tres quesos, o… seria la ruta de las tres quebradas? O… las tres rutas de la quebrada de los quesos?, en fin! Ya no tiene importancia… 1° de Noviembre, domingo, día de los muertos, fin de semana semi largo, después del día de la Canción Criolla, noche de Halloween… la carretera esta full!, no hay cupo en las combis ni buses, que lo ultimo que quieren es llevar 6 ciclistas, con bicicleta y demás parafernalia a cuestas.

Ya son mas de las 10:30 a.m. aun varados y solo hay una línea de Coasters que extrañamente no tiene mucho pasaje y esta dispuesta a llevarnos...

- a donde?...
- a Canchacalla..
- ah, y donde queda Canchacalla?...
- no se, pero que importa! si nos quieren llevar por S/. 5.00 con todo y bicicleta
- Vamos!

Canchacalla es un acogedor pueblito ubicado en la sierra limeña, pintoresco laberinto de callecitas y balcones, que esta situado mas allá de Cumbe y Lanca, sobre los 2,500 msnm en la quebrada con la que comparte el nombre y las leyendas que son más numerosas que sus habitantes, como verán mas adelante.

Exactamente sobre el medio día, y sobre el techo de la Coaster, nos encontramos en plena labor de desembarco de los monoplazas, mientras se hacen las averiguaciones de las rutas que ofrece el lugar.

Dos horas y veinte minutos, un puente, nueve curvas, un cerro, miles de vueltas al pedal, varios kilómetros después y 800 metros mas alto, a 3,300 msnm aprox. sobre las cumbres del Curimacas; aun no llegamos a las ruinas que, según las averiguaciones de nuestro servicio de inteligencia, estaban “aquicito nomás”, “ a una hora caminando” . así que cuando por fin alcanzamos al equipo de elite (todos los demás menos Gerson y yo) que nos había sacado una buena delantera en la trepada, decidimos que… ese corral con calaminas que esta ahí al frente; son las ruinas!, si, esas son las ruinas y no se diga mas!... esas tienen que ser y van a ser las ruinas! para que oficialmente conste en los registros que “si llegamos”, y por lo tanto podemos dar media vuelta antes que la negra nube que se esta formando sobre nuestras cabezas, nos utilice como conejillos de indias para el inicio de la temporada de lluvias. Luego, en casa, revisando los mapas y vistas de satélite descubrí que estábamos a escasos 100 metros de las verdaderas ruinas, detrás de una loma… que cosas, no?

Luego de filosofar un rato sobre si este tipo de trepadas “escupe-pulmón” dan realmente algún tipo de satisfacción personal o solo… cansancio!; volvemos a trepar sobre nuestras maquinas ciclomotoras. El descenso de vuelta al pueblo es rápido, intrincado y pleno de curvas y emociones. Cosa rara, pero como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, esta vez todos traemos rodilleras y coderas como parte de nuestro equipo… no, no fue ninguna premonición, es solo que ya no hay mas lugar para heridas en nuestros maltratados pellejos, completamente lotizados a base de cicatrices. Solo una pinchadura y uno que otro susto detienen brevemente la marcha; parados en una curva para reagruparnos, una muy amable paisana nos regala con algunas manzanas y otros no menos sabrosos relatos del lugar;

“…este es el cerro “Curimacas” (Qorimanka) que quiere decir “Olla de oro”, aquí en la cumbre por donde están las ruinas, hay una mina abandonada de los españoles, pero nadie puede ir allí porque los espíritus de los gentiles, que murieron trabajando en la mina, matan a los intrusos, por eso la compañía minera (El Farallón), que era propiedad de la Sra. Anita Fernandini, ha tenido que abrir un socavón por el otro lado del cerro para que la gente pueda ir a trabajar, pero ahora también esta abandonada.

Y esos dos cerros de allá; el Sicua y el Sayhua, son los Apus protectores del pueblo; cuando hay tormenta, de la cumbre salen los espíritus del “Toro Sicua” y el “Toro Sayhua” para enfrentarse en la naciente de la quebrada que separa ambas montañas y el ruido de los truenos que se escuchan, no es sino el estruendo de los golpes de sus cabezas que luchan en las alturas…”

En Canchacalla han calculado bien nuestro retorno, y nos esperan con una hospitalaria mesita en la calle principal, donde nos ofrecen un muy sabroso Arroz con pollo por S/. 4.00… rico, ciertamente muy rico!

Desde aquí hasta la carretera central el descenso es rápido por una empinada y sinuosa trocha, plena de curvas, contra curvas y encalaminado…el suelo esta seco y duro, hay poco agarre y mucho golpe; tanto así que a poco de haber comenzado el descenso perdí el efecto amortiguador de mi suspensión delantera,… si , los resortes de la horquilla pasaron a situación de retiro por invalidez permanente, diablos! Justo ahora… como golpea el camino!. Poco mas allá mi luz posterior salio volando y fue a dar bajo las ruedas de una camioneta, además mi suspensión trasera ha empezado a emitir un “Ñuuick ñack” preocupante.

Hubieron un par de caídas entre los integrantes del equipo, pero afortunadamente ninguna gota de sangre fue vertida, aunque al rodar ya por la carretera central; Krilin deja, como recuerdo y señalización de ruta, dos dientes de su catalina clavados en un pedrón, a la vera del camino, que no vio a tiempo y Kamary va pedaleando con el descarrilador doblado.

Breve parada en chosica para comer y beber algo ligero, mientras Juan y Edgar coquetean con la vendedora de Cachangas. Para terminar el relato solo añadiré que, ya de noche, en el último tramo hasta lima, a falta de luces, todas perdidas en acción de ruta; Krilin recorre la carretera con su celular encendido y sujeto al timón con cinta aislante.

Valió la pena la salida, tal vez la próxima vez… se podría extender con una trepadita de San Mateo de Otao a San Pedro de Casta.




Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles 28 de octubre de 2009

Ticlio Avalanche 2009



Ticlio – Lima
Octubre 11 de 2009

No me gusta llevar la bicicleta en bus, no me gusta hacer descensos sin trepar previamente y tampoco me agrada pedalear, en solitario, a las 5:30 de la mañana por las calles de Yerbateros. En fin, en estas zonas y a estas horas; ciclista detenido es ciclista asaltado, así que a pensar menos y a pedalear más…

Reunidos ya todos y con las bicicletas correctamente estibadas en la bodega; estamos Krilín, Gerson, Juan, Jonathan y yo, también debidamente estibados en la parte frontal del bus–camión, que por S/.10.00 promete dejarnos en Ticlio antes del mediodía. Sí, ya sé que viajar en la parte frontal del bus es peligroso; mas, si es un bus-camión, y peor aún en el segundo piso (el segundo piso no tiene chofer!) pero… pero comparado con lo que vamos camino a cometer; un loco descenso de 132 Km. de largo, sobre dos delgadas ruedas, a más de 70 kph, por en medio del pesado tráfico carretero, un domingo por la tarde de feriado largo y con nada más que unas muy ceñidas y putonas lycras sobre el cuerpo por toda protección!, pues…

Por lo pronto vamos matando el tiempo en el terminal de Yerbateros, mientras se llena el transporte al muy peculiar estilo del chofer; que cada vez que ve asomarse por el terminal a un potencial cliente, arranca el bus, lo adelanta, y hace el ademán de estar partiendo, el incauto pasajero cree haber encontrado justo un ómnibus en el que no tendrá que esperar a que se llene para partir y sube apurado. Una vez capturado el viajero; se cierra la puerta detrás de él, el chofer retrocede la máquina y se estaciona nuevamente a la espera de su próxima víctima.

A pesar de las criollas estrategias del chofer, hay poco pasaje y no es sino hasta las 7:40 a.m. en que por fin nos ponemos en marcha rumbo a las cumbres andinas. Afortunadamente la tertulia es amena y el viaje se hace corto.

- Carlos, por qué el ómnibus no puede subir en cuarta o quinta?
- Pues.. es igual que la bicicleta Juan; sería como trepar un cerro con la catalina grande y el piñón chico; con esa relación se puede desarrollar velocidad pero falta troqué para vencer la cuesta, es el principio de la palanca, el par de fuerzas…
- No entiendo.
- Déjalo Carlos – interrumpió Gerson - que va a entender!, acuérdate que la semana pasada, este marciano trepó pedaleando un cerro casi vertical, en el valle de la muerte, como si nada; es un extraterrestre! Para él no existen las leyes de la física!

- Carlos, tendrás en tu casa alguna cadena vieja de bicicleta que me regales?
- Si Krilín, seguro que si tengo una… para qué la quieres?
- para hacerme un llavero
- buena idea!... uhmmm…ups!,creo que ya no tengo ninguna para regalarte

Las 11:30 a.m. y estamos en Ticlio, a 4,818 msnm, desembarcando los monoplazas y sudando como cerdos con nuestras tres capas de abrigo, bajo los quemantes rayos del sol que nos reciben en reemplazo de la muy anunciada nevada pronosticada para hoy en la página del no siempre acertado servicio meteorológico.

Es curioso, el año pasado en estas mismas fechas habían más de 50 ciclistas aquí esperando la largada para el “Ticlio Avalanche 2008”. Este año decidimos hacer el “Ticlio Avalanche 2009” algo más privado, sobre todo después de que la última vez, uno de los participantes, algo novato, se partió la pierna (y la madre) al cruzar una línea férrea cerca de Corcona, por lo que Gerson, que lo había invitado, tuvo un cargo de conciencia que le duró 6 meses (el mismo tiempo que le tomó a su amigo volver a caminar).

Algunas fotos de rigor, alguna conversación con una pareja de motociclistas que viene de Huancayo, mientras Jonathan se ve obligado a añadir aire a su llanta con un inflador de mano; pero a esta altitud todo esfuerzo físico, por muy pequeño que sea… duele!. Algunos desperfectos en los monoplazas propios del maltrato en el transporte y algo de merienda e hidratación previa, nos ponen en la línea de partida, sobre el techo del mundo andino, recién a las 12:40 p.m.

El descenso es rápido, a pesar del turbulento y fuerte viento en contra; Gerson y Jonathan piloteando sus “Recumbentes” cortan el viento con facilidad, por momentos llegamos a alcanzar los 70 kph, rodando otra vez por sobre el lomo de nuestra vieja amiga, esa negra serpiente de asfalto que es la carretera central y que nos deja recorrer sus curvas de cuando en vez con cierta audacia, pero sin olvidar que, como toda serpiente, es peligrosa y al menor descuido nuestro, la atrayente adrenalina que segrega y nos atrae, puede convertirse en veneno mortal.

Un par de buenos huecos que no vi han dejado el aro delantero de mi fiel rutera poco menos redondo que una estrella de David, antes de entrar siquiera a Casapalca, donde sus legendarios canes, esa jauría de asalto entregada a la ciclofagia como dieta dominguera, afortunadamente duerme a pierna suelta, y rabo caído, la digestión de las sobras de algún festín previo, propio del mes morado.

Ya casi no me detengo, no es que no quiera hacerlo, sino que cada vez que aplico los frenos sobre mi maltrecho aro delantero; la vibración es tan fuerte que afloja pastillas, timón y…muelas! No son la 1:30 p.m. aun y ya estoy a las puertas del túnel Cacray, a 5 Km. de San Mateo, esperando al resto para reagruparnos… 1:45… 2:00… 2:10… Tamare! Algo habrá pasado?...ah, ahí vienen!, una pinchadura complicada en la Reclineta de Jonathan, en las inmediaciones de Chicla, los retuvo, ya estamos fuera de hora; parece que la exploración de la ruta alterna para evadir el Cacray queda pendiente para otra oportunidad.

El almuerzo en San Mateo es … bueno, no estuvo mal; el pollo en la vereda sabía bien, la mugre en las manos (léase; cubiertos naturales) le dieron la sazón “rutera” que le faltaba y la vieja loca que, luego de espantar a pedradas a los perros que nos rodeaban, se llevó nuestros platos aún sin terminar, mientras se alejaba gritando; “Chooooooosica, Chosica, sale para Chosiiiiiica” le puso la nota anecdótica.

El resto del descenso lo hicimos algo más calmados y bromeando, yo intenté infructuosamente pilotear la “Reclineta” de Gerson; medio complicadito de manejar resultó el juguetito ese, algún día me voy a construir uno… Krilín, que si la dominó bien, disfrutaba de las ventajas de la aerodinámica y la comodidad de pedalear echado hasta que… una loca travestida, que salió de la nada sobre una moto rosada, lo filmaba, perseguía y coqueteaba, revoloteando motorizado a su alrededor, por más de un kilómetro a la altura de Santa Ana.

Chosica nos recibió temprano, pero no nos dejó ir, a punta de pinchaduras en las llantas, hasta ya casi caído el ocaso. Un espejo de combi roto por vengativa mano propia (me cerró feo el muy hijo de madre non santa) le pone un poco de velocidad extra al retorno, que culmina bien y sin novedad en olor a smog limeño sobre las 7:00 p.m.. Uhmm… no estuvo mal pero…creo que siempre hay algo más de emoción en la primera vez.

Ver videos del descenso aquí y aqui (cortesía de Keniro.com)





Texto y Fotos: ©Carlos García Granthon
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Valle de la Muerte II





Octubre 04 de 2009
La Molina – Cieneguilla – Valle de la Muerte – Pachacamac – Cieneguilla - La Molina

Romper cadena al amanecer, trepando la cumbre de Cieneguilla, no es la mejor manera de comenzar el día, pero ya me estoy acostumbrando a pasarme toda la semana reparando el monoplaza para poder destruirlo en buena ley el domingo.

Afortunadamente salí más temprano y me sobra tiempo para las reparaciones al paso, en el óvalo de Cieneguilla, mientras espero al resto de convocados; Gerson arriba primero, Juan y Eduardo van descendiendo por el serpentín seguidos de Krilín que toca fondo y valle sin freno posterior.

Rato después vamos todos remontando la pampa de Tinajas a fuerza de pedal, hasta su origen en la convergencia de la quebrada de Bicho Prieto, ahora es sólo cuestión de encontrar el “cerrito” por el que hace seis meses descendimos Arturo y Yo cuando recorrimos el Valle de la Muerte en sentido inverso, ascendiendo de Pachacamac hacia Cieneguilla (Ver “Siki Suchuy” en este blog).

El paisaje ha cambiado un poco; no es tan fácil identificar la ruta, están lotizando, hay maquinaria… afortunadamente he traido un mapa para…

Carajo!, que bruto, me traje el mapa de Chosica!

Bueno, algunos calcinados huesos y calaveras (ninguna con casco) en la pampa, indican que vamos por buen camino, la pendiente se pone exigente y dejamos la trocha para seguir un sendero de cabras, bicicleta al hombro, por una pendiente rocosa e imposible de peda…

Oe! Juan, que no has escuchado?... dije: “Imposible de pedalear”, ya bájate de tu cleta y cárgala como todo ser humano normal.

Mientras el marciano de Juan nos humilla pedaleando una pendiente rocosa de más de 300 metros de desnivel y de 45° de elevación que yo a duras penas puedo trepar a cuatro manos, con mi “bicicletanque” al hombro, bajo el ardiente sol que nos calcina y nos advierte que estamos por ingresar al valle de la muerte; Krilín hunde su casco bajo el peso de su monoplaza que carga sobre la cabeza mientras maldice en extrañas lenguas al “iluminado” que escogió la ruta (Yo).

Eduardo, bueno… él es caso aparte, con la mirada y el pensamiento extraviados en el horizonte, allá a lo lejos, hacia donde bebimos por última vez una botella de líquido bajo la refrescante sombra de un árbol; sólo se sienta en una roca a medio cerro, se cuenta los dedos de las manos varias veces, habla solo, esquiva la mirada y cuando parece que ya nada peor puede pasarle… Paf! Psssssssssssss… su llanta posterior se revienta sin haber tocado suelo… uhmmm… seguramente se trata de alguna maldición gitana que lo persigue por alguna grave ofensa cometida…. Al final no le queda más remedio que terminar el ascenso llevando su bicicleta en “capítulos” hasta la cumbre... jejeje parecía todo un tortuninja con las ruedas a cuestas.

Son mas de la 1:00 p.m. ya alcanzamos la cumbre donde nace el “Valle de la Muerte”, faltan unos 15 Kilometros de pedregoso y no marcado descenso sobre ruedas, para reencontrarnos con la civilización.

El discurrir por el valle es… “entretenido”! Bueno, no se me ocurre otra palabra para definir un descenso ininterrumpido, por pronunciada pendiente de más de 10 km. de longitud, a buena velocidad, sobre lecho de afiladas rocas. En realidad tiene bastante potencial esta ruta, sólo falta que sea recorrida con más frecuencia para demarcarla bien … bueno, Krilín ya contribuyó bastante en ese sentido aquel día, dejando su celular (que perdió en algún lugar de la quebrada) como hito para señalar el camino a los que vendrán después.

Una imaginaria pero evidente línea de “llegada” trazada por gigantezca mano a través del valle y que marca una clara frontera entre el absoluto gris de la aridez y el húmedo verdor de las lomas; nos anuncia que hemos salido del “Valle de la Muerte” para ingresar en el “Santuario del Amancay”…

Poco rato después estamos en Pachacamac buscando almuerzo, para luego emprender retorno vía Cieneguilla y su serpentín… diablos!... no me gusta recurrir al transporte motorizado cuando salgo a pedalear, pero… ya es trade y no tengo luces, el tránsito está pesado en el serpentín, la deshidratación empieza a pasar factura, todos quieren subir en taxi… finalmente alquilamos una camioneta de “taxicarga” para que nos suba hasta la cumbre… si, subí en camioneta; confieso que he pecado!

Ver videos de la ruta aquí (cortesía de Keniro.com)




Texto y Fotos: ©Carlos García Granthon
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martes 1 de septiembre de 2009

20 ruedas rumbo a Viso


Agosto 30 de 2009
(Lima - Chosica) + Bus + (San Mateo – San Miguel de Viso – Chosica – Lima)



Se supone que seria una salida suave de cicloturismo, como para relajarse, y solo con una pequeña dosis de exploración, pero como la mayoría de las rutas de “Ciclo ARTUrismo” (Las que propone Arturo) resulto… digamos… con sorpresas! Mejor les cuento:

Aunque no es de buena educación adelantarse al grupo, pero teniendo en cuenta lo pesado que se pone el trafico en Vitarte con la salida del sol (y la consecuente salida de las bestias al volante); previas coordinaciones por celular, avance solo, a fuerza de pedal, hasta el grifo San Ignacio (Km. 21.5 carretera central), para esperar al resto.

El primero en asomarse por el grifo es Arturo, poco rato después llegan Gerson, Krilin, Kamary, Jonathan y Daniel. Ya reunidos, y poco antes de las 8:00 a.m., vamos 14 ruedas girando con rumbo a Chosica; algunos se adelantan un poco para calentar piernas. Al arribar el resto, nos dimos con la sorpresa de que Kamary, al llegar a Chosica, apuñalò con la nariz la maletera de un auto, que frenó de improviso delante de el, y tendrá que pasarse la próxima hora con una bolsa de hielo sobre el rostro. Afortunadamente su monoplaza esta bien (eso es lo que cuenta para continuar) porque él, como buen ciclista, ya sabe que:


“Caerse esta permitido, pero levantarse es obligatorio”

Si, si, ya se… fácil es decirlo, y suena muy bonito sobre papel, pero cuando te sacas la m… y tienen que rearmarte el esqueleto a punta de clavos, yeso y bisturí… En fin!, mientras tomamos desayuno y hacemos los arreglos para nuestro transporte a San Mateo, se unen al grupo dos ciclistas más: Edgar y Juan, un par de buenos muchachos que conocimos en la ruta y con los que hacemos ya un total de 18 ruedas. Ya sentados en el bus, y con los monoplazas estibados en la parrilla, estamos listos a partir a San Mateo por S/. 6.00 c/u (incluida la bicicleta) cuando…
- alto! Yo también voy!

Ah, es Dubert que nos ha dado alcance; ahora hay 20 buenas ruedas con rumbo a San Miguel de Viso.

Con el sol cayendo ya perpendicularmente sobre los cascos, desembarcamos en San Mateo. Sin mucho preámbulo ya estamos nuevamente rodando sobre la carretera central. Vamos bajando rápido, zigzagueando entre los vehículos, cual metálicos peces que juguetean corriente abajo, en la negra superficie de este río de asfalto.

En pocos minutos hemos descendido hasta Tambo de Viso, cruzamos el puente y aquí comienza la exploración. Uhmmm… en las imágenes de satélite se veía más plano, duele la nuca de solo levantar la cabeza para mirar las cumbres que debemos alcanzar. Ni modo, a pedalear… a pedalear?, pero si aquí no se puede pedalear!.. no solo la pendiente de la trocha es bastante empinada, sino que la huella esta recubierta de fino pedregullo resbaloso, sazonado con huecos y piedra grande al gusto. Pasamos una parte del tiempo pedaleando sobre la bicicleta , otra parte al lado empujándola y otra parte debajo… no!, debajo no, felizmente nadie se cayo, pero es en estas circunstancias (y solo en estas) que me gustaría cambiar mi “Pesada” por un monoplaza de aluminio; no saben lo que fue, en esas circunstancias, llevar semejante mamut cuesta arriba!

Ver video de la trepada AQUI (cortesia de Keniro.com)

Pocos kilómetros mas, y muchos minutos después, llegamos escupiendo los pulmones (al menos yo si) a destino; San Miguel de Viso, pintoresco pueblito andino, escondido en una estrecha pero acogedora campiña sobre los 3000 msnm.









El pueblo, que no es tan pequeño, esta casi desierto, solo dos niños se acercan a mirarnos; dicen que nunca habían visto un ciclista (con casco, lycras y demás parafernalia) al menos, nunca aquí arriba. Uno de ellos se apresura en invitar a almorzar a Dubert, pero luego se percata que somos 10 y, a riesgo de tener que justificar en casa tremendo compromiso adquirido, muy disimuladamente… desaparece!.

Reagrupados en la plaza y reponiendo fuerzas, conversamos sobre lo aislado del lugar; en que tal vez seamos los primeros ciclistas en llegar, en la rara ausencia de población en las calles, en lo extraño que debemos parecerles, en….

- Arturo?, Hola!
- Profesor!

Increíble, pero tenia que suceder; Arturo se ha encontrado con un conocido… su profesor de trigonometría, y único poblador adulto que vimos transitar en las calles del pueblo durante nuestra estancia.

Hora de almorzar; pero donde?.. ups! no hay restaurante… pero hay una tienda; “El Lucerito”. Un niño nos avisa que nos demos prisa pues ya van a cerrar, pero… si ya estaba cerrada cuando llegamos! (hace un cuarto de hora.)... El dueño de la bodega nos atiende y en cuestión de minutos acabamos con su stock de galletas, atún y jugos; al parecer 10 forasteros hambrientos fuimos suficientes para crear un descalabro en la balanza comercial en un pueblo que normalmente no recibe visitas. Hay que reconocer que, por cada cosa que consumimos, nos cobraron los precios justos, sin recargo, y fuimos bien atendidos (Gracias!).

El como Arturo logro abrir su lata de atún, el perrito que le orino la bicicleta a Krilin, el destino de la bolsa de basura, la chica que desprecio a Kamary y otras anécdotas de sobremesa; son demasiado largas y merecerían crónica aparte. Así que solo mencionare que la foto de grupo en la puerta de la iglesia, se hizo con el peculiar angelito de la pileta mostrando su mejor cara.

Los relojes marcan las 3:00 p.m.; tenemos por delante aun una ruta a pedal que incluye 7 Km. de trocha y otros 83 de carretera para llegar a Lima… Hora de regresar!; pero… por la misma trocha por la que subimos?... No se quien fue el de la idea de tomar un atajo. No!, no me quejo, es solo que recuerdo la cara de todos cuando vimos el “atajo”; un single track que empezaba a la salida del pueblo, justo frente a una gruta, y que serpenteaba los acantilados con una pendiente poco amistosa… La verdad yo estuve a punto de “arrugar”, pero no quise ser el único ni el primero, y para cuando me entere que habían otros dos que no la harían, yo ya estaba enfilando ruedas por el precipicio.

Ocho de nosotros nos aventuramos por ese sendero; con el asiento abajo y… las bolas arriba! (en la garganta!). El descenso era tan complicado que nos tomo mas tiempo bajar a la carretera que subir al pueblo. En todo momento iba pensando en cual seria mi epitafio si me desbarrancaba… uhmm… tal vez:


“Aquí yacen los restos de Carlos García
quien quiso dar una curva que no existía”

Afortunadamente nadie se accidento, bueno; Jonathan obtuvo un simple rasguño en el codo y Arturo… Lo de Arturo es caso aparte; reagrupados en una curva y mientras conversábamos acerca de que este era el viaje de despedida de su bicicleta, pues una fractura en el cuadro la pasaba a retiro después de 10 años de servicios distinguidos. Él, sin darse cuenta, da un paso atrás, fuera del sendero, al vació, sus ojos y sus brazos se abren mientras vemos su cuerpo descender en vertical, como en cámara lenta, hacia el precipicio, parecía que se hundía en la nada frente a nosotros, y cuando ya tenia el borde del sendero casi a nivel de la cintura… regresó!... si regreso del mas allá, desafiando un par de leyes de la física, e impelido por un misterioso impulso de su único pie que mantenía contacto con el borde del abismo… la vio cerca, uff… todos la vimos cerca.

Ver video del descenso AQUI (cortesia de Keniro.com)

Habiéndonos ya despedido de San Miguel de Viso y sus exigentes caminos, vamos nuevamente pedaleando sobre la carretera central con rumbo a Lima; hicimos un alto en Matucana para tomar la variante de la antigua carretera que nos lleva a San Jerónimo de Surco, por la margen opuesta del río, solo para… para variar un poco la ruta.

A partir de Surco vamos nuevamente sobre buen asfalto carretero, ya es tarde y vamos corriendo contra la noche, tratando de llegar a tiempo para despedir a los últimos rayos de sol en Chosica. La velocidad es buena, y a pesar de andar con llantas de trocha, discurrimos con bastante agilidad por entre camiones y buses que vamos dejando atrás. Ya casi llegamos, estamos a las puertas de… Paf! Psssssssssssss… Tamare! mi llanta!... no, no es que me queje; solo dos pinchaduras en año y medio no es nada, pero porqué justo en la noche y en medio del trafico de Ricardo Palma.?

Una ultima parada en Chosica para comer unas “Cachangas” y a pedalear!... ahora si, directo hasta Lima. A Krilin y Daniel los recogen en Chaclacayo, el resto vamos pisando fuerte en medio de la noche, todo va bien hasta Vitarte pero… unos metros antes del desvío a Puruchuco; una chica parada en el borde de la berma, espera justo a que estemos cerca para bajar a la pista delante de nosotros.. Yo la esquive, Gerson también, pero Juan… Juan fallo por un poquito!... en resumen; solo un par de raspones y un buen susto.

Breves minutos después, y ya bastante pasadas las 8:00 p.m., nos despedimos todos… fue una buena ruta la de hoy!




Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

lunes 17 de agosto de 2009

Pucará, otros destinos y mas allá

Agosto 16 de 2009
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Pucara – El manzano - El Prado - El Cardal – Manchay – La Molina)




Las 7:00 a.m. en Musa y no hay señales de Gerson, tampoco contesta su celular… uhmmm…15 minutos de tolerancia es mas que suficiente, además Menandro, que no va con nosotros pero que si llego puntual (se entiende?, no?), me acompaña muy gentilmente hasta la cumbre de Manchay (Gracias Menandro!); cumbre en donde él se despide y yo debía encontrarme con Rodrigo, que luego de otro cuarto de hora… tampoco llego!.

Con media hora de retrasos acumulados y a pesar de la persistente lluvia y su consecuente barro, apuro imprudentemente el paso por las pampas de Manchay para llegar, mojado y medio hipotérmico, pero puntual, a Pachacamac, donde había acordado encontrarme con el grupo de Inka Riders a las 8:15 en la plaza de armas…uhmm… las 8:20… 8:25… 8:30… y ni siquiera un mensajito en el celular por simple cortesía gremial, Tamare! Creo que la palabra “Puntualidad” deberia erradicarse de la lengua castellana, total; ya nadie recuerda su significado!

Otra vez solo sobre mi monoplaza, voy rodando por el Santuario del Amancay sin mayor novedad, tomo el desvío a Pueblo viejo y, ya a media cuesta, noto que la niebla esta muy cerrada, casi ni se ven las ruinas. Al llegar al abra de las lomas de Pucara, la niebla no permite ver nada y el descenso, hacia el otro lado, esta bastante resbaloso… ni modo, si ya llegue hasta aquí… a seguir!; enfilo ruedas y pedales sobre el jabonoso barro de la trocha cuesta abajo, y me adentro en ese limbo blanco de nieblas bajas, esperando que… que la niebla no tenga “pepa”!; y termine yo empotrado en alguna gran roca que no se ve..

He descendido unos 500 mts., y aun no distingo nada, pero escucho balidos y voces a mi alrededor; poco mas allá se despeja la visión, estoy por debajo del banco de niebla, y frente a mi hay unos pastores y una manada de cabritos, pastando en medio de las amplias praderas de la quebrada de Pucara. Un poco más alla encuentro el desvío a la izquierda, el que buscaba para ir a Cueva Prieta.

Con Cueva Prieta en mente, voy ascendiendo por esta quebrada con rumbo Este, el paisaje es agradable, pero, conforme asciendo, me voy sumergiendo nuevamente en la niebla y… no veo nada, diablos!; no encuentro la lomita detrás de la cual esta el sendero que supuestamente me conduce a la zona de acantilados… ni modo, a maldecir, a arrugar y a dar media vuelta (en ese estricto orden).

Deshaciendo todo lo andado, voy nuevamente entre la niebla; atrás quedaron las praderas y los cabritos.

Casi coronando el abra de las lomas, y a punto de retornar al Santuario, veo una sombra, que se me aproxima en sentido contrario y sobre un vehiculo de propulsión humana … será el ciclista fantasma de Manchay? Si, ese que sale de madrugada en pijama blanca a comprar el pan?... no, la silueta es conocida… ah, es Arturo!. El y Gerson han venido siguiendo mis rastros desde Musa (Lo que les valió un tamal gratis en Pachacamac, pero eso es otra historia) y ahora en medio de la niebla venían siguiendo mis huellas en el fango (afortunadamente no pasan muchos ciclistas por aquí) luego de haber dejado, atrás en pueblo viejo, al grupo de Inka Riders.

Con la ruta trunca y algo frustrados; vamos dejando el valle y sus encantos. Cierta congestión en el “transito” propiciada por un ato de vacas en la ruta, nos recuerda que pronto estaremos pedaleando nuevamente en trafico carretero, entre combis.

Al salir del Santuario, ya sobre el medio día, nos encontramos con el grupo de MTB Riders, que recién llegaba con rumbo a Pueblo Viejo y otros destinos.



Cabizbajos e insatisfechos, mientras íbamos pedaleando por el Manzano; Gerson tuvo la buena idea de ir a explorar un poquito por las lomas. Ese “poquito” se convirtió en una ruta no programada de más de tres horas por los circuitos de Dawn Hill, cumbres y senderos de la zona.

Luego de transgredir los limites de una competencia en El Prado, ser blanco potencial y/o accidental de algunos disparos de arma de fuego, compañía ocasional de una gran águila costeña, exploradores de acequia (desde dentro), bañistas involuntarios vespertinos en las heladas aguas del río, parchadores de llanta en las cumbres y otras anécdotas mas, que han quedado registradas en un video © Keniro.com (ver video aqui), y que seguramente pronto se publicara; nos despedimos hambrientos con la puesta del sol, bastante satisfechos de la jornada.

Definitivamente “Cueva Prieta” es un destino que sigue quedando en la lista de “Pendientes”. Demasiada niebla para encontrarla en invierno y demasiado calor para buscarla en verano.



Texto y Fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles 5 de agosto de 2009

Pueblo Viejo II



Agosto 02 de 2009
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Cieneguilla – La Molina)




Tenía que regresar; el lugar se merecía al menos un par de fotos mas (Para ver las fotos, haga click aquí), así que con Menandro y Fernando me puse a girar los pedales con rumbo, nuevamente, a Pueblo Viejo.

Sin tiempo para explicaciones sobre ángulo de la iluminación, rasante y texturas; apuré el paso para no desperdiciar la luz matutina; ya en el santuario, y mientras esperamos a Lucho; amigo y fotógrafo en vías de cicloconversión, nos pusimos a jugar con una serpiente que nos sale al paso, y cuyo mal genio sobrepasa en largo su pequeño tamaño; creo que es un diminuto Jergón de la Costa; si, es uno de esos ofidios venenosos el que Menandro persigue para fotografiar, mientras que el rastrero reptil me persigue a mi por haberlo ya fotografiado. Mejor no molesto mas al diminuto demonio, que me sigue señalando insistentemente con su viperina lengua; una cosa es que lo muerda a uno un perro de vez en cuando, pero… una serpiente!… no, eso ya es otro precio!... o será que solo quería clavarme sus colmillos para llenar el tanque?


Ahora si, los cuatro reunidos trepamos hasta las ruinas; a pesar de que es la segunda vez que vengo, me siguen pareciendo muy impresionantes, y si bien ya no hay tanta niebla hoy, el suelo esta muy resbaloso; dos caídas de mi parte así lo atestiguan. Tal vez debí encomendarme a… los ciclistas tendrán alguna santa patrona?... será Santa “Catalina”?

El sol ha salido y, muy cerca ya del cenit, sus casi verticales rayos no ayudan mucho para las fotos. Pero se hace lo que se puede, mientras recorremos con detenimiento todo el lugar, ante la vigilante y acusadora mirada de una ofuscada lechuza.
Terminada la sesión grafica, volvimos a Pachacamac para darle curso a un buen plato de pollo a la parrilla, y emprender el retorno vía Cieneguilla y consiguiente trepada del serpentín. Rato después y una vez coronada la cumbre, nos despedimos; yo con pocas fotos y muchos chirridos en mi monoplaza y Menandro con mas fotos y menos rayos en su bicicleta.

Creo que esta segunda y ultima excursión a Pueblo Viejo cierra esa ruta, al menos por esta temporada, aunque… faltaría visitar Cueva Prieta… uhmmm…

Texto y Fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

martes 21 de julio de 2009

Pueblo viejo, pijama nuevo

Julio 19 de 2009
(La Molina – Pachacamac – Pueblo Viejo – Cieneguilla – La Molina)




No se para que me levanto temprano, si la mayoría llega tarde, en fin!. Víctor si había llegado puntual (7:00 a.m.) al lugar de concentración en Musa, y mientras el tomaba desayuno y esperábamos al resto, se me ocurrió tomarme una gaseosa en una tienda.

Terminada la Coca Cola; ya me disponía a subirme a mi bicicleta nuevamente, cuando sin previo aviso (léase; sin ladrido de advertencia) un condenado perrito negro, casi tan negro como sus intensiones, me clavo los colmillos en la pantorrilla… tamare! Vaya manera de comenzar el día!... me imagino que el pobre can, cansado de corretear ciclistas sin haber logrado hincar diente en firme, y seguramente siendo por ello la burla de sus compañeros de genero, pensó que el hada madrina de los perros le había concedido su mas grande deseo; un ciclista detenido frente a sus fauces. No lo pensó dos veces y zas! Diente conmigo!… no es justo, por lo menos hubiera disparado al aire un ladrido previo de advertencia, siquiera por una mínima cortesía profesional.

Retomando el relato de ruta; con la llegada de Gerson y Kamary, de Keniro, empezamos el recorrido hacia Pachacamac, en busca de las ruinas de “Pueblo viejo”. En el camino, por las pampas de Manchay, nos dieron alcance Krilin y Jonathan.

Al llegar a Manchay Bajo, nos detuvimos los 7 para reagruparnos. Como que los 7?... si éramos solo 6, de donde salio el otro? y encima… en pijama! Si, en pijama estaba, y en pijama nos pregunto si podía acompañarnos. Según nos dijo; había salido un ratito para entrenar, antes de tomar desayuno, y solo se puso una casaca encima de su blanca y nueva pijama. Existen rumores de que en realidad lo habían mandado a comprar el pan del desayuno, y una vez sobre su bicicleta… se entusiasmo!. Por supuesto acogimos a “pijamita” en el grupo, y retomamos la marcha a buen ritmo para recuperar tiempo, pero… pero olvidamos decirle a “pijamita” hasta donde íbamos, recién se entero, demasiado tarde ya, cuando paramos en la plaza de armas de Pachacamac para abastecernos de liquido y merienda.

En este punto es donde empieza la verdadera ruta; nos dirigimos al Santuario del Amancay donde dos poco amistosos Rod Wilder nos dan la bienvenida en el portón (toda la jornada estuve sorteado con los perros) El vigilante nos dio pase libre, aunque quedo poco convencido de que “pijamita” fuera un ciclista de verdad; bueno, quien iba a tragarse el cuento de que alguien practica Dawn Hill en pijama. Advertidos todos por mi parte sobre no tocar la vegetación, ni molestar a la fauna del lugar, pues se trata de un “Santuario”; continuamos. Un kilómetro mas y un enorme perro gris, de ojos inyectados, con las fauces abiertas y mostrando sus enormes colmillos chorreantes de baba, (se le hacia agua la boca), nos ataca por el flanco izquierdo y… pero si es Grover!, Hola Grover!... me basto mencionar su nombre, seguido de un “quieto muchacho”, para conjurar la furia de esos 50 Kg. de canina bestia come ciclistas ( siempre es útil hacer amigos en la ruta, y mejor si tienen cuatro patas).

Dejamos atrás las oficinas del santuario, y otro kilómetro mas adelante, encontramos el desvío que buscábamos. Una tranquera y un letrero que reza: “PROHIBIDO EL PASE, PROPIEDAD PRIVADA, CEMENTOS LIMA” nos detiene brevemente; pero como yo no llevaba conmigo mis lentes de lectura … ignoramos el letrero y proseguimos por la que se supone (según mis indagaciones) la ruta que nos llevaría a “Pueblo viejo”.

La trocha se interna por entre las lomas que separan esta quebrada y la de Pucará, la pendiente se hace mas pesada y el sudor mas copioso a pesar del frió y la niebla. Tras una buena trepada y sobre un tímido muro de piedra, otro letrero que reza; NO SE DETENGA, nos anuncia que ya llegamos a “Pueblo viejo”, así que.. Nos detuvimos!.

Desde la trocha no se aprecian las ruinas, y la verdad que están tan bien conservadas y limpias, que lo envuelve a uno un sentimiento de culpa de solo pensar en poner un pie dentro de sus límites. Un poco mas arriba ( si, seguimos trepando) la vista es otra cosa; es como contemplar un “Mini Machupicchu”; realmente impresionante!. Otros pocos cientos de metros más, que muy difícilmente se pueden hacer a fuerza de pedal, y.. otras ruinas! Al parecer algo mas extensas y elaboradas, pero de difícil apreciación visual desde ese ángulo. Uhmmm… esto merece organizar otra expedición de profana… digo, de investigación! Pero esta vez solo con fines fotográficos.

Mientras seguimos subiendo (que tercos, no?) la niebla se cierra, y para cuando por fin coronamos la cumbre ya no se ve más allá de la rueda delantera. Lastima, podríamos haber descendido hacia Pucará y quien sabe, tal vez, tentar llegar a Cueva Prieta. Pero descender con cero de visibilidad por terreno desconocido es.. Suicidio! (un poquito de prudencia de vez en cuando, solo de vez en cuando, no viene mal)

Los seis conjurados mas “Pijamita” y su ya no tan blanca pijama, descendimos a ritmo de Dawn Hill todo lo trepado, la fuerte pendiente, la velocidad vertiginosa, y las cerradas curvas, en resbaladizo barro arcilloso la hacen, como diría Barth Simpson, “De Pelos!” . Afortunadamente no hubo sangre en la arena, o mejor dicho; en las piedras. Al salir del Santuario los “amigos” de Grover, que según Krilin es un “perro dientes de sable”, se la pusieron difícil a Kamary y Jonathan, pero todo no paso de un simple susto.

Casi democráticamente optamos por retornar vía la trocha que va a Cieneguilla, y a un cansado Pijamita no le quedo mas opción que seguirnos, pues no conocía el camino de retorno a su casa. Pero eso si, muy precavido el, como en el cuento Hansel y Gretel; iba dejando por el camino, para no perderse, un rastro de billas del eje central de su Monark, que con cada vuelta de pedal había pasado de un agudo chirrido a un ronco bramido.

Poco mas adelante, entre El Mejicano y El Cardal, nos cruzamos con un grupo de ciclotransportados en sentido contrario; la séptima y octava rueda llevaban sobre el sillín unas femeninas lycras de muy buen “venir” y mucho mejor “ir” que atrajeron mas de una mirada, en especial la de Kamary , cuyo cuello giro 360 grados para captar toda la panorámica sin percatarse que el siguiente ciclista, y aparente padre de aquellas curvas, le devolvía el guante con una mirada en tono de sentencia mortal; todo esto antes los atónitos ojos de Gerson, que aferrado a los bati – manubrios de su monoplaza reconoció en la faz de la criminal mirada, a un amigo suyo.

El resto de la ruta; bastante tranquila, salvo por el congestionamiento de una procesión ovina. En cieneguilla solo nos detuvimos el tiempo justo para reponer líquidos.

Hora de decisiones; algunos optaron por un prudente mototaxi, mientras que Víctor, Kamary , yo y un exhausto, acalambrado y maltrecho Pijamita, nos dispusimos a trepar el serpentín a fuerza de pedal. Hay que reconocerlo; a pijamita le podrían falta muchas cosas, pero cojones… No!.

Luego de un par de kilómetros de trepada, cuando Kamary, y su buen estado físico, nos había sacado ya una buena delantera, me rebaso un Taxi del que alcance a escuchar solo un “fuerza Carlos!”; era Pijamita que abandono la trepada por K.O. técnico. Retornaba a su casa, 6 horas después de que lo mandaran a comprar pan, con el cuerpo, la bicicleta y el pijama deshechos. No lo volvimos a ver.

Nos reagrupamos en la cumbre, alguien me pregunto por mi herida en la pierna, creo que fue Krilin:

- Carlos como va tu mordida
- bien, ni siquiera me molesta
- pobre perro, a esta hora ya debe estar convulsionando


Fue una buena aventura!

Texto y Fotos: © Carlos García Granthon

N. de R.- Si alguien conoce, o sabe como ubicar, a “Pijamita” (alias Eduardo) por favor díganle que es bien recibido en cualquier futura salida ciclística

jueves 28 de mayo de 2009

Epitafio para un ciclista


Mayo 26 de 2009

No conocí a Luís Enrique, probablemente pocos de los que estuvimos presentes en la intervención urbana, que llevo a cabo Cicloaxion, lo conocían. Solo se que era un ciclista, un anónimo ciclotransportado que murió bajo las ruedas de un camión municipal que no contaba con SOAT, ni siquiera con placas de rodaje y cuyo chofer tampoco habría contado con la licencia para conducir ese tipo de vehiculo, pero que sin embargo… transitaba!. Transitaba por sobre la letra muerta de las leyes y reglamentos que generalmente solo son de obligatoriedad para el ciudadano común, mas no para la mano que los emite.

Se hizo la convocatoria, se congregaron los ciclistas en el lugar del accidente, se escribió su nombre en tiza sobre la calzada, se encendieron velas y las luces de los monoplazas, se guardo un minuto de silencio; silencio que no se oyó en medio del infernal bullicio del trafico Limeño, que jamás se detiene por un ciclista. En otras latitudes se hubiera dejado una bicicleta blanca en el lugar, aquí… aquí se la hubieran robado, como se robaron la vida de Luís Enrique.

Los convocados se miran; pudo habernos tocado a cualquiera, luego se retiran, solo quedan una cruz y una frase en efímera tiza blanca; “Aquí pedaleaba Luís Enrique Rocha Ocaña”. Tal vez el epitafio debió decir:



“Hasta aquí pedaleó Luís Enrique Rocha Ocaña”
















































Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos Los derechos reservados

martes 12 de mayo de 2009

Siki Suchuy

Mayo 9, de 2009
La Molina - Pachacamac – Rio Seco – Tinajas – Cieneguilla – La Molina

Con un mes sin pedalear, y aun medio maltrecho, ya me empezaban a picar los pies por salir a recorrer alguna ruta; algo suave, tranquilo y cortito, como para retomar el ritmo. Busque en Internet las propuestas y convocatorias de varios grupos de ciclotransportados para este fin de semana; encontré una, publicada por Arturo, que se titulaba; “Valle de la muerte”… uhmm… no es precisamente lo que me recomendó el medico, pero… suena interesante!. Así que… coordinaciones de último minuto van, y repuestos para mi monoplaza vienen.

El sábado salí no muy temprano de la casa y dirigí ruedas a Pachacamac, vía Manchay, para encontrarme con Arturo, que venia por la ruta larga de la Panamericana Sur, en la esperanza de reclutar en el camino algún otro ciclista, con vocación de suicida o complejo de inmortalidad, para completar el equipo. (En rutas de exploración se necesitan tres; dos van para, en caso necesario, cargar apropiadamente el cadáver del tercero) La idea era recorrer, ascendiendo a fuerza de pedal, el llamado “Valle de la muerte”, al que yo en realidad le cambiaria el nombre por “Valle de la desolación”, desde Pachacamac, hasta sus orígenes en las alturas de los cerros, a la cabecera de Pampa Tinajas, pero… mejor lean el relato:



La línea naranja indica la totalidad de la ruta recorrida

Las 9:00 a.m. y ya estamos ambos (no hubieron mas voluntarios) en la plaza principal de Pachacamac, sin mas preámbulo tomamos la ruta hacia El Manzano, pasamos el portón de Cementos Lima y proseguimos hasta las oficinas del Santuario de Amancay; esta quebrada se llama oficialmente “Río Seco”, como muchas otras en la zona, pero los ciclistas la conocen por “Valle de la Muerte” debido a su aridez extrema en esta época del año. Un par de ciclistas en las inmediaciones haciendo alguna ruta corta, se pierden de vista en medio de la seca llanura, mientras nosotros nos apeamos para hacer uso (y abuso) del ultimo caño con agua que veríamos en las próximas 5 o 6 horas; si, ese que está en el lavadero de granito detrás de las oficinas del Santuario.

Desde los primeros kilómetros el pedregoso camino se hace pesado, y el sol traspasa los cascos hasta calcinar la razón. Ya a medio valle todo rastro humano ha desaparecido, no se ven mas huellas de bicicleta, ni sendero alguno y el silencio es absoluto, ni el viento se atreve a rozar las ardientes rocas y lo mas cercano a un ser viviente es el espectro de algún solitario y reseco cactus; si bien la quebrada tiene un fondo relativamente ancho y parejo, que discurre entre la mas completa gama de grises de los cerros que la flanquean; este fondo es una cama, mezcla de arena suelta y piedras cortantes, por entre las cuales asoman unos diminutos cactus que solo se atreven a exponer tímidamente sus puntiagudas espinas al sol. “Desolación”, si, así debería llamarse esta quebrada.

Con tres cuartos de valle recorrido, y tres cuartos de reserva de liquido consumido, vamos siguiendo, a vuelta de rueda y pedal, unas extrañas huellas de vaca, probablemente marcadas en el suelo cuando aun el arco iris era solo en blanco y negro. La verdad, no me imagino un arco iris a color en este valle… no, sería chocante!.

Una calcinada calavera vacuna, bajo el sol de medio día, pone fin a las huellas que veníamos siguiendo y marca el comienzo a nuestras preocupaciones… ya nos queda muy poco rehidratante y si bien el mapa nos ha ayudado muchísimo (hay varias quebradas que convergen aquí y es fácil extraviarse) ya no estoy muy seguro de cuanto falta para coronar la cumbre. Providencialmente unos metros mas adelante, junto a una gran muela petrificada que me traje como souvenir, aparecen varias huellas de cabra relativamente frescas (las excrecencias complementarias así lo denotan) y van con dirección a la cumbre… uhmm… a seguirlas!.

El ultimo kilómetro; un estrecho, zigzagueante y empinado callejón rocoso, lo hicimos empujando los monoplazas, pues no había forma de pedalear en ese terreno. Esta es una de las raras ocasiones en que preferiría tener una bicicleta de aluminio; pues yo tenía que cargar con mi “Pesada” (léase; corcel de hierro) y Arturo con su “Triste” (conocida así por la peculiar posición del timón). Ya sin líquido y sin piernas, teníamos la cumbre a tiro de piedra, pero no encontrábamos la salida, ni el famoso sendero que figuraba en el mapa, y que nos conduciría a Tinajas. Un estrecho pasaje sobre la izquierda, que bien podría parecer una “escalera de servicio” con pasos de arena fina y contrapasos de roca, tallada entre la granítica mole de dos cerros que forman un callejoncito de escaso metro y medio de ancho, parecía ser la salida, es mas; extrañamente había allí un viejo cartel que decía… ya no decía nada!, la inscripción se había quemado con el sol! Pero bien podría haber dicho; “propiedad privada” o “gracias por su visita” o… “peligro zona minada”… uhmm… seamos racionales, sigamos a… los irracionales! (las huellas de cabra iban en dirección opuesta al cartel).

Unos cien metros arriba y adelante, cuando mi reloj marcaba la 1:20 p.m., siempre sobre las huellas de cabra, Arturo trepó una cumbre de 30 metros, volteó y gritó: Tinajas!, Tinajas!. Sí era una esplendida vista de toda la Pampa de Tinajas a nuestros pies, pero… (siempre hay un maldito “pero”) no había forma de bajar! Un talud casi vertical de unos 250 metros de profundidad se interponía entre nosotros y la pampa. No puede ser! Tanto trepar para nada!, No!... un momento!.. y las cabras?; no hemos encontrado sus cadáveres ( podría tratarse de un caso de suicidio colectivo) y no creo que las haya secuestrado un ovni, así que… debe haber alguna salida!

Tras una segunda (y una tercera) revisión minuciosa, y casi desesperada, del talud, encontramos las huellas de las cabras que bajaban zigzagueantes por una cuesta casi vertical de arena y piedra suelta, hasta una trocha carrozable a un tercio de altura de la pampa… Fue así como descubrimos que, bloqueando los frenos de la bicicleta, ésta puede ser muy útil como bastón de trekking o piolet de alpinista. Estoy seguro que esa bajada aun no tiene nombre, por lo que me gustaría contribuir a la toponimia de la región, bautizándola como “Siki Suchuy” (las explicaciones sobran).

Ya en la pampa de Tinajas; deshidratados y chupando, como único consuelo, las tiras de pellejo que se desprendían de nuestros resecos labios, vamos rodando sobre la trocha, que en ese momento nos parecía una Autovan, enfilando ruedas hacia Cieneguilla. De pronto, Arturo se detiene en una casita rústica, en medio del arenal (y en medio de ninguna parte):

- Arturo, a dónde vas?
- A donde mi amiga, a pedirle agua
- También tienes una amiga aquí?

Si, increíblemente era la “Amiga de ruta N° 236” de Arturo; no creo que exista un solo kilómetro de camino en este país, donde Arturo no tenga una amiga!. Una muy oportuna y refrescante jarra de jugo de… manzana(?), cortesía de la providencial amiga, nos devuelve el ánimo y las energías suficientes para llegar hasta el minimarket de Cieneguilla, donde pasamos cerca de una hora rehidratándonos, conversando y descansando antes de emprender el tramo final de vuelta a casa, vía trepada por el serpentín de Cieneguilla, y en cuya cumbre rompí torpemente una botella de coca cola por querer destaparla apresuradamente. Me despedí de Arturo cerca de las 5:00 p.m.… fue una buena jornada!

Carlos García Granthon

N. del A.- Si en caso hubiera alguien lo suficientemente necio como para intentar esa misma ruta (se rumorea que hay varios) aquí van unos consejos útiles:

- Háganlo entre Julio y Septiembre, cuando la bruma de la estación refresca el cuerpo y el paisaje
- Tengan en cuenta que no importa cuanta agua lleven, nunca será suficiente.
- Lleven un mapa (y alguien que sepa interpretarlo).

martes 14 de abril de 2009

Auch!

Abril 11 de 2009
La Molina - Cieneguilla – Posta Medica

Se supone que seria una salida corta, tranquila y poco exigente, solo para mantener el estado físico, pero…

Bajaba yo por el serpentín de Cieneguilla; si bien iba algo rápido, aunque no tan rápido como acostumbro a hacerlo, por estar probando mis nuevos frenos que por fin habían dejado de chirrear. En fin, al tomar la tercera curva; si, esa en la que no hay mucho espacio entre asfalto y cerro, pise algo en la pista que no ví; una piedrita, un tubito, una bujía, una pila… no se!, pero ese algo hizo que mi rueda posterior perdiera adherencia con el suelo y derrapara hacia la parte exterior de la curva, patinando sobre el limite entre el asfalto y la tierra; hasta ahí la situación era controlable, ya me había sucedido antes, pero de pronto la rueda posterior topo con otro “algo”; una grieta, una piedra… que se yo!, la cosa es que el derrape lateral se detuvo en seco, como si me hubieran puesto cave, y ambos; bicicleta y tripulante, salimos disparados como por una catapulta.

No se cuantos rebotes di sobre el suelo, a veces sobre mi lineal vehiculo, a veces debajo de él, pero con cada nuevo golpe con la superficie, sentía el ruido de cosas que se rompían y salían disparadas a mi alrededor en medio de un extraño e ingrávido surrealismo a cámara lenta. Finalmente, ya separado de mi monoplaza a fuerza de golpes, pero aun dando botes por el piso, termine estrellándome “de pechito” contra una roca de regular tamaño al borde del cerro…Auch! Eso si dolió! Quede como una insignificante mosca aplastada sobre una pared.

El golpe me dejo sin aire y medio atontado, caí de espaldas sobre la tierra totalmente desorientado y sin poder respirar. En medio de mi aturdimiento, ví que mi bicicleta estaba desparramada en medio de la pista y era solo cuestión de segundos para que pasara un camión y le diera el golpe de gracia; me levante y la arrastre (léase; nos arrastramos juntos) hasta el borde de la curva.

De pronto apareció un anónimo ciclista en la ruta, se detuvo y me pregunto si me encontraba bien; yo solo le respondía por señas, pues aun no podía respirar normalmente, mientras el recogía toda una cantidad de despojos que había dejado yo sobre la pista, también puso mi bicicleta en lugar seguro, e inclusive cruzo la carretera para recoger mi encendedor que luego me entrego a la mano. No se quien era pero… Gracias!, muchas gracias!. Luego continuo su ruta con rumbo a Chontay, según me dijo.

Minutos mas, y aturdimiento menos, observe que mi bicicleta, si bien algo maltratada, con algunos golpes de más, y algunos accesorios de menos, aun estaba operativa, trate de subirme pero no pude; mi brazo izquierdo se negaba tercamente a obedecer mis ordenes y mi rodilla empezaba a doler bastante. Ni modo! A trepar la cumbre, de vuelta a casa, empujando el monoplaza.
Al llegar a la sima me detuve en la conocida tienda del lugar para tomar una gaseosa, pero a la hora de pagar, el dolor en el brazo no me permitía quitarme la mochila para sacar el dinero. La señora que despacha tuvo que ayudarme, fue ahí que me percate que mi mochila estaba hecha jirones al igual que mi polo y mi pantaloneta, y además habían manchas de sangre por todos lados.

Aun me faltaban 6 km. para llegar a casa, no hay señal de celular en esta zona y, con una sola mano útil, me resultaba imposible desarmar la bicicleta para abordar un taxi o colectivo… chesu! a seguir empujando; con el brazo izquierdo, cuyo dolor ya se estaba haciendo insoportable, amarrado a los tirantes de la mochila, cual improvisado cabestrillo, y dejando un rastro de gotitas de sangre por todo el camino, continué. No se que aspecto tendría yo, pero poco mas allá, un grupo de ciclistas que ascendía me vieron desde el otro lado de la carretera y uno de ellos me pregunto si me sentía bien; le respondí con señas que… mas o menos!.

Al llegar al cruce del desvió a Manchay; saque, de su desgarrada funda, mi celular que aun funcionaba a pesar de que le faltaba un trozo en una esquina. Se me ocurrió llamar a casa (grave error) para pedirle a mi esposa que fuera a la farmacia a comprar algunas cosas y luego viera si me podía recoger. Como yo nunca la llamo cuando me sucede algo (prefiero darle la sorpresa) ella supuso que la cosa era mas grave de lo que yo le había comentado. Al parecer se puso nerviosa y al poco rato recibí una llamada:

- Ya estoy en la farmacia, ya compre las cosas, pero… algo le pasa al auto y no lo puedo mover
-@#$%&!!!



Tamare!, ni modo, a seguir caminado, y además, añadirle un kilómetro extra a mi peregrinaje, hasta la Farmacia, para rescatar a mi supuesta rescatadora. Llegue a la farmacia en calidad de hamburguesa humana, siempre empujando mi bici, encendí el auto (solo se le había trabado el seguro de timón) y… ahora había otro problema; como ya les dije, no podía desarmar la bicicleta con una sola mano para meterla en el carro, mi mujer no tiene fuerza para liberar las “plumas” de las ruedas, el marco de esa bicicleta es muy alto para que ella pueda montarla, y yo ya estaba demasiado adolorido para seguirla empujando; así que… yo volví a casa en el auto y ella, a pie, empujando la bicicleta (en castigo, jejeje).

Una vez en casa, empecé a hacer un reporte de daños; al quitarme el casco, me di cuenta que si bien no tenia ni un solo rasguño en la cabeza; este, el casco, evidenciaba una serie de golpes en diversas partes; si no lo hubiera llevado puesto seguramente ahora habría un gran mural de grafitis, pintados a sangre y sesos, en el serpentín de la bajada a Cieneguilla. Moraleja; cuando salgan a pedalear, protéjanse!, usen cond… digo, casco!

Las manos también las tenia intactas, pero mis guantes; si, los nuevos, chesum..!, tenían las palmas desgarradas. Eso me hizo recordar la historia verídica, y por eso mismo voy a omitir el nombre (llamémoslo solo CLZ), de cierto ciclista que no usaba guantes, y en una caída sobre asfalto se despellejo las palmas y dedos de ambas manos; al tenerlas inutilizadas por buen tiempo, tuvo que sufrir la humillación de, cada vez que quería ir al baño, necesitar un “valet parking”; tanto para que le acomode el “vehiculo” como para que le limpie el “garaje” … se entiende, no?

Por lo demás; salvo las plantas de los pies y debajo de la lengua, todo el resto de mi era un solo de raspones, cortes, sangre y magulladuras. Mi brazo izquierdo dolía cada vez más, se movía cada vez menos, y mientras iba cogiendo una gama de tonalidades oliva, ya había perdido toda forma humanoide; pensé en la probabilidad de una fractura, así que me fui a un centro medico cercano (“Medicenter”):

- Señorita necesito que me atienda el medico; mi brazo…
- Lo han atropellado?
- No, no me han atropellado… me puede revisar el Doc.?
- Y como se hizo todo eso?
- me caí de la bicicleta, esta el doctor?
- Y donde se cayó?
- En el suelo, donde mas!, me van a atender o no?
- El doctor ha salido a almorzar, regrese en una hora
- “#$%&”#!!!

Una hora después;

- Señorita, ya llego el doctor?
- No y no contesta su celular, de repente ya no viene
- O sea que no hay atención en el centro medico?
- Si hay atención, trabajamos las 24 horas
- Y con que medico?
- Mire señor, si le duele mucho su brazo, vaya mejor a otra parte a que lo atiendan
- “#$%&!!!

Afortunadamente encontré otro centro medico no muy lejos de allí, donde si atendían y si había un doctor (la otra opción era buscar un buen veterinario, total…). Para no hacer mas larga la historia, solo añadiré lo que me dijo el medico:

- Ud. ha recibido un golpe “Grosero” en su brazo, afortunadamente todos los elementos óseos están completos, intactos y en su lugar, no así el tejido blando que esta hecho puré

Inmediatamente me clavaron un par de inyecciones y una “grosera” factura, de más de tres cifras, por concepto de cuatro radiografías y un poco de gasa y desinfectante. El camino de retorno a casa fue capitulo aparte; pues hasta ahora sigo manteniendo una seria discrepancia con mi mujer respecto a la” interpretación autentica” de las instrucciones del medico:

Según ella, el doctor dijo; “ no puede volver a montar bicicleta, por lo menos, hasta dentro de un mes” (o sea hasta Mayo 12).

Según yo, lo que dijo fue: “no puede volver a montar bicicleta, por lo menos, hasta el próximo mes” (o sea hasta Mayo 1°)

La verdad es que sin importar lo que dijo el medico, apenas pueda recobrar una relativa movilidad en mi brazo… a pedalear!


Texto y fotos: Carlos Garcia Granthon


Todos los derechos reservados

miércoles 1 de abril de 2009

Antioquía en un solo día

Marzo 29 de 2009
Lima – Antioquia - Lima

Salimos tarde; eran las 7:30 a.m. cuando me encontré con Arturo en la esquina de mi casa, y alineamos ruedas en dirección a las zonas medias del valle del río Lurin.. Tres pinchaduras; dos por una astilla en el aro y otra por una minúscula e inoportuna grapa, que había encontrado la manera de traspasar las llantas de Arturo, antes de llegar siquiera a Río Seco, nos retrasaron aun más. Ahí, en Río Seco, conocimos a Rodrigo, un ciclista solitario que buscaba la ruta a Olleros. Nos despedimos y proseguimos nuestro ascenso apurando el paso, mas de lo conveniente y a riesgo de sacrificar destino, para recuperar tiempo perdido; a los pocos kilómetros una voz sobre nuestros hombros nos dice:

-"Hola; disculpa, puedo ir con Uds." – era Rodrigo que nos había dado alcance luego de abortar su proyecto a Olleros
-" Si, claro, vamos"

5 minutos y varias vueltas al pedal después:
- "Disculpa y… a donde vamos?"
- "A Antioquia"


Una breve parada en Nieve – Nieve para informarnos sobre el ascenso nocturno, organizado por Inka Riders, que había convocado un buen número de ciclistas la noche anterior, nos da un breve descanso. Salida interesante y original este Raid nocturno (la próxima me anoto!) El encargado de la Archiconocida fonda del lugar y dueño del famoso gato, aquel que mantiene a raya a todos los perros de la comarca y además, segun dicen, posee su propia pagina Web, nos da informes detallados del numero, hora, vehículos y modalidad de ascenso del contingente nocturno. Reponemos líquidos y… hora de proseguir.

Saliendo de Sisicaya, donde Arturo se había quedado prendado de la chica que despacha en la tiendecita verde del lado izquierdo, frente a la plaza; nos topamos con un bus que traía de regreso a los primeros sobrevivientes de la jornada de media noche; intercambiamos algunas frases y chanzas al paso; unos kilómetros mas adelante, ya sobre Antapucro y bajo el sol de medio día, encontramos varias ruedas conocidas (Pedrito, Walter y otros) que hacían el descenso a pedal, se les veía contentos y satisfechos; insisto… la próxima nocturna, me anoto!

Con Chillaco, Ocorure, Palmas Izquierda y Derecha a nuestras espaldas y flanqueados por un bonito paisaje de valle medio, reverdecido por las lluvias de estación, nuestro ascenso es tranquilo a pesar del considerable retrazo que llevábamos, hacemos algunas paradas y, en la ruta, el equipo de tres funcionaba bien, al menos camaradería no falta.

En mis anteriores salidas en solitario por esta zona, yo solo había llegado hasta Pacashuaqui (?), ahí donde al voltear una curva e ingresar al pueblo, uno se encuentra con una blanquecina, pedregosa, caliente y extremadamente empinada pendiente de unos cientos de metros, que resulta una puñalada directa al optimismo y una sentencia sin apelación al resto físico. Pasado ese punto, no estaba muy seguro de la distancia que nos restaba por recorrer (había olvidado los mapas en casa), mas aun si el hito que marca el Km. 60 se encuentra plantado a 20 metros del que marca el Km. 61.

La primera señal de que nos aproximábamos a nuestro objetivo, nos la da el puente Picuya, pero ya el peso de nuestros nada ligeros corceles de hierro, si, los tres subimos con monoplazas de Acero y no de Aluminio, y además, a excepción de Arturo, el de Rodrigo y el mío son un par de plomazos matapiernas MTB dobles (pero no me quejo, eso añade un poquito de desafío a las salidas). Cansado, escaldado, al menos yo, y con calambre hasta en las orejas, luego de algunos kilómetros más cruzamos las heladas aguas, que nos llegan a la altura de la cadena, de la ancha torrentera que nos abre las puertas de Antioquia a las 3:20 p.m.

Agua y comida! Solo quiero agua y comida!. Una empleada de la municipalidad nos recomendó ir a "Don Juanito". Al entrar al restaurante nos topamos con el cura del pueblo, en mitad de su almuerzo, que al verme puso cara de indigestión y se fue (habrá leído mi crónica "Confesiones"?).

-Señora, Que hay de comer?
-Solo me queda Bistec y papas fritas
-OK, tres bistec con papas por favor


Tres minutos más tarde:

-Perdón señor, me pidió menestra?
-No, bistec con Papas

-Bueno - añade Rodrigo - si hay menestra también; a mi tráigame un bistec con menestra
-Disculpe joven pero solamente hay bistec con papas
-Esta bien, entonces tres bistecs con papas


Luego de un par de minutos:

-Señor, entonces son tres bistecs con menestra?
-No!, dos con papas y uno con menestra
-Ay!, pero solo tengo bistec con papas


Cinco minutos después:

-Ahorita les traigo su pedido, eran dos bistecs con menestra y uno con papas, no?
-No!!!, Señora; mire, mejor fría tres bistecs, dos porciones de papas, una de menestras y repártalas a su criterio en tres platos
-Pero ya le dije que solo me quedan papas


Otros cinco minutos más tarde:

-Ya señores, aquí tienen; un bistec montado con arroz y frijoles, uno montado con arroz y papas y otro con papas y ensalada
-Plop!


En honor a la verdad… estuvo bueno, rico y barato!

4:20 p.m. hace rato que deberíamos haber descendido para que no nos agarre la noche, pero el bistec y las papas… El descenso es rápido y vamos tratando de ganarle la carrera al sol sobre la encalaminada trocha, aun no estoy muy seguro si rodábamos muy rápido o volábamos muy bajo. En fin!, salvo por Rodrigo que erró la ruta y se dirigía directo a un cementerio, o yo que por mirar, al paso, a la proverbial amiga de Arturo en Sisicaya; no ví un montículo y termine haciendo una involuntaria evolución digna del mejor exponente de BMX; como decía; salvo por eso, no tuvimos ningún percance hasta llegar a Chontay, donde nos sorprendió el crepúsculo con esa violácea luminosidad de la umbra vespertina, que es demasiado fuerte aun para prender las luces y demasiado débil para distinguir las cosas.

Por cada dos piedras que lográbamos esquivar, nos caíamos en tres huecos; resignados a ir muy lento, arribamos a Río Seco ya cerrada la noche y a medio partido Perú - Chile. Otra vez con señal en el celular veo que tengo dos mensajes perdidos; uno era de mi esposa:

"te espero para almorzar?"

A estas alturas de la noche ya no tenia caso responder

El otro… el otro no se de quien seria, el número no me era familiar, pero decía algo así:

"Cesar: ya no puedo seguir así, he decidido dejarte, no me busques mas, vuelve con tu esposa"

Las cosas que se entera uno, cuando alguien se equivoca de número!

De ahí al ovalo de cieneguilla fue fácil y rápido gracias al alumbrado publico, pero una vez allí… sentados en un murito frente a la gran cuesta que aun nos faltaba trepar para salir del valle… uno piensa; si, uno piensa que ya esta absolutamente agotado, que le duele todo; desde la cabeza hasta el extremo opuesto, que mas de doce horas sobre la bicicleta son muchas, que ya son las 8:00 p.m., que ya no tengo fuerzas ni para volver a subirme a mi bicicleta, que tengo ampollas en las manos, pies y trasero, que esa cumbre de cieneguilla tiene 5 Km. de largo y mas de 400 metros de desnivel, que ya no tengo 18 años, que por nuestras narices pasan unos colectivos que por S/. 5.00 nos llevarían cómodamente hasta La Molina, que… al Carajo! Vamos a terminar lo que comenzamos!. Salidas como esta se planifican con la cabeza, se ejecutan a empuje de piernas, pero generalmente se culminan a fuerza de cojones!

Otra vez sobre los pedales comenzamos el ascenso, a paso muy lento, en medio de la absoluta soledad y obscuridad del serpentín de Cieneguilla, techado por las tímidas estrellas que parcialmente se dejan ver en un cielo semi nublado. La negrura de la noche se abre muy egoístamente ante nosotros; solo ante el haz de luz de la linterna de Arturo y las luces de mi monoplaza nos permite ver un pequeño fragmento de la ruta ante nosotros. Mientras subimos; conversamos sobre astronomía, la profundidad del universo, los enigmas de la ciencia y solo somos interrumpidos en nuestras divagaciones cuando un auto, algo sospechoso, sobrepara a nuestro lado, luego prosigue y se detiene a vuelta de curva unos 300 metros delante; afortunadamente otros vehículos aparecen en sentido contrario en ese momento y, al verse iluminado, el vehiculo se marcha rápidamente.

Coronamos la cumbre a las 9:10 p.m. Arturo y Rodrigo aprovecharon para rehidratarse en la tiendecita de la cima de Las Palmeras, yo aproveche para reabastecerme de cigarros, unos kilómetros más adelante nos despedimos. Fue una buena salida! (gracias Arturo, gracias Rodrigo)

Carlos García Granthon

domingo 15 de marzo de 2009

Ciclonudista Lima 2009

Marzo 14 de 2009



Ya era de mañana y aún no me decidía; asistir como fotógrafo?, o asistir como ciclista?... uhmm… mejor voy en mi monoplaza , participo en la marcha, quiero decir en el pedaleo, y hago las fotos desde “adentro”.

Las 8:10 a.m., y luego de sólo 43 minutos para recorrer los 19 Kms. desde mi casa (en auto me hubiera demorado más), soy el primero en llegar al cruce de Aramburú y la Av. Arequipa; un policía y un reportero me acosan a preguntas; están buscando a Octavio, el organizador. Si; él, Nilton y muchos otros más, son los perseverantes y esforzados activistas de Cicloaxión que cada año sacan adelante este colectivo nudista para reivindicar los derechos de los ciclotransportados y exigir más respeto por parte de los conductores del parque automotor y las autoridades competentes (si tan sólo cumplieran las normas ya establecidas; eso sería bastante!). A propósito, este año la protesta no se pudo llevar a cabo en Miraflores, como es tradicional, por no se qué impedimento de origen edil de última hora; parece que el alcalde sigue haciendo “méritos” con los ciclistas (se acuerdan del escándalo de Larcomar?).


Empiezan a llegar los convocados; ruedas y amigos convergen de todo Lima y también de los extramuros de la capital; algunos con más ropa que otros, otros con más ingenio que algunos; todos con un propósito, nadie sin un motivo. Hay chicas, hay chicos; hay grupos, hay solitarios, hay disfraces, hay uniformes, hay cicatrices, hay historias…

Historias como la de quien trae atada a su parrilla, cual relicario, la destrozada rueda de la bicicleta de su, ahora ausente pero otrora inseparable, compañero de ruta, que fuera atropellado por las muchas ruedas y poco criterio de algún imprudente.


Los preparativos avanzan, el ambiente se alegra, los compañeros se reencuentran, la policía resguarda y la prensa asecha. La “amiga” de Octavio, chica de mirada y cuerpo tropical, bonita en realidad, acapara micrófonos y cámaras; razones no faltan, al menos a la vista saltan dos, y… saltan, y saltan, y vuelven a saltar, con cada vuelta de pedal!

Una chica que hacía un reportaje gráfico, al verme con un cigarrillo en la mano, me pregunta:

- cómo haces para hacer ciclismo y fumar al mismo tiempo?
- y… bueno, mientras no fume con los pies, no hay problema!

Aquí me permito hacer un alto en el relato, para dejar constancia que la simpatía y atractivos femeninos abundaron también, en igualdad de número, cualidades y condiciones, detrás de cámaras. A las pruebas me remito:























Retomemos el relato; pasadas las 11:00 de la mañana, y calmadas las hormonas, se cierra la Av. Arequipa; algunos cientos de ruedas de nuestros no contaminantes vehículos de propulsión humana, inician el recorrido con rumbo al centro de Lima. Los megáfonos marcan el compás a las arengas:

“ En bici llloviendo o nevando, pero en auto… ni cagando!”
“Un ciclista más, un auto menos”
“Un ciclista más, una combi menos”
“Un ciclista más, un pastrulo menos”


El ingenio, sarcasmo y buen humor criollo, no se hace esperar mucho y alguien grita desde atrás:

“Un ciclista más, una gorda menos”

Mientras yo tengo serios problemas para, en simultáneo, manejar la bicicleta guardando el orden del pelotón, enfocar, componer, disparar la cámara y… mantenerme pedaleando al lado de la “amiga de Octavio” (jejeje), Arturo, amigo y compañero de ruta, aprovecha para gritar en mi oído, por todo el resto del recorrido:

“Un ciclista más, un cigarro menos”

Llegamos al by-pass de Javier Prado; Octavio detiene la marcha, coge el altavoz y grita:

“Todos levanten sus bicicletas” – y todos levantan las bicicletas

Y vuelve a gritar:

“Si no hay solución… abajo el pantalón!” – y todos, bueno no todos, se bajaron el pantalón!


Los transeúntes se agrupan alrededor; señalan, se admiran, toman fotos con sus celulares y algunas viejas gritan, mientras Pedrito, con los calzoncillos enredados en los tobillos, sujeta su bicicleta con una mano y trata de tomarse una foto, él mismo, con la otra.

La marcha continúa por la Av. Arequipa encabezada por, al menos, una docena de nudistas ciclopropulsados. La “amiga de Octavio” va en el asiento medio de una tandem triple, en el posterior va una reportera gráfica, y adelante; como única fuerza propulsora; el hermano de Nilton, quien a pesar del triple esfuerzo no se queja, en realidad va feliz y con cara de no querer cambiar de lugar con nadie, ni por la mejor bicicleta del mundo!


Damos la vuelta en U al llegar a la Av. 28 de Julio y retornamos nuevamente por la Av. Arequipa. Al llegar a Lince; un viejito algo encorvado, muy bien vestido y con una de esas gorritas inglesas, se disponía a cruzar la calle; mira, a ambos lados, para ver si no viene nadie antes de atreverse a pisar la calzada, pero ve que todo un escuadrón de ciclistas se aproxima; se detiene, vuelve a mirar, se percata de que están desnudos, el rostro se le enrojece, sus ya opacos ojos nos miran con enojo; alza sus temblorosas manos, y su no menos temblorosa voz y grita, grita todo lo fuerte que sus años se lo permiten, grita como si diera una alarma pidiendo ayuda ante una invasión enemiga:

“Pajeros!, Pajeros!”

El pacífico y ordenado recorrido llega a su término en la puerta del Touring y Automóvil Club de Perú; aún desnudos, se gritan algunas arengas y se toman algunas fotos. Una señora sale de las instalaciones muy molesta, nos mira a todos (mira muy bien a cada uno) y se sube a su auto diciendo - “Horribles!, así desnudos están horribles!” – bueno, hay gente que no se contenta con nada.

Para terminar esta crónica, vaya un saludo a todos los que participaron; con mucha, poca, o ninguna ropa; pero con toda voluntad, en esta marcha en pro del ciclista, que esperamos, haya servido para hacer entender a los conductores de vehículos motorizados, que en cuestión de seguridad y derechos; estamos literalmente, “desnudos ante el tránsito

Algunos ciclistas de los muchos que participaron:












































































































































Texto y fotos: © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados


martes 24 de febrero de 2009

El perrito, el freno y las barras bravas

La Molina – Chillaco – La Molina
Febrero 22 de 2009

No es ningún secreto que mi poder de convocatoria para salidas ciclísticas no es precisamente de los mejores, así que, solo para cumplir con las formalidades, estuve en el grifo Repsol, acordado como primer punto de encuentro, en Av. La Molina Este a las 6:00 a.m. y una hora de pedaleo mas tarde, en el segundo; el ovalo de Cieneguilla. Ni modo… nadie a la vista en ninguno de los dos puntos; a seguir pedaleando.

A ritmo tranquilo, de “Cicloturista”, voy ascendiendo por el valle del río Lurin; este trae tanta agua como le es posible traer y la carretera esta tan mala como le es posible estar. Curiosamente, y a pesar de algunas noticias que circulaban por ahí, no han caído huaycos en la ruta, me refiero a Huaycos en toda regla; de esos que se llevan un cuarto de cerro, media pista y todo un pueblo; no, de esos no hay ninguno, solo unas cuantas acequias desbordadas y alguna que otra torrentera menor, que se ha reactivado con las lluvias y rompe, cuando mucho, algo de la monotonía. El clima esta relativamente benévolo; si bien hace un fuerte calor, el nublado cielo protege de los calcinantes rayos de sol en todo el valle. Me tome el trabajo de hacer averiguaciones en cada pueblo por donde pasè y, aparentemente, esa es la situación climática regular que se viene presentando en esta ruta, lo que la convierte en una buena alternativa para los que quieran trepar un poco en estos meses de verano.

En medio de una de mis entrevistas (con fines exclusivamente climatológicos) a la chica que atiende el kiosco del Km. 33; veo pasar un quinteto de ciclistas, a buen paso, con dirección aguas arriba, me parece haberlos visto antes en esta zona. Yo prosigo un rato después, y mas adelante, a la altura de Vichulla, recuerdo que estoy violando el espacio territorial de mi “hermanito de sangre”; si, el perrito que me mordió hace varias semanas por haber osado transitar por “su carretera”, pero… nada, no esta!... que raro? De las innumerables veces que he pedaleado por esta ruta, ni una sola ha dejado de corretearme el muy condenado… uhmmm… bueno, mejor aprovecho y paso sin ruido antes que aparezca. Seguramente ya lo veré al regreso.

La subida es tranquila y algo de viento refresca de vez en cuando. Otro ciclista me pasa a las puertas de Nieve – Nieve; me saluda, lo saludo, noto que no lleva agua ni mochila; seguramente viene de Sierra Morena y esta haciendo un Sprint corto. Voy parando y entablando conversaciones en Nieve – Nieve, Sisicaya, Antapucro y finalmente llego a Chillaco sobre las 11:30 a.m., luego de haberme topado nuevamente con todos los que pasaron; ahora, ellos, en ruta de retorno. Hora de retornar para mi también; si la subida fue demasiado tranquila, casi aburrida, como lo que va de este relato, el retorno debería de serlo igualmente… o no?.

Mi primer problema; hace días que las nuevos tacos de freno delanteros chirrean en seco; he intentado de todo (limpieza, alineación, convergencia, etc.) y nada!, siguen chirreando, parece que entran en resonancia con la frecuencia natural de vibración del aro… en fin! Hasta hoy día chirreaban un poco, pero ahora, en la bajada, con el polvo del camino, el calor, y valla uno a saber porque otra causa, han empezado a chirrear con mas decibeles que los que la ley, el oído humano y la cordura permiten. Cada vez que aplico ligeramente el freno delantero, para controlar los derrapes del posterior, un estridente sonido, como el de una chapita rascando contra una pizarra, me ponen la carne de gallina. Al hacer mi reingreso a Nieve – Nieve, aplique el freno… tres perros aullaron, las aves emigraron y medio pueblo salio a ver que chancho estaban capando! Ni modo… no más freno delantero. Luego de tomarme una gaseosa en la tradicional fonda del lugar, y que esta me fuese servida por el dueño con cara de: -Oe! Este es un pueblo tranquilo, arregla ese “ruidito” de tu bicicleta - seguí mi descenso.

Unos kilómetros mas abajo, de vuelta en zona canina, aumente la velocidad previniendo cualquier ataque sorpresa del famoso perrito, pero… nada!, no estaba, no puede ser!. Me detuve, hice ruido, hasta me baje de mi monoplaza y me atreví a profanar las fronteras de su chacra… no apareció; se habrá enfermado luego de morderme?... uhmmm… mejor voy a dejar de consumir tanta comida chatarra, cigarrillos y demás porquerías que ingiero normalmente, para bajar los niveles de toxicidad de mi sangre.

Nota del autor.- Si alguien que lea estas líneas conoce, o sabe algo, de mi ”hermanito de sangre” o su dueño, por favor háganle saber que me intereso por su estado de salud.

Algunos minutos y vueltas al pedal más tarde estaba nuevamente en Cieneguilla; algo de líquido, algo de carbohidratos y algo de descanso antes de trepar la empinada cuesta que me sacaría del Valle. Aquí hace mas calor y hay que hacer un considerable ”pago” en sudor, a la Pachamama y a los Apus para coronar la cumbre. Una vez allí ya todo es bajada fácil por buena pista hasta casa. Bueno, no siempre…

Bajaba rápido por la carretera; al entrar a Musa tomo el lado izquierdo para evitar las combis, paso a varios vehículos, pero se arma una inusual congestión vehicular… retomo la derecha sin bajar la velocidad… imposible pasar!... me meto a la tierra, esquivo dos triciclos, varios peatones, subo a la vereda, rebaso los autos, salto a la pista nuevamente y… me encuentro con un centenar de Barras Bravas frente a mi!, que iban o venían de algún lado y eran los causantes de la interrupción del transito. Mientras le tiraban piedras a los buses; un policía hace un disparo al aire y yo, instintivamente, aplique los frenos (ambos!) y…. Ñuuuuuiiiiiiiiick!!! El chirrido infernal de las pastillas delanteras que resuena en varias cuadras a la redonda… Los barras Bravas, con cara de calambre en el oido, voltean, me miran, y empiezan a aproximarse…

Afortunadamente, un ciclista asustado corre más rápido que cien delincuentes y sus pétreos proyectiles.



Fin (por el momento)



Texto y fotos: ©Carlos Garcia Granthon
Todos los derechos reservados
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miércoles 14 de enero de 2009

Cuando llueve, todos se mojan y... uno se cae!

Enero 11 de 2009
Lima – Matucana – Lima

Un ida y vuelta a Matucana en modalidad “Todo a pedal”, era algo que tenia en mi archivo de “pendientes” desde hacia algún tiempo; la oportunidad se dio este domingo y no me la podía perder. La Primeras y violáceas luces del amanecer me dan los buenos días ya sobre mi monoplaza, Puruchuco me recibe antes de las 6:00 a.m. donde debería esperar a algunos de los conjurados de esta salida, pero el poco trafico de la carretera central, inusual en ese tramo, me anima a aprovechar la oportunidad y adelantarme pedaleando hasta el segundo punto de reunión; el puesto de avanzada en Chosica. Este fue un tramo tranquilo, fácil y sin nada que relatar.

Ya en Chosica, en la famosa esquinita del “vaso de quinua”, me encuentro con un grupo de Inka Riders que planeaba un ascenso ciclístico a Huinco. No los conocía, pero un par de saludos gremiales, que son de rigor entre ciclistas de ruta, dan el inicio a una muy breve pero bastante cordial platica… me cayeron bien!. Rato después llegan Armando y Edgar pedaleando, Arturo y Cristian no se hicieron esperar mucho, Pedro… bueno, a el si lo tuvimos que esperar un poco; lo suficiente para que una nada amable frutera del mercado no me quisiera dar vuelto por un plátano y luego cuando me dio el vuelto, no me dio el plátano!. En fin! Salimos de esas tierras algo tarde, pasadas las 9:30 a.m., pero salimos!

Los primeros kilómetros en grupo pasan sin mayor novedad; Edgar y Pedro hacen alarde de su buen estado físico y apuran el paso, Arturo sufre una pinchadura y Cristian un desperfecto en los cambios, pero todo va bien en términos generales.

Sobre el medio día, o mejor dicho; bajo el sol de medio día, dejamos atrás San Bartolomé y vamos en pos de San Jerónimo de Surco. Una escala técnica infaltable en el kiosco del Km. 63, para degustar la tradicional porción de huevo duro con papas, de manos de “la amiga" de Arturo, nos da un breve respiro a cuatro de los pedaleros.

El ascenso continua, el cielo se nubla y cuando rodábamos por el Km. 65 una fulgurante, repentina y breve luz nos alumbra… me tomaron una foto?... no?.. Un fuerte Truuumbleblumm!!! resuena en los cielos y antes que sus ecos se sequen en el aire, la helada lluvia nos moja en la tierra. Diablos! A apurar el paso en busca de refugio!.

Totalmente mojado y tiritando de frío llegue a San Jerónimo. Allí, asilados en un restaurante, y mientras esperábamos a Armando que venia algo rezagado, tomamos café y pedimos periódicos; no, para leer no, para ponerlos entre nuestra escasa ropa (Un muy mojado polo de Jersey y short de Lycra por todo abrigo) y aislarnos del frío. Afortunadamente yo había llevado un impermeable (Amarillo y con la foto de Mickey Mouse en la espalda) que, al menos, me protegía algo de la lluvia, mas no del frío.

Continuar el ascenso en estas condiciones era cosa de locos, pero no siendo famosos precisamente por nuestra cordura… continuamos! La pendiente de los 8 o 9 kilómetros de la carretera entre Surco y San Mateo es sumamente empinada, la lluvia no cede, los camiones y buses me bañan en barro cada vez que pasan a mi lado, el sonoro tiritar de mis dientes no me deja escuchar otra cosa y mis pies totalmente mojados y congelados se me entumecen, en especial el izquierdo que ya empieza a doler de frío, cual si lo hubiera sumergido por largo rato en un cubo de hielo. Me voy rezagando y congelando, pero rendirme cuando falta tan poco… No!. Llegue con cierto retrazo, pero… llegue a Matucana!

Una pollería y su menú, brindan cobijo de la lluvia y el hambre a seis hipotérmicos y cansados ciclistas en Matucana bastante pasadas las 3:00 p.m. Sentados a la espera de mejores condiciones atmosféricas, pero… con cada minuto que pasa, la lluvia se hace mas fuerte y una densa niebla amenaza nuestra visibilidad y posibilidad de retorno. Hora de decisiones; Armando opta por la seguridad del retorno trunco a bordo de un bus; el resto, como era de suponer, optamos por el pedaleo, el frío, la lluvia, la niebla, la adrenalina y la necedad (en orden inverso, claro esta). En realidad, y a mi parecer, el ascenso había estado tan exigente que merecía un final mas digno y dramático (e imprudente) que un tentador, cómodo y caliente bus. Alguien me dijo una vez que salidas como esta eran “Actos de heroísmo inútil”, puede que tenga razón, pero… que bien se siente uno al realizarlas!

Retomando el relato; Ya próximo el ocaso, desde Matucana, cinco kamikazes ciclotransportados nos enrumbamos cuesta abajo y en fila india, como hormigas deslizándose por el húmedo lomo de una negra serpiente. Recorremos las curvas y contra curvas de la carretera central, que discurre entre las montañas de las estribaciones andinas, que cual gigantes de piedra a nuestro alrededor cubrían su rostro con niebla para no ver la brutalidad que vamos cometiendo. Descendemos a velocidad de crucero, con la escasa adherencia de las delgadas y lisas llantas pisteras sobre el agua, los frenos mojados, la lluvia que nos golpea el rostro, el barro que nos salpica en los ojos, el viento que nos congela, toreando camiones y buses; sin desaprovechar, claro esta, algunos instantes detrás de cada camión, para calentarnos un poquito con los gases del tubo de escape antes de rebasarlo. Atrás van quedando, en solo cuestión de minutos, Matucana, San Jerónimo, San Bartolomé, Cocachacra, Carachacra, Corcona y cuanto pueblo en nuestro ascenso habíamos alcanzado no sin poco esfuerzo.

Todo iba bien; bueno,“bien” es un concepto relativo, no? . porque las nubes de lluvia descendían por el valle hacia la costa, a la misma velocidad que nosotros y siempre sobre nuestras cabezas, de modo que todo el trayecto lo hicimos con “clima propio” y este no era precisamente el mejor de los climas.

Casi llegando a Ricardo Palma, a la altura de Santa Ana, nos salio al encuentro un perro, uno de esos innumerables canes carreteros que han tomado por deporte y juramento morder ciclistas al paso, normalmente no le hubiera hecho caso, pero con la reciente mordida de que fui objeto (leer crónica aquí) tome por precaución esquivarlo abriéndome hacia la izquierda; eludido el animalejo, vire para retomar mi derecha sin percatarme de la proximidad del cruce de la vía férrea. Ya era demasiado tarde, yo venia rápido, seguía lloviendo y estaba dirigiéndome en el peor de los ángulos al cruce en el que no hace mucho un ciclista, en similares circunstancias, se rompió una pierna cuando descendía desde Ticlio. Trate de corregir mi ruta de aproximación, logre pasar la rueda delantera, pero… la posterior patino sobre el lizo y mojado acero de la vía, se levanto en el aire hacia la izquierda, yo baje el pie derecho buscando apoyo en el suelo, pero este también resbalo en lo mojado y mi pierna se metió debajo de mi monoplaza, iniciando ambos un vuelo razante, en horizontal y de través sobre la carretera… alguna vez han arrojado una piedrita con fuerza en ángulo agudo sobre el agua?... han visto como rebota tres veces antes de hundirse?... bueno, así salí arrojado yo sobre el asfalto, rebotando tres veces antes de patinar varios metros sobre el mismo. Con cada rebote iba dejando algunos trozos, nada despreciables, de epidermis de mi rodilla y codo, alternadamente, sobre la pista; mientras en cada ocasión, la bicicleta, que caía sobre mi, me hacia en simultaneo un nuevo “piercing” con los dientes de la catalina en la canilla.

Pedro que venia detrás mió se apresuro a recogerme de debajo de mis propios escombros (gracias Pedro!). me incorpore, no sin ayuda, y ví con satisfacción que mi monoplaza estaba intacto (mi pierna, atrapada entre esta y la pista, la había protegido de todo mal). Me tomo varios minutos recuperarme del golpe y recobrar la movilidad en mi rodilla. Mientras tanto, veíamos pasar una Combi proveniente de las alturas con una “Mérida” azul en la parrilla; era Armando que nos rebasaba.

De nuevo sobre mis dos ruedas, llegamos al parque de Chosica, ahí nos esperaba Armando, un café caliente, una cachanga y el final de la lluvia, pero no el final de la historia; si bien todos teníamos un aspecto general de naufragio reciente, Arturo concitaba toda la atención y miradas de los transeúntes pues su rostro estaba enteramente cubierto de barro, cual mascarilla rejuvenecedora, de la que solo se distinguían los ojos. Y Cristian?... desapareció?… Al parecer Cristian se siguió de largo sin detenerse y sin despedirse. Minutos después , ya bajo las sombras de la noche, proseguimos nuestro pedalero retorno a Lima, yo me separe del grupo en Puruchuco y llegue a casa 15 horas después de haber salido de ella, cansado, magullado, mojado, y aun con frío.

Solo me resta añadir que…prometo no volverlo a hacer! (me refiero a esquivar al perro, porque otra salida como esta… no me la pierdo!)

Carlos García Granthon

martes 30 de diciembre de 2008

Me pareció ver un lindo perrito



Diciembre 29 de 2008


Después de descartar el prototipo de montaña N°1, debido a los sucesos narrados en crónica previa, salí a probar las modificaciones y correcciones hechas en el prototipo de montaña N°2, (feo como mi suegra y pesado como mi cuñado) en su segunda salida a campo. También, y debido a las escasas excursiones en la modalidad “Todo a pedal” que ya casi no se promueven en los círculos que frecuentaba, había reconfigurado mi agenda, pues ya no es menester salir a pedalear necesariamente los domingos, y en realidad si he de salir en solitario; el transito es mas benévolo en días laborables.

Así las cosas el lunes por la mañana emprendí el pedaleo con rumbo a Chillaco Chico, donde quería examinar el extremo de una ruta para un futuro proyecto ciclo-expedicionario; al llegar a Cieneguilla me tope con niebla cerrada que prometía protección contra los rayos del veraniego sol, pero esta solo me acompaño unos kilómetros a lo largo del río Lurin y para cuando pasaba por Río Seco, ya se había disipado, al igual que el asfalto sobre el que rodaba en un principio. Bajo un cielo despejado y un sol calcinante proseguí mi ascenso por el valle.

Pasando el puente Chontay, pero antes de llegar a Vichulla, me salieron al encuentro dos viejos conocidos; un par de perritos criollos, uno negro y otro color chocolate, que siempre me persiguen ladrando en esta parte del camino. Es bien sabido que, en lo general, mis relaciones con los cuadrúpedos han sido siempre más fraternas que con los bípedos. Hasta se podría decir que mantengo un pacto con los canes (“ellos no me muerden, yo no los muerdo”) por lo que luego de unas decenas de metros, mi ocasional y bulliciosa escolta, me dejo proseguir tranquilo sin mas daño que el retumbar de sus ladridos en mis oídos.

Al llegar a Nieve-Nieve, me detuve en la clásica fonda de ciclistas (han retirado el sticker de “Cicloturismo” de la columna) para refrescarme un poco, faltaban solo unos 13 Km. para llegar a Chillaco y recién eran las 9:30 a.m., pero el sol quemaba con encono y en realidad, en este punto, mis sudorosos poros hacían ya mas ejercicio que mis piernas. Se me ocurrió abortar la idea original, dar media vuelta y descender por el valle hasta sus terrenos mas bajos, en Pachacamac, donde suponía encontrar aun algo de la matutina niebla que me permitiera completar un mínimo aceptable de kilómetros para el ejercicio.

Descendía yo a buena velocidad por el maltrecho camino, encajonado entre las rocas a mi derecha y un cerco de esteras a mi izquierda, distraído en el funcionamiento de mi suspensión posterior que, con las “operaciones” que le había efectuado, parecía trabajar muy bien sobre rocas y encalaminado; había olvidado por completo que me encontraba trasgrediendo el territorio que el par de canes reclama para si, cuando de pronto; una silenciosa sombra color chocolate, brincó desde una abertura entre las esteras, en ruta de intersección hacia mi, y antes que sus cuatro patitas hubieran anclado en piso, su dentadura ya había anclado en carne, y no soltaba prenda!; aun con mi bicicleta en movimiento, varios metros flameo al viento el animalejo al lado de mi monoplaza, bien sujeto de mi pantorrilla con sus encorvados colmillos y sus no menos torcidas intensiones, mientras yo sacudía la pierna para desprenderlo. Cuando por fin me soltó, se alejo en silencio moviendo el rabito, con la cabeza erguida y una expresión de triunfo en su mirada. Condenado perrito hijo de… de su progenitora!!!

Por un momento pensé en ir a buscar al dueño del pequeño demonio para presentar mis reclamos, pero supuse que si me internaba en alguna de las chacras circundantes, que el animalito reclamaba como su propiedad, incluida la parte del camino que yo había osado profanar; seguramente recibiría una segunda mordida. Así que preferí proseguir mi camino y conservar, al menos, una pierna sana.

Aquí hago un alto en el relato, para rogar a quien transite por la zona, sin importar el número de ruedas que lo transporte, que no atente contra la integridad del mencionado can. No, no es que lo haya perdonado, y menos que le haya agarrado cariño; sino que mi ahora “hermanito de sangre” es modesto en estatura y dentadura; y si algo le sucediese, quien me garantiza que su dueño no lo reemplace luego por otro de igual genio, pero de mayor porte y mejor marfil.

Cojeando (se puede cojear en una bicicleta?) y maldiciendo (eso si se puede!) proseguí mi camino. Al llegar a Cieneguilla nuevamente, divise una bruma hacia el oeste que me daba esperanzas de un mejor clima en la parte baja, pero… huele a quemado!, la niebla huele a quemado?,… la niebla tiene olor?. Tres camiones de bomberos no tardaron en despejar mis dudas; se había producido un pequeño incendio en los secos cañaverales que bordean el poco generoso río y las llamas amenazaban algunas propiedades en la rivera… ni hablar!, hoy no es mi día!. Me senté a reponer líquidos y carbohidratos en el Minimarket (mini?) proximo al ovalo y entablé conversación con otro ciclista que había detenido ruedas en el mismo lugar, convinimos en pedalear el retorno hacia Lima juntos, pero al iniciar el asenso que nos conducía fuera del valle; el excesivo peso de mi monoplaza, los kilómetros andados, el calcinante sol y, en especial, la dolorosa molestia que producía el odontograma canino que se exhibía en mi pierna izquierda, no me permitían seguir el mismo ritmo que él. Tarde 1:10 en coronar la cumbre… En fin, al menos hice ejercicio, creo?

Carlos Garcia Granthon

lunes 1 de diciembre de 2008

se te bajo la llanta?


Noviembre 30 de 2008

Armar una bicicleta de montaña sobre un antiguo marco de pista, no parece muy cuerdo, pero… quería explorara nuevas posibilidades y rutas que me estaban vedadas en mi fiel pistera, así que… tome un viejo cuadro de pista, algunas refacciones que tenia por ahí, compre un par de relucientes aros de aleación y…

La salida de prueba la había realizado una semana antes con una breve ruta de ida y vuelta por terreno afirmado, desde La Molina hasta Sisicaya. Con algunos percances en el recorrido; un palo que no vi a la vera del camino; se enredo en el descarrilador, torciendo este y dos discos de la piñonera. Aun así el balance general fue bastante aceptable y me entusiasmo la posibilidad de poder rodar por malos caminos con relativa facilidad.

Este domingo, con mi engendro mecánico operativo nuevamente, me uní a Ricardo y Walter que tenían programada una salida por los circuitos de Cross Country y Dawnhill de Pachacamac. Tomamos la ruta escénica de Cieneguilla, la que da un rodeo por los limites de Tinajas; algo de afirmado, algo de barro, un encalaminado aquí y allá, todo va bien, me preocupa un poco el marco y mi freno posterior (un viejo caliper que solo frena martes y jueves), pero hasta el momento nada se ha roto, afortunadamente voy rodando sobre llantas nuevas y buenos aros . Ja!, buenos aros... eso creía yo, por que eso fue lo que me dijo el vendedor, que seria incapaz de mentirme, no?.

Luego de varios kilómetros a buena velocidad sobre mal camino, llegamos a una pronunciada pendiente de tierra que nos pone en la línea de partida de “El Cardal”, conocido y exigente circuito de Cross Country. Ricardo va por delante, yo lo sigo y detrás de mí viene Walter para, en caso necesario, recoger mis restos. El preocupante, crujiente, alto y viejo marco de la pistera no me permite bajar mucho el asiento para mejorar mi centro de gravedad, que ya esta bastante alto si consideramos que al pasar los ”single tracks” llevo… las bolas de corbata!

Por estado físico no me quedo, pero esto es más técnica que otra cosa. El camino a seguir es una angosta huella de escasos centímetros a media ladera del cerro, flanqueada por un lado con filosas rocas y por el otro con un pequeño desfiladero lo suficientemente alto como para dejar expuestos y descarnados los huesos de quien tenga la mala fortuna de explorar involuntariamente sus profundidades. Para quien lo recorre por primera vez (yo) cada intrincada curva ciega resulta una interrogante; en esta me sacare la m…?

Sin coderas ni rodilleras que pudieran impedir que termine señalizando a sangre y piel la ruta en el primer resbalón, pasamos badenes, cuestas, camas de rocas y cuanto accidente geográfico se pueda enumerar; hasta llegar por, la parte baja, a “El Prado”, otro circuito de Dawnhill donde se realizan competencias. Aquí Ricardo me advierte que baje frenando pues la pendiente es más pronunciada de lo que parece. Yo, por supuesto, solo le hice caso a medias y, detrás de el, baje a buena velocidad saltando por los huecos y encalaminados de esta medianamente ancha recta final del circuito. Ya me esta gustando esto, sobre todo eso de elevarme algunos centímetros en el aire cada vez que paso a velocidad por los desniveles del camino, solo faltan unos cien metros y habré salido ileso del recorrido, pero… Pop!!!, psssssssss… Ups! Se me reventó la llanta posterior!, bueno, ni modo… Detengo mi artefacto, me bajo a ver y… El aro posterior esta roto!, abierto como un plátano y un fragmento de este ha cortado y penetrado llanta y cámara… “#%$&=¡¡*!!!. Yo acostumbro llevar conmigo, herramientas y algunas refacciones, pero un aro de repuesto? No, eso no se puede llevar!

Walter se detiene junto a mí y Ricardo da la vuelta;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

En realidad es aquí donde comenzó la aventura; empujando los restos de mi monoplaza llegamos hasta el final del circuito; hasta el Kiosco de “el Mexicano”. Dos ciclistas estaban allí guardando sus monoplazas en su vehiculo;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???
Este par de anónimos y buenos samaritanos del ciclismo se ofrecieron a llevarme en su camioneta hasta Pachacamac, para ver si allí conseguía un aro nuevo en alguna bicicleteria.

Una vez allí, junto al “Arbolon” espere a mis compañeros que venían detrás pedaleando, los tres caminamos hasta una bicicleteria en la carretera;
-Buenos días, podría…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

Como sea, el tipo se quiso aprovechar de mi precaria situación y quería venderme un par de aros de dudosa calidad (mas dudosa que los míos) en S/. 170 soles!... ni hablar!

Seguimos caminando hasta otra bicicleteria, salio un señor, aparentemente el Padre del dueño del taller y..
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

En resumen; el dueño del taller y las llaves del mismo habían salido a pedalear y no había forma de que me vendieran un aro.

Cruce la carretera y luego de despedirme de Ricardo y Walter, que nada podían hacer ya para solucionar mi percance, me senté a esperar una combi con parrilla que me lleve a Cieneguilla… media hora y nada, todas las combis pasaban repletas y sin parrilla. Retome mi caminata , siempre empujando mi artefacto cilopropulsado, y retorne al pueblo; ahí cerca del mercado, me tope con otro grupo de ciclistas;
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???

Uno de ellos se apiado de mí y me acompaño hasta un bicicleteria próxima, me presento al dueño que al ver mi bicicleta…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro
-No, Como vas a haber roto el aro???
Resulto que este si tenia aros , pero … miro su reloj; las 12:00, era hora de almorzar y… me dijo que volviera en hora y media!.

Retorne caminando hasta el Arbolon y empecé a preguntar a los taxis… nadie quería ir hasta Cieneguilla y menos hasta La Molina. Me senté en una banca y empecé a hacer un rápido inventario, y balance costo/beneficio, de las piezas de mi bicicleta que podía desarmar, rescatar y llevar en una mochila, vs. las que tendría que abandonar allí en la plaza de Pacacamac , debajo del arbolon, si quería retornar a mi casa. En ese momento se me acerco un Moto taxista…
-Se te bajo la llanta?
-No, rompí el aro… y sí lo rompi, y no, no se como!, Carajo!!!
El buen hombre se apiado de mí y me llevo con todo y bicicleta en mototaxi hasta Cieneguilla, de allí sin mayores problemas tome un colectivo que me dejo a una cuadra de mi casa cerca de las 3:00 p.m.






Ahora medito sobre la posibilidad de desmantelar la bicicleta y retomar mis monoplazas pisteros o comprar un juego de buenos aros, llanta y camara, quien sabe un marco tambien...

Carlos

sábado 23 de agosto de 2008

Asi pasa cuando sucede

Lima – San Jerónimo de Surco - Lima
Agosto 17 de 2008

Intentar un ascenso a pedal hasta San Mateo, ida y vuelta desde Lima en un solo día, no sonaba muy fácil de hacer y yo tenia serias dudas sobre si podría lograrlo, pero… solo había una forma de averiguarlo!

Antes que aparezca el sol por el todavía obscuro horizonte, ya Armando y Aníbal habían aparecido por la no menos negra carretera central y yo, como siempre, los esperaba a la Altura de Puruchuco; medio mojado por la lluvia y medio dormido por la hora, me acople al grupo y los tres… como que tres?, y Octavio no venia también?... ah! se le bajo una llanta saliendo de su casa y nos dará el alcance en Chosica, vía colectivo para recuperar tiempo.

Pedalear con lluvia cuesta arriba, sobre barro y en medio del proverbial transito de Vitarte, no es muy fácil; la bicicleta se pone pesada, las piernas se esfuerzan y…Tamare! Se me bajo una llanta! Ni modo de parar aquí para parcharla, mejor sigo pedaleando hasta el grifo del Km. 21 para arreglarla, total no falta mucho. Ese fue un grave error; pedalear con una llanta baja, aunque la vaya inflando de rato en rato con el inflador de mano, puede resultar mas pesado que una conversación con mi concuñado, y lo único que conseguí fue retrasarme y agotar los músculos en poco tiempo.

Con mucha incomodidad por la lluvia, y poca destreza por dicha incomodidad; desmonte la llanta y cambie la cámara en el grifo, para inmediatamente volver a montar mi monoplaza pero sin tener tiempo para la rehidratación y el obligado breve descanso para la primera etapa de los casi 100 Km. que debería tener, solo en la ida, el ascenso programado. El panorama a futuro ya no pintaba tan bien; mas aun si para reponer el tiempo perdido por mi percance; Armando, a la cabeza del equipo expedicionario, decide saltarse al vuelo la segunda parada programada en chaclacayo (Grave error #2) donde usualmente reponemos algo de líquidos y potasio (léase; Jugo de naranja y plátano de la isla).

En Chosica nos encontramos con Octavio y Menandro que bastante frescos, pues habían llegado en colectivo, nos acompañaron con el brebaje ritual de maca con quinua, seguidos del infaltable pan con camote. En este punto casi doy media vuelta y me regreso pues si bien la ruta recién empezaba; por mi mal calculo ya había quemado piernas y difícilmente lograría terminarla, pero… total! Si no tengo nada mejor que hacer y esto no es una competencia; mejor los acompaño hasta donde me den las rodillas, disfruto el día y luego me regreso.

Salimos de Chosica medio repuestos y vamos a buen ritmo subiendo por la carretera; a la altura de Santa Ana, recordé que justo ahí, hace unas semanas, se le había pinchado la llanta a Aníbal, le iba a comentar eso a Octavio que venia detrás mío pero… y Octavio? Se ha quedado parado 100 metros atrás, que paso?...ah, otra pinchadura!, maldición! . bueno, tres pinchaduras en una mañana ya es algo por encima del promedio, es de suponer que ya no tengamos mas percances… o si?

Totalmente fuera de cronograma y recién por Cupiche; Armando va girando los pedales con las piernas y sacando cuentas con los dedos, para ver si por medio de algún artificio matemático aun tenemos probabilidades estadísticas de llegar a San Mateo y cuando por fin una remota posibilidad empieza a emerger en sus cálculos…

- Armando
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Los Flamantes grifos de esta parte del camino no tienen aire en las mangueras, aire que deberían por obligación proporcionar, según reglamento que parecería estar escrito en el aire que no tienen, más aun si estos grifos comparten el paisaje con un puesto policial y una garita de peaje. A punta de inflador llegamos a la plaza de Corcona, donde Armando pudo por fin cambiar cámara, después de pedalear varios kilómetros con la llanta baja (Grave error #3).

Tratando de recuperar tiempo nos saltamos las paradas de Carachacra, Cocachacra y San Bartolomé (Grave error #4), empiezo a creer firmemente, y mas allá de toda duda, que ya no llegamos hasta San Mateo.

Armando tira la toalla, la bicicleta y las esperanzas, cuando un fuerte calambre lo deja fuera de combate, justo en la puerta del archiconocido kiosco del Km. 61, donde por S/. 0.60 le proporcionan una bolsita con un huevo duro y dos papas sancochadas a cuanto ciclista pasa por ahí. El retorno se plantea sobre la mesa, pero tras la rehidratación y la breve merienda; retomamos la marcha. Al Parecer era solo cuestión de huevos (con papas) llegar al menos hasta San Jerónimo de Surco, para dar por culminado el ascenso con cierta dignidad.

En San Jerónimo, donde algunos llegamos arrastrando los pedales y otros los pies, nos encontramos con Arturo que bajaba en su monoplaza desde Ticlio, adonde había ido a aclimatarse un poco para una futura salida transandina. Me hubiese gustado llegar hasta Matucana; solo faltaban 8 Km., en fin! Otra vez será. Ahora en numero de seis nos sentamos a una mesa para el bien merecido almuerzo; Una sopa caliente y un plato de ají de gallina por S/. 4.00, seguidos de una amena tertulia que nos sirve de reposo, mientras nos visita Jorge y un amigo suyo que retornaban de hacer un Chosica – Matucana. Hora de retornar, pero…

- Octavio
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Mientras Octavio parcha su llanta y enllanta su parche, se me ocurre revisar las mías; tres espinas en la delantera que afortunadamente aun no tocan cámara y un corte de mas de 2 cms en la posterior, que cual boca abierta deja entrever una cuadriculada dentadura de lona.. Tamare!, Llanta nueva a la basura! Ojala no reviente y aguante los aproximadamente 75 Km. que hay desde aquí hasta la puerta de mi casa.

Con los monoplazas operativos nuevamente, vienen las fotos de rigor en la plaza principal y emprendemos el retorno ya bastante pasadas las 5:15 p.m. El descenso es a todo pedal, entre buses y camiones, serpentines y rectas. El sol cae en el horizonte mientras nosotros caemos en Chosica; Octavio y Menandro nos comunican un “Hasta aquí nomás” y buscan cuatro ruedas ajenas que transporten sus dos propias hasta Lima. Los cuatro restantes buscamos una picaronera para cerrar la tarde dándole cierto gusto al paladar, pero…

- Aníbal
- Que?
- Tu llanta…
- @#$%&° ¡!!

Si, se le pincho la llanta, esa misma llanta cuya cámara tiene un protector especial a prueba de pinchaduras y que ya por segunda vez deja serias dudas sobre su reputacion. Rato después, con las llantas infladas y el estomago también; volvemos a la obscuridad de la ruta carretera; Aníbal se queda en Chaclacayo a pasar la noche, y los tres últimos pedaleros; Armando, Arturo y yo proseguimos el retorno, total que mas nos podría pasar ya?...

Niebla! Blanca, espesa, cerrada y helada; desde Chaclacayo hasta Vitarte, las manos se entumecen, los pies se congelan, los ojos no sirven y las linternas no ayudan… esto es una maldición gitana!, en fin… así pasa cuando sucede.

Arribé a casa alas 9:30 p.m. ; más de quince horas después de haber salido con rumbo a donde no llegue.

Fin

miércoles 30 de julio de 2008

Disculpe... Javier Prado Oeste?








Julio 27 de 2008


Con los feriados de fiestas patrias en curso; y miles de personas ansiosas por salir, todos a la vez, de esta ciudad para cambiar por unos días el estrés del día a día, por el gran congestionamiento que se genera en las vías de salida de la ciudad, donde miles de vehículos se atropellan en una loca carrera por ser los primeros en abandonar esta no menos loca urbe. Así las cosas; cualquier salida ciclística por las zonas próximas a Lima resultaba poco atractiva y bastante insegura, así que…

Las primeras luces del alba iluminan las ultimas piezas de nuestras bicicletas, que desarmadas sobre el pavimento del ovalo Santa Anita, esperan su turno para ser estibadas en el maletero de un colectivo con rumbo a Chosica. No me agrada mucho la idea; las bicicletas, nuestro “otro yo mecánico”, se maltratan mucho en el viaje y no es que la mía sea precisamente el ultimo grito de la tecnología o el state of the art de las bicicletas, pero así; viejita, pesada y fea (como mi suegra), es mi compañera de aventuras y con cada kilómetro pedaleado hay un cierto cariño ganado.

Tras algunas discusiones con el chofer, pues el precio pactado por el transporte al abordar había sufrido un súbito e inesperado incremento de índole ”aniversario patrio” durante el trayecto, llegamos a Chosica. Hora de armar las bicicletas nuevamente; ups! La llanta de repuesto del colectivo ha golpeado y “desviado el desviador”… “el enderezador que lo enderezare”… chesum...! Insisto; no me gusta la idea…

Mientras esperamos al cuarto mosquetero de la ruta de hoy, que viene en otro colectivo, pues al parecer su despertador no es de tan buena factura como su bicicleta, vamos por el infaltable vaso de extracto de maca y pan con camote.

Ahora si los cuatro: Armando; maestro y guía de Perú Riders, Octavio; sumo pontífice de Cicloaxion, Carlos; tocayo y solitario pedalero de Chorrillos y Yo; indiscreto escribidor de estas líneas; esperamos nuestro turno en el parque Echenique para subirnos al bus e ir cómodamente sentados justo debajo de la parrilla donde van nuestras muy incómodamente apiladas bicicletas. Definitivamente no me agrada la idea…

Matucana nos recibe a nosotros, y nosotros recibimos a nuestras bicicletas que bajan algo golpeadas de la parrilla del ómnibus. Armando busca su cámara para filmar y todos buscamos un baño para… (Mucho liquido, mucho frío, mucho rato…). Las fotos de rigor en la plaza principal y la estación del tren y… al fin, hora de pedalear!

En ascenso rumbo a San Mateo; los primeros 5 Km. resultan bastante suaves, mucho mas suaves de lo que habíamos previsto, vamos promediando poco mas de 14 kph… Uhmmm… las Leyes de Murphy nos vienen a la mente en la primera parada y… si! después se puso feo el ascenso, casi tiro la toalla tres kilómetros mas adelante!… un segundo aire me puso de nuevo en ruta y retomo el ritmo, proseguimos el trayecto amenizando un poco con alguna oportuna ocurrencia de Octavio quien luego, al final del ascenso, sin querer le pondría titulo a esta crónica.

Los túneles son siempre un problema, habían dos; el primero no me molesta. El segundo, de 199 metros de longitud y cuyo nombre no recuerdo, me da un buen susto; al ir a medio túnel en completa obscuridad; pise “algo” gelatinoso, probablemente algún pobre animalillo atropellado en la vía, justo en el momento en que ingresaba, por el extremo opuesto, un vehiculo con las luces altas encendidas que me ciegan totalmente; todo se pone negro y pierdo la noción de arriba y abajo, la bicicleta patina de izquierda a derecha sobre ese “algo” y no se si vengo, voy, ya me caí, o sigo en pie… Horrible oye!... ufff, el susto pasa y la visión vuelve… sigo vivo, sigo pedaleando, sigo en el grupo.

La última pendiente en serpentín nos eleva, con no poco esfuerzo, a nuestro destino; San Mateo de Huanchor. Es poco más o menos la 1:00 p.m. Con el desayuno como vago recuerdo en nuestros estómagos y luego de 20 Km. de pedaleo en respetable pendiente, irrumpimos en plaza publica en medio de las celebraciones patrias; varias decenas de fogones donde se cocinan desbordantes chuletas y aromáticos anticuchos llaman, cual canto de sirenas, a mas de uno de nuestros sentidos mientras algo se escucha por los altavoces; algo respecto a unos deportistas… en fin! El efecto gastro – hipnótico de las jugosas carnes nos retiene, el altavoz es mas fuerte y sigue repitiendo lo mismo, no le prestamos atención, solo vemos las chuletas, solo oímos el crujiente tostar de las carnes, la boca se hace agua, el paladar se hace ilusiones. Sin despegar la vista de la parrillera tentación nos tomamos unas fotos junto a la pileta, donde aun se percibe el olor a papas doradas, choclo serrano y carne a la parrilla; el altavoz sigue insistiendo por enésima vez, esta vez en tono muy enérgico,... que dice? Ahhh, eso era… ups!, con el hambre no nos dimos cuenta, y ya tenían como 15 minutos repitiendo desde el podio:

“ … Y en este momento hacen su ingreso a esta plaza cuatro distinguidos ciclistas, dignos deportistas, que nos honran con su presencia en las celebraciones por fiestas patrias y a quienes invitamos cordialmente a acercarse al estrado…”

Aunque yo difícilmente califico como deportista… ni modo!, el saludo, las fotos de rigor con los funcionarios públicos, la entrega de folletos turísticos y algún compromiso de Armando para una posterior entrevista con el alcalde. Realmente muy hospitalarios, nos trataron bastante bien. (Gracias San Mateo de Huanchor).

Un paseíllo por el pueblo, el mercado… es temprano, conversamos sobre adonde ir; …en realidad el ascenso no fue tan difícil… un par de kilómetros mas no estarían mal… el infiernillo no esta lejos… total, ya llegamos hasta aquí… Vamos!

Otra vez en la ruta, pedaleamos de un solo tirón y a buen paso los 4 Km. hasta “El Infiernillo”, aquí a 99 Km. de Lima y cerca a los 3,400 msnm, la mayoría de los automóviles que transitan por la carretera, al pasar junto a nosotros, aminoran un poco la velocidad y nos quedan mirando. Cuando nos detuvimos para tomarnos algunas fotos bajo los puentes, algunos vehículos sobrepararon y hasta hubo quien nos fotografió. Cada vez que esto sucedía; Octavio hacia el ademán de acercarse al vehiculo y yo no entendía el porqué. Mi curiosidad pudo más y le pregunte:

- Les quieres decir algo?
- Si, quiero hacerles una broma
- Una broma, Cual?
- “Disculpe… Javier Prado Oeste?”

La última parada fue en la boca del túnel Cacray, aquel profundo hoyo negro que con sus 580 mts de longitud ha sido el protagonista en más de un Anecdotario. Le mostré a Armando la “ruta alterna” para evitar el túnel y poder continuar (en otra oportunidad) sin tener que arriesgarse a pasar por el famoso Cacray. Como en este punto el ascenso llego a su fin y como ya dije antes; Deportista, pues… no soy! Me pareció oportuno cometer un pequeño sacrilegio y… encendí, con sumo placer, un cigarrillo que ya me venia provocando hace rato. Mientras disfrutaba del sabor a tabaco y satisfecho con mi rendimiento en el ascenso, le dije a Armando;

- Creo que ahora si llego desde Lima hasta San Jerónimo de Surco, no?
- ©0#$%@&## !!!

No, aquí no termina el relato; aun estamos a 99 Km. de Lima, es tarde y todavía no hemos almorzado. Un rápido descenso hasta San Mateo nos lleva por el otro lado del pueblo, donde Armando nos muestra algunos lugares de interés, la iglesia y la otra plaza; en esta no nos recibe el burgomaestre, mas bien nos expulsa un borracho… en fin!. Almorzamos en un restaurante donde dan servicio de custodia a las bicicletas, lugar modesto, pero de atención y comida generosas.

Hora de retornar; son bastante mas de las 3:30 p.m. y a bordo de nuestros monoplazas descendemos por los serpentines de la carretera central a velocidad considerable, cual escuadrón de combate en pos de un objetivo, en maniobras evasivas y casi acrobáticas, sorteando camiones, buses y algunos autos en nuestro loco zigzagueo por entre el transito carretero, unas veces en fila india otras en formación en V, vamos navegando a todo pedal por sobre el asfalto con la única protección de nuestros ligeros cascos. El frío viento de la tarde serrana congela nuestros dedos y frenar se hace difícil

- Armando, a cuanto vamos?
- 56 kph

Caemos en Chosica antes que el sol caiga en el horizonte; el congestionamiento de transito esta infernal, Octavio prefiere culminar aquí el pedaleo y lo embarcamos en un colectivo a Lima. No, yo no vuelvo a meter mi bicicleta en un colectivo!; nosotros tres seguimos sobre ruedas; la noche es ya absoluta y las cunetas, jardines, veredas, canchones y bermas nos sirven como ruta “Cross Country” para sortear el trafico totalmente embotellado entre Chosica y Chaclacayo. Saltamos sobre rampas, huecos, matorrales y vidrios

- Armando, a cuanto vamos?
- Entre 30 y 40 kph.

Luces de emergencia atrás y linternas adelante nos llevan por el carril izquierdo en Vitarte… total, vamos mas rápido que los autos en el embotellamiento!... En la entrada a Puruchuco me despido y tomo mi desvío a casa ; fue una buena salida, siempre es un placer pedalear entre amigos. Son las 8:00 p.m. cuando guardo mi bicicleta en casa, han pasado 15 horas desde que salí en la madrugada.

Fin

miércoles 23 de julio de 2008

San Bartolome


Julio 13 de 2008

Me quede dormido!, son las 5:30 a.m. y tengo que estar a las 6:15 en la carretera central para unirme al grupo de ciclistas que sale con destino a Matucana. Un raudo desayuno, cojo los implementos y demás parafernalia ciclística que deje anoche sobre la mesa y salgo volando (léase; pedaleando) rumbo al punto de encuentro, ya con un par de kilómetros de recorrido y medio dormido aun; me doy cuenta que olvide la cámara de repuesto y mi bebida rehidratante en casa. Chesu!, en fin! Ya es tarde para regresar…El Market de un grifo en el camino me soluciona el problema hídrico, pero la cámara… ojala no se me baje la llanta, por que una cosa es pedalear por la carretera, y otra recorrerla con la bicicleta al hombro .

Voy pedaleando fuerte para llegar a tiempo y el sueño va dejando lugar al cansancio… cansancio? Pero si voy de bajada y son solo unos 10 kilómetros?... uhmm… bueno, ya voy llegando al punto de encuentro, llamo a Armando, experimentado rutero y líder de esta expedición, para ver por donde anda el grupo:

- Alo, Armando; ya estoy en la entrada de Puruchuco
- Hola Carlos, ya estamos cerca, espéranos ahí

Mientras llegan me bajo para sentarme al borde de la vereda; jalo la bicicleta hacia mi pero esta no se mueve, parece clavada al piso; una ramita se había enganchado en uno de los cables atascándolo y… recién me doy cuenta que me he venido pedaleando con el freno posterior pegado, con razón me canse.
Mientras anto espero no tener problemas con ningún parroquiano ebrio con ganas de jolestar, que sale de alguno de los innumerables lupanares, venusterios y chichodromos de esta no muy santa zona que aun se encuentra bajo el cómplice manto de la noche… que suerte! Justo veo venir hacia aquí las luces y circulinas de una camioneta de serenazgo; pero… una camioneta tan chica?, será un ovni volando bajo?... ah , no! Es… Es Armando; que viene pedaleando con multicolores luces de emergencia instaladas en los 64 puntos cardinales de su plano de navegación, mas una intermitente azul sobre el casco. Buena idea, así cualquiera lo ve en el trafico nocturno; y pensar que yo solo traigo una intermitente roja colgada de mi mochila.

Armando llega solo con Aníbal, al parecer el resto de inscritos para la jornada se quedaron dormidos. Los breves saludos y presentaciones del caso son el preámbulo para ponernos en camino; sobre la marcha me van dando algunos tips para conservar energía y no “quemar piernas” antes de tiempo; además nos vamos intercambiando la delantera, siempre mirando por sobre el hombro para ver que estemos completos; Armando, yo y….. y Aníbal? Donde esta? Diablos!... tras varios minutos de espera retornamos un trecho para buscarlo; se había quedado a degustar una infusión al paso en alguna trasnochada carretilla de la carretera. Seguimos pedaleando; ahora si Armando, yo y… y Anibal? Otra vez!, otra emoliente?, bueno pues, ya nos alcanzara.

Varios kilómetros adelante, ahora si los tres en grupo, y ya bajo la brumosa luz invernal vespertina, nos topamos con un poste de luz atravesado en la carretera, que seguramente se le “cruzo intempestivamente” al chofer del vehiculo que ahora tenia adosado en su base. Armando se detiene para tomarle una foto y empezar la filmacion, no se da cuenta y para justo bajo el caído cable de alta tensión que esta a pocos centímetros de volver a encender, por simple inducción, la circulina azul de su casco y de paso achicharrar todo lo que hubiere debajo de este. Yo no traje cámara fotográfica esta vez para disminuir peso en la mochila, que ya a poco de haber comenzado el día me esta irritando seriamente los hombros… Debería de instalar una parrilla en mi bicicleta.

Sin mayor novedad y con solo una breve parada en el grifo del Km. 21; llegamos a Chaclacayo para una escala técnica; reposición de líquidos (dejados en el baño del grifo), y la ingesta de algún plátano para evitar los calambres (funciona!... les aseguro que funciona!).

En camino a Chosica hacemos solo una parada; en el Km. 28, en la curvita de los cañaverales donde eventualmente alguien deja alguno que otro cadáver para mantener en alto el rating de los noticieros y las estadísticas criminales. Esta parada fue por mi culpa… mea culpa… a lo que alguien contesto; mea… mea rápido, que ya estamos atrasados!

Ya en Chosica; esquina de la carretera con la calle Echenique, una vivaz chica nos recibe en su carretilla e improvisado cicloparqueo, con un vaso de caliente extracto de maca y un pan con camote, ambos por S/. 1.20, que nos alcanza en mano antes que pongamos pie en tierra. Este servicio “drive in”, para reponer energías y carbohidratos, es parada obligada y punto de encuentro de muchos ruteros.

Es momento de aligerar la ropa y pasarla a la cada vez más molesta mochila; tengo que instalarle una parrilla a mi bicicleta!. Aquí nos da el alcance Arturo, afable ciclista que suele pedalear cada domingo hasta Matucana, con la naturalidad de quien sale a comprar el periódico. Armando nos presenta a mi y a… y Aníbal? Donde esta? Otra vez se fue!... algunos minutos después; aparece y retomamos el ascenso los cuatro.

Camino a Corcona, donde la cuesta ya se deja sentir, vamos lento pero seguro. Otra escala técnica para “reciclar” líquidos, es nuestra primera parada en este tramo; a la altura de Santa Ana junto a la línea del tren, tren que no tarda en pasar frente a nuestras narices y que si hubiera pasado un minuto antes podría haber dejado como eunuco a mas de uno. Aquí nos alcanza, rebasa y saluda un pelotón del “Team San Juan”; ciclistas deportivos que suelen entrenar en esta zona. Ya nos íbamos a poner en camino nuevamente cuando… Ups!, la llanta delantera de Aníbal esta pinchada; si, esa llanta que tiene un protector interno especial que se supone imperforable y por lo tanto es a prueba de todo; de todo menos de una pequeña espina de cactus, cactus que pareciera decirnos; “disculpen, no sabia que era imperforable”.

A Corcona llegamos sin novedad pero con sed. El “Team San Juan” descansa en un kiosco el fin de su exigente ruta y ritmo de entrenamiento, mientras nosotros proseguimos hacia otras altitudes.

Camino a Cocachacra, yendo adelante del grupo, pise una botella de vidrio que no vi, pero que si oí cuando estallo bajo mi llanta; afortunadamente solo ocasionó un corte en la cubierta posterior sin comprometer la cámara que no tenia como reponer. Paramos frente al desvío a San Damián para ingerir algo de líquido y alimento, que inmediatamente transferimos vía corriente sanguínea a la multitud de palúdicos alados que nos acribillan las piernas.

Túnel de por medio, y totalmente fuera de cronograma, llegamos a San Bartolomé a la 1:00 p.m. Ya casi sin piernas es hora de tomar decisiones; si bien Arturo se ofreció muy amablemente a intercambiar monoplazas, pues el suyo tiene relaciones mas bajas de catalina/piñón que podrían haberme permitido llegar hasta San Jerónimo de Surco con menor esfuerzo, pero por un lado tengo que guardar algo de resto físico para el retorno y poder subir la cuesta de la carretera a cieneguilla para llegar a mi casa y por otro lado; si algún día rompo una bicicleta, que sea mía y no ajena. Así las cosas; me despido; fue un placer pedalear con ellos, pero hay que saber cuando dar media vuelta. La proxima vez sera!

Mientras Armando, Arturo y Aníbal prosiguen hacia San Jerónimo; yo retorno en solitario, lo hago rápido; una escueta parada en Chosica por un sándwich y liquido es mi único intermedio hasta Vitarte; sorteado este pequeño infierno asfaltado y lineal, ingreso a la izquierda por Puruchuco con la intención de tomar un pequeño descanso, pero… noooooo! Hay partido en el monumental!... Las barras bravas… la policía… la multitud!... Tamare! No se de donde saque piernas para volar sobre mis dos ruedas por todo el frontis del estadio, pasar por el Banco de Crédito, tomar la pequeña cuesta de Club Ecuestre y parar a la espalda de Molicentro, en el ya acostumbrado minimarket de “Los Tres Chanchitos”.

Desde que salí en la madrugada, llevo ya unas diez horas sobre mi monoplaza, es necesario un breve descanso antes de embestir la cuesta de los últimos 4 km. que me llevan a mi casa. Uf, ahora si que ya no doy, si bajarme de la bicicleta me cuesta trabajo, no es nada en comparación con tratar de quitarme la mochila cuyos tirantes tengo incrustados en los hombros; he tenido que volverme a poner el buzo, cuanta cosa traía y hasta la luz de emergencia en pleno día, para aligerarla lo mas posible. Definitivamente tengo que instalarle una parrilla a mi bicicleta! En fin, primero a avisarle a Armando que tengan cuidado con las barras bravas cuando retornen, y luego a descansar un ratito, pero… suena mi celular… no! Otra vez no! Igual que el domingo pasado… yo creo que mi esposa me rastrea con GPS!:

-alo
-por donde estas?
-cerca a la casa, igual que el domingo pasado, por que?
-te llevaste la mochila?
-si, justo te quería comentar que..
-ya, ya, después me cuentas, aprovecha que estas con la mochila y traes unos plátanos, tangelos, manzanas y granadillas porque ya no hay fruta en la casa.
Texto: © Carlos Garcia Granthon
Fotos: © Armando Morante
Todos los derechos reservados

Corcona

Julio 6 de 2008

Con San Bartolomé en la mira como destino y sin desayuno camino al intestino, estoy otra vez pedaleando sobre la carretera central; voy entrando a Chaclacayo con buen tiempo y mejor resto físico que a última vez. Son las 8:20 a.m. y la panadería que me recomendaron como parada obligatoria, para todo buen ciclista rutero que necesita reponer líquido y carbohidratos, me recibe con una cola de varias decenas de parroquianos que esperan su turno para comprar el infaltable pan del desayuno dominguero. Inútil detenerse, sigo a pedal hasta casi llegar al puente Los Angeles donde una bodeguita me proporciona una Coca-cola acompañada de los infaltables kekitos encargados de dar los buenos días a mi ya hambriento estomago.

Parado al borde de la pista, junto a mi monoplaza, aun no había terminado de destapar la botella y abrir el paquete con los horneados entremeses, cuando vi a lo lejos aproximarse un pequeño grupo de coloridos ciclotransportados en ascenso por la misma ruta; buena oportunidad para acoplarme al grupo y subir por el transito carretero, en la seguridad que proporcionan mas de dos ruedas del mismo gremio girando juntas. Para que no se me vayan a escapar, me atraganto lo mejor que puedo mi improvisado desayuno desperdiciando mas de la mitad, levanto la pierna por sobre el asiento para ponerme en marcha y… solo alcance a escuchar tres sordos zumbidos de aire pasar por mi costado para luego perderse en la lejanía… demasiado rápido para mi! A ese ritmo vendrán desde Lima? uhmm... bajo nuevamente la pierna y trato de erguirme para no ahogarme con el gas de la bebida, que se me regresa por la nariz al encontrar el camino esofágico obstruido por los apresuradamente comprimidos kekitos.

Aun con vapores de vainilla y cola emanando de mi fosas nasales, arribo a Chosica; intercambio un raudo saludo con dos ciclotransportados sentados al borde de la carretera, en una mesa de buen ver y mejor degustar; prosigo hasta el parque principal y me detengo para localizar dos cosas; el origen de un zumbido en el eje posterior y… un desayuno pacifico y decente!

No había terminado de poner pie en tierra cuando veo venir a los ciclistas del provocativo desayuno que reanudaban la marcha; ahora si; con estos si me acoplo!. Otra vez sobre la bicicleta voy pedaleando detrás de ellos, van a un ritmo aceptable y no tengo problemas en seguirlos, pero… saliendo de Chosica; me cierra una combi, para esquivarla me subo a la infaltable franja de tierra lateral y… zas!... un gran hueco sin tapar de un hidrometro sin colocar, y por supuesto… sin señalizar! No me caí, pero se me descentro el codo del timón y tuve que parar para ajustarlo a pocos metros donde otro ciclotransportado compraba galletas en un kiosco. Retomo rápidamente la marcha, pero ya es tarde para darles el alcance.

Nuevamente en solitario (lo mismo parecía decir mi estomago), sigo por la ondulante y ascendente carretera; casi a la altura de la “Alameda y hacienda Club” me cruzan en camino de retorno; los dos ciclistas del suculento desayuno chosicano seguidos por el trío veloz de Chaclacayo, al parecer no habían ido muy lejos. Un par de kilómetros mas arriba, la cuesta y la falta de desayuno y descanso se sienten; un fuerte calambre en la pantorrilla derecha me obliga a orillarme junto a una gruta, en una curvita de la carretera poco mas arriba del desvío a Lanca; el ciclista de las galletas, que al parecer venia detrás mio, me pasa y me anima a seguir pero yo permanezco sentado en una piedra con mi hambre y mi calambre por varios minutos, pasa otro ciclista , y otro, y otro…

Pensando que era muy temprano para abandonar el ascenso; vuelvo a la carga y a los pedales, el calambre sigue molestando y ha unido esfuerzos en mi contra con un inesperado dolor de rodilla. A la entrada de Corcona un improvisado patio de lavado de camiones me sirve para un refrescante enjuague de agua fría, aclara mis ideas y pone fin a mis expectativas de llegar a San Bartolomé y a mi… aceptémoslo; mal ejecutado ascenso!

El retorno que yo esperaba mas tranquilo, no lo fue tanto; llegando a Chosica me dirigí al boulevard del Cristo blanco en busca de algo, lo que fuere, para ingerir; pero de improviso, un escatocefalico sereno de la municipalidad, me sale al frente argumentando que por ahí el transito de bicicletas esta prohibido. Ante tal absurdo y habiendo dejado mi educación en alguna curva del camino; directamente lo “Encomendé a Dios”(levantando mi mano frente a su rostro y señalando al cielo con mi dedo medio), creo que el lo interpreto de otra forma… como sea, no dejó de seguir increpándome y tocando su silbato a mi costado durante todo el rato que permanecí allí. Me gustaría saber por que no cuidan con tanto celo su puente colgante, aquella hermosa y emblemática obra de ingeniería que esta literalmente en situación de abandono cultural. En fin!…compre un helado en una tienda y reanude mi ruta.

Pensé parar en Chaclacayo, pero me percate que si bien a esa hora, aproximadamente las 11:30, el trafico de subida era endemoniado; los carriles de retorno en la carretera estaban casi desiertos, esas oportunidades no se desaprovechan! así que apure los pedales y baje todo lo rápido que pude. Ese calculo si me salio bien; los siete infiernos del Dante, en que normalmente se convierte el transito en el tramo de vitarte, estaban bastante suaves y el promedio normal de bestialidades por Combi/kilómetro había descendido notablemente.

Pasando frente al estadio monumental, me tope con otro ciclista en ruta de retorno que solo alcanzo a decirme; “me voy rápido para ir a Matute a ver el partido”. Yo seguí mi camino hasta Molicentro, pero recordando que aun mantengo serias “discrepancias irreconciliables” con los administradores del lugar, respecto a los parqueos de bicicletas; me fui a la vuelta, a un minimarket llamado “Los Tres Chanchitos”, y para sorpresa mía; ahí proporcionaban a los ciclistas servicio gratuito de vigilancia, candado, cadena y poste (bueno, el poste lo proporciona Edelsur).

Gaseosa en mano y empanada en mesa, sin el mínimo de resto físico en las piernas y totalmente agotado; me senté en la terracita del local a meditar sobre la posibilidad de echarme una siestecita antes de pedalear los últimos 4 Km. cuesta arriba para llegar a mi casa. Cuatro miserables kilómetros que en ese momento me parecían 400! Pero… sonó mi celular, era mi esposa:

- Alo
- Donde estas?
- Cerca de la casa, en un rato llego
- Ven rápido, ya es tarde y acuérdate que tienes que llevarme a la peluquería, hay que hacer las compras de la semana, no has regado el jardín, tienes que poner el bidón de agua en el dispensador, se quemo el foco de la cocina y además me prometiste que hoy ibas a ordenar tu taller y todos los fierros esos que tienes tirados en el car port.

Chosica por primera vez

Mayo 7 de 2008

Era mi cumpleaños y sin nada mejor que hacer esa mañana, cogí la bicicleta y empecé a pedalear para hacer unos recados que me había encargado mi esposa y de paso dar una vuelta por ahí. Pero me entusiasme, olvide por completo los recados (menudo olvido!) y seguí pedaleando rumbo a la carretera central.

El día recién comenzaba, con mi casco reglamentario nuevo y reluciente, la bicicleta y toda la parafernalia del ciclista de ruta impecables también, iba pedaleando por la Av. Prolongación Javier Prado; poco mas allá del estadio Monumental. Cerca al desvío a las ruinas de Puruchuco, al pasar junto a un sereno de la municipalidad de Ate; este, suponiéndose gracioso o tratando de lucirse ante alguien, me grita:

- “Compro bicicleta!”

Solo alcance a responderle, sin siquiera voltear:

- “Te la cambio por tu hermana!”

El trafico por la carretera, en el tramo comprendido entre Puruchuco y el desvío de la Av. Ramiro Priale es infernal, entre los vehículos impera la ley de la selva, y claro; una bicicleta no infunde mucho respeto en esas condiciones; esquivo las combis y moto taxis de la mejor manera posible, los buses y camiones son otra cosa; sus espejos laterales altos y salientes van en pos de mi necia cabeza como guadañas en busca de un trofeo. Voy a media velocidad, suficientemente pegado a la derecha como para que no me pase por encima algún descomunal y ancho camión que lleva maquinaria pesada a las minas de la sierra.

Cerca de la municipalidad de Ate, sin necesidad de voltear, presiento la peligrosa proximidad de una combi por mi izquierda que sigue acortando distancia, de pronto; un paisano atiborrado con unos 27 coloridos y dispares paquetes (si, los conté) salta a la pista delante mío!; salta en esa muy estrecha franja de vida por la que pedaleo entre el trafico que me acorrala por la izquierda y los kioscos y ambulantes que me bloquean cualquier escape, en caso de emergencia, por la derecha. El tipo me mira e ignorándonos totalmente a mí y a mi frágil vehiculo, como si yo fuese algo así como una imagen holográfica que, proyectada por ahí, puede simplemente desmaterializarse al contacto físico o solo con el pensamiento; él ha saltado frente a mí para hacerle señas a un bus. No hay tiempo para nada; si freno la inevitable colisión hará que ambos terminemos bajo las ruedas de la combi… ni modo!; agacho la cabeza para protegerme del impacto con el casco, abro los codos para resguardar las costillas y pedaleo duro, piso los pedales con todo el peso de mi cuerpo y toda la rapidez que mis piernas me permiten; siento el golpe en mi hombro derecho que ha impactado de pleno en el pecho del hombre, el impacto es fuerte, es fuerte pero fugaz, no altera mi curso ni equilibrio, el imprudente hombre cae sentado en la acera rodeado de sus condenados paquetitos que aun no terminan de llover por toda el área. No me detengo, para que? No creo que este de humor para comprender que en realidad si hubiera frenado podríamos haber muerto los dos, así que después de todo… se puede decir que le salve la vida!

La batalla por la supervivencia en el caótico transito continua; los ojos alertas, las manos firmes en el timón, las piernas impulsando con energía mi monoplaza y… y el celular zumbando en mi bolsillo!.. Diablos, justo ahora, quien será?

- alo?
- Feliz cumpleaños!
- Hola Pilar, gracias por acordarte
- Y como la estas pasando?
- pues… literalmente “de novela”
- donde estas?
- saliendo de Lima, bueno eso intento
- te vas de viaje?
- no, solo estoy pedaleando rumbo a Chaclacayo
- en bicicleta?... aaaasu!

Después de Huaycan, el transito es mas suave y la carretera mas amplia; es un alivio pedalear así, tranquilo y sin mayor novedad hasta la entrada a Chaclacayo donde hay una pequeña cuesta que… demonios! Me olvide que traía instalado el juego de piñones “para uso urbano” que son una delicia para correr, pero por ser pequeños y dar una relación muy alta con respecto a la catalina, requieren mayor esfuerzo y por lo tanto no son precisamente lo mas recomendable para trepar. Normalmente esa pequeña cuesta no seria problema, pero después de mas de 25 kilómetros de pedaleo sin parar, la mitad de los cuales luchando por mi vida…

En fin, llegue al parque principal de Chaclacayo con un tiempo exacto de 1:30 horas desde mi casa, bastante cansado entre en una bodega para reponer líquidos, y luego de descansar unos 15 minutos me disponía a volver a Lima cuando ví pasar, en transito hacia Chosica, a otro ciclotransportado exhibiendo toda la clásica parafernalia del ciclista de ruta (casco, lentes ámbar, guantes, polo de color llamativo para que lo vean los automovilistas, short de licra, etc.). Como parecía ser bastante experimentado se me ocurrió seguirlo para estudiar su técnica de ascenso, así que subí nuevamente a mi monoplaza y me mantuve pedaleando a su ritmo (que no era precisamente el mío) a unos 100 metros detrás de el.

A las puertas de chosica, a la altura de la quebrada de San Antonio del Pedregal, hay un badén para el paso del huaico seguido de una pendiente, cortita pero muy pronunciada, las piernas ya no me daban y los piñones pequeños no me ayudaban en nada; pero me resultaba poco honorable abandonar ahí, a tan pocos pasos de la plaza de armas de chosica, así que seguí pedaleando, con lagrimas en los ojos pero seguí hasta la plaza de armas... al llegar y detenerme no podía bajarme de la bicicleta, me dio calambre en ambas piernas y solo atine a recostarme contra un poste por el cual pude “Chorrearme” hasta el piso donde quede sentado por espacio de 20 minutos en total estado de extenuación.

Medio recuperado pero con las piernas aun temblorosas, me fui a dar un breve recorrido por el pueblo; hacia tiempo que no visitaba sus calles, su legendario puente… el puente!, pobre puente! Esa hermosa obra de ingeniería y emblema histórico de Chosica, esta literalmente hundido en una especie de mercadillo que lo ahoga en un laberinto de kioscos, anuncios y planchas de triplay… que lastima, que pena, y que vergüenza!, realmente se me quitaron las ganas de seguir paseando,. Y después estos alcaldes tienen la cara para lanzarse a la 3ra, 4ta y hasta 5ta reelección!

Hora de retornar; en fin, todo el trayecto es de bajada así que no hay problema. Bueno eso fue lo que pensé, pero… saliendo de Chosica empezó a soplar un muy fuerte viento en contra, que me obligo a pedalear duro todo el regreso hasta Vitarte. El viento era tan fuerte que aun estando en bajada, si dejaba de pedalear en la bicicleta, esta se detenía totalmente; sin contar, y digo “sin contar” pues me fue imposible llevar la cuenta de la cantidad de bolsas, periódicos y demás desperdicios que mi invisible enemigo me arrojaba en la cara durante todo el trayecto. Tampoco pude llevar la cuenta del número de huecos en que me metí, segado por las nubes de polvo que se me introducían en los ojos. La próxima vez, antes de retornar, sacrifico un carnero en honor a Eolo en plaza publica aunque me crean loco.

Llegando a vitarte el cruel viento amaina pero sede su lugar a las aun más crueles combis y sus temerarias imprudencias. En este sector la carretera es muy estrecha y no hay un mínimo espacio libre de salvación entre el asfalto y la acera; bastaría un leve rose con un vehiculo para terminar como “Graffiti” pintado a sangre y hierro en alguna fachada de los innumerables talleres informales de pirotecnia que están al borde de la carretera. Es aquí cuando descubro una técnica eficaz para repeler las acometidas de los motorizados; cada vez que alguien se aproxima demasiado (aunque no lo crean muchos lo hacen a propósito); un fuerte manotazo en el espejo lateral del agresor soluciona el problema. Al salir de Vitarte tenía la palma de la mano izquierda totalmente enrojecida.

Aliviado, pedaleo nuevamente por las inmediaciones del estadio Monumental y rumbo a casa (aun me faltan 8 km. en subida para llegar hasta Sol de La Molina) voy haciendo un recuento mental de la travesía, por que me había cansado tanto?, las cosas que debo corregir para mejorar mi rendimiento, el ritmo mas lento, el juego de piñones apropiado, la mochila mas ligera… La Mochila!, demonios, como lo olvide!, el encargo de mi mujer… si por eso salí de casa!… he pedaleado todo el recorrido cargando con 4 Kg. de ropa sucia en la espalda que debía haber dejado en la lavandería!

Ciclonudismo en Lima

Febrero 10 de 2008

A pocas semanas de tener mi propia bicicleta ví un anuncio pegado en un muro por mi casa, que convocaba a una bicicleteada organizada por la municipalidad de La Molina; así que con mi reluciente monoplaza ciclopropulzado (léase juguete nuevo) me presente a la hora y lugares señalados pensando encontrar a un grupo pequeño de ciclistas que por alguna razón no habían podido salir de Lima para disfrutar un radiante y soleado domingo playero en el sur. Pero… sorpresa! habían mas de 1000 ciclistas en la explanada de la municipalidad, ordenados en varios pelotones por edades…quien iba a pensar que el ciclismo tenia tanto arraigo. Mientras esperaba el inicio del evento e intercambiaba algunas frases con mis nuevos compañeros de gremio; alguien me paso un volante que curiosamente no bote y guarde en mi bolsillo sin prestarle mucha atención.

La bicicleteada se desarrollo sin mayores novedades en el recorrido por toda la Av. Raúl Ferrero, a pesar que en los pelotones se pedaleaba literalmente codo a codo y rueda a rueda; ante tal proximidad de pedaleros en movimiento; hubiera bastado un simple estornudo, un desvío de unos pocos centímetros para ocasionar un accidente en cadena; afortunadamente no ocurrió nada.

A la mitad del recorrido llegamos al parque Miguel Grau en la Urb. Sirius donde literalmente “al paso” nos daban una botella de agua mineral que, por el calor reinante, todos los ciclistas engullían con avidez y luego descartaban el embase con rapidez en las áreas verdes, veredas y pórticos de las casas circundantes. Creo que ese día se estableció una nueva acepción para la palabra “embotellamiento”. Me pareció poco lógico y correcto el que una bicicleteada con fines de difusión de medios de transporte ecológicos, tenga como consecuencia la total contaminación de toda una Urb. con envases de polipropileno. Pero sin tener a mano a quien hacérselo notar seguí pedaleando hasta el final.

Horas después, ya en casa mientras me cambiaba, encontré el dichoso volante que había metido al bolsillo y que provenía de una organización ciclística llamada “Cicloaxion” cuyas metas eran velar por los derechos de los ciclistas y la promoción de medios de transporte no contaminantes… Aja! A estos les escribo dándole las quejas por el “Embotellamiento”… así lo hice y si bien obtuve alguna respuesta, en realidad no había mucho que reclamarles pues ellos no eran los organizadores del evento, así que ahí quedo la cosa hasta que….

Febrero 17 de 2008

había transcurrido una semana cuando recibí una inesperada invitación de “Cicloaxion” vía e-mail para participar ese domingo (en calidad de ciclista y no de fotógrafo) en la sesión fotográfica promocional para la revista Somos, de la “3ra Gran Bicicleteada Ciclonudista” que iba a realizarse el 08 de Marzo en las calles de Miraflores. Totalmente sorprendido empecé a hacer mis averiguaciones:

Y que cuernos es un Ciclonudista?
Como la palabra misma lo dice; un ciclista desnudo… Que más iba a ser!

Y por que montar bicicleta con las bolas al viento?
Pues en señal de protesta y claro manifiesto de lo desprotegidos que están los ciclotransportados ante los abusos, atropellos, e imprudencias de los conductores de vehículos motopropulsados (especialmente Taxistas y Combis) y la falta de infraestructura vial apropiada para este, cada día mas numeroso, medio de transporte y esparcimiento no contaminante. En pocas palabras para mostrar que los ciclistas se encuentran literalmente “desnudos ante el trafico”

Retomando el relato; Eso del ciclonudismo era algo que no me quería perder, así que se me ocurrió avisarle a mi amigo Arturo para que asistiera también a la sesión; Arturo Inga es el único de La Cofradía a quien ya convencí de comprar una bicicleta, pero aun no lo convenzo de que pedalee mas allá de la vereda de su casa. Lamentablemente… arrugo! o al menos así lo interprete cuando recibí un SMS diciéndome:

“ya se me hizo tarde, ya no llego”

Si claro! Como no!.. Vive a solo 8 cuadras del punto de reunión y aun faltaba media hora para la cita.

En fin!, llegue a las 9:30 a.m. a la puerta del estadio Monumental y ya habían unos 4 ciclistas esperando, varios minutos después llegaron los organizadores, el resto de convocados y el fotógrafo; unos 30 ciclotransportados en total. Algunas indicaciones y empezamos quitándonos los polos para que nos pintaran algunos lemas e iconografía alusiva en el cuerpo (hasta ahora no me sale la pintura “Biodegradable” de una huella de neumático cruzándome la espalda). Toda la actividad se realizo en medio de la vía publica, específicamente en la Av. Prolongación Javier Prado, a vista, paciencia y sorpresa de cuanto transeúnte y conductor circulaba bajo el dominguero sol, que quemaba mas fuertemente en aquellas latitudes del cuerpo donde jamás se ha usado bloqueador solar.

A pesar de no conocer a nadie, en los preparativos encuentro la tertulia amical, amena y agradable. Un ciclonudista, que llevaba por toda vestimenta una corbata pintada en el pecho, detiene brevemente la sesión fotográfica para “acomodarse el nudo”. Otro con un prominente y cervecero abdomen se niega a que le pinten sobre el mismo; “No al aborto”. La chica “Frágil” con la delgada capa de pintura de esa palabra como única cobertura de sus muy celebres y muy fotografiados senos; esta feliz de aparecer en el reportaje, siempre y cuando su mama no lea el periódico ese día.

Las primeras tomas en semidesnudo se hacen sin mayores problemas. Pero no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague; llega la hora y el pedido del fotógrafo, de algunos voluntarios para mostrar al mundo sus orgullos y/o vergüenzas (según sea el caso particular de cada ciclista). El pedido tiene acogida y la ropa no tiene lugar en las siguientes tomas; con la vereda como camarín, la vía publica como escenario y los transeúntes como platea; nos damos cuenta que literalmente “Con las bolas al viento” unos cuantos ciclonudistas detienen mas vehículos que 50 semáforos; un auto con tres tías cincuentonas sobrepara; gritan y se tapan los ojos para “ No ver” y además, para estar seguras de que “No vieron”; dan la vuelta y vuelven a pasar junto al grupo otras dos veces más.

Yo saco mi cámara y aprovecho para hacer unas tomas mientras pedaleaba en el grupo; la mano izquierda en el lente, la derecha en el disparador; un ojo en el visor y otro en el camino, alternando con cada pierna y vuelta de rueda; una rodilla en el timón y el otro pie en el pedal para conservar mi ubicación en el pelotón. No, no me saque la m…, pero casi!. Debo retomar mi idea original de montar una cámara en el marco de mi bicicleta, con un disparador remoto en el timón. (Ya es hora de inventar la Ciclografia)

Terminada la sesión y la exhibición; es hora de pedalear los 8 Km. en subida de regreso hasta mi casa por la carretera a Cieneguilla, a pleno sol de medio día y con la mochila de material sintético en la espalda; la pastosa pintura que aun llevo sobre la piel se disuelve con el sudor y calor corporal, y se hace una sola masa con el polo, la mochila, el periódico que había comprado temprano y la cámara fotográfica, formando una especie de pulpa gelatinosa multicolor que se adhiere fuertemente al cuerpo y me empieza a devorar lentamente conforme crece y se alimenta de mi sudor… Llegando a casa solo pude rescatar la cámara de toda esa masa gelatino – pegajosa, que una vez fría y seca, hasta ahora no he podido disolver.

Marzo 08 de 2008

Son las 10:00 a.m. en la bajada Balta de Miraflores y ya están presentes algunos participantes de la 3ra. Reunión Ciclonudista. Yo acabo de llegar, pero esta vez en calidad de fotógrafo y no de ciclista, me hubiera gustado hacer una nota más amplia del evento para Lima Freelance, pero lamentablemente el tema no encaja en la línea temática… (Encajará en la línea temática de alguien?).

Los ciclistas empiezan a llegar de todos lados, el grupo aumenta en número rápidamente; pronto unos 200 pedaleros de todas las edades y géneros, llenos de buenas intenciones, muchas razones y pocas ropas; empezarán la marcha Ciclonudista por las calles de Miraflores; promoviendo el uso de la bicicleta como medio de transporte no contaminante y en especial; tratando de sensibilizar a la gente, sobre todo a los imprudentes conductores de buses y taxis, para hacerles entender que ellos (los ciclotransportados) están desprotegidos en el tránsito urbano y enteramente vulnerables en un accidente; están, como ya dije antes, literalmente “desnudos en medio del tránsito”.

La organización y los preparativos se llevan en forma ordenada y sin mayores percances; cuerpos pintados, con lemas alusivos como

“si no hay solución, abajo el pantalón”

“En bici lloviendo o nevando, pero en auto… ni cagando!”,


llenan la playa de estacionamiento que sirve como lugar de concentración. Entre los participantes hay varias chicas con mucho que mostrar y poco lugar para esconderlo (afortunadamente) que alegran la mañana de cuanto transeúnte o curioso se asoma por el lugar.

Hora de la partida; ordenados frente a la rampa de salida con pronunciada pendiente hacia abajo de la playa de estacionamiento, se enfilan hacia la bajada Balta para iniciar el recorrido; los primeros ciclistas toman velocidad en la seguridad que el patrullero que resguarda la marcha, y que estaba abajo al final de la rampa, les despejaría el tránsito y… si, les despejó el tránsito, pero se metió en medio de la rampa para hacerlo!... (Primer caído de la mañana). Con el patrullero ya en movimiento sigue desfilando por la rampa el grueso de los ciclonudistas, hasta que… Una camioneta, presumiblemente de la prensa, que filmaba la marcha y que quiso hacer un acercamiento, se atraviesa de improviso en la salida delante de todos y ocasiona otro accidente que da como saldo dos ciclistas caídos y una puerta abollada por calzado contuso contundente. En realidad; abollada no necesariamente por casualidad, bueno; cualquiera se enoja ante tal imprudencia!... no?.

Yo me pregunto, de la frase “La marcha es en protesta por la imprudencia y falta de respeto hacia los ciclistas, por parte de los conductores de vehículos automotores”, qué parte no entendieron? Sólo faltaba que a ambos, patrullero y camioneta, alguien les pintara a los lados “ L.q.q.d.” (Lo que queríamos demostrar).

En fin, la bicicleteada continúa y allá van las protestas, las buenas intenciones, los justos reclamos, las razones, los ciclistas, sus bicicletas y… unas muy, pero muy lindas tangas ciclotransportadas!

En la imposibilidad de seguirlos por falta de bicicleta, me quedo en el lugar; en cuclillas guardando mi cámara y lentes… de pronto una sombra reflejada en el pavimento se aparece ante mí; al levantar la mirada (y la cámara) veo a contraluz a un respetable señor con más años que rayos en los aros de su “montañera”, y que señalando hacia la bajada me pregunta; “¿por ahí se fueron?”. Realmente envidiable, me terminó de alegrar la mañana!.



Texto y fotos; © Carlos Gracia Granthon
Todos los derechos reservados

martes 22 de julio de 2008

Una Bicicleta en Casa

Diciembre de 2007


- Estoy gorda?
- No mujer, no estas gorda
- Pero me veo gorda?
- No, no te ves gorda
- Seguro que no me veo gorda?
- No gorda… digo, mujer!, no estas gorda; estas… estas hinchándome las pelotas con esa misma cantaleta todos los días!

La Navidad estaba a tiro de piedra, o mejor dicho; a vuelta de almanaque y mi esposa tenia metida entre ceja y ceja la idea de que necesitaba matricularse en un grupo de spinning para reducir su “Gordura”, gordura que solo ella podía percibir y que, cada noche frente al espejo, se empecinaba en que yo bíblicamente negara tres veces antes de que cante el gallo

Con un muy remoto pasado ciclístico en mi haber; habían transcurrido no menos de 25 años desde la ultima vez que me subí a una bicicleta, supuse que eso del spinning y de pedalear una hora bajo techo, teniendo por todo paisaje un muro gris por delante y por todo aire fresco las exudaciones de los demás compañeros de clase; podría resultar mas aburrido y frustrante que chupar un clavo, y seguramente en pocas semanas la ficha de matricula terminaría junto a las mancuernas, la colchoneta, el Abslimer, la soga, los parches adelgazantes, las píldoras reductoras, las cremas mágicas, las fajas osmóticas, los recetarios de dieta y cuanta parafernalia antigordura hay repartida por toda mi casa, y que ordenadas y sumadas hacen toda una buena crónica de los últimos 18 años de matrimonio. Solución; le regalo una bicicleta por Navidad y así mato dos gordas… digo, pájaros de un solo tiro!

Con mucha suerte y poca dificultad conseguí una buena bicicleta pistera de mujer. Si, tenia que ser de mujer, si no ella me iba a decir que la compre para solo salir del paso y quedar bien, pero como pretexto para usarla yo. Como sea que faltaban unos días para noche buena, la escondí en un pequeño taller que tengo en casa y cuando mi esposa no estaba; empujado por cierta insondable nostalgia ciclística, la sacaba para darme un paseito de cuando en cuando. No fue necesario darle muchas vueltas al pedal para darme cuenta que los años no pasan en vano y la primera vez que quise subir los escasos 400 metros de cuesta que hay desde la carretera a cieneguilla hasta mi casa, literalmente llegue escupiendo los pulmones y con las venas de las sienes latiéndome como si me fuese a transformar de hombre a bestia. Aunque mi esposa asegura y pregona que esa transformación ya se dio el día que nos casamos.

La navidad llego y el regalo fue entregado con gusto y recibido con sorpresa, pero… y yo? Ahora que ya le estaba agarrando el ritmo… Uhmm… además no la voy a dejar salir a pedalear sola, no?, algo le puede pasar… si!, tengo que conseguirme una bicicleta para mi también.

Mientras yo, con mas ansias que presupuesto, buscaba una bicicleta para mi; ya la noticia del regalo había corrido y mi anciana y decrepita madre, a sus 70 octubres cumplidos, había convencido a mi no menos anciano y decrepito padre de que le compre una “Montañera” para ir a comprar el pan. Ahora habían dos mujeres sobre ruedas y dos hombres buscando desesperadamente una bicicleta.

Un par de semanas después, en una bicicleteria de barrio encontré, en situación de abandono moral, una antigua pistera de buen linaje que mi hizo recordar a mi vieja Norman de piñón fijo que me acompaño en mis aventuras ciclísticas de adolescencia; la compre y tras unas cuantas horas de trabajo quedo casi como cuando Dios, el fabricante y el distribuidor (en ese orden) la trajeron a este mundo o mejor dicho; a este país.

Pintada de color oro viejo, como mi primera bicicleta, la primera vez que la monte me sentí transportado a aquellos años de correrías juveniles en que la vida era mas sencilla y un par de pedales le daban a uno la libertad de ir a donde quisiera con entera independencia. Sin imaginar en ese momento que sobre esa bicicleta, en los siguientes meses, viviría aventuras y anécdotas en número suficiente como para escribir este blog y quien sabe en el futuro publicar un libro.

Texto y fotos: ® Carlos Garcia Granthon

Todos los derechos reservados