domingo, 24 de febrero de 2013

Recorriendo Tinajas; en dos ruedas y seis anecdotas


Febrero 23 de 2013

 

Poco más de las cuatro de la mañana del sábado, y curiosamente hay varias personas haciendo footing en las avenidas y parques de la ciudad, mientras que la subida del cerrito de Raúl Ferrero parece campo de batalla de los transformers; hay vidrios y autopartes regadas por toda la pista, uhmmm…creo que alguien va a necesitar auto nuevo (y abogado viejo). Las ruedas y pedales de la M7 me llevan a encontrarme con Aldo Poma antes de las 5:00 a.m. en Musa. Todo tranquilo hasta el serpentin de Cieneguilla, donde comienzan las anécdotas:

Cascos, guantes y lentes puestos, mochilas ajustadas y luces encendidas; nos sumergimos, cuesta abajo, en las negras entrañas del serpentín, el mismo serpentín que ya me ha mandado un par de veces a sacar ticket en la ventanilla del  hospital más próximo. En fin, volviendo al relato; fue al dar la segunda curva ciega hacia la derecha, bajando a mediana velocidad, en la obscuridad de esta especie de retorcido callejón, que me encontré de pronto con un bulto gris, difuso, antropomórfico, que se movía sobre el lado derecho de la pista, justo delante de mí. Estuve a centímetros de atropellarlo, sólo alcancé a gritarle: 

-          Ajo!, al menos ponte una luz en el cu… cuello!!! (dije “cuello”?)

No escuché respuesta, no escuché ni vi nada después del grito que le di. Según yo, era un tonto, con vocación para el suicidio en red vial, haciendo footing (si, en el  serpentín y de noche!), vestido sólo con un bóxer gris opaco y sin ningún elemento reflectante. Según Aldo, que venía rueda a rueda detrás mío, fue… fue un fantasma en calzoncillos!....uhmm, me pregunto si ese espíritu tendrá una hermana, menos etérea y más carnal, que salga de noche a correr en topless?

No bien acabamos de esquivar al fantasma de los calzoncillos cuando de pronto se hizo la lluvia, esa lluvia pesada de gota gorda que dura poco, moja mucho y jode más.  La lluvia terminó en el momento que pusimos ruedas y traseros en el óvalo de Cieneguilla.

Como para la bitácora de experiencias paranormales, un fantasma semidesnudo es poca cosa para una jornada. Añadiré que cuando estábamos en la vereda del óvalo, aún bajo el manto de la noche, sentados a las puertas de unos locales comerciales, para rehidratarnos y comer algo, escuchamos un extraño murmullo que se hacía más fuerte por ratos, era algo así como varias voces repitiendo los mismos sonidos guturales, pero en forma repetitiva, sin pausa ni entusiasmo, sonaba algo así: 

“bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra bramaputra tantra mantra….”

Sí, era una especie de mantra, que repetían varias personas detrás de la cortina metálica de una de las tiendas, a obscuras, antes del amanecer… mantra de yoga?...  ceremonia religiosa  oriental?... rito pagano? … lo averiguaríamos al regreso....   

Con las primeras luces de la mañana, y después de llamar a Arturo “Monaguillo” Arana para que se apure, pues a pesar de haberse anotado en la aventura aún no daba muestras de ruedas ni vida. Dirigimos los monoplazas a la reseca Pampa y Quebrada de Tinajas, llevando la cuenta, señas y bitácora de los Kms recorridos a partir de el letrero que dice “Desvío a Santo Domingo de los Olleros” . Pocos minutos después se unió al grupo expedicionario; Fernando, quien nos dio alcance y compañía durante los primeros 9 Kms de la ruta, hasta que, para cumplir con una reunión de trabajo, dio media vuelta a la bicicleta, y varias a los pedales, en dirección inversa. 


Es a esta altura de la jornada que el sol empieza a calentar la quebrada y a quemar más de lo soportable. Seguimos avanzando sin mayor novedad hasta el Km 18 ¾ donde encontramos… qué??? …  si, es una… una… una Tabla de Surf!!!, vaya, no importa en qué olvidados parajes se interne uno, siempre habrá alguien más perdido. No, no encontramos ningún esqueleto con wetsuit en las inmediaciones. Fuera de bromas; la tabla parece marcar el inicio de un camino que se dirige a un abra que… que habría que explorar en próxima oportunidad! 

Un par de kilómetros más allá, cerca de las 10:00 a.m, con el primer serpentín de la quebrada, zetas, o zigzag, o como quieran llamarlo, a la vista; icé mi bandera blanca de rendición en el cactus más cercano, me di oficialmente por deshidratado y puse punto final a mi recorrido.  Aldo se dio el gusto de trepar las “zetas” y siguió un poco más, unos 6 ó 7 Kms adicionales en total… Volvió con una llave mixta de 15mm que encontró en alguna parte… hay rumores que la herramienta la sostenía una mano momificada que salía de la tierra en medio de unas huellas de camión.     

Al regreso, y como las experiencias inusuales no podían acabar aún, a la altura del Km 10 de la quebrada, en medio de la nada, pues ni sonido perceptible ni nada que estimule algún  otro sentido hay en estas tierras, ni otro que no sea el ardor del sol en esta calcinante desolación; nos topamos con  un triciclo motorizado con su carga y su conductor, de esos que compran chatarra,  dice que buscando a un amigo en el cauce del huaico, que se tenían que encontrar por aquí… Para mí que  andaba buscando donde enterrar o desenterrar algún objeto comprometedor… no fue en estas pampas, donde no hace mucho se encontró un pequeño arsenal de armas enterrado? 

El calor es infernal, hay evidencia de lluvias en la parte alta pero la resequedad es tal, que si uno dejara un clavo aquí, al día siguiente no estaría oxidado, estaría marchito!  

-          Pero y toda esa agua?
-          Cuál agua?
-          Toda esa que está allí abajo?, en el cauce del huaico
-          Diablos, pero que brutos!

Al parecer, una de las tantas urbanizadoras que han lotizado y vendido terrenos en medio del cauce del huaico en  Pampa Tinajas, no tuvo mejor idea que construir un acceso para maquinaria pesada, a manera de dique y atravesando el cauce del huayco, a la altura del Km 8 aprox. El agua de las lluvias de la parte alta del valle se ha represado allí, hay varios centenares de metros cubico de agua y lodo esperando “la gota que derrame el vaso”, si serán pelotudos!… y después salen con: “la furia de la naturaleza…” 

De vuelta en Cieneguilla y con tres litros de Kola Inglesa en la panza, sumados a los 2.5 litros de rehidratante de mi parte y otros 2 de no sé qué pócima de Aldo consumidos en la quebrada, volvimos a pasar por el lugar donde escuchamos los mantras en la madrugada; es una de las oficinas de venta de los terrenos de Pampa Tinajas… según Aldo; lo que escuchamos en la mañana era una especie de ritual pagano para evitar que baje el huayco antes que vendan todo los terrenos… tiene lógica!  

 

Texto y fotos: Carlos Garcia Granthon

lunes, 10 de diciembre de 2012

Camino al Cielo


Musa – Huaycan (por la quebrada de San Benito)
Diciembre 08, de 2012

 

Que mejor manera de volver al ciclismo, después de 3 meses de abstinencia de pedales y castidad de ruta  por fracturas y contusiones, que una ruta de exploración, corta pero con sabor a descubrimiento.

Partimos de Musa a  hora inusual, las 10:00 de la mañana, vamos los de siempre; Aldo Poma , Aarón Heredia y quien suscribe, que a falta de voluntarios y alternativas de compañía ya nos hemos resignado a la estoica tarea de soportarnos a nosotros mismos, nuestras idiosincrasias y caracteres, que muchas veces suelen ser mas escarpados que la propia ruta.

Un par de kilómetros por la carretera a Cieneguilla y tomamos el desvío al norte; por la quebrada de San Benito, tierra de invasiones, rellenos, canteras y chancherías clandestinas, donde el trafico citadino se remplaza por el no menos peligroso trafico de terrenos y sus batallas por la tierra. Letreros de propiedad privada, inscripciones en registros públicos y litigios, los unos crucificados sobre los otros, se alzan por doquier sobre disecos palos de eucalipto, como en un bosque de mondadientes gigantescos en los primeros kilómetros de recorrido por la reseca quebrada. Un viejo harapo sobre dos de ellos, a contraluz, semeja el perfil de una parca que guadaña en mano custodia los limites de las almas que reclama, donde termina lo habitado y comienza la aventura.

Mas allá, media quebrada, lejos de todo y cerca de nada, maquinaria pesada abre calles y demarca lotizaciones sobre las arenas de las mismas lomas que las fauces de otras maquinas, en simultaneo, mastican y engullen para sacarla de allí a lomo de camión y venderla en la urbe, para que luego alguien la traiga hasta aquí nuevamente, en el mismo camión, y construya un reseco castillo de arena a precio de oasis exclusivo. Cosa de locos….

Seguimos, siempre al nor-noroeste, hacia los orígenes de la quebrada, sobre las huellas de  maquinaria de constructores de torres, exploradores mineros y traficantes de terrenos que no dejan piedra si marcar. No hay perros que nos ladren, solo nos siguen unas grandes lagartijas, que poco acostumbradas a ver seres humanos, corretean a nuestro alrededor cual manada de velociraptors de maqueta. La ruta se hace silenciosa, agradable, gris y tranquila. Solo la arena y el pedregullo suelto en pendiente exigen, de cuando en cuando, más de la cuenta a las piernas y pedales.

Fin de las huellas de maquinaria y de la quebrada de san Benito; hay una bifurcación en medio de un mar de derrumbes y piedra fragmentada, Mi memoria de la fotografía de satélite dice que nuestro destino se escribe hacia la izquierda, sobre un sendero de animales que no esta donde debería estar. El GPS de Aarón indica lo mismo; hacia la izquierda, pero Aldo y su terquedad, que esta vez tiene un brazo muy largo y un oído muy corto, señalan de frente y arriba; hacia la cumbre de un cerro donde se ven unas pretéritas pisadas.

Aldo tomo su decisión, su camino y su problema y los carga todos en su mochila; se alejó trepando el cerro que teníamos al frente  hasta que lo perdimos de vista. Aarón y yo nos dedicamos a explorar, bicicleta al hombro y por entre el laberinto de piedras fracturadas,  la estrecha torrentera de la izquierda, hasta que 200 metros mas allá encontramos el sendero que buscábamos, que en sus primeros metros había sido tapado por un derrumbe.

El camino ascendía suavemente por la ladera de la montaña, cuando de pronto Aarón encontró en el suelo un fragmento de roca plana de no más de un centímetro de espesor pero trabajado en uno de sus bordes como si fuera un trozo de la hoja de una espada. Curiosamente no sonaba a piedra sino a temple de metal de la mejor de las campanas… pero era piedra!.. Sonaba igual que el cóndor de piedra campana, pero esa ya es otra historia. Con la anécdota en la bitácora (y la piedra en la mochila) continuamos unos metros mas y… al igual que en Chamallanca, encontramos otra casucha de tablas derrumbada por el tiempo y los elementos, conteniendo aun ollas, tapers, cubiertos, útiles de aseo, botellas para agua, una casaca en buen estado, una camisa y demás  bienes terrenales que debe poseer todo ermitaño que se respeta.   

Es aquí cuando en dos ocasiones consecutivas, en medio de la estrecha quebrada y de la mas absoluta de las soledades escuchamos un quejido, como el de un cachorrito que llama a su cuadrúpeda y dentada madre porque tiene hambre, pero por mas que afinamos el oído no pudimos detectar el lugar de origen de la llamada, a pesar que en la ladera opuesta de la quebrada se veían unos excavaciones pequeñas a manera de madrigueras. Eran unas seis o siete formando ordenadamente una V invertida, parecían nidos de … churruminos?

Unos cien metros mas y la espectacular vista de una hilera de impresionantes apachetas que apuntan al cielo, marcaban el abra que veníamos buscando, habíamos llegado a las alturas de Huaycan en el valle del rio Rímac, en realidad fue fácil, lo difícil era regresar a buscar al terco de Aldo y traerlo de las orejas,  pero … mientras observamos, al otro lado del abra, los barrios epigonales de Huaycan en las faldas del cerro, unos 300 metros por debajo de nosotros….

 

-          Hey!..Vengan, vengan acá!

-          La voz de Aldo?.. aquí?

 

Si, a unos 100 metros a nuestra derecha estaba Aldo, parado muy serio a media barranca

 

-          Que vengan les digo, vengan!

-          espérate y no jo… estamos viendo las apachetas

-          dejen las bicicletas y vengan!

-          No jodas!... ven tu!

-          Les digo que vengan, vengan y… ayúdenme!!!!

 

Ups!... nos acercamos y nos dimos cuenta que Aldo, su bicicleta, y su terquedad estaban parados en una pequeña saliente de pocos centímetros, a media barranca, a unos trescientos metros por sobre… nada! O mejor dicho a trescientos metros de, en caída libre, quedar como tortilla, a la huancaína, en el techo del tanque de agua de Huaycan. El muy terco, por no dar su brazo a torcer y regresar a buscar el camino correcto; se había atracado allí, apoyado solo con la punta de los pies,  sin posibilidad de avanzar ni retroceder.

 

-          Oe! Y si no llegábamos?... te quedabas ahí como fósil para siempre?

-          Ya deja de molestar y ayúdame!

-          Que te ayude Aarón, yo te estoy tomando fotos

-          Aarón Ayúdame!

-          Espérate que estoy filmando, esta no me la pierdo

-          Ya carajo!, dejen de payasear y ayúdenme a salir de aquí!

 
Bueno, si, finalmente Aarón se apiado de Aldo y lo rescato del acantilado en el abra de “Camino al cielo” si, así se llama ese sector de Huaycan.

El DH del abra hasta las calles de Huaycan promete, aunque yo me acobarde por la imposibilidad aun de usar plenamente la mano izquierda, y baje caminando.  Una gaseosa en la carretera central a la entrada de Huaycan y luego pedales y ruedas hasta la casa para cerrar el círculo. Habíamos unido, como jugando,  La Molina con la carretera central atravesando los cerros por la quebrada de San Benito.  

 

Texto y fotos: © Carlos García Granthon

viernes, 19 de octubre de 2012

domingo, 23 de septiembre de 2012

Antropociclos

por fin publicando el primer numero de "Antropociclos" la revista de ciclismo en el Peru. pueden descargarla en pdf libremente haciendo click aqui:

Antropociclos 01

miércoles, 13 de junio de 2012

Cycling for the Planet


Cycling for the planet
Lima – Ticlio – Lima
June 09 and 10, 2012

It is 16:00 on Saturday June 09, we are in Matucana town, 75 kilometers from Lima and 2,400 mts (7,800 feet) above sea level, we are delayed because of my fault, I feel bad, very weak, I have chills, I could not even eat lunch ... really I felt bad since we left Lima at 6:00 a.m. and had been getting worse with every mile added to the odometer and every foot to the altimeter. Aldo Poma, a co-adventure partner, and actually a coroner, knows well the face of the illness; he looks at me and recommended me to return back to Lima. Resigned, frustrated and upset with myself, I called home warning of my state, I took the bike and almost dragging it on the street, along with my pride, I went to find transport back home, but...

At that time, Aaron Heredia, the third and last member of this expeditionary group that seeks to climb 132 kilometers from Lima to Ticlio by pedal force, and reach 4.818 mts (15,800 feet) above sea level, where fighter pilots often ask for oxygen, asked to Aldo:

-          Where is Carlos going?
-          Well, I think he is going to swallow their pride and give us a lesson of sageness

Sageness, sageness... where have I heard that word before?... uhmmm... I may have read it in some old book, but… anyway my pride is too large and indigestible to be swallowed without getting a severe stomachache, so ... let’s keep cycling!

5 miles later I was feeling a little bit better, enough to hope to achieve the objective and to write this post. I never knew what made ​​me sick, but whatever it was, seems to be cured with altitude illness ... paradoxes of road! But better I will tell you the story from the beginning:

I've lost count of how many paths I have ridden on my bicycle, as many as allowed me to publish a book last year, all those miles just by a simple personal satisfaction. Now, thinking of the rewards that our own efforts and contact with nature have brought to us, we thought; why not get more involved this time? Crossing the line of indifference, and giving back something to the planet; let’s ride hard for a good cause, or two if possible!: The first one, and for anyone reading this post, the message is simple:

"If we can cross the Andes on our bicycles, you can go to work on yours, stop the global warming”.

The second reason is to promote Traidcraft, a NGO that practices the principle of fair trade and sustainable development in third world countries, like ours.

Anyway, as already mentioned, after a month of training we left Lima on Saturday June 9 at 6:00 am riding our home assembly human-powered single-seater vehicles on the way to the Peruvian highlands.

Except for a brief stopover in San Ignacio gas station, at Km 21, for the almost ritual visit to restrooms, hydration and fluid recycling, the first official scale, with a punctured tire preamble by Aaron, was in the city of Chosica, Km 34, for the inevitable cycling fast food stop to breakfast, based on quinoa, for S/.0.70 a glass you get energy recharged ... but come on, if the route is important you have to drink it with the solemnity of the event and  following the proper “bikeborne” protocol; drink it in step on the sidewalk.

The next stops; Corcona Km 46, Tornamesa Km 55, San Jeronimo de Surco Km 67, there were already some delay in the schedule but without further comments. Except for a punctured tire on my bike and an involuntary run over a cactus by Aaron, on the side of the road, adding to his front tire 7 new punctures, and these three lines to the travel logbook in the same act.

Whatever happened in Matucana, where we arrived at 14:45, but from where we could not resume the trip until 16:00 hours, is told in the first paragraph of this chronicle and I will not mention again my ailments, which I have well deserved for going on this kind of adventure at a mature age (“mature” is a debatable concept), because I know very well  that those excursions, with physically demanding suitable only for biomechanics without much use or abuse, are for  who turns 16 for the first time not for the third one, and also I know that the manufacturer's warranty expired at 40 and  there is no revalidation form available.

I do remember the stop at Km 81, Aaron patching his tire, just to break the monotony, and I feeling a little bit better. It was the first time in the trip, being a photographer, I decided to take out the camera; the one which the manufacturer says is the world's smallest DSLR (but not necessarily the lightest) and added unnecessary weight to the already bulky backpack because, as you  may have noticed, this was an adventure in self-supporting mode, with no logistical assistance or escort of any kind, each one of us had to carry on his equipment, orders, food, liquid, clothes, parts, guilt, misery, fear, shame and tools on his own back all the way. Today I see the backpack here lying on the floor, beside me, and it still hurts!

San Mateo de Huanchor, a city situated at 3,200 meters (10,500 feet) above sea level, rises with the first shadows of the night in front of us, it is the km 94 of the route. We actually, in only one day, have just ridden, uphill, over 100 kms on our bikes since we left home this morning. It is time to find some food and shelter for the night, the first was easy, the second not so much, a trekking group have reserved half of the rooms of the town and the other half, well ... it's Saturday night! We only found accommodation available at the municipal shelter, where we were allowed for S/.5.00, overnight in common barracks, sharing tin roof with the all cast of drunk of the town  plus some other neighboring jurisdictions idlers. But three men wearing lycra and helmets (brightly colored lycra indeed), like comic book superheroes and coming up from a hundred kilometers away, by their own muscle power, impose enough respect and nobody bothers. The traditional gathering prior to sleep, is replaced this time by a long and silent session of patching tires. The bathroom does not work at all, cold seeps everywhere and rain redoubled tin drums in the metal roof, as a prelude to the chorus of thunderous snores, that rival any storm outside, from the parishioners of this brotherhood of pre-payment roof. No one bathed, no one changed clothes, we got slept as we arrived, each one in his own cot but all in the smell of the same crowd.

Aldo's flashlight in my eyes and the protests of Aaron are the alarm clock announcing 5:30 a.m. Time to get up and get out to the frozen outside world to find  breakfast ... Damn!, all coffee stalls, like hotels, are taken by the group of trekking... no way; anticipated departure and postponed  breakfast for the next stop. Once on our single-seaters vehicles and ready to leave the town where it is still dark, we saw, in a corner, a familiar figure beckons us, is someone non-stop jumping in the same place to keep warm himself, is he ... Dubert?, yes, Dubert Diaz and “Rodando Peru” boys (Rolling down Peru), they have come from Lima by bus bringing their bikes to climb with us from here to Ticlio. Good!

Once on the road again, we regrouped in the Infiernillo (Little hell) creek, Km 99, at the gates of Cacray, that “dark truck eating tunnel” according to Aaron, with its 580 meters of darkness inspires respect for a cyclist who does not want to end up like a colored sticker on the bumper of an 18-wheeler. Here, looking at the cave of Infiernillo, supposedly haunted, at the top of the creek, when I thougt to leave there, when coming back, the poem that Fiona, a friend of mine from Traidcraft, asked me to take it up to Ticlio.

We arrived Chicla, Km 106 and located at 3,800 meters above sea level (12,500 feet), early. Each of us riding  in his own style; Aldo boasting of his physical fitness, and me with  my bad mood, while Aaron patching tires and, in between, being pursued by all and every dog in the way which wants to drive its ivory into young flesh. Margarita and Samuel, do not stop. Dubert, Rubi and all other partners, stop in town for a "Green Soup" for S/.1.50 that served us like breakfast. What is a green soup? ... therefore no idea! And I don’t  know neither what taste is it, because we add enough lemon and chili to "adjust" the taste.

From this point the trip was hard and the 100 km of climb of the day before sent the muscular bill, C.C. to the dept of altitude, and taxes included. I did not feel pain,  I did not feel my fingers.

- Aldo, you are a doctor, tell me why are my fingers getting black?
- Put them in the ditch and shake them, if they got their color back it is dirt, if dropped it is gangrene.

- Carlos, there is a nail through your foot and shoe!     
-  Sure?, it should be my talisman

While the climbing was infernally hard; I hated every little down the road since I knew that I was not only losing a few meters, but would have to go back up. When we arrived Casapalca, km 116, at 4200 meters (13,750 feet) above sea level, where the snowy peaks escort the road and the oxygen necessary for cycling is got by the force of the stubbornness of the rider from the rarefied atmosphere, a mutton soup for S/.6.50 and a long rest is necessary.

11:00 am, when attacking the last stretch of 15 kms that would lead us to the summit, Ticlio! We knew that Margarita and Samuel are a little ahead, the others come behind us. The cold, fatigue and lack of oxygen hurt, a truck passed too close, almost hitting us, like kids playing a prank, Aaron and I held the truck, but the metal monster shakes itself in an irregularity on the road and dispose Aaron like a little parasite, I clung a little bit harder with my frozen fingers and I managed to get tow several hundred meters up the road. Yes, I do confess; I am a sinner, but ... it was funny!

Km 122; just what we needed, a snowstorm blocked the road, no pass (motor vehicle) and the endless line of trucks is stranded several kilometers on the way. It is very difficult to progress this way. On the right; trucks and buses stopped no room for pedal between the road and the ditch, mountain or cliff (as you tap back luck with each curve). On the left  vehicles come down the hill in the opposite direction. Like playing hide and seek between this kind of inert metal snake, where each vehicle is a heavy metal giant vertebra, we have separated ourselves, sometimes we find each other sharing shelter on a ledge of the road, or walking, riding in the gutter, by land, waiting for a space between buses and trucks, sometimes clinging to a bumper or rail to truck, under a hopper, moving towed only a few tens of meters, it is hard, complicated and dangerous, at least three times I finished with my head on the bottom of the ditch.

I meet Aldo while resting a kilometer before reaching Ticlio, with the road unblocked, we finally reached the summit at 13:15 hours and we both started to yell like children under the sign that says:

Ticlio
4,818  meters (15,800 feet) above sea level
World’s highest railway crossing
(I think the highest is actually in Nepal)



There we meet Carlos Gomez, who had climb, from La Oroya city, riding on the other side of the mountain to arrive on time to the summit cycling meeting. Then arrived Margarita and Samuel a few minutes later, we shook hands and…

 … what happened to your knee, Margarita?
-          what is wrong with my knee?
-          Well, it seems to lack a piece of skin and clothing that covered it this morning

I shot a few photos, I was feeling like a zombie due to exhaustion and lack of oxygen, we expect Aaron to be here any minute… At 14:30 without news of Aaron, we care and began the way back down the hill. We found Rubi still climbing to three kilometers from the summit and knew nothing of Aaron, she was happily accompanied by herself, her own loneliness and perseverance that come with the basic kit of any adventure rider. Two miles below Dubert was coming up under the same conditions. Both crowned the summit while later.

Ready to start collecting tissue samples from the tires of the trucks in search of at least one DNA fragment of Aaron; we continue down the hill at a good speed, dodging cars, curves and practically taking ownership of the road and looking for some sign of the missing partner.

Before the gate of the Cacray tunnel, Km 99, we ride on a forgotten path by the former route of the Infiernillo creek, the enchanted grotto and abandoned bridges, a couple of pictures, I leave Fiona's poem in a crack in the cave, where according to local legend it will live forever, and lose my glasses in another crack while keep looking for the “missing in action” Aaron.

It was finally in San Mateo, about 16:00 hours where we got communication with Aaron by phone, he was in the way to Lima. Then he told us, altitude sickness, cold and exhaustion overcame him at Km 127, only 5 kms to the summit. He dropped on a ruined wall and knew a big black dog named "Oso" (Bear), who was the only one in all the way which did not try to  bite him. Oso gave him its coat and showed him a llama he (Oso) was watching and introduce him to his master. Then a recovered Aaron (without warning us!) turned back and went down the hill by the highway to Lima.

 Aldo and I, with a little remaining need for adrenaline yet, went down the road like kamikazes dodging on our single-seaters fighting bikes, we had lunch in Chosica at 18:00 and I had dinner at my home at 20.00 hours on Sunday 10, 278 km and 38 hours after leaving the previous day and having reached the 4818 meters (15,800 feet) of altitude on our human propelled vehicles.

Just I would like to add the following, as I said in the announcement of the event: Folks, do not try this at home... try it outdoors! Believe me, it's more fun to burn calories than oil, and the planet will appreciate it.





Story & Photo: © Carlos Garcia Granthon




martes, 12 de junio de 2012

Pedaleando por el planeta


Pedaleando por el Planeta
Lima – Ticlio – Lima
Junio 09 y 10 de 2012

Son las 16:00 horas del sábado, estamos en Matucana a 75 kilómetros de Lima y 2,400 msnm; según el programa vamos muy retrasados por mi culpa, me siento mal, muy débil, tengo escalofríos, ni siquiera pude ingerir el almuerzo… En realidad me sentí mal desde que salimos de Lima a las 6:00 a.m. y venía empeorando con cada kilómetro sumado al odómetro y cada metro al altímetro.  Aldo Poma, compañero de aventura por afición y médico forense por profesión, que sabe por oficio y costumbre lo que es ver un mal semblante, me mira y con ojo clínico me recomienda retornar a Lima. Resignado, frustrado y molesto conmigo mismo, llamé a casa avisando de mi estado, cogí la bicicleta y casi arrastrándola por la pista, junto con mi orgullo, me dirigía a buscar un transporte de vuelta a casa, pero…

En ese momento; Aarón Heredia, tercer y último integrante de este grupo expedicionario que pretende ascender 132 kilómetros, desde Lima hasta Ticlio a fuerza de pedal y alcanzar los 4,818 msnm, allí donde los pilotos de combate suelen pedir oxigeno; le pregunta a Aldo:
 
-          A dónde va Carlos?
-          Pues… a tragarse su orgullo y darnos una lección de sensatez

Sensatez, sensatez… dónde he escuchado yo esa palabra antes?... uhmmm… debo haberla leído en algún libro, además mi orgullo es demasiado grande e indigesto como para ser tragado sin contraer un cólico severo, así que… a pedalear! 5 kilómetros después ya me estaba sintiendo un poco mejor, lo suficiente como para abrigar esperanzas de alcanzar el objetivo y poder escribir la presente crónica. Nunca supe que fue lo que me enfermó, pero sea lo que sea, parece que se curó con el mal de altura,… paradojas de la vida! Pero mejor contemos la historia desde el principio:

Ya perdí la cuenta de cuantas rutas he recorrido sobre mi bicicleta, han sido tantas que me permitieron publicar un libro al respecto el año pasado, siempre realizadas sólo por esa sed de aventura y simple satisfacción personal. Esta vez ya era tiempo de devolver al planeta algo de lo tomado y pedalear por una buena causa. O mejor dos! La primera, y para quien esté leyendo esta crónica, va el siguiente mensaje directo:

“Si nosotros pudimos ascender la Cordillera de los Andes en bicicleta, tú puedes ir a trabajar en la tuya. Detengamos el calentamiento global!”

 La segunda, y no por eso menos importante, promocionar a nuestros amigos de Traidcraft, ONG que promueve y practica el principio de comercio justo y desarrollo sostenible con los países del tercer mundo como el nuestro.  

En fin, como ya mencioné, luego de un mes de entrenamientos conjuntos salimos de Lima el sábado 09 de Junio a las 6:00 a.m. tripulando nuestros flamantes monoplazas de propulsión humana, y ensamblaje casero, por la carretera central.

Salvo una breve escala técnica en el grifo San Ignacio del Km 21 para la ya casi ritual visita a vestuarios, hidratación y reciclaje de líquidos; la primera escala oficial, con preámbulo de pinchada de llanta por parte de Aarón, fue en la ciudad de Chosica, Km 34, para el también  infaltable desayuno ciclístico al paso, a base de Quinua que a S/.0.70 el vaso te recarga de energía y… vamos, hay que beberlo con la solemnidad del caso!, que si la ruta es importante hay que seguir el protocolo del buen ciclotransportado al pie de la letra, y al borde de la pista.

Las siguientes paradas de ley; Corcona, Km 46; Tornamesa Km 55; San Jerónimo de Surco, Km 67,  se dieron ya con algún retraso pero sin mayor novedad.  Salvo por una pinchada de llanta de mi parte y el involuntario tránsito de Aarón sobre un cactus a la orilla del camino que añadió 7 agujeros a su llanta y estas tres líneas a la bitácora de ruta, en un mismo acto.

Lo que ocurrió en Matucana, a donde arribamos a las 14:45, pero desde  donde no pudimos reanudar la marcha hasta las 16:00 horas, ya lo narré en el primer párrafo de esta crónica, y no voy a volver a mencionar mis dolencias, que bien merecidas las tengo por andar en estos trotes a edad madura (lo de maduro es discutible), pues bien sé que son correrías con exigencias físicas aptas sólo para la biomecánica, sin mayor uso ni abuso, de quien cumpla los 16 por primera vez y no por tercera, además me consta que la garantía del fabricante venció a los 40 y no hay ventanilla para trámite de revalidación.


Recuerdo el Km 81, Aarón parchando su llanta, sólo para romper la monotonía, y yo sintiéndome un poco mejor. Fue la primera vez en el viaje que, siendo fotógrafo, me animé a sacar la cámara, si ésa que según el fabricante es la DSLR más pequeña del mundo (pero no necesariamente la más liviana) y que añadió peso a la ya voluminosa mochila, pues como ya habrán notado, esta fue una aventura en modalidad autoportante; sin ningún apoyo logístico ni escolta de ninguna clase, cada cual llevó todo su equipo, encargos, alimento, líquido, ropa, refacciones, culpas, miserias, miedos, vergüenzas y herramientas sobre su espalda toda la ruta. Hoy veo la mochila aquí tirada en el piso junto a mi y…aún duele!

San Mateo de Huanchor, situado a 3,200 metros sobre el nivel del mar, se levanta con las primeras sombras de la noche delante nuestro, es el Km 94 de la ruta, en realidad llevamos, en esta sola jornada, algo más de 100 Kms de ascenso sobre nuestras bicicletas desde que salimos de casa esta mañana. Hora de buscar comida y cobijo para pasar la noche; lo primero fue fácil, lo segundo no tanto; un grupo de trekking tiene reservadas la mitad de las habitaciones del pueblo y la otra mitad, pues… es sábado por la noche!

Sólo encontramos alojamiento disponible en el albergue municipal, donde por S/.5.00 nos fue permitido pasar la noche en barraca común, compartiendo techo de calamina con el elenco estable de ebrios del pueblo y uno que otro buhonero de las jurisdicciones vecinas. Pero tres hombres lycrados, en colores llamativos cual súper héroes de historieta, y que vienen ascendiendo desde la lejana Lima por propia fuerza muscular, imponen suficiente respeto; y nadie molesta, todos saludan.


La tradicional tertulia previa al sueño, se reemplaza esta vez por una larga sesión de parchado de llantas. El baño no funciona, el frío se cuela por todas partes y la lluvia redobla los tambores en la calamina metálica como preámbulo al coro de atronadores ronquidos, que opacan cualquier tormenta exterior, de los parroquianos de esta hermandad del techo pre-pago. Nadie se bañó, nadie se cambió, dormimos como llegamos, cada cual en su catre pero todos en “olor a multitud”.   

La linterna de Aldo en mis ojos y las protestas de Aarón son el despertador que anuncia las 5:30 a.m. hora de levantarse y salir al congelado mundo exterior a buscar desayuno… Diablos!, todos los puestos ambulantes de café, al igual que los hoteles, están copados por el grupo de trekking… ni modo, se adelanta la partida y se pospone el desayuno para la próxima parada.

Ya sobre nuestros monoplazas y disponiéndonos a salir del pueblo donde aun no amanece, vemos, en una esquina, una figura conocida que nos hace señas, es alguien saltando sin parar en su mismo sitio para no congelarse, es… Dubert?, si Dubert Díaz y los muchachos de Rodando Perú, ellos han venido desde Lima en bus trayendo sus bicicletas para trepar con nosotros desde aquí hasta Ticlio. Bien!

Nos separamos algo al salir de San Mateo, nos reagrupamos en el Infiernillo, Km 99, a las puertas del Cacray, ese tenebroso túnel “tragacamiones” según Aarón, que con sus 580 metros de obscuridad  inspira el respeto de más de un ciclista que no quiere terminar como sticker en el parachoques de un camión de 18 ruedas. Es aquí donde, mirando la   gruta del Infiernillo, supuestamente encantada, en lo alto de la quebrada; se me ocurre como buen lugar para dejar, al regreso, el poema que me encargó Fiona, una amiga de Traidcraft, que me pidió llevara por ella hasta Ticlio.

A Chicla, Km 106, ubicado a 3,800 msnm, llegamos cada quien a su estilo; Aldo haciendo derroche de su buen estado físico, y yo de mi mal humor constitudinario, mientras Aarón, entre parche y parche de llanta, se deja perseguir por todos y cada uno de los perros del camino que quieren hincar marfil en fibra joven.  Los muchachos de Rodando Perú llegan con la frescura propia de recién iniciar la ruta, Margarita y Samuel, no se detienen. Dubert, Rubí y todos los demás paramos en el pueblo por una “Sopa Verde” que por S/.1.50 nos sirvió de desayuno. ¿Qué es una sopa verde?... pues ni la menor idea! Y tampoco sé que sabor tiene ya que a punta de limón y ají le “ajustamos” el sabor a un tono más citadino.

De aquí en adelante la ruta se puso pesada y los 100 Kms de ascenso del día previo pasan la factura muscular, con copia a la altitud e impuestos incluidos. Ya no se siente el dolor, no se sienten las extremidades:

-          Aldo, como médico, dime ¿por qué tengo los dedos de la mano negros?
-          Mételos a la acequia y sacúdelos; si se aclaran es suciedad; si se caen es gangrena.


-          Carlos; tienes un clavo atravesando tu pie y zapatilla!
-     Déjalo, es mi amuleto

Si bien la subida se hacía infernal; odiaba cada pequeña bajada del camino pues sabía que no sólo estaba perdiendo algunos metros ya trepados, sino que tendría que volver a subir. Así y todo llegamos a Casapalca, en el Km 116, a 4200 msnm donde los picos nevados escoltan la carretera y el oxígeno necesario para pedalear se arranca por la fuerza de la terquedad del ciclista a la enrarecida atmósfera; una sopa de carnero por S/.6.50 y un largo reposo se hicieron necesarios.

Las 11:00 a.m, hora de atacar el último tramo de 15 Kms que nos llevaría a la cumbre, a Ticlio! Sabemos que Margarita y Samuel van un poco por delante, el resto viene detrás. El frío, el cansancio y la falta de oxígeno duelen; pasa un camión muy cerca, casi rosándonos, cual chiquillos haciendo una travesura, Aarón y yo nos cogimos de la baranda, pero el monstruo metálico se sacude en una irregularidad del camino y se deshace de Aarón como si fuese un parásito, yo me aferré un poco más con los congelados dedos y logré que me remolcara a varios cientos de metros por la carretera, si, confieso que he pecado, pero… fue divertido!

 Km 122; lo que nos faltaba; una tormenta de nieve bloqueó la carretera, no hay pase (para vehículos motorizados) y la interminable fila de camiones varados tiene varios kilómetros. Es muy difícil avanzar así. Por la derecha los camiones y buses parados no dejan espacio para pedalear entre la pista, la cuneta y, la montaña o precipicio, según lo que te toque en suerte con cada vuelta de curva. Por la izquierda bajan en sentido contrario algunos vehículos, hay que ir avanzando a salto de mata, o  mejor dicho; a salto de camión.

Como jugando a las escondidas entre esta especie de serpiente metálica inerte, donde cada vehículo pesado es una metálica y gigantesca vértebra; nos hemos separado, a veces nos rencontramos compartiendo refugio en una saliente del camino, o caminando, pedaleando, en la cuneta, por la tierra, esperando un espacio entre buses y camiones, a veces agarrándonos de algún parachoque o baranda de camión para poder, debajo de una tolva, avanzar remolcado sólo algunas decenas de metros, es pesado, complicado y peligroso, al menos tres veces terminé de cabeza en el fondo de la cuneta.

Aldo me esperaba un kilómetro antes de llegar a Ticlio, con la carretera ya desbloqueada coronamos la cumbre a las 13:15 p.m. y empezamos a gritar como niños debajo del cartel que indica:



Ticlio
4,818 msnm
Paso ferroviario más alto del mundo




Allí encontramos a Carlos Gómez que había subido, desde La Oroya, pedaleando por el otro lado de la montaña para darnos el encuentro en la cumbre. Luego llegaron Margarita y Samuel, nos dimos la mano y…

-          … y tu rodilla Margarita?
-          ¿qué tiene mi rodilla?
-          dirás; qué le falta?, para comenzar parece que le falta un trozo de la piel y de la ropa que la cubría esta mañana.

Hice algunas pocas fotos, estaba como zombi por el agotamiento y la falta de oxígeno, esperábamos a Aarón que debía llegar en cualquier momento….

 A las 14:30 p.m. sin noticias de Aarón, nos preocupamos y empezamos el descenso. Encontramos a Rubí aun trepando a tres kilómetros de la cumbre y no sabía nada de Aarón, ella iba feliz acompañada de si misma, su propia soledad y perseverancia que vienen con el kit básico del ciclista de aventura. Dos kilómetros más abajo subía Dubert, en las mismas condiciones. Ambos coronaron la cumbre rato después.

Ya a punto empezar a recoger muestras de tejido de las llantas de los camiones en busca de al menos un fragmento del ADN de Aarón. Seguimos bajando a buena velocidad, sorteando vehículos, curvas y prácticamente, con la pendiente a favor, adueñándonos de la vía y buscando algún indicio del desaparecido.

Antes del túnel Cacray, Km 99, tomamos un desvío alterno y olvidado por la antigua ruta del infiernillo, la gruta encantada y los abandonados puentes, un par de fotos, a dejar el poema de Fiona en una grieta de la gruta, donde según la leyenda local vivirá para siempre, perder mis lentes en otra y a seguir buscando al soldado… digo a Aarón.

Fue finalmente en San Mateo, sobre las 16:00 horas donde logramos comunicación;  Aarón ya estaba rumbo a Lima. Según nos contó luego; el mal de altura, el frío y el cansancio lo vencieron en el Km 127, a 5 Kms de la cumbre, se dejó caer sobre una pirca y un gran perro de nombre “Oso”, el único que no quiso morderlo en todo el camino, se acercó, le dio abrigo y le mostró un ato de llamas que custodiaba junto con su amo. Luego, algo recobrado Aarón (sin avisar!) dio media vuelta y se dejó llevar, cuesta abajo, por la carretera rumbo a Lima.

 Aldo y yo, con alguna sed de adrenalina aun, bajamos cual kamikazes por la carretera siempre sobre nuestros monoplazas de combate, tomamos lonche en Chosica a las 18:00 horas y yo cené en mi casa a las 20.00 horas del domingo; 278 Kms y 38 horas después de haber salido el día anterior y alcanzar los 4818 mts de altitud a fuerza de pedal.

 Sólo añadir que tal como dije en la convocatoria del evento: Muchachos; no intenten esto en casa… inténtenlo afuera! Créanme, es más divertido quemar calorías que hidrocarburos, además el planeta se los agradecerá.



Texto y fotos: © Carlos Garcia Granthon

lunes, 23 de abril de 2012

miércoles, 1 de diciembre de 2010

La Ultima Trepada 2010; Autodestruccion en Dos Actos



Lima - San Pedro de Casta – Lima
Noviembre 27 y 28 de 2010

El plan era sencillo; Aldo, Pietro y yo intentaríamos llegar pedaleando desde Lima hasta San Pedro de Casta en un solo día, mientras que Gerson y Raúl subirán en bus hasta San Juan de Iris desde donde descenderán a Casta para darnos el encuentro, ahí pernoctaremos todos y al día siguiente intentaremos unir Casta con San Mateo de Otao explorando una ruta por detrás de Marcahuasi, luego haríamos un DH hacia Callahuanca para retornar a Lima la tarde/noche del domingo. Que puedo decir; parecía una buena idea en ese momento.



Primer acto

El peso de la bestia


Frente a mi un centenar de casitas andinas agrupadas en la falda del cerro, iluminadas cual retablo navideño en fondo de terciopelo negro; es San Pedro de Casta, geográficamente faltan solo unas decenas de metros para llegar, pero anímicamente faltan un millar de kilómetros. Pietro deambula a mi lado entre sombras, ya no habla, solo trata de llegar al pueblo. A mi me gustaría gritar; “ya llegamos!”, “lo hicimos!” pero la lengua áspera y reseca, raspa y se atasca sobre un paladar de cartón, y con cada paso que doy la pantaloneta de lycra se pega y arranca, dolorosa y sucesivamente, de la carne viva de las ingles y barrios anexos. Escucho las señales de silbato que me hacen mis amigos desde el pueblo, pero ya no tengo aliento para contestar, hace más de doce horas que salí de casa sobre mi monoplaza, sobre el Cletanque y… pero mejor les cuento la historia desde el comienzo:


Son las 6:30 a.m. del Sábado 27 en la puerta del estadio monumental, primer posible punto de encuentro para cualquier incauto que hubiera aceptado nuestra invitación a la ruta suicida. No habiendo nadie (cosa que no me sorprende), prosigo sobre el “Cletanque” como le dicen mis amigos a mi monoplaza. Si , si, ya se que no es muy inteligente de mi parte intentar semejante ascenso sobre un monstruo de mas de 18 kilos (si, mas de 18 kilos es el peso de la bestia sin contar herramientas ni rehidratante) pero que puedo hacer si… hace juego con mi casco!

Aldo me da el alcance en el grifo del Km 21 de la carretera central, segundo punto de encuentro y primera estación para el “mea culpa”. Omitiré, por cuestiones de espacio, el cuasi atropello en Chaclacayo por vieja motorizada (vieja y gorda), y su cómplice de turno y copiloto que la insto a huir del lugar seguros de haberme arroyado con el auto. (La próxima publico número de placa, nombre completo, DNI, teléfono, EDAD y PESO de la vieja de m…). Dejando de lado una segunda envestida intencional por parte de un Mototaxi, llegamos a Chosica sobre las 8:30. a.m. aproximadamente donde deberíamos de habernos encontrarnos con Pietro, que salió retrasado, y donde nos enteramos que Gerson y Raúl ya están en un bus varios Kilómetros por delante.

Mientras Pietro advierte por teléfono que ha pasado a la modalidad de “Pietronator” y viene pisando fuerte para alcanzarnos, nosotros dejamos Chosica sobre las 9:30 a.m.

En ruta tranquila por el valle del rio Santa Eulalia; una pinchadura en Barba Blanca, una tarántula viva en Bellavista de Chaclla, otra muerta en el vado de Huanchunya (debió usar el crucero peatonal), donde a la vera de la pista, y mientras nos rehidratamos, una amable señora nos cuenta sobre su hermano; un Huancaíno que fue campeón de ciclismo hace algunas décadas. Aquí Aldo se dispara un poco y no lo vuelvo a ver hasta Huinco donde llegue sobre la 1:30 p.m. acusando ya algo de cansancio y muchas picaduras de mosquito, de esos mosquitos dientes de sable que se enjuagan la boca con el repelente que uno usa, y que según dicen transmiten la temible verruga, enfermedad endémica en esta zona.

En Huinco; el aguadito por S/. 1.50 no convence ni satisface, mientras el infaltable borracho del pueblo, hace su “intervención urbana” para los recién llegados en la calle principal. Cambiando de menú, calle y restaurante; un lomo con papas mejora el día que ya se va poniendo gris, mientras “Cabezón”, el gato recaudador de sobras, exige bajo la mesa el respectivo peaje por plato servido. Aquí nos alcanza Pietro mientras damos alguna asistencia mecánica a otro grupo de ciclistas que ha subido en bus para hacer solo el descenso (sin casco!).

Yo diría que Huinco es la frontera de lo sensato para una buena trepada, pero siendo la sensatez palabra desconocida en el grupo… dejamos Huinco sobre las 2:30 p.m. esa fue la ultima vez que vimos a Aldo aquella tarde; Pietro y yo nos limitamos a constatar sus huellas de tramo en tramo sobre la polvorienta trocha, solo para estar seguros que seguía avanzando adelante nuestro y no había caído por el precipicio.


Ya sobre las 4:00 p.m., y bastante cansados, nos detuvimos sobre el puente Autisha, si Huinco era el limite de lo sensato, Autisha lo era de lo racional; así que a sabiendas que el bus de la tarde a Casta pasaría por allí en unos minutos, decidimos dar por terminada la trepada y llegar a destino sobre el bus y bajo su techo. Al poco rato y como rememorando la serie “La isla de la fantasía”; ambos empezamos a exclamar; Ahí viene el bus!, el bus!... el… el.. bus de miércoles no llego ni siquiera hasta el puente y, ante nuestros ojos, tomo el desvió a Vicas!, no importa el próximo seguro que si va a Casta. Ahí viene otro…. El bus!.. , el bus!…el… el maldito bus también se fue para Vicas!, tal vez, el próximo…

Son las 5:00 p.m. y no ha vuelto a pasar ni un alma por el puente Autisha (ni debajo de el), ni modo… a trepar el serpentín a Casta, ahora si ya no hay piernas, (ni agua, ni comida) trepamos a paso de tortuga, a veces sobre la maquina, a veces a su lado. Un paisano nos informa que Aldo paso hace rato, que el bus a casta no pasara hoy pues se ha malogrado, pero que ya estamos a solo una hora del pueblo, (esta gente maneja su propia versión de espacio-tiempo). Media hora después, y en medio de una lluvia serrana, otro residente del valle nos dice que no hay agua para darnos ni nada de comer para vendernos, pero asegura que estamos solo a otra media hora de llegar a destino (si lo vuelvo a ver, le doy su media hora de…) . El cansancio, hambre y deshidratación son ya preocupantes; Pietro me propone cambiar de monoplazas por un rato (Gracias Pietro!); para mi es un gran alivio, para el… para el es la peor idea que ha tenido en su vida, en pocos kilómetros el peso del Cletanque, mi fiel bestia de montaña, lo aniquila y se la pasara repitiéndomelo el resto de la jornada. Cae la noche, paradójicamente la ultima reserva de agua que llevamos se agota en el mismo instante en que cesa la lluvia, seguimos trepando.

La sal del sudor se seca e irrita la piel que se va ampollando con el rose de la ropa, el Cletanque ya no pesa 18 kilos, ahora parece pesar 18,000. Una última bolsita de galletas desaparece en cuestión de segundos en las resecas bocas. Bajo las luces de mi monoplaza revisamos el mapa y contamos y recontamos el número de curvas que hemos dado y las que nos faltan dar; todavía nos falta mucho, seguimos trepando.

Por fin vemos Casta; aun es solo una luz lejana en la cumbre, y por fin pasa un bus por la ruta, pero no se detiene, solo nos ignoran y siguen de largo, seguimos trepando.

El agotamiento extremo nos juega pasadas, nos hace ver sombras de entes que caminan a nuestro lado y por entre nosotros, imaginarios rostros que nos observan desde los bordes del camino, misteriosas incandescencias y encarnadas fosforescencias entre los arboles, seguimos trepando.

Por fin llegamos al desvió con el arco de bienvenida, vemos a San Pedro de Casta a nivel, al otro lado de la quebrada, ya solo tenemos que… que bajar?, si, bajar a la quebrada y perder buena parte de lo ya trepado, para volver a subir al pueblo… maldición! Fijo que a quien haya construido esta carretera le pagaban por metro y no por hora.

El como llegamos al pueblo; ya lo relate en el primer párrafo, solo añadiré que, en calidad de zombis sobre las 8:00 p.m., y mientras Pietro no cesaba de repetir, una y otra vez sin entonación ni pausa alguna, como si se tratara de un Mantra; “elcletanquemedestruyo, elcletanquemedestruyo, elcletanquemedestruyo, elcle…”, seguimos a Gerson y Raúl que habían bajado frescos desde Iris a las 5:00 p.m. y a Aldo que corono Casta sobre las 6:30 p.m.; primero al hotel a dejar las cosas, luego a comer un lomo y salchipapas que me habían prometido pero… ya no había comida, ni nada que se pudiera ingerir, solo recuerdo vagamente que anduvimos tocando puertas por el pueblo hasta que alguien por fin nos preparo un atún con arroz y nos vendió alguna gaseosa.

Ya en el hotel (Gerson; porque otra vez había un solo cuarto para todos?), caímos privados hasta que Pietro nos despertó con sus ronquidos
- Pietro, si no dejas de roncar, mañana te vuelvo a prestar mi bicicleta
Como por arte de magia se hizo el silencio y Pietro no volvió a roncar en toda la noche.

Al día siguiente, la luz de una bella mañana andina me despierta, curiosamente y contra todo pronostico, yo aun tenia resto físico par continuar con la ruta programada, pero las ampollas en las ingles (anexos y balnearios) no me permitían pedalear. Tome la decisión de retornar a casa no sin antes advertirle al resto que, según mi opinión y cálculo, la ruta programada tomaría más tiempo del previsto y que no llegarían a Callahuanca antes de las 6:00 p.m. aun sin percances.

Deje Casta a las 8:00 a.m. e hice todo el descenso hasta Santa Eulalia de pie en la bicicleta, única manera de sortear en forma indolora esos 40 kms de trocha encalaminada, allí solo me detuve el tiempo suficiente para rehidratarme y enterarme que habría partido de futbol en Lima, y por ende barras bravas en la ruta; así que enganche un plato grande y piñón chico y a la 1:30 p.m. ya estaba sentado… No, digo; sentado no!; parado, almorzando en mi casa.



Segundo Acto

Estaba Escrito



Como ya les dije, abandone Casta el domingo en la mañana y deje a mis amigos preparándose a recorrer el resto de la ruta, sabía que les tomaría mas tiempo del previsto pero jamás me imagine por lo que pasarían:

No fue hasta el lunes 29 que empecé a recibir vía email y SMS alguna noticia de ellos y de las que reproduzco a continuación algunos fragmentos ilustrativos:


29/11/2010
17:32:22
(Mensaje)
Nos dejaste tu maldición
Llegamos a Lima hoy 5:30 a.m., dudo que Raúl o Aldo vuelvan a salir con nosotros,
El DH nocturno de Otao estuvo épico
(De)
Gerson

From: Ralhersanthu
Sent: Monday, November 29, 2010
To: Carlos García
“….…Llegado a ese lugar vimos una pequeña estancia donde nosotros gritábamos: HAY ALGUIEN ALLI!!!! QUEREMOS AGUA POR FAVOR!!! ….llegue a casa a eso de las 3:40 a.m. sintiendo culpa por haber dejado a Gerson y Pietro. Espero que estén bien
¡ES UN VIAJE QUE JAMAS OLVIDARE! :P


From: Aldo Poma
Sent: Monday, November 29, 2010
To: Carlos García
Recién llegando a Lima (y ni siquiera a mi casa y son las 13.00 del 29) de Pietro, Gerson y Raúl no se nada, la ultima vez que los vi fue a las 00.00 horas espero que estén bien.
Al final fue en modalidad CICLOSADOMASOQUISMO.
Ya perdí la cuenta de los pinchazos, van mas de "cincuenta•"
Ya cada uno contara su historia.
Saludos.
Aldo Poma


Solo me queda añadir que, como bien dice Aldo en su email; dejemos que cada uno cuente su historia


Texto y Fotos; © Carlos García Granthon
Todos los derechos reservados

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Halloween; Rutas de Espanto

Pacomanta – Escomarca – Tres ventanas – Olleros - San Bartolo
Octubre 31 – Noviembre 1º de 2010


Que mejor comienzo para una aventura extrema que ir rodando fuerte, con llamativo y completo equipo de ciclista, por las no muy amistosas calles del barrio de San Jacinto a las 7:00 a.m. del 31 de Octubre, día de halloween, con rumbo al corazón de El Agustino a abordar un bus que promete llevarnos a San Lázaro de Escomarca. Somos siete los conjurados; Aldo, Gerson, Kamary, Juan, Pietro, Raúl y quien suscribe esta crónica; Crónica que según lo planificado debería de comprender únicamente el relato del descenso Olleros – San Bartolo, objetivo de nuestro viaje y considerada como una de las rutas de Down Hill mas largas y con mayor desnivel del mundo, pero…

Mientras el desvencijado bus, que apesta como pocos pero trepa mejor que muchos por los carrozables caminos de la sierra Huarochirana, le va robando metros al altímetro con cada vuelta de rueda y regalando vistas al paisaje con cada vuelta de curva; Gerson ya se las arreglo para convencer al chofer que nos desembarque un poco mas allá de lo convenido, en el abra de Pacomanta, punto geográficamente mas alto de su recorrido. El viaje en general es tranquilo y al parecer la maquina ya conoce de memoria la ruta, pues no requiere de mayor guía del conductor que pasa mas tiempo conversando con su ayudante que atendiendo el camino, y solo pide le vayan agregando agua al motor periódicamente, y sobre la marcha, por un gran embudo ubicado dentro de la cabina que se conecta por gravedad mediante una manguera de jardín al radiador.

El sol desciende sobre el cerro Condorcoto, a nuestras espaldas, mientras nuestros monoplazas descienden del techo del bus a las 4:00 p.m. en el abra de Pacomanta. La vista de la cordillera Pariakaka es espectacular; ahí están los nevados (y los nevados tienen nieve!), ahí está el nevado Runcha, ahí esta el nevado Charimaya, ahí está… y mis herramientas?, donde están?... are, ajo, erda! Ya me las robaron! Si, me olvide de quitar el estuche de herramientas del Cletanque al subirlo al bus y en una de las tantas paradas de cabotaje alguien me aligero el peso de la bicicleta; mea culpa, mea culpa y… mea detrás de esas piedras que 7 horas aguantando en el ómnibus no son pocas.

Vienen las fotos de rigor con la espectacular vista en este punto a 4,000 msnm. Todos posan para las fotos; Gerson despliega su banderola del grupo Keniro que incluye un aviso publicitario (tiene que financiar su carrera ciclística), Kamary con su monoplaza posa cual stripper con los nevados de fondo (supongo que también tiene que financiar su carrera de alguna forma).

Ya sobre nuestros monoplazas y tras algunos minutos de libre rodar sobre estas hermosas pampas de ichu alto andinas, arribamos a Escomarca que seria algo así como nuestro campamento base. La buena noticia es que están haciendo mejoras en el pueblo, la mala noticia es que los únicas dos habitaciones del hospedaje están copadas por los trabajadores de las obras. Finalmente, y a mucho insistir, el dueño de una fonda nos alquilo un pasadizo de 2 x 4 metros con 3 colchones en el piso para los 7.

Luego de un buen almuerzo sobre las 5:00 p.m. que incluía bistec, arroz y papas por S/ 4.00 salimos a buscar, como ruta complementaria, las famosas cuevas del cerro Tres Ventanas que se encuentran en un paraje cercano. Tenemos referencias de la ubicación y mapas de la zona, pero en estas ondulantes pampas de ichu, entre bosques de piedra cruzados por mil senderos, es fácil equivocar el camino. Siempre pedaleando a campo traviesa cerca de los 4000 metros de altitud, cuando el sol ya ha caído y solo las purpureas luces del ocaso alumbran el cielo, encontramos las cuevas; Están en un macizo rocoso con aspecto de castillo medieval, el lugar es extraño, tan extraño como la silueta de un hombre que aparece y desaparece mientras nos atisba entre el perfil de lejanas y negruzcas rocas, pero que nos hace llegar su fuerte voz que repite una y otra vez la misma palabra ininteligible y de tono poco amistoso. En medio de la obscuridad de la noche, cuando ya no lo vemos, la frecuencia con la que repite el misterioso vocablo aumenta y, a juzgar por el volumen, la distancia se acorta. A riesgo de que se tratara de algún rondero que, arma en mano, confundiera nuestra extraña y multicolor apariencia de ciclistas con abigeos o, peor aun, con supuestos Pishtacos, y cuando el grito se escuchaba ya a tiro de piedra o de escopeta, según el gusto; optamos por huir (valientemente) de las cuevas, pedaleando en silencio entre matorrales de espinas y rocas en medio de la noche y con las luces apagadas para desorientar al enemigo. Una vez alcanzado el llano, donde de puede rodar a velocidad de crucero, dejamos atrás rápidamente al misterioso personaje y su grito de batalla mientras rodábamos por campo abierto, en una pampa de ichus bajo el manto protector de las estrellas que le daban una surrealista tonalidad azulada al paramo, poblado por las negras sombras de las figuras pétreas que flanquean la pampa y nos escoltan de regreso hasta Escomarca . No hablare por los demás pero esta sola aventura y los paisajes nocturnos que me fueron posibles apreciar, para mi, hizo que el viaje valiera la pena

Si el bus olía mal, no se imaginan lo que fue ese cuarto de 4x2 aquella noche, conteniendo a 7 sudorosos y flatulentos ciclistas en un pueblo que no tiene baños ni agua corriente; pero el cansancio y la fraternidad perdonan esas pequeñas incomodidades; Además es noche de Halloween y las leyendas de terror no podían faltar; entre Raúl y Aldo Poma se disputan el premio “Narrador de cuentos 2010” en una sucesión de interesantes relatos de misterio que protagonizan Duendes, Tunches, Ccarccachas, Pishtacos y demás personajes de la cosmovisión andina.

Los despertadores, única utilidad de un celular en estas latitudes, suenan sincronizados a las 5:30 a.m. del 1º de Noviembre y una hora después, bien apertrechados, nos disponemos a cruzar nuevamente las pampas con rumbo a Santo Domingo de los Olleros que esta 1,000 metros más abajo y 25,000 más al Oeste. Que alguien tuviera descocida una costura del pantalón no seria algo digno de mención en esta crónica, si no fuera por que al salir del pueblo un cariñoso can, que salió a despedirnos mientras rodábamos, engancho el marfil de sus herramientas masticantes en la pierna de Gerson, terminando de desgarrar la costura del pantalón que quedo sujeto solo por tobillo y cadera, flameando al viento hacia atrás cual vela inversa, para trabarse inmediatamente con el freno y enredarse en los radios de la rueda que de un solo tirón termino por arrancarle todo el pantalón en una fracción de segundo, sin que se acara los zapatos ni se levantara del asiento, cual acto de magia de David Copperfield. Lastima que nadie grabo la secuencia, hubiera sido un éxito en Youtube!

A medio camino entre Escomarca y Olleros; Anchicocha es otro hermoso paraje de aspecto prehistórico, vasta planicie ondulante con afloramientos rocosos, donde no hay un alma, no hay una poblado, no hay… si, si hay señal de celular!, no entiendo, aquí no hay ningún teléfono pero si hay señal, y en los pueblos que si hay teléfonos no hay línea, como diría Condorito; exijo una explicación!. Lamentablemente no tuvimos tiempo de vagar por estas pampas para buscar cierto misterioso cráter de meteorito y otras peculiaridades de la zona… en otra ocasión será.

Con Olleros ya a la vista en el horizonte, un bifurcación en el camino nos separa; mis compañeros de aventura que no pueden ver un cerro sin dejar de aventarse por el, toman un atajo a campo traviesa y van cuesta abajo, mientras yo, so pretexto de reconocer la ruta para una futura incursión nocturna continuo por el camino seguro y afirmado. La verdad es que no quería arriesgarme a romper bicicleta y/o cráneo antes de comenzar el descenso principal y objetivo de este corto viaje. A las 9:00 a.m. ya estaba en la Plaza de Olleros, mis amigos y su famoso atajo empezaron a llegar 20 minutos después con dos pinchaduras y un aro doblado como anotación en la bitácora de viaje.

Hechas las reparaciones de rigor y necesidad; son las 10:30 cuando empezamos a recorrer la mundialmente famosa ruta de DH “Olleros – San Bartolo”. Que nos deberá de llevar en un descenso de vértigo por las crestas de los cerros, desde la cota de los 2,830 meros, hasta la orilla del mar en solo unas pocas horas.

No puedo negar que la ruta y sus paisajes son espectaculares, al menos en sus primeros tramos por los single tracks, y las empinadas crestas al borde de precipicios inimaginables que dan la impresión de no estar rodando por ellos sino sobrevolándolos, es … es una sensación indescriptible!, repito; la experiencia es única y espectacular pero, y aquí seguramente la mayoría discrepara conmigo; la dificultad técnica del descenso requiere tanta atención en el camino que, aunque parezca paradójico no permite disfrutar la ruta, como en aquel viejo dicho que reza así; “el árbol no te deja ver el bosque”. Hay muchas vistas, lugares y tramos del camino que me hubiera gustado detenerme a contemplar, pero es técnicamente imposible; en estas pendientes rueda parada es caída asegurada.

Retomando la ruta y el relato, o mejor dicho; el relato de la ruta, y ya con dos tontas caídas en mi haber, voy algo rezagado con respecto a los demás, pero aun disfrutando la aventura en el buen tramo ya recorrido, hasta que… maldición! La cocada de mi llanta delantera no agarra bien en arena suelta; Si, la arena suelta y esponjosa plagada de piedrones de que esta hecho toooooooodo el ultimo y empinado serpentín del cerro antes de llegar al lecho del huayco, punto medio de la ruta y de reagrupamiento del grupo. Lo peor de todo es que mis zapatillas son de suela casi liza y tampoco puedo mantenerme en pie en esa pendiente de arena seca y suelta sobre piedra. No se cuantas veces me resbale, solo se una cosa; que tanto montado sobre la bicicleta como caminando al lado, me era imposible controlar la dirección, y en las curvas con cada paso o vuelta de pedal venia un derrape o resbalón, y con cada resbalón un golpe en el pie contra una piedra… Se me hicieron mil años descender ese tramo, mil años y mil golpes en los pies, (auch). Es mas, cuando llegue al huaico donde me esperaba el resto del grupo, antes de decir nada volví a resbalar delante de ellos y caí sentado sobre otra piedra. (Otro auch).

Si bien en cuestión de descenso, en poco mas de dos horas habíamos bajado mas de 2,000 metros; en cuestión de distancia aun nos faltaban unos treinta kilómetros de rodada por el reseco y casi plano lecho del huayco que discurre por las pampas de San Bartolo. Sin mayor inconveniente ni anecdotario llegamos al balneario a las 3:10 p.m.

Juan que, para variar, una vez que empieza a pedalear luego no encuentra el botón de “off”; se ha seguido de largo pedaleando rumbo a Lima. Pietro trata de convencerme de hacer lo mismo mientras el resto busca un bus… uhmm… resto de piernas todavía tengo, pero animo me falta y el dolor de los dedos de los pies… no, yo me subo al bus, y si es rosadito mejor!

En realidad no tardamos mucho en conseguir un bus y cuando llegamos al trébol de la Javier Prado… Juan ya estaba allí!, ni hablar… esta poseído!



Texto y fotos: © Carlos García Granthon
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