lunes, 10 de diciembre de 2012

Camino al Cielo


Musa – Huaycan (por la quebrada de San Benito)
Diciembre 08, de 2012

 

Que mejor manera de volver al ciclismo, después de 3 meses de abstinencia de pedales y castidad de ruta  por fracturas y contusiones, que una ruta de exploración, corta pero con sabor a descubrimiento.

Partimos de Musa a  hora inusual, las 10:00 de la mañana, vamos los de siempre; Aldo Poma , Aarón Heredia y quien suscribe, que a falta de voluntarios y alternativas de compañía ya nos hemos resignado a la estoica tarea de soportarnos a nosotros mismos, nuestras idiosincrasias y caracteres, que muchas veces suelen ser mas escarpados que la propia ruta.

Un par de kilómetros por la carretera a Cieneguilla y tomamos el desvío al norte; por la quebrada de San Benito, tierra de invasiones, rellenos, canteras y chancherías clandestinas, donde el trafico citadino se remplaza por el no menos peligroso trafico de terrenos y sus batallas por la tierra. Letreros de propiedad privada, inscripciones en registros públicos y litigios, los unos crucificados sobre los otros, se alzan por doquier sobre disecos palos de eucalipto, como en un bosque de mondadientes gigantescos en los primeros kilómetros de recorrido por la reseca quebrada. Un viejo harapo sobre dos de ellos, a contraluz, semeja el perfil de una parca que guadaña en mano custodia los limites de las almas que reclama, donde termina lo habitado y comienza la aventura.

Mas allá, media quebrada, lejos de todo y cerca de nada, maquinaria pesada abre calles y demarca lotizaciones sobre las arenas de las mismas lomas que las fauces de otras maquinas, en simultaneo, mastican y engullen para sacarla de allí a lomo de camión y venderla en la urbe, para que luego alguien la traiga hasta aquí nuevamente, en el mismo camión, y construya un reseco castillo de arena a precio de oasis exclusivo. Cosa de locos….

Seguimos, siempre al nor-noroeste, hacia los orígenes de la quebrada, sobre las huellas de  maquinaria de constructores de torres, exploradores mineros y traficantes de terrenos que no dejan piedra si marcar. No hay perros que nos ladren, solo nos siguen unas grandes lagartijas, que poco acostumbradas a ver seres humanos, corretean a nuestro alrededor cual manada de velociraptors de maqueta. La ruta se hace silenciosa, agradable, gris y tranquila. Solo la arena y el pedregullo suelto en pendiente exigen, de cuando en cuando, más de la cuenta a las piernas y pedales.

Fin de las huellas de maquinaria y de la quebrada de san Benito; hay una bifurcación en medio de un mar de derrumbes y piedra fragmentada, Mi memoria de la fotografía de satélite dice que nuestro destino se escribe hacia la izquierda, sobre un sendero de animales que no esta donde debería estar. El GPS de Aarón indica lo mismo; hacia la izquierda, pero Aldo y su terquedad, que esta vez tiene un brazo muy largo y un oído muy corto, señalan de frente y arriba; hacia la cumbre de un cerro donde se ven unas pretéritas pisadas.

Aldo tomo su decisión, su camino y su problema y los carga todos en su mochila; se alejó trepando el cerro que teníamos al frente  hasta que lo perdimos de vista. Aarón y yo nos dedicamos a explorar, bicicleta al hombro y por entre el laberinto de piedras fracturadas,  la estrecha torrentera de la izquierda, hasta que 200 metros mas allá encontramos el sendero que buscábamos, que en sus primeros metros había sido tapado por un derrumbe.

El camino ascendía suavemente por la ladera de la montaña, cuando de pronto Aarón encontró en el suelo un fragmento de roca plana de no más de un centímetro de espesor pero trabajado en uno de sus bordes como si fuera un trozo de la hoja de una espada. Curiosamente no sonaba a piedra sino a temple de metal de la mejor de las campanas… pero era piedra!.. Sonaba igual que el cóndor de piedra campana, pero esa ya es otra historia. Con la anécdota en la bitácora (y la piedra en la mochila) continuamos unos metros mas y… al igual que en Chamallanca, encontramos otra casucha de tablas derrumbada por el tiempo y los elementos, conteniendo aun ollas, tapers, cubiertos, útiles de aseo, botellas para agua, una casaca en buen estado, una camisa y demás  bienes terrenales que debe poseer todo ermitaño que se respeta.   

Es aquí cuando en dos ocasiones consecutivas, en medio de la estrecha quebrada y de la mas absoluta de las soledades escuchamos un quejido, como el de un cachorrito que llama a su cuadrúpeda y dentada madre porque tiene hambre, pero por mas que afinamos el oído no pudimos detectar el lugar de origen de la llamada, a pesar que en la ladera opuesta de la quebrada se veían unos excavaciones pequeñas a manera de madrigueras. Eran unas seis o siete formando ordenadamente una V invertida, parecían nidos de … churruminos?

Unos cien metros mas y la espectacular vista de una hilera de impresionantes apachetas que apuntan al cielo, marcaban el abra que veníamos buscando, habíamos llegado a las alturas de Huaycan en el valle del rio Rímac, en realidad fue fácil, lo difícil era regresar a buscar al terco de Aldo y traerlo de las orejas,  pero … mientras observamos, al otro lado del abra, los barrios epigonales de Huaycan en las faldas del cerro, unos 300 metros por debajo de nosotros….

 

-          Hey!..Vengan, vengan acá!

-          La voz de Aldo?.. aquí?

 

Si, a unos 100 metros a nuestra derecha estaba Aldo, parado muy serio a media barranca

 

-          Que vengan les digo, vengan!

-          espérate y no jo… estamos viendo las apachetas

-          dejen las bicicletas y vengan!

-          No jodas!... ven tu!

-          Les digo que vengan, vengan y… ayúdenme!!!!

 

Ups!... nos acercamos y nos dimos cuenta que Aldo, su bicicleta, y su terquedad estaban parados en una pequeña saliente de pocos centímetros, a media barranca, a unos trescientos metros por sobre… nada! O mejor dicho a trescientos metros de, en caída libre, quedar como tortilla, a la huancaína, en el techo del tanque de agua de Huaycan. El muy terco, por no dar su brazo a torcer y regresar a buscar el camino correcto; se había atracado allí, apoyado solo con la punta de los pies,  sin posibilidad de avanzar ni retroceder.

 

-          Oe! Y si no llegábamos?... te quedabas ahí como fósil para siempre?

-          Ya deja de molestar y ayúdame!

-          Que te ayude Aarón, yo te estoy tomando fotos

-          Aarón Ayúdame!

-          Espérate que estoy filmando, esta no me la pierdo

-          Ya carajo!, dejen de payasear y ayúdenme a salir de aquí!

 
Bueno, si, finalmente Aarón se apiado de Aldo y lo rescato del acantilado en el abra de “Camino al cielo” si, así se llama ese sector de Huaycan.

El DH del abra hasta las calles de Huaycan promete, aunque yo me acobarde por la imposibilidad aun de usar plenamente la mano izquierda, y baje caminando.  Una gaseosa en la carretera central a la entrada de Huaycan y luego pedales y ruedas hasta la casa para cerrar el círculo. Habíamos unido, como jugando,  La Molina con la carretera central atravesando los cerros por la quebrada de San Benito.  

 

Texto y fotos: © Carlos García Granthon

viernes, 19 de octubre de 2012

domingo, 23 de septiembre de 2012

Antropociclos

por fin publicando el primer numero de "Antropociclos" la revista de ciclismo en el Peru. pueden descargarla en pdf libremente haciendo click aqui:

Antropociclos 01

miércoles, 13 de junio de 2012

Cycling for the Planet


Cycling for the planet
Lima – Ticlio – Lima
June 09 and 10, 2012

It is 16:00 on Saturday June 09, we are in Matucana town, 75 kilometers from Lima and 2,400 mts (7,800 feet) above sea level, we are delayed because of my fault, I feel bad, very weak, I have chills, I could not even eat lunch ... really I felt bad since we left Lima at 6:00 a.m. and had been getting worse with every mile added to the odometer and every foot to the altimeter. Aldo Poma, a co-adventure partner, and actually a coroner, knows well the face of the illness; he looks at me and recommended me to return back to Lima. Resigned, frustrated and upset with myself, I called home warning of my state, I took the bike and almost dragging it on the street, along with my pride, I went to find transport back home, but...

At that time, Aaron Heredia, the third and last member of this expeditionary group that seeks to climb 132 kilometers from Lima to Ticlio by pedal force, and reach 4.818 mts (15,800 feet) above sea level, where fighter pilots often ask for oxygen, asked to Aldo:

-          Where is Carlos going?
-          Well, I think he is going to swallow their pride and give us a lesson of sageness

Sageness, sageness... where have I heard that word before?... uhmmm... I may have read it in some old book, but… anyway my pride is too large and indigestible to be swallowed without getting a severe stomachache, so ... let’s keep cycling!

5 miles later I was feeling a little bit better, enough to hope to achieve the objective and to write this post. I never knew what made ​​me sick, but whatever it was, seems to be cured with altitude illness ... paradoxes of road! But better I will tell you the story from the beginning:

I've lost count of how many paths I have ridden on my bicycle, as many as allowed me to publish a book last year, all those miles just by a simple personal satisfaction. Now, thinking of the rewards that our own efforts and contact with nature have brought to us, we thought; why not get more involved this time? Crossing the line of indifference, and giving back something to the planet; let’s ride hard for a good cause, or two if possible!: The first one, and for anyone reading this post, the message is simple:

"If we can cross the Andes on our bicycles, you can go to work on yours, stop the global warming”.

The second reason is to promote Traidcraft, a NGO that practices the principle of fair trade and sustainable development in third world countries, like ours.

Anyway, as already mentioned, after a month of training we left Lima on Saturday June 9 at 6:00 am riding our home assembly human-powered single-seater vehicles on the way to the Peruvian highlands.

Except for a brief stopover in San Ignacio gas station, at Km 21, for the almost ritual visit to restrooms, hydration and fluid recycling, the first official scale, with a punctured tire preamble by Aaron, was in the city of Chosica, Km 34, for the inevitable cycling fast food stop to breakfast, based on quinoa, for S/.0.70 a glass you get energy recharged ... but come on, if the route is important you have to drink it with the solemnity of the event and  following the proper “bikeborne” protocol; drink it in step on the sidewalk.

The next stops; Corcona Km 46, Tornamesa Km 55, San Jeronimo de Surco Km 67, there were already some delay in the schedule but without further comments. Except for a punctured tire on my bike and an involuntary run over a cactus by Aaron, on the side of the road, adding to his front tire 7 new punctures, and these three lines to the travel logbook in the same act.

Whatever happened in Matucana, where we arrived at 14:45, but from where we could not resume the trip until 16:00 hours, is told in the first paragraph of this chronicle and I will not mention again my ailments, which I have well deserved for going on this kind of adventure at a mature age (“mature” is a debatable concept), because I know very well  that those excursions, with physically demanding suitable only for biomechanics without much use or abuse, are for  who turns 16 for the first time not for the third one, and also I know that the manufacturer's warranty expired at 40 and  there is no revalidation form available.

I do remember the stop at Km 81, Aaron patching his tire, just to break the monotony, and I feeling a little bit better. It was the first time in the trip, being a photographer, I decided to take out the camera; the one which the manufacturer says is the world's smallest DSLR (but not necessarily the lightest) and added unnecessary weight to the already bulky backpack because, as you  may have noticed, this was an adventure in self-supporting mode, with no logistical assistance or escort of any kind, each one of us had to carry on his equipment, orders, food, liquid, clothes, parts, guilt, misery, fear, shame and tools on his own back all the way. Today I see the backpack here lying on the floor, beside me, and it still hurts!

San Mateo de Huanchor, a city situated at 3,200 meters (10,500 feet) above sea level, rises with the first shadows of the night in front of us, it is the km 94 of the route. We actually, in only one day, have just ridden, uphill, over 100 kms on our bikes since we left home this morning. It is time to find some food and shelter for the night, the first was easy, the second not so much, a trekking group have reserved half of the rooms of the town and the other half, well ... it's Saturday night! We only found accommodation available at the municipal shelter, where we were allowed for S/.5.00, overnight in common barracks, sharing tin roof with the all cast of drunk of the town  plus some other neighboring jurisdictions idlers. But three men wearing lycra and helmets (brightly colored lycra indeed), like comic book superheroes and coming up from a hundred kilometers away, by their own muscle power, impose enough respect and nobody bothers. The traditional gathering prior to sleep, is replaced this time by a long and silent session of patching tires. The bathroom does not work at all, cold seeps everywhere and rain redoubled tin drums in the metal roof, as a prelude to the chorus of thunderous snores, that rival any storm outside, from the parishioners of this brotherhood of pre-payment roof. No one bathed, no one changed clothes, we got slept as we arrived, each one in his own cot but all in the smell of the same crowd.

Aldo's flashlight in my eyes and the protests of Aaron are the alarm clock announcing 5:30 a.m. Time to get up and get out to the frozen outside world to find  breakfast ... Damn!, all coffee stalls, like hotels, are taken by the group of trekking... no way; anticipated departure and postponed  breakfast for the next stop. Once on our single-seaters vehicles and ready to leave the town where it is still dark, we saw, in a corner, a familiar figure beckons us, is someone non-stop jumping in the same place to keep warm himself, is he ... Dubert?, yes, Dubert Diaz and “Rodando Peru” boys (Rolling down Peru), they have come from Lima by bus bringing their bikes to climb with us from here to Ticlio. Good!

Once on the road again, we regrouped in the Infiernillo (Little hell) creek, Km 99, at the gates of Cacray, that “dark truck eating tunnel” according to Aaron, with its 580 meters of darkness inspires respect for a cyclist who does not want to end up like a colored sticker on the bumper of an 18-wheeler. Here, looking at the cave of Infiernillo, supposedly haunted, at the top of the creek, when I thougt to leave there, when coming back, the poem that Fiona, a friend of mine from Traidcraft, asked me to take it up to Ticlio.

We arrived Chicla, Km 106 and located at 3,800 meters above sea level (12,500 feet), early. Each of us riding  in his own style; Aldo boasting of his physical fitness, and me with  my bad mood, while Aaron patching tires and, in between, being pursued by all and every dog in the way which wants to drive its ivory into young flesh. Margarita and Samuel, do not stop. Dubert, Rubi and all other partners, stop in town for a "Green Soup" for S/.1.50 that served us like breakfast. What is a green soup? ... therefore no idea! And I don’t  know neither what taste is it, because we add enough lemon and chili to "adjust" the taste.

From this point the trip was hard and the 100 km of climb of the day before sent the muscular bill, C.C. to the dept of altitude, and taxes included. I did not feel pain,  I did not feel my fingers.

- Aldo, you are a doctor, tell me why are my fingers getting black?
- Put them in the ditch and shake them, if they got their color back it is dirt, if dropped it is gangrene.

- Carlos, there is a nail through your foot and shoe!     
-  Sure?, it should be my talisman

While the climbing was infernally hard; I hated every little down the road since I knew that I was not only losing a few meters, but would have to go back up. When we arrived Casapalca, km 116, at 4200 meters (13,750 feet) above sea level, where the snowy peaks escort the road and the oxygen necessary for cycling is got by the force of the stubbornness of the rider from the rarefied atmosphere, a mutton soup for S/.6.50 and a long rest is necessary.

11:00 am, when attacking the last stretch of 15 kms that would lead us to the summit, Ticlio! We knew that Margarita and Samuel are a little ahead, the others come behind us. The cold, fatigue and lack of oxygen hurt, a truck passed too close, almost hitting us, like kids playing a prank, Aaron and I held the truck, but the metal monster shakes itself in an irregularity on the road and dispose Aaron like a little parasite, I clung a little bit harder with my frozen fingers and I managed to get tow several hundred meters up the road. Yes, I do confess; I am a sinner, but ... it was funny!

Km 122; just what we needed, a snowstorm blocked the road, no pass (motor vehicle) and the endless line of trucks is stranded several kilometers on the way. It is very difficult to progress this way. On the right; trucks and buses stopped no room for pedal between the road and the ditch, mountain or cliff (as you tap back luck with each curve). On the left  vehicles come down the hill in the opposite direction. Like playing hide and seek between this kind of inert metal snake, where each vehicle is a heavy metal giant vertebra, we have separated ourselves, sometimes we find each other sharing shelter on a ledge of the road, or walking, riding in the gutter, by land, waiting for a space between buses and trucks, sometimes clinging to a bumper or rail to truck, under a hopper, moving towed only a few tens of meters, it is hard, complicated and dangerous, at least three times I finished with my head on the bottom of the ditch.

I meet Aldo while resting a kilometer before reaching Ticlio, with the road unblocked, we finally reached the summit at 13:15 hours and we both started to yell like children under the sign that says:

Ticlio
4,818  meters (15,800 feet) above sea level
World’s highest railway crossing
(I think the highest is actually in Nepal)



There we meet Carlos Gomez, who had climb, from La Oroya city, riding on the other side of the mountain to arrive on time to the summit cycling meeting. Then arrived Margarita and Samuel a few minutes later, we shook hands and…

 … what happened to your knee, Margarita?
-          what is wrong with my knee?
-          Well, it seems to lack a piece of skin and clothing that covered it this morning

I shot a few photos, I was feeling like a zombie due to exhaustion and lack of oxygen, we expect Aaron to be here any minute… At 14:30 without news of Aaron, we care and began the way back down the hill. We found Rubi still climbing to three kilometers from the summit and knew nothing of Aaron, she was happily accompanied by herself, her own loneliness and perseverance that come with the basic kit of any adventure rider. Two miles below Dubert was coming up under the same conditions. Both crowned the summit while later.

Ready to start collecting tissue samples from the tires of the trucks in search of at least one DNA fragment of Aaron; we continue down the hill at a good speed, dodging cars, curves and practically taking ownership of the road and looking for some sign of the missing partner.

Before the gate of the Cacray tunnel, Km 99, we ride on a forgotten path by the former route of the Infiernillo creek, the enchanted grotto and abandoned bridges, a couple of pictures, I leave Fiona's poem in a crack in the cave, where according to local legend it will live forever, and lose my glasses in another crack while keep looking for the “missing in action” Aaron.

It was finally in San Mateo, about 16:00 hours where we got communication with Aaron by phone, he was in the way to Lima. Then he told us, altitude sickness, cold and exhaustion overcame him at Km 127, only 5 kms to the summit. He dropped on a ruined wall and knew a big black dog named "Oso" (Bear), who was the only one in all the way which did not try to  bite him. Oso gave him its coat and showed him a llama he (Oso) was watching and introduce him to his master. Then a recovered Aaron (without warning us!) turned back and went down the hill by the highway to Lima.

 Aldo and I, with a little remaining need for adrenaline yet, went down the road like kamikazes dodging on our single-seaters fighting bikes, we had lunch in Chosica at 18:00 and I had dinner at my home at 20.00 hours on Sunday 10, 278 km and 38 hours after leaving the previous day and having reached the 4818 meters (15,800 feet) of altitude on our human propelled vehicles.

Just I would like to add the following, as I said in the announcement of the event: Folks, do not try this at home... try it outdoors! Believe me, it's more fun to burn calories than oil, and the planet will appreciate it.





Story & Photo: © Carlos Garcia Granthon




martes, 12 de junio de 2012

Pedaleando por el planeta


Pedaleando por el Planeta
Lima – Ticlio – Lima
Junio 09 y 10 de 2012

Son las 16:00 horas del sábado, estamos en Matucana a 75 kilómetros de Lima y 2,400 msnm; según el programa vamos muy retrasados por mi culpa, me siento mal, muy débil, tengo escalofríos, ni siquiera pude ingerir el almuerzo… En realidad me sentí mal desde que salimos de Lima a las 6:00 a.m. y venía empeorando con cada kilómetro sumado al odómetro y cada metro al altímetro.  Aldo Poma, compañero de aventura por afición y médico forense por profesión, que sabe por oficio y costumbre lo que es ver un mal semblante, me mira y con ojo clínico me recomienda retornar a Lima. Resignado, frustrado y molesto conmigo mismo, llamé a casa avisando de mi estado, cogí la bicicleta y casi arrastrándola por la pista, junto con mi orgullo, me dirigía a buscar un transporte de vuelta a casa, pero…

En ese momento; Aarón Heredia, tercer y último integrante de este grupo expedicionario que pretende ascender 132 kilómetros, desde Lima hasta Ticlio a fuerza de pedal y alcanzar los 4,818 msnm, allí donde los pilotos de combate suelen pedir oxigeno; le pregunta a Aldo:
 
-          A dónde va Carlos?
-          Pues… a tragarse su orgullo y darnos una lección de sensatez

Sensatez, sensatez… dónde he escuchado yo esa palabra antes?... uhmmm… debo haberla leído en algún libro, además mi orgullo es demasiado grande e indigesto como para ser tragado sin contraer un cólico severo, así que… a pedalear! 5 kilómetros después ya me estaba sintiendo un poco mejor, lo suficiente como para abrigar esperanzas de alcanzar el objetivo y poder escribir la presente crónica. Nunca supe que fue lo que me enfermó, pero sea lo que sea, parece que se curó con el mal de altura,… paradojas de la vida! Pero mejor contemos la historia desde el principio:

Ya perdí la cuenta de cuantas rutas he recorrido sobre mi bicicleta, han sido tantas que me permitieron publicar un libro al respecto el año pasado, siempre realizadas sólo por esa sed de aventura y simple satisfacción personal. Esta vez ya era tiempo de devolver al planeta algo de lo tomado y pedalear por una buena causa. O mejor dos! La primera, y para quien esté leyendo esta crónica, va el siguiente mensaje directo:

“Si nosotros pudimos ascender la Cordillera de los Andes en bicicleta, tú puedes ir a trabajar en la tuya. Detengamos el calentamiento global!”

 La segunda, y no por eso menos importante, promocionar a nuestros amigos de Traidcraft, ONG que promueve y practica el principio de comercio justo y desarrollo sostenible con los países del tercer mundo como el nuestro.  

En fin, como ya mencioné, luego de un mes de entrenamientos conjuntos salimos de Lima el sábado 09 de Junio a las 6:00 a.m. tripulando nuestros flamantes monoplazas de propulsión humana, y ensamblaje casero, por la carretera central.

Salvo una breve escala técnica en el grifo San Ignacio del Km 21 para la ya casi ritual visita a vestuarios, hidratación y reciclaje de líquidos; la primera escala oficial, con preámbulo de pinchada de llanta por parte de Aarón, fue en la ciudad de Chosica, Km 34, para el también  infaltable desayuno ciclístico al paso, a base de Quinua que a S/.0.70 el vaso te recarga de energía y… vamos, hay que beberlo con la solemnidad del caso!, que si la ruta es importante hay que seguir el protocolo del buen ciclotransportado al pie de la letra, y al borde de la pista.

Las siguientes paradas de ley; Corcona, Km 46; Tornamesa Km 55; San Jerónimo de Surco, Km 67,  se dieron ya con algún retraso pero sin mayor novedad.  Salvo por una pinchada de llanta de mi parte y el involuntario tránsito de Aarón sobre un cactus a la orilla del camino que añadió 7 agujeros a su llanta y estas tres líneas a la bitácora de ruta, en un mismo acto.

Lo que ocurrió en Matucana, a donde arribamos a las 14:45, pero desde  donde no pudimos reanudar la marcha hasta las 16:00 horas, ya lo narré en el primer párrafo de esta crónica, y no voy a volver a mencionar mis dolencias, que bien merecidas las tengo por andar en estos trotes a edad madura (lo de maduro es discutible), pues bien sé que son correrías con exigencias físicas aptas sólo para la biomecánica, sin mayor uso ni abuso, de quien cumpla los 16 por primera vez y no por tercera, además me consta que la garantía del fabricante venció a los 40 y no hay ventanilla para trámite de revalidación.


Recuerdo el Km 81, Aarón parchando su llanta, sólo para romper la monotonía, y yo sintiéndome un poco mejor. Fue la primera vez en el viaje que, siendo fotógrafo, me animé a sacar la cámara, si ésa que según el fabricante es la DSLR más pequeña del mundo (pero no necesariamente la más liviana) y que añadió peso a la ya voluminosa mochila, pues como ya habrán notado, esta fue una aventura en modalidad autoportante; sin ningún apoyo logístico ni escolta de ninguna clase, cada cual llevó todo su equipo, encargos, alimento, líquido, ropa, refacciones, culpas, miserias, miedos, vergüenzas y herramientas sobre su espalda toda la ruta. Hoy veo la mochila aquí tirada en el piso junto a mi y…aún duele!

San Mateo de Huanchor, situado a 3,200 metros sobre el nivel del mar, se levanta con las primeras sombras de la noche delante nuestro, es el Km 94 de la ruta, en realidad llevamos, en esta sola jornada, algo más de 100 Kms de ascenso sobre nuestras bicicletas desde que salimos de casa esta mañana. Hora de buscar comida y cobijo para pasar la noche; lo primero fue fácil, lo segundo no tanto; un grupo de trekking tiene reservadas la mitad de las habitaciones del pueblo y la otra mitad, pues… es sábado por la noche!

Sólo encontramos alojamiento disponible en el albergue municipal, donde por S/.5.00 nos fue permitido pasar la noche en barraca común, compartiendo techo de calamina con el elenco estable de ebrios del pueblo y uno que otro buhonero de las jurisdicciones vecinas. Pero tres hombres lycrados, en colores llamativos cual súper héroes de historieta, y que vienen ascendiendo desde la lejana Lima por propia fuerza muscular, imponen suficiente respeto; y nadie molesta, todos saludan.


La tradicional tertulia previa al sueño, se reemplaza esta vez por una larga sesión de parchado de llantas. El baño no funciona, el frío se cuela por todas partes y la lluvia redobla los tambores en la calamina metálica como preámbulo al coro de atronadores ronquidos, que opacan cualquier tormenta exterior, de los parroquianos de esta hermandad del techo pre-pago. Nadie se bañó, nadie se cambió, dormimos como llegamos, cada cual en su catre pero todos en “olor a multitud”.   

La linterna de Aldo en mis ojos y las protestas de Aarón son el despertador que anuncia las 5:30 a.m. hora de levantarse y salir al congelado mundo exterior a buscar desayuno… Diablos!, todos los puestos ambulantes de café, al igual que los hoteles, están copados por el grupo de trekking… ni modo, se adelanta la partida y se pospone el desayuno para la próxima parada.

Ya sobre nuestros monoplazas y disponiéndonos a salir del pueblo donde aun no amanece, vemos, en una esquina, una figura conocida que nos hace señas, es alguien saltando sin parar en su mismo sitio para no congelarse, es… Dubert?, si Dubert Díaz y los muchachos de Rodando Perú, ellos han venido desde Lima en bus trayendo sus bicicletas para trepar con nosotros desde aquí hasta Ticlio. Bien!

Nos separamos algo al salir de San Mateo, nos reagrupamos en el Infiernillo, Km 99, a las puertas del Cacray, ese tenebroso túnel “tragacamiones” según Aarón, que con sus 580 metros de obscuridad  inspira el respeto de más de un ciclista que no quiere terminar como sticker en el parachoques de un camión de 18 ruedas. Es aquí donde, mirando la   gruta del Infiernillo, supuestamente encantada, en lo alto de la quebrada; se me ocurre como buen lugar para dejar, al regreso, el poema que me encargó Fiona, una amiga de Traidcraft, que me pidió llevara por ella hasta Ticlio.

A Chicla, Km 106, ubicado a 3,800 msnm, llegamos cada quien a su estilo; Aldo haciendo derroche de su buen estado físico, y yo de mi mal humor constitudinario, mientras Aarón, entre parche y parche de llanta, se deja perseguir por todos y cada uno de los perros del camino que quieren hincar marfil en fibra joven.  Los muchachos de Rodando Perú llegan con la frescura propia de recién iniciar la ruta, Margarita y Samuel, no se detienen. Dubert, Rubí y todos los demás paramos en el pueblo por una “Sopa Verde” que por S/.1.50 nos sirvió de desayuno. ¿Qué es una sopa verde?... pues ni la menor idea! Y tampoco sé que sabor tiene ya que a punta de limón y ají le “ajustamos” el sabor a un tono más citadino.

De aquí en adelante la ruta se puso pesada y los 100 Kms de ascenso del día previo pasan la factura muscular, con copia a la altitud e impuestos incluidos. Ya no se siente el dolor, no se sienten las extremidades:

-          Aldo, como médico, dime ¿por qué tengo los dedos de la mano negros?
-          Mételos a la acequia y sacúdelos; si se aclaran es suciedad; si se caen es gangrena.


-          Carlos; tienes un clavo atravesando tu pie y zapatilla!
-     Déjalo, es mi amuleto

Si bien la subida se hacía infernal; odiaba cada pequeña bajada del camino pues sabía que no sólo estaba perdiendo algunos metros ya trepados, sino que tendría que volver a subir. Así y todo llegamos a Casapalca, en el Km 116, a 4200 msnm donde los picos nevados escoltan la carretera y el oxígeno necesario para pedalear se arranca por la fuerza de la terquedad del ciclista a la enrarecida atmósfera; una sopa de carnero por S/.6.50 y un largo reposo se hicieron necesarios.

Las 11:00 a.m, hora de atacar el último tramo de 15 Kms que nos llevaría a la cumbre, a Ticlio! Sabemos que Margarita y Samuel van un poco por delante, el resto viene detrás. El frío, el cansancio y la falta de oxígeno duelen; pasa un camión muy cerca, casi rosándonos, cual chiquillos haciendo una travesura, Aarón y yo nos cogimos de la baranda, pero el monstruo metálico se sacude en una irregularidad del camino y se deshace de Aarón como si fuese un parásito, yo me aferré un poco más con los congelados dedos y logré que me remolcara a varios cientos de metros por la carretera, si, confieso que he pecado, pero… fue divertido!

 Km 122; lo que nos faltaba; una tormenta de nieve bloqueó la carretera, no hay pase (para vehículos motorizados) y la interminable fila de camiones varados tiene varios kilómetros. Es muy difícil avanzar así. Por la derecha los camiones y buses parados no dejan espacio para pedalear entre la pista, la cuneta y, la montaña o precipicio, según lo que te toque en suerte con cada vuelta de curva. Por la izquierda bajan en sentido contrario algunos vehículos, hay que ir avanzando a salto de mata, o  mejor dicho; a salto de camión.

Como jugando a las escondidas entre esta especie de serpiente metálica inerte, donde cada vehículo pesado es una metálica y gigantesca vértebra; nos hemos separado, a veces nos rencontramos compartiendo refugio en una saliente del camino, o caminando, pedaleando, en la cuneta, por la tierra, esperando un espacio entre buses y camiones, a veces agarrándonos de algún parachoque o baranda de camión para poder, debajo de una tolva, avanzar remolcado sólo algunas decenas de metros, es pesado, complicado y peligroso, al menos tres veces terminé de cabeza en el fondo de la cuneta.

Aldo me esperaba un kilómetro antes de llegar a Ticlio, con la carretera ya desbloqueada coronamos la cumbre a las 13:15 p.m. y empezamos a gritar como niños debajo del cartel que indica:



Ticlio
4,818 msnm
Paso ferroviario más alto del mundo




Allí encontramos a Carlos Gómez que había subido, desde La Oroya, pedaleando por el otro lado de la montaña para darnos el encuentro en la cumbre. Luego llegaron Margarita y Samuel, nos dimos la mano y…

-          … y tu rodilla Margarita?
-          ¿qué tiene mi rodilla?
-          dirás; qué le falta?, para comenzar parece que le falta un trozo de la piel y de la ropa que la cubría esta mañana.

Hice algunas pocas fotos, estaba como zombi por el agotamiento y la falta de oxígeno, esperábamos a Aarón que debía llegar en cualquier momento….

 A las 14:30 p.m. sin noticias de Aarón, nos preocupamos y empezamos el descenso. Encontramos a Rubí aun trepando a tres kilómetros de la cumbre y no sabía nada de Aarón, ella iba feliz acompañada de si misma, su propia soledad y perseverancia que vienen con el kit básico del ciclista de aventura. Dos kilómetros más abajo subía Dubert, en las mismas condiciones. Ambos coronaron la cumbre rato después.

Ya a punto empezar a recoger muestras de tejido de las llantas de los camiones en busca de al menos un fragmento del ADN de Aarón. Seguimos bajando a buena velocidad, sorteando vehículos, curvas y prácticamente, con la pendiente a favor, adueñándonos de la vía y buscando algún indicio del desaparecido.

Antes del túnel Cacray, Km 99, tomamos un desvío alterno y olvidado por la antigua ruta del infiernillo, la gruta encantada y los abandonados puentes, un par de fotos, a dejar el poema de Fiona en una grieta de la gruta, donde según la leyenda local vivirá para siempre, perder mis lentes en otra y a seguir buscando al soldado… digo a Aarón.

Fue finalmente en San Mateo, sobre las 16:00 horas donde logramos comunicación;  Aarón ya estaba rumbo a Lima. Según nos contó luego; el mal de altura, el frío y el cansancio lo vencieron en el Km 127, a 5 Kms de la cumbre, se dejó caer sobre una pirca y un gran perro de nombre “Oso”, el único que no quiso morderlo en todo el camino, se acercó, le dio abrigo y le mostró un ato de llamas que custodiaba junto con su amo. Luego, algo recobrado Aarón (sin avisar!) dio media vuelta y se dejó llevar, cuesta abajo, por la carretera rumbo a Lima.

 Aldo y yo, con alguna sed de adrenalina aun, bajamos cual kamikazes por la carretera siempre sobre nuestros monoplazas de combate, tomamos lonche en Chosica a las 18:00 horas y yo cené en mi casa a las 20.00 horas del domingo; 278 Kms y 38 horas después de haber salido el día anterior y alcanzar los 4818 mts de altitud a fuerza de pedal.

 Sólo añadir que tal como dije en la convocatoria del evento: Muchachos; no intenten esto en casa… inténtenlo afuera! Créanme, es más divertido quemar calorías que hidrocarburos, además el planeta se los agradecerá.



Texto y fotos: © Carlos Garcia Granthon

lunes, 23 de abril de 2012